Jenny Han - #3 Always and Forever, Lara Jean

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Mary Warner

Laurita PI

Beatrix

Vane Farrow Jadasa

Daliam

Julie

Miry GPE

Miry GPE

Anna Karol

Melina.

Mae

Índice Sinopsis

Capítulo 22

Capítulo 1

Capítulo 23

Capítulo 2

Capítulo 24

Capítulo 3

Capítulo 25

Capítulo 4

Capítulo 26

Capítulo 5

Capítulo 27

Capítulo 6

Capítulo 28

Capítulo 7

Capítulo 29

Capítulo 8

Capítulo 30

Capítulo 9

Capítulo 31

Capítulo 10

Capítulo 32

Capítulo 11

Capítulo 33

Capítulo 12

Capítulo 34

Capítulo 13

Capítulo 35

Capítulo 14

Capítulo 36

Capítulo 15

Capítulo 37

Capítulo 16

Capítulo 38

Capítulo 17

Capítulo 39

Capítulo 18

Capítulo 40

Capítulo 19

Capítulo 41

Capítulo 20

Agradecimientos

Capítulo 21

Sobre de la autora

Sinopsis Los días de Lara Jean de escribir cartas no han terminado en esta sorpresiva continuación del best-seller del New York Times To All the Boys I’ve Loved Before y P.S. I Still Love You. Lara Jean está teniendo el mejor último año que una chica podría esperar. Se encuentra locamente enamorada de su novio, Peter; su papá finalmente se vuelve a casar con su vecina de al lado, la señora Rothschild; Y Margot regresa a casa para pasar el verano justo a tiempo para la boda. Pero cambios aparecen en el horizonte. Y mientras Lara Jean se divierte y se mantiene ocupada ayudando a planear la boda de su padre, no puede ignorar las grandes decisiones sobre su vida que tiene que tomar. Lo más urgente, a qué universidad quiere asistir y lo que eso significa para su relación con Peter. Vio a su hermana Margot pasar por estos dolores de madurar. Ahora Lara Jean es la que se graduará de la preparatoria y se irá a la universidad, dejando a su familia —y posiblemente al chico que ama— atrás. Cuando tu corazón y tu cabeza dicen dos cosas diferentes, ¿a cuál debes escuchar? To All the Boys I've Loved Before #3

Para mis queridos lectores. Este es para ustedes.

“No sé qué hay en la curva, pero creeré que hay lo mejor”

L M. Montgomery, Ana de las Tejas Verdes

1 Traducido por Michelle♡ Corregido por J A N I

Me gusta mirar a Peter cuando no sabe que lo veo. Me gusta admirar la línea recta de su mandíbula, la curva de su pómulo. Hay sinceridad en su rostro, una inocencia, un innegable tipo de amabilidad. Es la amabilidad lo que más toca mi corazón. Es viernes por la noche en casa de Gabe Rivera, después del juego de lacrosse. Nuestra escuela ganó, así que todos se encuentran de buen humor. Peter más que nadie, porque él anotó el lanzamiento ganador. Se encuentra cruzando la sala jugando póquer con algunos de los chicos de su equipo; se encuentra sentado con la silla inclinada hacia atrás, la espalda contra la pared. Su cabello sigue mojado por la ducha después del partido. Estoy en el sofá con mis amigos Lucas Krapf y Pammy Subkoff, quienes hojean el último número de la revista Teen Vogue, debatiendo si Pammy debería hacerse o no un flequillo. —¿Qué opinas, Lara Jean? —pregunta Pammy, pasando los dedos por su cabello color rojo zanahoria. Pammy es una nueva amiga que he llegado a conocer porque sale con el buen amigo de Peter, Darrell. Tiene el rostro como de muñeca, redondo como un molde, pecas espolvorean su rostro y hombros como un rocío. —Mmm, creo que el flequillo en un gran compromiso y no debe ser decidido por capricho. Dependiendo de cuán rápido te crece el cabello, podría demorarse un año o más. Pero si estás segura, creo que deberías esperar hasta el otoño, porque será verano antes de que te des cuenta y los flequillos en verano pueden ser un poco pegajosos, sudorosos y molestos… —Mis ojos derivan de nuevo a Peter, quien levanta la mirada y me ve mirándolo, levanta las cejas inquisitivamente. Sólo sonrío y niego con la cabeza. —¿Así que no al flequillo? Mi teléfono vibra en mi bolso. Es Peter. ¿Te quieres ir? No. ¿Entonces por qué me miras?

Porque quiero. Lucas lee por encima de mi hombro. Lo empujo, sacude la cabeza y dice—: ¿En serio se mandan mensajes cuando se encuentran a solo seis metros de distancia? Pammy arruga la nariz y dice—: Tan adorable. Estoy a punto de responderles cuando levanto la mirada y veo a Peter pasar a través de la habitación hacia mí con propósito. —Tiempo de llevar a mi chica a casa —dice. —¿Qué hora es? —digo—. ¿Ya es tan tarde? —Peter me levanta del sofá y me ayuda a ponerme la chaqueta. Después tira de mi mano y me lleva a través de la sala de estar de Gabe. Mirando por encima del hombro, agito la mano y grito—: ¡Adiós Lucas! ¡Adiós Pammy! ¡Para que conste, pienso que te verías genial con flequillo! —¿Por qué caminas tan rápido? —pregunto mientras Peter me lleva a través del patio delantero hacia la acera donde se halla estacionado su auto. Se detiene en la parte delantera del auto, me tira hacia él, y me besa, todo en un solo movimiento rápido. —No me puedo concentrar en mis cartas cuando me miras así, Covey. —Lo siento… —Empiezo a decir, pero me besa otra vez, sus manos son firmes en mi espalda. Cuando estamos en su auto, miro el salpicadero y veo que sólo es medianoche. Digo—: Todavía tengo una hora hasta tener que estar en casa. ¿Qué deberíamos hacer? De las personas que conocemos, soy única con un toque de queda real. Cuando el reloj marca la una, me convierto en calabaza. Todo el mundo está acostumbrado a ello para ahora: la mojigata novia de Peter Kavinsky, quien tiene que estar en casa a la una. Nunca me ha importado tener un toque de queda. Porque en verdad, no es que me pierda de algo tan maravilloso, y ¿cómo dice el viejo dicho? Nada bueno sucede después de las dos de la mañana a menos que seas un aficionado de ver a personas jugando a voltear vasos por horas y horas. Yo no lo soy. No, me gusta mucho más estar en pijama de franela con una taza de té de noche y un libro, muchas gracias. —Solo vamos a tú casa. Quiero entrar, saludar a tu papá y pasar el rato. Podríamos ver el resto de Aliens. —Peter y yo hemos estado recortando nuestra lista de películas, que consiste en mis selecciones (mis películas favoritas que él nunca ha visto), sus selecciones (sus películas favoritas que yo nunca he visto), y películas que ninguno de nosotros hemos visto. Aliens fue elección de Peter, y resulta ser bastante buena. Y a pesar de que hubo una vez que Peter afirmó que no le gustaban las comedias románticas, estaba bastante metido en Sintonía

de Amor, por lo cual me sentí aliviada, porque no sé cómo podría estar con alguien a quien no le gusta Sintonía de Amor. —No vamos a ir a casa todavía —digo—. Vamos a algún lado. Piensa en ello durante un minuto, dando golpecitos con los dedos sobre el volante, y luego dice—: Sé dónde podemos ir. —¿Dónde? —Espera y verás —dice, baja las ventanas y el aire fresco de la noche llena el auto. Me recuesto en mi asiento. Las calles se hallan vacías; las luces se hallan apagadas en la mayoría de las casas. —Déjame adivinar. Vamos a la cafetería porque quieres panqueques de arándanos. —No. —Mmm. Es demasiado tarde para ir a Starbucks, y Galletas Soul Food se encuentra cerrado. —Oye, la comida no es la única cosa en la que pienso —objeta. Entonces dice—: ¿Quedaron algunas galletas en ese recipiente? —Se acabaron todas, pero podría tener un poco más en casa, si Kitty no se comió todas. —Saco el brazo por la ventana y dejo que cuelgue. No quedan muchas noches como estas donde se encuentra lo suficientemente fresco para necesitar chaqueta Miro el perfil de Peter por el rabillo del ojo. A veces, todavía no puedo creer que sea mío. El chico más guapo de todos los chicos guapos es mío, todo mío. —¿Qué? —dice. —Nada —digo. Diez minutos más tarde, manejamos por el campus de la Universidad de Virginia, solo que nadie lo llama campus; lo llaman Campo. Peter aparca a lo largo de la calle. Se encuentra tranquilo para ser viernes por la noche en una ciudad universitaria, pero son las vacaciones de primavera en la universidad, por lo que una gran cantidad de chicos siguen fuera. Estamos caminando por el césped, su mano en la mía, cuando soy golpeada con una ola de pánico. Me detengo de repente y pregunto—: Oye, no crees que me traiga mala suerte venir aquí antes de que estar dentro de verdad, ¿no? Peter se ríe. —No es una boda. No te vas a casar con la Universidad de Virginia. —Es fácil para ti decirlo, tú ya entraste. Peter hizo un compromiso verbal con el equipo de lacrosse de la Universidad de Virginia el año pasado y después aplicó

anticipadamente en el otoño. Al igual que la mayoría de los atletas de la universidad, estaba prácticamente dentro, siempre que sus calificaciones permanecieran decentes. Cuando obtuvo su sí oficial en enero, su mamá le hizo una fiesta y horneé un pastel que decía: Llevo mis habilidades a la Universidad de Virginia en glaseado de color amarillo. Peter me tira de la mano y dice—: Vamos, Covey. Hacemos nuestra propia suerte. Además, estuvimos aquí hace dos meses para esa cosa en el Centro Miller. Me relajo. —Oh, sí. Continuamos nuestro paseo por el césped. Sé a dónde vamos ahora. Para la Rotunda, a sentarnos en los escalones. La Rotunda fue diseñada por Thomas Jefferson, que fundó la escuela, y la hizo a semejanza del Panteón de Agripa1, con columnas blancas y techo abovedado. Peter sube corriendo los escalones de ladrillo al estilo Rocky y se deja caer. Me siento frente a él, inclinándome hacia atrás y apoyando los brazos en la parte superior de sus rodillas. —¿Sabías — comienzo—, que una de las cosas que hacen de la Universidad de Virginia única es el centro de la escuela, ahí mismo dentro de La Rotunda, es una biblioteca y no una iglesia? Es porque Jefferson creía en la separación entre la escuela y la iglesia. —¿Leíste eso en el folleto? —Se burla, plantando un beso en mi cuello. Distraídamente, digo—: Lo aprendí cuando vine al recorrido el año pasado. —No me dijiste que viniste a un recorrido. ¿Por qué vendrías a un recorrido cuando eres de aquí? ¡Has estado aquí un millón de veces! Tiene razón en que he estado aquí un millón de veces, crecí aquí con mi familia. Cuando mi madre aún vivía, veníamos a ver a los Hullabahoos2 presentarse debido a que mi madre amaba el a capella. Nos tomamos una foto familiar en el césped. En los días soleados después de la iglesia, veníamos aquí de día de campo. Me giro para mirar a Peter. —¡Vine al recorrido porque quería saber todo acerca de la UVA! Cosas que no sabría sólo por vivir por aquí. Como, ¿sabes en qué año dejaron entrar a las mujeres? Se rasca la nuca. —Uh… no sé. ¿Cuándo se fundó la escuela? ¿A principios de mil ochocientos? ¿O, en mil novecientos veinte? —Nop. Mil novecientos setenta. —Me volteo de nuevo hacia delante, mirando a los jardines—. Después de ciento cincuenta años.

1 2

Monumento romano, Thomas Jefferson eran fanatico de la arquitectura romana. Grupo masculino de A Capella de la Universidad de Virginia

Intrigado, Peter dice—: Guau. Eso es una locura. De acuerdo, dime más datos sobre la Universidad de Virginia. —La UVA es la única universidad patrimonio de la humanidad de la UNESCO en todos los Estados Unidos —comienzo. —No importa, no me digas más datos sobre la UVA —dice, y le doy una palmada en la rodilla—. Dime otra cosa en su lugar. Dime qué es en lo que más ansías a cerca de venir a estudiar aquí. —Tú primero. ¿Qué es lo que más te entusiasma? De inmediato, dice—: Eso es fácil. Correr desnudo a toda velocidad en el pasto contigo. —¿Eso es lo que ansías más que nada? ¿Correr desnudo? — Agrego a toda prisa—: Nunca voy a hacer eso, por cierto. Se ríe. —Es una tradición de la Universidad de Virginia. Pensé que te gustaban todas sus tradiciones. —¡Peter! —Sólo bromeo. —Se inclina hacia delante y pone el brazo alrededor de mis hombros, frotando la nariz en mi cuello de la manera que le gusta hacer—. Tu turno. Me dejo soñar con ello durante un minuto. Si consigo entrar, ¿qué es lo que más ansío? Hay tantas cosas, casi no puedo nombrarlas todas. Ansío comer waffles todos los días con Peter en el comedor. Deslizarnos en trineo por O-Hill cuando nieve. Ir de día de campo cuando haga calor. Permanecer despierta toda la noche hablando y luego despertar y hablar un poco más. Lavar la ropa en la noche y viajes de último minuto por carretera. Ansío… todo. Finalmente digo—: No quiero echarle mala suerte. —¡Vamos! —Bien, bien… Creo que lo que más ansío es… ir al Salón McGregor cuando quiera. —La gente lo llama salón Harry Potter, a causa de las alfombras, lámparas de araña, sillas de cuero y los retratos en la pared. Las estanterías van desde el suelo hasta el techo, y todos los libros se hallan detrás de rejillas de metal, protegidos como los objetos valiosos que son. Es una habitación de una época diferente. Es muy silencioso —reverencial, incluso—. Un verano, debo haber tenido cinco o seis, porque fue antes de que Kitty naciera, mamá tomó una clase en la UVA, y solía estudiar en el salón McGregor. Margot y yo coloreábamos o leíamos. Mamá la llamó la biblioteca mágica, porque Margot y yo nunca peleábamos dentro de ella. Las dos permanecíamos silenciosas como ratones de iglesia. Estábamos tan impresionadas por todos los libros y por los chicos mayores estudiando. Peter luce decepcionado. Estoy segura de que es porque pensaba que diría algo que tuviera que ver con él. Con nosotros. Pero

por alguna razón, quiero mantener esas esperanzas sólo para mí por ahora. —Puedes venir conmigo al salón McGregor —digo—. Pero tienes que prometer que permanecerás callado. Con afecto, dice—: Lara Jean, sólo tú ansías pasar tiempo en una biblioteca. En realidad, a juzgar solo por Pinterest, estoy bastante segura que mucha gente manifiesta el deseo de pasar un rato en tal hermosa biblioteca. Simplemente no son personas que Peter conoce. Cree que soy tan peculiar. No planeo ser la que le dé la noticia que, de hecho, no soy tan peculiar, que de hecho, a mucha gente le gusta quedarse en casa y hornear galletas, llevar un álbum de recortes y pasar el rato en las bibliotecas. La mayoría de ellos tienen, probablemente, cincuenta años; pero aun así. Me gusta la forma en que me mira, como si fuera una ninfa de los bosques que se encontró un día y sólo tiene que llevar a casa para mantenerla ahí. Peter saca su teléfono del bolsillo de su sudadera con capucha. —Son las doce y media. Tenemos que irnos pronto. —¿Ya? —Suspiro. Me gusta estar aquí tarde por la noche. Se siente como si todo el lugar fuera nuestro. En mi corazón, siempre fue UVA. En realidad nunca he esperado ir a otro lugar, ni siquiera pensé en eso. Iba a aplicar temprano cuando Peter lo hizo, pero mi consejera, la señora Duvall, me aconsejó en contra de la aplicación temprana, porque decía que sería mejor esperar para que pudieran ver mis calificaciones del último año a mediados de año. Según la señora Duvall, siempre es mejor aplicar en tu punto más alto. Y así es como terminé aplicando a cinco escuelas. Al principio sólo iba a ser la UVA, la más difícil de lograr entrar y sólo a quince minutos de casa; William y Mary, la segunda más difícil de conseguir entrar y también mi segunda opción (a dos horas de distancia); luego la Universidad de Richmond y James Madison, ambas a sólo una hora de distancia, en un empate por la tercer elección. Todo dentro del estado. Pero entonces la señora Duvall me instó a aplicar solo a una escuela fuera del estado, por si acaso, sólo para tener la opción, así que apliqué a la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Es muy difícil entrar fuera de los estados, pero la elegimos porque me recuerda a la Universidad de Virginia. Tiene un fuerte programa de artes liberales, y no se halla demasiado lejos, lo suficientemente cerca para volver a casa a toda prisa de necesitarlo. Pero si tuviera que elegir, todavía elegiría UVA cada vez. Nunca he querido estar lejos de casa. No soy como mi hermana mayor. Irse lejos, ese era su sueño. Ella siempre quiso el mundo. Yo sólo quiero mi hogar, y para mí, la UVA es hogar, por lo cual es la universidad que he

ponderado contra todas las demás universidades. El campus de cuento perfecto, el todo perfecto. Y, por supuesto, Peter. Nos quedamos un poco más, le cuento más datos sobre la UVA y se burla de mí por saber tantos hechos sobre la universidad. Luego me lleva a casa. Es casi la una de la mañana cuando nos detenemos frente a mi casa. Las luces de la planta baja están apagadas, pero la luz del dormitorio de mi padre se encuentra encendida. Nunca se va a la cama hasta que llego a casa. Estoy a punto de salir de un salto cuando Peter se estira a través de mí y me impide abrir la puerta. —Dame mi beso de buenas noches —dice. Me río. —¡Peter! Me tengo que ir. Tercamente cierra los ojos y espera, me inclino hacia adelante y planto un beso rápido en sus labios. —Ya. ¿Satisfecho? —No. —Me besa de nuevo como si tuviéramos todo el tiempo del mundo y dice—: ¿Qué pasaría si regresara después que todos se fueran a dormir, pasara la noche, y me fuera muy temprano en la mañana? ¿Como antes del amanecer? Sonriendo, digo—: No puedes, por lo que nunca lo sabremos. —Pero, ¿y si sí pudiera? —Mi padre me mataría. —No, no lo haría. —Te mataría a ti. —No, no lo haría. —No, no lo haría —concuerdo—. Pero decepcionado de mí. Y estaría enojado contigo.

se

sentiría

muy

—Sólo si soy atrapado —dice Peter, pero es poco entusiasta. Tampoco correrá el riesgo. Es demasiado cuidadoso en estar de buenas con mi papá—. ¿Sabes lo que ansío? —Le da un tirón a mi trenza antes de decir—: No tener que decir buenas noches. Odio decir buenas noches. —Yo también —digo. —No puedo esperar hasta que estemos en la universidad. —Yo tampoco —digo, y lo beso una vez más antes de saltar fuera del auto y correr hacia mi casa. En el camino, miro a la luna, a todas las estrellas que cubren el cielo nocturno como una manta, y pido un deseo. Querido Dios, por favor, por favor, permíteme entrar en la UVA.

2 Traducido por Jeenn Ramírez Corregido por Mary Warner

—¿Debería espolvorear la peluca de Mary con brillo rosa o dorado? —Sostengo en alto un huevo de pascua en la pantalla de mi computadora para que Margot lo inspeccione. He pintado el cascaron de un azul turquesa pálido y lo he barnizado con una aplicación de María Antonieta. —Colócalo más cerca —me dice Margot, mirando la cámara. Está en pijama; con una mascarilla que se aferra a su cara. Su cabello ha crecido hasta por debajo de sus hombros, lo que significa que probablemente lo cortara pronto. Tengo la sensación de que siempre lo ha tenido corto. Realmente le queda. Es de noche en Escocia, y aquí aun es por la tarde. Estamos a cinco horas y cinco mil kilómetros de distancia. Ella está en su dormitorio, y yo me encuentro sentada en la mesa de nuestra cocina, rodeada de huevos de pascua y un tazón de tinte, diamantes falsos, etiquetas, y plumas blancas esponjosas que guardé cuando hice adornos de navidad hace algunos años. Mi computadora portátil se apoya en una pila de libros de cocina. Margot me hace compañía cuando termino de decorar mis huevos. —Creo que voy hacer un borde aperlado alrededor de ella, si eso ayuda con tu decisión —le digo. —Entonces mi respuesta es ve por el rosa —dice, ajustando su máscara—. El rosa destacará más. —Eso es lo que pensaba también —le digo y comienzo a trabajar espolvoreando brillo rosa con una vieja brocha de sombras para ojos. Anoche pasé horas soplando para que las yemas de huevo salieran del cascaron. Se suponía que esto sería algo divertido para hacer con Kitty, como en los viejos tiempos pero se echó atrás cuando fue invitada a casa de Madeline Klinger. Una invitación a la casa de Madeline Klinger es una rara y momentánea ocasión, por supuesto que no podía envidiar a Kitty por eso. —Solo un poco más antes de que te enteraras, ¿cierto?

—Algún día de este mes. —Comienzo a alinear perlas en una hilera. Parte de mí desearía terminar esto, pero otra parte de está contenta de tener este tiempo de no saber, o al menos eso espero. —Entrarás —dice Margot y es como una proclamación. Todos a mi alrededor parecen pensar que mi entrada a UVA es una inevitable conclusión. Peter, Kitty, Margot, papá. Mi consejera, la señora Duvall. Nunca me atrevería a decirlo en voz alta, por miedo a que me caiga una maldición o algo, pero tal vez, también lo pienso. He trabajado duro, mi puntuación en el SAT fue más alta de doscientos puntos. Mis notas son casi tan buenas como las de Margot, y Margot entró. He hecho todo lo que se suponía que debía hacer, pero, ¿será suficiente? En este punto, todo lo que puedo hacer es esperar y tener esperanza. Tener esperanza. Estoy en medio de pegamento caliente con un pequeño arco blanco en la parte superior de mi huevo cuando me detengo a lanzar una mirada sospechosa a mi hermana. —Espera un minuto. Si entro, ¿vas a tratar de convencerme de ir a otro lado, solo para que pueda extender mis alas? Margot se ríe y su mascarilla se desliza por su cara. Reajustándola, dice—: No. Confío en que sepas que es lo mejor. —Puedo decir que lo dice en serio. Solo así, sus palabras me preparan. También confío en mí. Confío en que cuando el tiempo llegue, sabré qué es lo mejor. Y para mí, UVA es lo mejor. Lo sé—. Lo único que digo es, haz tus propios amigos. Peter hará montones de amigos debido al lacrosse, y el tipo de personas de las que él será amigo no son necesariamente el tipo de personas que tu elegirías para ser amiga. Haz tus propios amigos. Encuentra a tus personas. UVA es enorme. —Lo haré —le prometo. —Y asegúrate de unirte a la asociación asiática. Lo único que siento que he perdido por ir a una escuela en un país diferente es un grupo de asiáticos americanos. Es definitivamente algo que sabrás yendo a la universidad y encontrar tu identidad racial. Como Tim. —¿Quién es Tim? —Tim Monahan, de mi clase. —Oh, Tim —digo. Tim Monahan es coreano y fue adoptado. No hay tantas personas asiáticas en nuestra escuela, por lo que todos sabemos quién es cada quien, al menos tangencialmente. —Él nunca salió con asiáticos en preparatoria, y luego entró a Tech y conoció a un montón de coreanos, y ahora creo que es el presidente de la fraternidad de asiáticos. —¡Guau!

—Estoy contenta de que la vida china no es gran cosa en Reino Unido. No te vas a unir a una hermandad, ¿o sí? —añade rápidamente—, no te juzgo si sí. —No he pensado en eso. —Peter probablemente se unirá a una fraternidad. —Tampoco ha dicho nada acerca de eso… —Aunque no lo ha mencionado, lo puedo imaginar fácilmente en una fraternidad. —He escuchado que es difícil si tu novio está en una fraternidad y tú no. Algo acerca de todas las mezclas y cosas, como si fuera más fácil si eres amiga de las chicas de la fraternidad hermana. No lo sé. Todo el asunto me parece tonto, pero podría valer la pena. Escuché que a las chicas de la hermandad les gustan las manualidades. —Levanta las cejas. —Hablando de eso. —Levanto mi huevo hacia ella—. ¡Ta-da! Margot se acerca a la cámara para ver. —Deberías entrar al negocio de decoración de huevos. Quiero ver los demás. Levanto el cartón de huevos. Tengo una docena de huevos sin yemas, rosa pálido con un corte de trenza rosa neón, brillantina azul y amarillo limón, con lavanda con trozos de lavanda deshidratada. Me siento feliz de tener una excusa para usar lavanda deshidratada. Compré un costal hace unos meses para una crema de lavanda, y solo ha tomado espacio en nuestra bodega. —¿Qué vas hacer con ellos? —pregunta Margot. —Los voy a llevar a Belleview para que puedan ponerlos en exhibición en el área de recepción. Siempre luce sombrío ahí. Margot se recuesta sobre sus almohadas. —¿Cómo están todos en Belleview? —Bien. He estado tan ocupada con aplicaciones para la universidad y cosas del último año que no he sido capaz de ir tanto como solía. Ahora que no trabajo ahí oficialmente, es más difícil encontrar tiempo. —Giro el huevo en mi mano—. Creo que le daré este a Stormy. Es como ella. —Pongo el huevo de María Antonieta debajo de la repisa para que se seque, tomo un huevo lila y comienzo a adherirle gemas de colores—. Voy a visitarlos más de aquí en adelante. —Es difícil — concuerda Margot—. Cuando vaya a casa por vacaciones de primavera, vamos juntas. Quiero presentarle a Ravi a Stormy. Ravi es el novio de seis meses de Margot. Sus padres son de la India, pero nació en Londres, su acento es tan elegante como te lo puedes imaginar. Cuando lo conocí por Skype, dije—: Suenas como el príncipe William —se rió y dijo—: Gracias. —Es dos años mayor que Margot, y tal vez sea porque es mayor, o tal vez porque es inglés, pero

parece muy sofisticado y para nada como Josh. No en una forma superior, pero definitivamente diferente. Más culto, probablemente por vivir en una ciudad tan grande, e ir al teatro cuando sea que quiera y encontrarse con personas importantes debido a que su madre es diplomática. Cuando le dije a Margot eso, se río y me dijo que es solo porque aún no lo he conocido, que Ravi es un gran nerd y no tan delicado como el príncipe William. “No dejes que el acento te engañe”, me dijo. Va a traer a Ravi a casa en las vacaciones de primavera, así que supongo que lo conoceré en persona. El plan es que Ravi se quede en casa por dos noches y luego vuele a Texas para visitar a unos conocidos. Margot se quedará con nosotros por el resto de la semana. —No puedo esperar para conocerlo en la vida real —digo y ella se ilumina. —Vas a amarlo. Estoy segura de que lo haré. Me gusta cualquiera que a Margot le guste, pero el verdadero asunto con suerte es que Margot podrá conocer a Peter mejor, verá cuán especial es. Cuando Ravi esté aquí, nosotros cuatro seremos capaces de salir, verdaderas citas dobles. Mi hermana y yo estamos enamoradas al mismo tiempo, y tenemos esto que podemos compartir, y eso es asombroso.

3 Traducido por Mary Warner Corregido por Beatrix

A la mañana siguiente, me pongo el brillo de labios color amapola que a Stormy le gustaba como se me veía, reúno mis huevos de pascua en una canasta blanca y conduzco hacia Belleview. Me detengo en la recepción para dejar los huevos y charlar con Shanice por un rato. Le pregunto qué hay de nuevo y me dice que hay dos nuevos voluntarios, ambos estudiantes de la UVA, lo que me hace sentir menos culpable de no venir tanto por aquí. Me despido de Shanice y luego me dirijo hacia dónde se encuentra Stormy con mis huevos de pascua. Abre la puerta en un kimono color caqui y una pintura de labios a juego y grita—: ¡Lara Jean! —Luego me empuja en un abrazo, preocupada—. Estás mirando mis raíces, ¿no? sé que necesito pintar mi cabello. —A penas se notan —le aseguro. Está muy emocionada acerca de sus huevos de María Antonieta; dice que no puede esperar para mostrárselos a Alicia Ito, su amiga y rival. —¿Me trajiste uno para Alicia, también? —demanda. —Solo para ti —le digo, y sus ojos pálidos se iluminan. Nos sentamos en el sofá, menea su dedo y me dice—: debes estar completamente enloquecida por ese jovencito ya que apenas has tenido tiempo de visitarme. Con arrepentimiento digo—: Lo siento. Vendré a visitarte más ahora que las aplicaciones para la universidad están hechas. —¡Mmm! La mejor manera de lidiar con Stormy cuando está así es ser encantadora y halagarla. —Solo hago lo que me dijiste, Stormy. Inclina la cabeza hacia un lado. —¿Qué te dije? —Dijiste que fuera a un montón de citas y tuviera un montón de aventuras, al igual que tú.

Frunce sus labios rojo naranja, tratando de no sonreír. —Bueno, ese fue un muy buen consejo que te di. Sigue escuchando a Stormy, y estarás justo como la lluvia. Ahora, dime algo jugoso. Me río. —Mi vida no es tan jugosa. Me chasquea la lengua. —¿No tienes algún baile próximo? ¿Cuándo es la graduación? —No es hasta mayo. —Bueno, ¿tienes un vestido? —No aún. —Mejor te pones en ello. No quieres a alguna otra chica usando tu vestido, querida. —Estudia mi cara—. Con tu complexión, creo que deberías usar rosado. —Luego sus ojos se iluminan y chasquea los dedos—. ¡Eso me recuerda! Hay algo que quiero darte. —Stormy se levanta, va hacia su cuarto y regresa con una pesada caja de anillos de terciopelo. Abro la caja y suelto un jadeo. ¡Es su diamante rosa! El del veterano que perdió su pierna en la guerra. —Stormy, no puedo aceptar esto. —Oh, pero lo harás. Eres la chica justa para usarlo. Lentamente, tomo el anillo y lo pongo en mi mano izquierda, y oh, como brilla. —¡Es hermoso! Pero en realizad no debería... —Es tuyo, querida. —Storm me guiña—. Sigue mi consejo, Lara Jean. Nunca digas que no cuando en realidad quieres decir sí. —¡Entonces sí! ¡Gracias, Stormy! Prometo que cuidaré de él. Me besa en la mejilla. —Sé que lo harás, querida. Tan pronto como llego a casa, lo coloco en mi joyero para mantenerlo seguro. *** Más tarde ese día, estoy en la cocina con Kitty y Peter, esperando que mis galletas de chispas de chocolates se enfríen. Durante las últimas semanas he estado en una búsqueda para perfeccionar mi receta de galletas de chocolate, y Peter y Kitty han sido mis pasajeros firmes en el viaje. Kitty prefiere una especie de galleta de chispas de chocolate plana, suave, mientras que a Peter le gusta su galleta masticable. Mi galleta perfecta es una combinación de los dos. Crujiente pero suave. Marrón claro, no pálido en color o sabor. Un poco de altura pero no hinchada. Esa es la galleta que he estado buscando.

He leído todas las entradas de blogs, visto las imágenes de todo el azúcar blanco frente a una mezcla de marrón y blanco, de bicarbonato de sodio frente al polvo de hornear, vainilla versus extracto de vainilla, chip versus un pedazo versus barras picadas. He intentado congelarlo en bolas, aplastando galletas con el fondo de un vaso para obtener una extensión uniforme. He congelado la masa en un tronco y cortado; la he servido, luego congelado. Congelado, luego servido. Y sin embargo, todavía, mis galletas se elevan demasiado. Esta vez he usado mucho menos bicarbonato de sodio, pero las galletas todavía están ligeramente hinchadas, y me siento lista para lanzar el lote completo por no ser perfecto. Por supuesto no lo hago, sería un desperdicio de buenos ingredientes. En su lugar le digo a Kitty—: ¿No dijiste que te metiste en problemas por hablar durante tu lectura en silencio la semana pasada? —Asiente—. Llévale estas a tu profesora, dile que las horneaste y que los sientes. —Me quedo sin gente para darle mis galletas. Ya le he dado algo al cartero, al chofer del autobús de Kitty, a la estación de enfermeras en el hospital de papá. —¿Qué harás cuando lo descubras? —me pregunta Kitty, su boca llena de galletas. —Sí, ¿cuál es el punto de todo esto? —dice Peter—. Es decir, ¿a quién le importa si las chispas de chocolate son un ocho por ciento mejor? Aun es una galleta de chispas de chocolate. —Tomaré placer al saber que estoy en posesión de la receta perfecta de galletas de chispas de chocolate. La pasaré a la próxima generación de chicas Song. —O chicos —dice Kitty. —O chicos —concuerdo. Para ella digo—: ahora ve arriba y trae un frasco grande de Mason para que ponga estas galletas. Y una cinta. Peter pregunta—: ¿Llevarás algunas a la escuela mañana? —Veremos —digo, porque quiero verlo poner esa cara de pena que amo tanto. Hace la cara, y me estiro para palmear sus mejillas—. Eres un bebé. —Te encanta —dice, agarrando otra galleta—. Dejemos que la película empiece. Le prometí a mi madre que me pasaría por la tienda y la ayudaría a mover algunos muebles. —La mamá de Peter posee una tienda de antigüedades llamada Linden & White, y Peter la ayuda todo lo que puede. La película de hoy a sacar de nuestra lista es Romeo + Julieta, la versión de 1996 con Loenardo DiCaprio y Cliare Danes. Kitty ya la ha visto una docena de veces, yo he visto partes, y Peter nunca ha visto nada en absoluto. Kitty arrastra su sofá puff hasta abajo y se acomoda en el suelo con una bolsa de palomitas de microondas junto a ella. Nuestro terrier

mestizo color trigo Jamie Fox-Pickle se planta de inmediato junto a ella, sin duda con la esperanza de una miga de palomitas de maíz. Peter y yo estamos en el sofá, abrazados bajo una manta de lana de oveja que Margot envió desde Escocia. Desde el momento que Leo sale en pantalla en ese traje azul marino, tengo palpitaciones en el pecho. Él es como un ángel, un hermoso, dañado ángel. —¿Por qué está tan estresado? —pregunta Peter, estirando su mano y robando un puñado de las palomitas de Kitty—. ¿Es un príncipe o algo? —No es un príncipe —digo—. Solo es rico. Y su familia es muy poderosa en su pueblo. —Es el chico de mis sueños —dice Kitty en un tono de propiedad. —Bueno ya es un adulto ahora —digo, no queriendo quitar mis ojos de la pantalla—. Prácticamente es de la edad de papi. —Sin embargo… —Espera, pensé que yo era el chico de tus sueños —dice Peter. No a mí, sino a Kitty. Él sabe que no es el chico de mis sueños. El chico de mis sueños es Gilbert Blythe de Anna de las Tejas Verdes. Apuesto, leal, inteligente en la escuela. —Puaj —dice Kitty—. Eres como mi hermano. Peter luce genuinamente herido, así que le palmeo el hombro. —¿No crees que es un poco flaco? —presiona Peter. Lo callo. Se cruza de brazos. —No entiendo por qué ustedes pueden hablar durante las películas y yo debo callarme. Es una mierda. —Es nuestra casa —dice Kitty. —¡Tu hermana me silencia en mi propia casa! Lo ignoramos al unísono. En la obra, Romeo y Julieta tenían solo trece. En la película tienen como diecisiete o dieciocho. Definitivamente aun adolescentes. ¿Cómo supieron que eran el uno para el otro? ¿Solo una mirada a través de una pecera fue todo lo que tomó? ¿Sabían que era un amor por el que valía la pena morir? Porque lo saben. Lo creen. Supongo que la diferencia es, en aquellos tiempos la gente se casaba mucho más joven de lo que lo hacen ahora. Realísticamente, hasta la muerte nos separe, probablemente, solo significa, como, quince o veinte años, porque las personas no vivían tanto en aquellos tiempos. Pero cuando sus ojos se encuentran a través de la pecera… cuando Romeo va a su balcón y profesa su amor… no puedo evitarlo. Lo creo también. Incluso a pesar que sé que apenas se conocen, y que

su historia está terminada antes de que incluso empezara en realidad, y la parte real habría sido en el día a día, en la opción de estar el uno con el otro a pesar de todas las dificultades. Sin embargo, creo que lo hubieran logrado, si solo hubieran vivido. Mientras pasan los créditos, las lágrimas caen por mis mejillas e incluso Peter parece triste; pero poco sentimental, con los ojos secos la pequeña Kitty sólo salta y dice que va a llevar a Jamie Fox-Pickle fuera a hacer pis. Se van, y mientras tanto, todavía estoy perdida en mis emociones en el sofá, limpiando las lágrimas de mis ojos. —Tuvieron un encuentro tan lindo —digo llorando. —¿Qué es un encuentro lindo? —Peter está acostado de lado ahora, su cabeza apoyada en su codo. Luce tan adorable que podría pinchar sus mejillas, pero me abstengo de decirlo. Su ego ya es lo suficientemente grande. —Un encuentro lindo es cuando el héroe y la heroína se encuentran por primera vez, y siempre es de una forma encantadora. Es como que sabes que van a terminar juntos. Lo más lindo lo mejor. —Como en Terminator, cuando Reese salva a Sarah Connor del Terminator y dice: “Ven conmigo si quieres vivir” jodida línea increíble. —Me refiero, seguro, supongo que ese es técnicamente un encuentro lindo…. Pensaba más en cómo Pasó Una Noche. Debemos agregar esa a nuestra lista. —¿Es a color o blanco y negro? —Blanco y negro. Peter se queja y recuesta la cabeza en los cojines del sofá. —Que mal que no tuvimos un encuentro lindo —me quejo. —Saltaste hacia mí en el pasillo de la escuela. Creo que eso es muy lindo. —Peor ya nos conocíamos, así que no cuenta en realidad. — Frunzo el ceño—. Ni siquiera recordamos como nos conocimos. Qué triste. —Recuerdo la primera vez que te conocí. —Ajá. ¡Mentiroso! —Oye, solo porque no recuerdes algo no significa que yo no lo haga. Recuerdo un montón de cosas. —Bien, ¿entonces dime cómo nos conocimos? —Lo desafío. Estoy segura que lo que sea que salga de su boca será una mentira. Peter abre su boca, luego la cierra. —No te lo voy a decir. —¡Ves! No puedes pensar en nada. —No, no te mereces saber, porque no me creerás.

Ruedo los ojos. —Que ego. Después que apago la película, Peter y yo nos sentamos en el porche, bebiendo té dulce que hice anoche. Está frio afuera; todavía hay suficiente picadura en el aire para hacerte saber que no es primavera por completo, pero pronto. El cerezo silvestre en nuestro patio delantero apenas comienza a florecer. Hay una brisa agradable. Creo que podría sentarme aquí toda la tarde y ver cómo las ramas se balancean y se inclinan, y las hojas bailan. Aun teníamos un poco de tiempo antes que de tuviera que ir a ayudar a su mamá. Iría con él, ayudaría con la máquina registradora mientras él mueve los muebles, pero la última vez que Peter me llevó, su madre frunció el ceño y dijo que su tienda era un lugar de negocio, no un “lugar de adolescentes para pasar el rato”. La madre de Peter no me odiaba por completo, y ni siquiera creía que le desagradara, pero aún no me perdonaba por romper con Peter el año pasado. Es amable conmigo, pero hay esa desconfianza, esa cautela. Es ese sentimiento de vamos a esperar y ver, vamos a esperar y ver cuando hieres a mi hijo de nuevo. Siempre imaginé que tendría una relación genial a lo tipo Ina Garten con la mamá de mi primer novio. Las dos cocinando la cena juntas, compartiendo té y simpatizando, jugando Scrabble en una tarde lluviosa. —¿Qué piensas? —me pregunta Peter—. Tienes esa mirada. Me mordí el labio inferior. —Desearía agradarle más a tu madre. —Le agradas. —Peter. —Le doy una mirada. —¡Lo haces! Si no le agradaras, no te invitaría a cenar. —Me invita a cenar porque quiere verte, no a mí. —Falso. —Puedo decir que este pensamiento nunca se le ha ocurrido, pero tiene el anillo de la verdad y lo sabe. —Ella desea que rompamos antes de ir a la universidad —escupo. —Al igual que tu hermana. Chillo—: ¡Ja! ¡Entonces admites que tu mamá quiere que rompamos! —No sé porque estoy tan triunfante. El pensamiento es depresivo, incluso si ya lo sospechaba. —Ella piensa que estar en serio cuando eres joven es una mala idea. No tiene nada que ver contigo. Le dije que, solo porque no funcionó con ella y papá, no significa que será así para nosotros. No soy como mi papá. Y tú no eras para nada como mi mamá. Los padres de Peter se divorciaron cuando él estaba en sexto grado. Su padre vive a treinta minutos de distancia, con su nueva esposa y dos hijos menores. Cuando se refiere a su padre, Peter no dice

mucho. Es raro para él incluso mencionarlo, pero este año, de la nada, su papá ha tratado de reconectar con él, invitándolo a un juego de básquet, a cenar en su casa. A lo que Peter ha sido una pared de piedra. —¿Tu papá se parece a ti? —pregunto—. Es decir, ¿tú te pareces a él? De repente dice—: Sí. Eso es lo que la gente siempre dice. Pongo la cabeza en su hombro. —Entonces debe ser muy atractivo. —En sus días, supongo —concede—. Soy más alto que él ahora. Esto es algo que Peter y yo tenemos en común, él solo tiene a su mamá y yo solo tengo a mi papá. Él cree que conseguí la mejor parte del trato, perder una mamá que amaba versus un papá que está vivo pero es un idiota. Sus palabras, no las mías. Parte de mí está de acuerdo con él, porque tengo tantos buenos recuerdos de mi mami, y él a duras penas tiene alguno de su papá. Me encantaba cuando después de una ducha, me sentaba con las piernas cruzadas frente a ella y veía televisión mientras ella peinaba el enredo en mi cabello. Recuerdo que Margot odiaba sentarse quieta para ello, pero a mí no me importaba. Es el recuerdo que me gusta más, más un sentimiento que un recuerdo real. El zumbido de un recuerdo, borroso en los bordes, suave y nada especial en particular, todo tipo de mezcla en un momento. Otro recuerdo como este es cuando dejábamos a Margot en clases de piano, y mami y yo comíamos helado sundae de McDonanld’s en el estacionamiento. Con salsa de Caramelo y fresa; ella me daba sus maníes así yo tenía de más. Una vez le pregunté por qué no le gustaban los maníes en su helado, y me dijo que le gustaban, pero yo los amaba. Y ella me amaba. Pero a pesar de todos esos buenos recuerdos, eran memorias que no cambiaría por nada, sé que incluso si mi mamá fuera una imbécil. Preferiría tenerla aquí conmigo a no tenerla. Un día, espero que Peter se sienta de esa manera sobre su padre. —¿En qué piensas ahora? —me pregunta Peter. —En mi madre —digo. Peter baja su vaso y se estira para descansar su cabeza en mi regazo. Alzando la vista hacia mí, dice—: Deseo haberla conocido. —En realidad le agradarías —digo, tocando su cabello. Dudando, pregunto—: ¿crees que pueda conocer a tu papá algún día? Una nube pasa por su cara, y deseo no haber dicho eso. —No tienes que conocerlo —dice—. No vale la pena. —Luego se acurruca más cerca de mí—. Oye, tal vez deberías ir de Romeo y Julieta para Halloween este año. La gente en UVA sale y disfruta Halloween.

Me reclino contra el poste. Cambia de tema, y lo sé, pero lo dejo seguir. —Entonces iríamos como la versión de Leo y Claire de Romeo y Julieta. —Sí. —Tira de mi trenza—. Seré tu caballero en brillante armadura. Toco su cabello. —¿Considerarías dejar crecer tu cabello un poco más? ¿Y tal vez… teñirlo de rubio? De otra forma la gente pensaría que eres solo un caballero. Peter se ríe tan fuerte que dudo que escuche el resto de mi oración. —Oh Dios mío, Covey. ¿Por qué eres tan hilarante? —¡Estaba bromeando! —Medio bromeando—. Pero sabes que me tomo el vestuario en serio. ¿Por qué molestarte en usar algo que solo llevarás a medias? —Bien, puede que tal vez use una peluca, pero no prometo nada. Será nuestro primer Halloween en UVA. —He estado en UVA para Hallowen antes. —El primer otoño que Margot consiguió su licencia de conducir, llevamos a Kityy a hacer dulce o truco en el campus. Ella era Batman ese día. Me pregunto si le gustaría hacerlo de nuevo. —Me refiero a que finalmente seremos capaces de ir a fiestas de Halloween en UVA. Como, ir legalmente y no tener que entrar a hurtadillas. En nuestro segundo año Gabe y yo fuimos echados de una fiesta en SAE y fue el momento más humillante de mi vida. Lo miro sorprendida. —¿Tú? Nunca te avergüenzas. —Bueno, lo estuve ese día. Intentaba hablar con esta chica que iba vestida en un traje de Cleopatra y estos otros chicos mayores fueron como: “Saca tu culo de aquí, idiota”, y ella y sus amigas se rieron. Idiotas. Me inclino y lo beso en ambas mejillas. —Nunca me reiría. —Te ríes de mí todo el tiempo —dice. Alza la cabeza y tira de mi rostro más cerca y nos besamos hacia abajo como la clase de beso del tipo hombre Araña. —Te gusta cuando me rio de ti —digo, y, sonriendo, se encoge de hombros.

4 Traducido por Jeenn Ramírez Corregido por Daliam

Es el primer día de la semana del último año, y durante esta semana hay un tema cada día. El tema de hoy es el espíritu de la escuela y visto el jersey de lacrosse de Peter y coletas con listones de los colores de nuestra escuela, azul claro y blanco. Peter se ha pintado la cara mitad azul y mitad blanco. Cuando me recogió esta mañana, grité cuando lo vi. El resto de la semana va: Martes día de los setentas, miércoles día de pijamas, jueves día de personajes (el día que verdaderamente espero) y el viernes estaremos fuera en nuestro viaje de último año. La votación estaba entre Nueva York y Disneylandia, y Nueva York ganó. Iremos en un autobús rentado por el fin de semana de tres días. Es el tiempo perfecto para un viaje como este, porque los estudiantes de último año están como locos esperando escuchar de la universidad y podríamos usar la distracción. Excepto por aquellos que aplicaron a la decisión anticipada y ya saben a dónde irán, como Peter y Lucas Krapf, que irán a Sarah Lawrence. La mayoría de mi clase se quedará en el estado. Es como nuestra consejera, la señora Duvall, siempre dice, ¿cuál es el punto de vivir en Virginia y no tomar ventaja de todas las increíbles escuelas del estado? Creo que es genial que muchos de nosotros permaneceremos aquí, en Virginia, que no nos dispersamos hacia las cuatro esquinas del planeta. A la hora del almuerzo, cuando Peter y yo caminamos hacia la cafetería, el grupo de canto le da una serenata a una chica de primer año con la canción “Will you still love me tomorrow?” pero con las palabras “¿Te gustaría ir al baile conmigo, Gina?” Dejamos de escuchar cuando llegamos a la fila de la comida. El baile no será hasta dentro de unos meses, pero las proposiciones han empezado con anticipación. Por mucho la más impresionante fue la semana pasada, cuando Steve Bledell hackeó la pizarra de anuncios y reemplazó los eventos del día con “¿Te gustaría ir al baile conmigo, Liz?” tomó dos días para que el departamento de IT averigüara cómo arreglarlo. Solo esta mañana, Darrel llenó el casillero de Pammy con rosas rojas y escribió “¿BAILE?” con pétalos en la puerta. El conserje le gritó por ello, pero las fotografías

lucen increíbles en el Instagram de Pammy. No sé qué planea Peter. No es exactamente de grandes gestos románticos. Cuando estamos en la fila de la comida, Peter escoge un brownie y le digo—: No, traje galletas —y se emociona. —¿Puedo tener una ahora? —pregunta. Saco el recipiente de mi bolsa y Peter toma una—. No vamos a compartirlas con nadie —dice. —Es muy tarde —le digo, porque nuestros amigos nos han visto. Darrel canta—: Sus galletas traen a todos los chicos al campo. — Mientras caminamos hacia la mesa. Coloco el recipiente sobre la meza y los chicos se pelean por él, arrebatándose las galletas y devorándolas como troles. Pammy logra tomar una y dice—: Todos ustedes son unas bestias. Darrel se voltea y hace un sonido de bestia y ella suelta una risita. —Estas son fantásticas —gime Gabe, lamiendo el chocolate de sus dedos. Modestamente digo—: Están bien. Buenas pero no increíbles. No son perfectas. —Rompo un pedazo de la galleta de Peter—. Saben mejor cuando acaban de salir del horno. —¿Vendrías por favor a mi casa a hornearme galletas para que sepa como saben recién salidas del horno? —Gabe muerde otra y cierra sus ojos en éxtasis. Peter dice—: ¡Dejen de comerse las galletas de mi novia! —Incluso un año después, aún me entusiasma escucharlo decir “novia” y saber que yo soy ella. —Vas a terminar con panza si no dejas esa mierda —Darrel dice. Peter muerde una galleta, levanta su playera y palmea su estómago. — Paquete de seis, bebé. —Eres una chica con suerte, Large —dice Gabe. Darrel mueve la cabeza. — Nah, Kavinsky es el suertudo. Peter atrapa mi mirada y me guiña el ojo, mi corazón late más rápido. Tengo el presentimiento que cuando tenga la edad de Stormy, estos serán los días que recordaré: La cabeza de Peter agachada, mordiendo una galleta de chispas de chocolate, el sol entrando por la ventana de la cafetería, iluminando su cabello castaño, él mirándome. Después de la escuela, Peter tiene práctica de lacrosse, me siento en las gradas y hago mi tarea. De todos los chicos del equipo, Peter es el único que va a ir a una escuela de división, y el entrenador White ya llora acerca de qué hará el equipo cuando Peter se vaya. No entiendo todas las entradas y salidas del juego, pero sé cuándo animar y cuándo

abuchear. Solo me gusta verlo jugar. Él piensa que cada tiro que da va a entrar, y usualmente lo hace. *** Papá y la señora Rothschild son oficialmente pareja, y lo han sido desde septiembre pasado. Kitty está sobre la luna, toma el crédito en cada oportunidad. —Todo fue parte de mi plan maestro —alardea. Lo admito. La chica tiene visión. Después de todo, consiguió que Peter y yo volviéramos contra todo pronóstico, y ahora estamos enamorados. Para no tener nada en común, la señora Rothschild y papá son realmente una buena pareja. (De nuevo, no como Peter y yo). La proximidad hace toda la diferencia. Dos vecinos solitarios, Netflix, un par de perros, una botella de vino blanco. Si me preguntan, es adorable. Papá tiene más vida ahora que la señora Rothschild está en ella. Siempre van a lugares juntos, haciendo actividades actuales. Como el sábado por la mañana, antes que despertáramos, ellos fueron a hacer senderismo y observaron la salida del sol. No sabía que papá hiciera senderismo, pero lo hizo como pez agua. Ellos han ido a cenas, vinaterías, se han encontrado con los amigos de la señora Rothschild. Aunque aún le gusta quedarse y ver un documental, pero su mundo es mucho más grande con ella en él, mucho menos solitario, lo que nunca supe que era, estos ocho año desde que mamá murió. Pero el debió estarlo, ahora que lo veo con tanta energía. La señora Rothschild cena con nosotros algunas pocas veces a la semana y se está volviendo extraño no verla sentada en la mesa de la cocina, con su rica y ronca risa y su copa de vino a lado de la cerveza de papá. Después de la cena de anoche, cuando llevé galletas y helado como postre, papá me dice—: ¿Más galletas? —Y él y la señora Rothschild intercambian una mirada. Colocando helado de vainilla en su galleta papá dice—: Haz hecho mucha repostería últimamente. Debes estar muy estresada esperando las cartas de aceptación de la universidad. —No tiene nada que ver con eso —les digo—, solo trato de mejorar mi receta de galletas de chispas de chocolate. Solo estén agradecidos. Papá comienza—: Sabes, leí un estudio acerca de que hornear es terapéutico. Es algo acerca de la repetición de la cantidad de ingredientes y creatividad. Psicólogos lo llaman activación de comportamiento. —Oye, lo que sea que funcione —dice la señora Rothschild, rompiendo un pedazo de galleta y metiéndosela en la boca—. Iré a SoulCycle; que es donde se encuentra mi centro. —Si Margot estuviera

aquí, rodaría sus ojos. La señora Rothschild me hizo ir con ella una vez, seguí perdiendo el ritmo y tratando de encontrarlo de nuevo sin éxito—. Lara Jean, tienes que ir conmigo otra vez. Hay un nuevo instructor que toca música Motown. Lo amarás. —¿Cuándo puedo ir contigo, Tree? —pregunta Kitty. Así es como Kitty eligió llamar a la señora Rothschild. Aún pienso en ella como la señora Rothschild, y se me sale de vez en cuando, pero trato de llamarla Trina a la cara cuando recuerdo. —Puedes venir conmigo cuando tengas doce —dice—. Esas son las reglas de SoulCycle. Es difícil creer que Kitty tiene once años. Kitty tiene once y yo tendré dieciocho en mayo. El tiempo pasa muy rápido. Miro a través de la mesa a papá, quien ve a Kitty con una sonrisa triste, y luego a mí. Sé que debe pensar lo mismo. Atrapa mi mirada y canta—: Lara Jean, no te preocupes. —En su mejor voz de Stevie Wonder y todas nos quejamos. Mordiendo su sándwich improvisado de helado, papá dice—: Has trabajado duro, todo resultará de la manera que se supone. —No hay manera en el mundo que UVA te diga que no —dice la señora Rothschild. —Toca madera —dice Kitty, dando golpecitos en la mesa con sus nudillos. Me dice—: Debes tocar también. Responsablemente toco la mesa. —¿Qué significa tocar madera? Papá responde—: De hecho, viene de la mitología griega. De acuerdo con mitos griegos, la dríada vive en los árboles, y las personas pueden invocarla por protección. De ahí, el tocar madera, solo que eso es añadir protección, no incita al destino. Ahora somos la señora Rothschild, Kitty y yo intercambiando miradas. Papá es tan cuadrado, y la señora Rothschild luce tan joven comparada con él, aunque él no es mucho mayor que ella. Y aun así funciona. *** Esta noche no puedo dormir, por lo que me recuesto en la cama pensando en mis extracurriculares de nuevo. Lo más destacado son Belleview y mis prácticas en la librería el verano pasado. Mi puntuación es mayor que el promedio de UVA. Margot entró con solo cuarenta más que yo. Obtuve cinco en el examen de historia de los Estados Unidos. He conocido a personas que han entrado con menos de eso.

Con suerte, mi ensayo me dará un poco de brillo. Escribí acerca de mi mamá y hermanas, todas las maneras en la que ella nos crío, cuando estaba viva y cuando ya no lo estaba. La señora Duvall dice que ha sido el mejor que ha leído en años, pero la señora Duvall siempre ha sido suave con las chicas. Así que, quien sabe. Doy vueltas otros minutos y finalmente me quito las mantas y salgo de la cama. Después bajo las escaleras y comienzo a medir ingredientes para galletas con chispas de chocolate.

5 Traducido por Nika Trece. Corregido por Daliam

Es jueves, día de personajes, el día que he esperado toda la semana. Peter y yo pasamos horas yendo y viniendo sobre esto. Hice un caso fuerte para Alexander Hamilton y Eliza Schuyler, pero tuve que retroceder cuando me di cuenta lo caro que sería alquilar trajes Coloniales en tan corto plazo. Creo que los trajes de parejas podrían ser mi parte favorita de estar en pareja. Además de los besos y los paseos gratis, y el propio Peter. Él quería ir como Spiderman y hacerme vestir una peluca roja y ser Mary Jane Watson, sobre todo porque ya tenía el disfraz; y porque él realmente está en forma por el lacrosse, así que, ¿por qué no dar a la gente lo que quieren? Sus palabras, no las mías. Al final decidimos ir como Tyler Durden y Marla Singer de Fight Club. En realidad fue idea de mi mejor amiga Chris. Ella, Kitty y yo la vimos en mi casa, y Chris dijo: “Tú y Kavinsky deberían ir como esos psicópatas”. Dijo que sería bueno para dar un susto, por mí, de cualquier forma. Al principio me reprimí porque Marla no es asiática y tengo mi política de trajes únicos de gente asiática, pero luego la mamá de Peter le encontró una chaqueta de cuero roja en una venta de garaje, y simplemente se dio. En cuanto a mi traje, la señora Rothschild me presta ropa de su propio vestuario, porque era joven en los años noventa. Esta mañana, la señora Rothschild viene antes de trabajar para ayudarme a prepararme. Me hallo sentada en la mesa de la cocina con su vestido negro y una chaqueta de mohair falsa y una peluca, que Kitty se deleita en desordenar para conseguir ese loco cabello rebelde. Sigo golpeando sus pegajosas manos, y ella sigue diciendo—: Pero esta es la apariencia. —Tienes suerte de que sea una acumuladora —dice Rothschild, bebiendo café de su termo. Mete la mano en su bolso y me lanza un par de muy altos zapatos de tacón de plataforma negra—. Cuando tenía veintitantos años, Halloween era lo mío. Era la reina al vestirme. Ahora es tu turno de tomar la corona, Lara Jean.

—Todavía puedes ser la reina —le digo. —No, vestirse con trajes es un juego de jóvenes. Si ahora llevara un sexy traje de Sherlock Holmes, parecería desesperada. Está bien. Mi tiempo ha pasado —le dice a Kitty—. ¿Qué te parece? Un poco más de sombra de ojos, ¿no? —No lo llevemos demasiado lejos —digo—. Esto todavía es escuela. —Todo el punto de llevar un disfraz está en llevarlo demasiado lejos —dice la señora Rothschild airada—. Toma muchas fotos cuando llegues a la escuela. Envíamelas por mensaje para que pueda mostrarlas a mis amigos del trabajo. Obtendrán una patada fuera de... Dios, hablando de trabajo, ¿qué hora es? La señora Rothschild siempre llega tarde, algo que enloquece a papi porque él siempre tiene diez minutos de antelación. ¡Todavía! Cuando Peter viene a recogerme, corro hacia afuera y abro la puerta del pasajero y grito cuando lo veo. ¡Su pelo es rubio! —¡Oh Dios mío! —grito, tocando su cabello—. ¿Lo decoloraste? Sonríe, una sonrisa satisfecha de sí mismo. —Es spray. Mamá lo encontró para mí. Puedo usarlo de nuevo cuando hagamos de Romeo y Julieta para Halloween. —Mira mi atavío—. Me gustan esos zapatos. Te ves sexy. Puedo sentir mis mejillas calentarse. —Cállate. Cuando se retira de mi camino de entrada, me mira de nuevo y dice—: Sin embargo, es la verdad. Le doy un empujón. —Lo único que digo es que la gente sabe mejor quién soy. —Te tengo cubierta —me asegura. Y lo hace. Cuando caminamos por el pasillo principal, Peter hace señas: “¿Dónde está mi mente?” fuerte a su teléfono, y la gente aplaude. Nadie me pregunta si soy un personaje de manga. *** Después de la escuela, Peter y yo estamos acostados en el sofá; sus pies cuelgan del extremo. Todavía lleva su traje, pero me he cambiado a mi ropa regular. —Siempre tienes los calcetines más lindos —dice, levantando mi pie derecho. Éstos son grises con lunares blancos y osos de caras amarillas. Orgullosamente digo—: Mi tía abuela los envía desde Corea. Corea tiene las cosas más lindas, ¿sabes?

—¿Puedes pedirle que me envíe también? No los osos, pero tal vez tigres. Los tigres son geniales. —Tus pies son demasiado grandes para calcetines tan bonitos como estos. Tus dedos del pie sobresaldrían. Sabes qué, apuesto a que podría encontrarte unos calcetines que encajen... um, el zoológico. — Peter se sienta y comienza a hacerme cosquillas. Exclamo—: Apuesto a que los pandas o los gorilas tienen que mantener sus pies calientes de alguna manera... en invierno. Tal vez también tienen algún tipo de tecnología para calcetines desodorizados. —Me echo a reír—. Detente... deja de hacerme cosquillas —¡Entonces deja de ser mala con mis pies! —Tengo mi mano hundida bajo su brazo, y le hago cosquillas ferozmente. Pero al hacerlo, me he abierto a más ataques. Grito—: ¡De acuerdo, bien, tregua! —Se detiene, y finjo detenerme, pero escabullo unas cosquillas bajo su brazo, y él suelta un grito agudo nada característico de Peter. —¡Dijiste tregua! —acusa. Ambos asentimos y nos recostamos, sin aliento—. ¿De verdad crees que mis pies huelen? No. Me encanta la forma en que huele después de un juego de lacrosse, como sudor, hierba y él. Pero me encanta fastidiarlo, ver esa mirada insegura cruzar su rostro por sólo medio latido. —Bueno, quiero decir, en los días de juego... —digo. Entonces Peter me ataca de nuevo, y estamos luchando, riendo, cuando Kitty entra, balanceando una bandeja con un sándwich de queso y un vaso de jugo de naranja. —Tómalo arriba —dice, sentándose en el suelo—. Esta es una zona pública. Desentrañándome, le doy una mirada. —No estamos haciendo nada privado, Katherine. —Tu hermana dice que mis pies apestan —dice Peter, apuntando con el pie en su dirección—. Ella miente, ¿no? Lo desvía con un golpe de su codo. —No oleré tu pie—. Ella se estremece—. Ustedes son pervertidos. Le grito y le tiro una almohada. Ella jadea. —¡Tienes suerte de no haber derribado mi jugo! Papá te matará si vuelves a estropear la alfombra. —Apuntándome dice—: ¿Recuerdas el incidente del removedor de esmalte de uñas? Peter me revuelve el pelo. —La torpe Lara Jean. Lo empujo lejos de mí. —No soy torpe. Tú eres el que tropezó con sus propios pies tratando de llegar a la pizza la otra noche en Gabe's. Kitty se echa a reír y Peter le lanza una almohada. —¡Tienen que dejar de atacarme! —grita.

—¿Te vas a quedar a cenar? —pregunta cuando sus risitas se desvanecen. —No puedo. Mi mamá hace filete de pollo frito. Los ojos de Kitty se abomban. —Suertudo. Lara Jean, ¿qué tenemos? —Descongelo algunas pechugas de pollo mientras hablamos —le digo. Hace una mueca y digo—: Si no te gusta, tal vez puedas aprender a cocinar. Ya no estaré para cocinar tus cenas cuando asista a la universidad, ¿sabes? —Sí claro. Probablemente estarás aquí todas las noches. —Se vuelve hacia Peter—. ¿Puedo ir a tu casa a cenar? —Claro —dice—. Pueden venir las dos. Kitty comienza a alegrarse, y lo rechazo. —No podemos, porque entonces papá tendrá que comer solo. La señora Rothschild tiene SoulCycle esta noche. Ella toma un bocado de su sándwich de queso. Entonces me preparo otro bocadillo. No quiero comer pollo viejo quemado por el congelador. Me siento de repente. —Kitty, haré otra cosa si trenzas mi cabello mañana por la mañana. Quiero hacer algo especial para Nueva York. —Nunca he estado en Nueva York antes en mi vida. Para nuestras últimas vacaciones familiares, hicimos una votación, y elegí Nueva York, pero perdí a favor de México. Kitty quería comer tacos de pescado y nadar en el océano, y Margot quería ver las ruinas mayas y tener la oportunidad de trabajar en su español. Al final, estaba feliz de ser derrocada. Antes de México, Kitty y yo nunca habíamos dejado el país. Nunca he visto agua tan azul. —Voy a trenzar tu cabello sólo si me queda tiempo después de hacer la mía —dice Kitty, es lo mejor que puedo esperar, supongo. Ella es tan buena arreglando el cabello. —¿Quién trenzará mi cabello cuando esté en la universidad? — murmuro —Yo lo haré— dice Peter, con toda confianza. —No sabes cómo —me burlo. —La chica me enseñará. ¿No quieres, chica? —Por un precio —dice Kitty. Negocian de ida y vuelta antes de finalmente decidirse por Peter llevando a Kitty y a sus amigos al cine un sábado por la tarde. Así es como llego a sentarme con las piernas cruzadas en el suelo mientras Peter y Kitty se sientan en el sofá encima de mí, Kitty mostrando una trenza francesa y Peter registrándola en su teléfono.

—Ahora lo intentas —dice. Sigue perdiendo un pedazo y se frustra. —Tienes mucho cabello, Lara Jean. —Si no puedes conseguir la francesa, te enseñaré algo más básico —dice Kitty, y no se puede confundir el desprecio en su voz. Peter también lo escucha. —No, lo voy a conseguir. Sólo dame un segundo. Voy a dominarlo justo como domino el otro tipo de francés. — Me guiña un ojo. Kitty y yo le gritamos por eso. —¡No hables así delante de mi hermana! —grito, empujándolo en el pecho. —¡Solo bromeaba! —Además, no eres tan bueno en los besos franceses. —Aunque, sí, lo es. Peter me da un “¿A quién engañas?” Miro, y me encojo de hombros, ¿Por qué a quién engaño? *** Más tarde, camino con Peter a su coche cuando él se detiene frente a la puerta del lado del pasajero y pregunta—: Oye, ¿cuántos chicos has besado? —Solo tres. Tú, John Ambrose McClaren —digo su nombre rápido, como arrancando una curita, pero Peter todavía tiene tiempo suficiente para fruncir el ceño—. Y el primo de Allie Feldman. —¿El chico con el ojo perezoso? —Sí. Se llamaba Ross. Pensé que era lindo. Sucedió en una fiesta de pijamas en casa de Allie; lo besé en un desafío. Pero quería hacerlo. Me da una mirada especulativa. —Así que John, el primo de Allie y yo. —Ajá. —Olvidas a una persona, Covey. —¿Quién? —¡Sanderson! Ondeo mi mano. —Oh, ese no cuenta realmente. —El primo de Allie Feldman, Ross, a quien has besado en un reto cuenta, ¿pero no Josh, con quien técnicamente me engañaste? — Peter menea el dedo—. No-oh. No lo creo.

Lo empujo. —¡Realmente no estábamos juntos entonces y tú lo sabes! —Un tecnicismo, pero está bien. —Me da una mirada de soslayo—. Tu número es más alto que el mío, ¿sabes? Sólo he besado a Gen, a Jamila y a ti. —¿Qué hay de la chica que conociste en Myrtle Beach con tus primos? ¿Angelina? Una mirada divertida cruza su cara. —Oh sí. ¿Cómo lo sabías? —¡Te jactaste de eso con todos! —Era el verano anterior al séptimo grado. Recuerdo que eso volvió loca a Genevieve, que alguna otra chica besara a Peter antes que ella. Intentamos encontrar a Angelina online, pero no teníamos mucho que hacer. Sólo su nombre—. Así que eso hace cuatro chicas que has besado, e hiciste mucho más con ellas que besar, Peter. —¡Bien! Estoy en un rollo ahora. —Eres el único chico que he besado besado. Y fuiste el primero. Primer beso, primer novio, ¡primero todo! Tienes muchos de mis primeros, y no recibí ninguno de los tuyos. Tímidamente dice—: En realidad, eso no es del todo cierto. Estrecho los ojos. —¿Qué quieres decir? —Nunca hubo una chica en la playa. Lo inventé todo. —¿No hubo Angelina con tetas grandes? —¡Nunca dije que tenía grandes tetas! —Sí lo hiciste. Le dijiste eso a Trevor. —¡Bien vale! Dios mío. Por cierto, estás perdiendo el punto. —¿Cuál es el punto, Peter? Se aclara la garganta. —Ese día en el sótano de McClaren. Tú fuiste mi primer beso también. Abruptamente dejo de reír. —¿Lo fui? —Sí. Lo miro fijamente. —¿Por qué no me lo dijiste? —No lo sé. Supongo que lo olvidé. También es vergonzoso que me inventé una chica. ¡No se lo digas a nadie! Me encuentro llena de una especie de brillante maravilla. Así que fui el primer beso de Peter Kavinsky. ¡Qué maravilla! Llevo mis brazos alrededor de él y levanto la barbilla expectante, esperando mi beso de buenas noches. Acaricia su rostro contra el mío, y siento alegría por el hecho que tiene mejillas lisas y apenas siquiera

necesita afeitarse. Cierro los ojos, lo respiro, espero mi beso. Y él planta un casto beso en mi frente. —Buenas noches, Covey. Mis ojos se abren. —¿Eso es todo lo que obtengo? Con suficiencia, dice—: Antes dijiste que no soy tan bueno besando, ¿recuerdas? —¡Bromeaba! Me guiña el ojo mientras salta en su coche. Lo miro alejarse. Incluso después de un año entero de estar juntos, todavía puede sentirse tan nuevo. Amar a un muchacho, hacer que él te corresponda ese amor. Se siente milagroso. No entro enseguida. Por si acaso vuelve. Con las manos en las caderas, espero veinte segundos completos antes de girar hacia los escalones de entrada, que es cuando su coche viene derrapando por nuestra calle y se detiene justo enfrente de nuestra casa. Peter saca la cabeza por la ventana. —Está bien entonces —grita—. Vamos a practicar. Corro de regreso a su coche, lo tiro hacia mí por su camisa, y coloco mi cara en ángulo contra la suya, y luego lo empujo alejándolo y corriendo hacia atrás, riendo, mi pelo azotando alrededor de mi cara. —¡Covey! —grita. —Eso es lo que obtienes —le repito alegremente—. ¡Nos vemos en el autobús mañana! *** Esa noche, cuando estamos en el baño cepillándonos los dientes, le pregunto a Kitty: —En una escala del uno al diez, ¿cuánto me echarás de menos cuando me vaya a la universidad? Se honesta. —Es demasiado pronto para esta clase de charla —dice, enjuagando su cepillo de dientes. —Solo responde. —Un cuatro. —¡Un cuatro! Dijiste que extrañaste a Margot un seis punto cinco. Kitty sacude la cabeza hacia mí. —Lara Jean, ¿por qué tienes que recordar cada pequeña cosa? No es saludable. —¡Lo menos que puedes hacer es fingir que me echarás de menos! —estallé—. Es lo más decente. —Margot iba al otro lado del mundo. Sólo estarás a quince minutos, así que no tendré oportunidad de extrañarte.

—Todavía. Golpea las manos en su corazón. —Bueno. ¿Qué tal esto? ¡Voy a extrañarte tanto que lloraré todas las noches! Sonrío. —Eso está mejor. —Te voy a extrañar mucho, ¡quiero cortar mis muñecas! — Cacarea salvajemente. —Katherine. ¡No hables así! —Entonces deja de pescar elogios —dice, se va a la cama, mientras me quedo detrás y empaco mis artículos para el viaje a Nueva York mañana. Si entro a UVA, probablemente dejaré un conjunto de maquillaje, cremas y peines aquí en casa, así que no tendré que empacar cada vez. Margot tuvo que ser muy cuidadosa con lo que llevó con ella a Saint Andrews, porque Escocia está tan lejos y no puedes hacer el viaje a casa muy a menudo. Probablemente sólo empacaré para el otoño y el invierno, y dejaré todas mis cosas de verano en casa, luego las cambiaré cuando las estaciones cambien.

6 Traducido por MaJo Villa& day_ale Corregido por Miry GPE

Por la mañana, papá me lleva a la escuela para coger el autobús. —Llámame tan pronto como te encuentres en tu habitación — dice mientras esperamos en el semáforo de la escuela. —Lo haré. —¿Empacaste los veinte de emergencia? —Sí. —Anoche, papá me dio un billete de veinte dólares para guardar en el bolsillo secreto de mi chaqueta, por si acaso. También tengo su tarjeta de crédito, para gastar dinero. La señora Rothschild me prestó su pequeño paraguas y su cargador portátil para el teléfono celular. Papá me da una mirada de soslayo y un suspiro. —Ahora todo sucede tan rápido. Primero tu viaje de último año, después el baile, luego la graduación. Solo es cuestión de tiempo antes de que te vayas de casa también. —Todavía tendrás a Kitty —dije—. Aunque es verdad que ella no es exactamente el rayo de sol que yo soy. —Se ríe—. Si entro a UVA, estaré por ahí todo el tiempo, así que no te preocupes por nada. —Le canturreo como hace él, como Stevie Wonder. *** En el autobús me siento al lado de Peter; Chris se sienta con Lucas. Pensé que podría ser algo muy difícil de conseguir que Chris viniera en el viaje de último año, y lo habría sido, si Disney World hubiera ganado. Pero ella tampoco nunca antes ha estado en Nueva York, así que terminó siendo ultra fácil de convencer. Estamos en camino durante una hora antes de que Peter involucre a todo el mundo en un juego de Nunca en mi vida he hecho algo, en el que pretendo estar dormida, porque no he hecho mucho de nada, de drogas o sexo, y eso es todo lo que les importa a los demás.

Por suerte, el juego muere bastante rápido, supongo porque es mucho menos emocionante cuando no hay vasos rojos involucrados. Justo cuando voy abriendo los ojos, estirando los brazos y "despertar", Gabe sugiere Verdad o Desafío, y mi estómago se retuerce. Desde el escándalo del video de Peter y yo en la bañera de hidromasaje el año pasado, me he sentido consciente de lo que la gente podría pensar acerca de lo que hacemos o no. En cuanto al sexo, quiero decir. ¡Y Verdad o Desafío es muchísimo peor que el juego anterior! ¿Con cuántas personas has tenido relaciones sexuales? ¿Alguna vez has estado en un trío? ¿Cuántas veces al día te masturbas? Esas son las preguntas que se hacen las personas, y si alguien me las hace alguna vez, tendría que decir que soy virgen, y de alguna manera, eso es aún más subversivo que cualquier otra respuesta. Por lo general, me escapo a la cocina o a otra habitación cuando inicia este juego en otras fiestas. Pero hoy no tengo a dónde escapar, porque estamos en un autobús y realmente me encuentro atrapada. Peter me lanza una mirada divertida. Sabe lo que estoy pensando. Dice que no le importa lo que la gente piense, pero sé que no es cierto. Históricamente, a Peter le importa mucho lo que los demás piensan de él. —Verdad o Desafío —le dice Gabe a Lucas. Lucas toma un trago de su agua vitaminada. —Verdad. —¿Alguna vez has tenido sexo con un tipo? Todo mi cuerpo se tensa. Lucas es gay, y él ha salido del clóset, pero no del todo. No quiere tratar de tener que explicarse a la gente todo el tiempo, y ¿por qué debería hacerlo? No es que sea asunto de nadie más. Pasa un segundo antes de que Lucas diga—: No. ¿Es una oferta? Todo el mundo se ríe, y Lucas tiene una ligera sonrisa en su rostro mientras toma otro trago de su agua vitaminada, pero puedo ver la tensión en su cuello, en sus hombros. Debe ser muy estresante, tener que permanecer en guardia para este tipo de preguntas, listo para desviarlas, para sonreír, para reírse de ellas. Mi pregunta de la virginidad es minúscula en comparación a eso. Pero aun así no quiero responder. Ruego que Lucas me elija a continuación, porque sé que me preguntará algo fácil. Pero Lucas no debe notar las miradas suplicantes que lanzo en su dirección, porque en vez de elegirme, elige a Genevieve, que se encuentra sentada algunas filas atrás, mirando su teléfono. Ella ha estado saliendo con un chico de su iglesia y él va a una escuela diferente, así que nadie la ve tanto. He oído de Chris que sus padres se divorciaron, y que su padre se mudó a un nuevo condominio con su novia. Chris dijo que la mamá de Genevieve tuvo un colapso y tuvo que ser hospitalizada por unos días, pero las cosas ahora se

encuentran mejor, lo que me alegra. Peter le envió narcisos a su mamá cuando regresó a casa, y nos esforzamos en lo que debía decir la tarjeta, finalmente nos decidimos por Que te mejores, Wendy. Con amor, Peter. Las flores fueron mi idea, y colaboré, pero por supuesto no puse mi nombre en la tarjeta. Siempre me ha gustado Wendy; ha sido amable conmigo desde que era pequeña. Todavía tengo esa inmersión nerviosa en mi estómago cuando veo a Genevieve, pero no tan profunda como solía ser. Sé que nunca seremos amigas de nuevo, y he hecho las paces con ella. —Verdad o Desafío, Gen —dice Lucas. Ella levanta la vista. Automáticamente dice—: Desafío. —Por supuesto que Genevieve dice eso; es un montón de cosas, pero para nada cobarde. Yo prefiero hacer cualquier cosa que contestar una pregunta sexual, así que probablemente también elegiré desafío. Lucas reta a Genevieve para que se siente junto al señor Jain y apoye la cabeza en su hombro. —Que sea creíble —dice Lucas. Todo el mundo aúlla con risa. Puedo decir que ella realmente no quiere hacerlo, pero de nuevo, no es una cobarde. Todos miramos mientras camina por el pasillo y luego se detiene en la fila del señor Jain. El señor Jain es nuevo este año; enseña biología. Se encuentra en el lado más joven, es guapo; usa unos vaqueros ajustados para la escuela. Genevieve se desliza en el asiento junto a él, y todo lo que puedo ver es la parte de atrás de su cabeza mientras habla. Él sonríe. Luego se acurruca más cerca de él y deja caer su cabeza sobre su hombro, y él salta como un gato asustado. Todo el mundo se ríe, y el señor Jain se da la vuelta y sacude la cabeza hacia nosotros, pareciendo aliviado de que fuera una broma. Genevieve vuelve con nosotros, triunfante. Toma su asiento y mira alrededor del grupo; nuestros ojos se encuentran por un momento, y mi estómago se sumerge. Entonces mira hacia otro lado. —Verdad o Desafío, Chrissy. —Este juego es tan idiota —dice Chris. Gen solo la mira, con sus cejas levantadas en desafío, y Chris finalmente pone los ojos en blanco y dice—: Lo que sea. Verdad. —Cuando se enfrentan cara a cara de esta manera, es imposible no notar que son parientes, primas hermanas, por el lado de sus madres. Genevieve se toma su tiempo pensando en su pregunta. Entonces lanza el revés. —¿Jugaste o no al doctor con nuestro primo Alex cuando estábamos en tercer grado? Y no mientas. Todo el mundo grita y chilla, y el rostro de Chris se ha vuelto de rojo brillante. Le doy una mirada de simpatía. Conozco la respuesta a esa. —Es verdad —murmura, y todos aúllan.

Por suerte para mí, aquí es cuando el señor Jain se levanta y coloca un DVD en el reproductor, por lo que el juego se disuelve y mi turno nunca llega. Chris se da la vuelta y me dice en voz baja—: Te escapaste tan fácil. —Ni que lo digas —susurro en respuesta, y Peter se ríe entre dientes. Puede reírse todo lo que quiera, pero estoy segura de que también se siente un poco aliviado. No es que lo haya dicho nunca, pero no es como si quisiera que toda la clase de último año supiera que él y su novia de un año, de más tiempo, si cuentas nuestra falsa relación, nunca han tenido relaciones sexuales. *** Casi nadie en nuestra clase ha estado en la ciudad de Nueva York, así que todos nos sentimos un poco desorbitados al respecto. No creo haber estado en un lugar tan vivo. Es una ciudad que tiene su propio latido. Simplemente no puedo creer cuánta gente hay, lo lleno que se encuentra, cuán sofisticado luce todo el mundo. Todos parecen... como gente de la ciudad. Excepto los turistas como nosotros, por supuesto. Chris trata de actuar aburrida e impasible por todo, pero cuando nos metemos en el metro para ir al edificio del Empire State, ella no se aferra al poste y casi se cae cuando llegamos a una parada repentina. —Es diferente que en DC —murmura. Eso es seguro. DC es la ciudad grande más cercana a Charlottesville, pero sigue siendo un pequeño pueblo soñoliento en comparación con Nueva York. Hay tantas cosas que ver, tantas tiendas en las que desearíamos poder detenernos. Todo el mundo tiene prisa; todos tienen planes y lugares en dónde estar. Peter es gritado por una anciana que camina y mira su teléfono celular, lo que hace que todos se rían, y por una vez, Peter se avergüenza. Todo es tan abrumador. Cuando llegamos al edificio del Empire State, hago que Peter se tome una foto conmigo en los ascensores. En la parte superior, me siento mareada, estamos tan alto. La señora Davenport me dice que me siente con la cabeza entre las rodillas por un minuto, lo que ayuda. Cuando la náusea pasa, me levanto y busco a Peter, que ha desaparecido durante mi tiempo de necesidad. Al girar la esquina, escucho a Peter gritar—: ¡Espere! ¡Espere! ¡Señor! —Sigue a un guardia de seguridad que se acerca a una mochila roja en el suelo. El guardia de seguridad se inclina y la recoge. —¿Es tuya? — pregunta. —Oh, sí…

—¿Por qué la dejaste en el suelo? —Desabrocha la mochila y saca un osito de peluche. Los ojos de Peter miran en derredor. —¿Puedes colocar eso adentro? Es para una propuesta para mi novia. Se supone que es una sorpresa. El guardia de seguridad niega con un gesto. Murmura para sí mismo y comienza a revisar la mochila otra vez. —Señor, por favor, solo apriete el oso. —No voy a apretar el oso —le dice el guardia de seguridad. Peter alarga la mano y aprieta el oso de peluche y el oso grita—: ¿Irías al baile conmigo, Lara Jean? Llevo las manos hacia mi boca con deleite. Con seriedad el guardia de seguridad dice—: Estás en Nueva York, chico. No puedes dejar una mochila en el suelo para tu propuesta. —En realidad se llama una bailepuesta —corrige Peter, y el guardia de seguridad le echa un vistazo—. Lo siento. ¿Puedo tener el oso de regreso? —Entonces me observa—. ¡Dile que Sleepless in Seattle3 es tu película favorita, Lara Jean! Me precipito. —Señor, es mi película favorita. Por favor, no lo eche. El guardia de seguridad trata de no sonreír. —No iba a echarlo — me dice. A Peter le dice—: Sé más consciente la próxima vez. En Nueva York, somos vigilantes. Si vemos algo, decimos algo, ¿me entiendes? Esto no es la pequeña ciudad de campo de la que vienen. Esta es la ciudad de Nueva York. Por aquí no jugamos. Peter y yo asentimos, el guardia de seguridad se aleja. Tan pronto como se ha ido, Peter y yo nos miramos y nos reímos. —Alguien reportó mi mochila —dice—. Mi propuesta se ha jodido. Saco el oso de peluche de su bolsa y lo abrazo contra mi pecho. Estoy tan contenta que ni siquiera le digo que no maldiga. —Me encanta. —Ibas a dar la vuelta en la esquina y ver la mochila aquí, junto a los telescopios. Entonces ibas a recoger al oso, a apretarlo y... —¿Cómo iba a saber que debía apretarlo? —le pregunto. Peter saca un pedazo de papel arrugado de la bolsa. Dice, Apriétame. —Se cayó cuando el guardia de seguridad estaba revisándola. ¿Ves? Pensé en todo.

Insomne en Seattle o Sintonía de amor en Hispanoamérica, Algo para recordar en España. 3

Todo excepto en las ramificaciones de dejar una mochila desatendida en un lugar público en la ciudad de Nueva York, ¡pero aun así! La intención es lo que cuenta, y es lo más dulce. Aprieto el oso, y otra vez dice—: ¿Irías al baile conmigo, Lara Jean? —Sí, lo haré, Howard. —Howard es, por supuesto, el nombre del oso de Sleepless in Seattle. —¿Por qué le dices que sí a él y no a mí? —pregunta Peter. —Porque él me lo pidió. —Levanto las cejas y espero. Rodando los ojos, Peter murmura—: Lara Jean, ¿irías al baile conmigo? Dios, realmente pides mucho. Sostengo el oso en alto. —Lo haré, pero primero besa a Howard. —Diablos. No. Por supuesto que no. —¡Por favor! —Le doy una mirada suplicante—. Está en la película, Peter. Y refunfuñando, lo hace, delante de todo el mundo, y es por eso que sé que es total y completamente mío. *** En el autobús hacia nuestro hotel en Nueva Jersey, Peter me susurra—: ¿Qué piensas, deberíamos escabullirnos después de que revisen las camas y regresar a la ciudad? —En su mayoría está bromeando. Sabe que no soy del tipo que se escapa en un viaje escolar. Sus ojos se abren cuando digo—: ¿Cómo llegaríamos hasta la ciudad? ¿Los taxis van de Nueva Jersey a Nueva York? —Ni siquiera puedo creer que lo esté considerando. Es muy diferente a quien soy. Apresuradamente le digo—: No, no, no importa. No podemos. Nos perderíamos, o nos asaltarían, luego nos enviarían a casa, y entonces yo me enojaría muchísimo por perdernos lo de ir a Central Park y todo lo demás. Peter me lanza una mirada escéptica. —¿De verdad crees que Jain y Davenport nos enviarían a casa? —Quizás no, pero podrían hacernos quedarnos en el hotel todo el día como castigo, lo que es aún peor. No vamos a arriesgarnos. — Entonces—: ¿Qué haríamos? —Ahora juego a fingir, realmente no planeo hacerlo, pero Peter me sigue el juego. —Podríamos ir a escuchar música en vivo, o ir a un programa de comedia. A veces los comediantes famosos hacen presentaciones sorpresas.

—Ojalá pudiéramos ver a Hamilton. —Cuando pasamos por Times Square, Lucas y yo estiramos la cabeza para ver si podemos echar un vistazo a la marquesina de Hamilton, pero no tuvimos tal suerte. —Mañana quiero comprar un bagel de Nueva York y ver cómo se apila contra Bodo. —Los bagels de Bodo son legendarios en Charlottesville; estamos muy orgullosos de esos bagels. Colocando mi cabeza en su hombro, bostezo y digo—: Ojalá pudiéramos ir a la Panadería Levain para poder probar su galleta. Se supone que es como ninguna galleta de chispas de chocolate que has comido antes. También quiero ir a la tienda de chocolate de Jacques Torres. Su galleta de chispas de chocolate es la galleta definitiva de chispas de chocolate, ya sabes. Es verdaderamente legendaria… —Mis ojos se cierran y Peter me da una palmadita en el cabello. Empiezo a quedarme dormida cuando me doy cuenta de que desenreda las trenzas que Kitty me hizo en la coronilla. Mis ojos vuelven a abrirse—. ¡Peter! —Shh, vuelve a dormir. Quiero practicar algo. —Nunca volverás a saber cómo lo hizo. —Solo déjame intentarlo —dice, recolectando pasadores en la palma de su mano. Cuando llegamos al hotel en Nueva Jersey, a pesar de sus mejores esfuerzos, mis trenzas son bultos, se encuentran sueltas y no permanecen en su lugar. —Voy a enviarle una foto de esto a Kitty para que vea qué mal estudiante eres —digo mientras recojo mis cosas. —No, no lo hagas —dice Peter rápidamente, lo que me hace sonreír. *** Al día siguiente es sorprendentemente primaveral para marzo. El sol brilla y las flores empiezan a brotar. Parece que estoy en la película Tienes un e-mail, cuando Kathleen Kelly va a conocer a Joe Fox en Riverside Park. Me encantaría ver el jardín exacto donde se besan al final de la película, pero nuestro guía nos lleva al Central Park en su lugar. Chris y yo tomamos fotos del mosaico Imagine en Strawberry Fields cuando me doy cuenta de que Peter no está a la vista. Le pregunto a Gabe y Darrell, pero nadie lo ha visto. Le envío un mensaje, pero no responde. Estamos a punto de pasar a Sheep Meadow para un picnic, y empiezo a entrar en pánico, porque, ¿qué pasa si el señor Jain o la señora Davenport notan que no está aquí? Viene corriendo justo cuando estamos a punto de irnos. Ni siquiera se ve sin aliento o al menos preocupado de que casi se quedó atrás.

—¿Dónde estabas? —exijo— ¡Casi nos vamos! Triunfante levanta una bolsa de papel marrón. —Ábrelo y mira. Cojo la bolsa y miro dentro. Es una galleta de chocolate de Levain, todavía caliente. —¡Oh, Dios mío, Peter! Eres tan considerado. — Me pongo de puntillas y lo abrazo, luego me vuelvo hacia Chris—. ¿No es considerado, Chris? —Peter es dulce, pero nunca es tan dulce. Se trata de dos cosas románticas en fila, así que creo que debo elogiarlo en consecuencia, porque el chico responde bien al refuerzo positivo. Ella ya tiene su mano dentro de la bolsa, y se pone un trozo de galleta en la boca. —Muy considerado. —Coge otra pieza, pero Peter le arrebata la bolsa. —¡Maldita sea, Chris! Deja que Covey coma algo antes de comerlo todo. —Bueno, ¿por qué sólo conseguiste uno? —¡Porque es enorme! Y cuesta cinco dólares por uno. —No puedo creer que hayas corrido y conseguido esto para mí — le digo—. ¿No estabas nervioso de perderte? —No —dice, todo orgulloso—. Solo lo busqué en Google Maps y corrí por él. Me despisté un poco cuando volví al parque, pero alguien me dio direcciones. Los neoyorquinos son realmente amables. Todas esas cosas de que sean groseros deben ser una mierda. —Es verdad. Todo el mundo que hemos conocido ha sido muy agradable. Excepto por esa vieja que te gritó por caminar y mirar tu teléfono —dice Chris, riéndose de Peter, que la mira frunciendo el ceño. Tomo un bocado grande de la galleta. La galleta de Levain es más como un bollo, realmente denso y pastoso. Pesado, también. Realmente es como ninguna galleta de chocolate que he probado. —¿Entonces? —pregunta Peter—. ¿Cuál es el veredicto? —Es único. Está en una clase propia. —Tomo otro bocado cuando la señora Davenport sube y nos apresura, mirando la galleta en mi mano. Nuestro guía tiene un puntero que se parece a la antorcha de la estatua de la Libertad, y lo sostiene en el aire para pastorear a través del parque. En realidad es bastante embarazoso, ojalá pudiéramos irnos por nuestra cuenta y explorar la ciudad, pero no. Tiene una cola de caballo y lleva un chal kaki, creo que es un poco cursi, pero la señora Davenport parece agradarle. Después de Central Park toma el metro del centro y bajamos a pie a través del puente de Brooklyn. Mientras todos los demás están en línea para el helado en Fábrica de Helado de Brokyln, Peter y yo corremos a la tienda de chocolate de Jacques Torres. Es idea de Peter. Por supuesto, primero le pido permiso a la señora Davenport. Está ocupada hablando con el guía turístico, así que nos

bota. Me siento tan grande, caminando por las calles de Nueva York sin adultos. Cuando llegamos a la tienda, me siento muy emocionada, estoy temblando. Finalmente consigo probar la famosa galleta de chocolate de Jacques. La muerdo. Esta galleta es plana, masticable, densa. ¡El chocolate se ha agrupado en la parte superior y endurecido! La mantequilla y el sabor de azúcar casi caramelizado. Es el cielo. —Las tuyas son mejores —dice Peter, con la boca groseramente llena, y lo callo, mirando a su alrededor para asegurarme de que la chica de la caja registradora no oyó nada. —Deja de mentir — digo. —¡No lo estoy! Lo está. —¡Simplemente no sé por qué las mías no son como las suyas —digo—. Debe ser los hornos industriales. —Parece que voy a tener que aceptar que mi galleta de chispas de chocolate no es bastante perfecta y estar contenta que es lo suficientemente buena. Cuando salimos por la puerta, noto una panadería al otro lado de la calle llamada Almondine y otra en la esquina opuesta llamada Galletas de Una Chica. Nueva York es verdaderamente una ciudad de productos horneados. Peter y yo caminamos de regreso a la tienda de helados cogidos de la mano. Todo el mundo se halla en el muelle, sentado en los bancos, comiendo su helado y tomando selfies con el horizonte de Manhattan detrás de ellos. Nueva York me sigue sorprendiendo con lo bonito que es. Peter debe pensar lo mismo porque me aprieta la mano y dice—: Esta ciudad es increíble. —Realmente lo es. *** Estoy profundamente dormida cuando hay un golpe en la puerta. Me despierto con un sobresalto. Todavía está oscuro afuera. En la cama del otro lado de la habitación, Chris no se mueve. Entonces escucho la voz de Peter al otro lado de la puerta. — Covey, soy yo. ¿Quieres ir a ver el amanecer en el tejado? Salgo de la cama, abro la puerta y ahí está Peter, con una sudadera con capucha UVA, sosteniendo una taza de café y una taza con una bolsa de té colgando del costado. —¿Qué hora es? —Cinco y media. Date prisa, ve a buscarte el abrigo.

—Está bien, dame dos minutos —susurro. Corro a nuestro cuarto de baño, me cepillo los dientes y luego me meto en la oscuridad por mi chaqueta—. ¡No encuentro mi chaqueta! —Puedes usar mi sudadera con capucha —dice Peter desde la puerta. De debajo de su manta Chris gruñe—: Si ustedes no se callan, lo juro por Dios… —Lo siento —susurro—. ¿Quieres ver el amanecer con nosotros? Peter me lanza una mirada disgustada, pero la cabeza de Chris todavía está bajo su manta, así que ella no ve. —No. ¡Solo vete! —Lo siento, lo siento —digo, y salgo por la puerta. Tomamos el ascensor hasta la terraza, todavía está oscuro afuera, pero empieza a iluminarse. La ciudad está despertando. De inmediato Peter se quita la sudadera, levanto los brazos y la desliza sobre mi cabeza. Es cálida y huele a detergente que usa su madre. Peter se inclina sobre el borde, mirando al otro lado del agua hacia la ciudad. —¿No te imaginas viviendo aquí después de la universidad? Podríamos vivir en un rascacielos. Con un portero. Y un gimnasio. —No quiero vivir en un rascacielos. Quiero vivir en una casa de piedras en West Village. Cerca de una librería. —Lo resolveremos —dice. Me inclino sobre el borde también. Nunca me habría imaginado viviendo en la ciudad de Nueva York. Antes de venir aquí, parecía un lugar tan intimidante, para las personas duras que no tienen miedo de entrar en una pelea con alguien en el metro, los hombres en trajes que trabajan en Wall Street, los artistas que viven en lofts SoHo. Pero ahora que estoy aquí, no es tan aterrador, no con Peter a mi lado. Lo miro. ¿Es así como va? ¿Te enamoras, y ya nada parece realmente aterrador, y la vida es una gran posibilidad?

7 Traducido por Gisenid Corregido por J A N I

Es un viaje de seis horas de regreso a Virginia y duermo casi todo el camino. Ya es de noche cuando llegamos al estacionamiento de la escuela y veo el vehículo de papá estacionado al frente. Todos hemos tenido nuestros automóviles y conducido nosotros mismos durante tanto tiempo, que llegar al estacionamiento de la escuela y ver a todos los padres esperándonos, se siente como si estuviésemos de regreso en la primaria, como si regresáramos de una excursión. Es un sentimiento agradable. De camino a casa, pasamos por una pizza, la señora Rothchild viene y Kitty, papá, ella y yo comemos frente al televisor. Después, desempaco, hago los deberes que tengo pendientes, hablo con Peter por teléfono y luego me preparo para ir a la cama. Pero termino dando vueltas durante lo que parece una eternidad. Puede que sea por cuanto dormí en el autobús, o quizás sea el hecho que cualquier día de estos, tendré noticias de la Universidad de Virginia. De cualquier manera, no puedo dormir, así que voy escaleras abajo y empiezo a abrir cajones. ¿Qué podría hornear a esta hora de la noche que no involucre esperar que la mantequilla se ablande? Es una pregunta constante en mi vida. La señora Rothschild dice que simplemente deberíamos dejar la mantequilla afuera en un plato como lo hace ella; pero nosotros no somos una familia de “dejar la mantequilla afuera” sino una de “dejar la mantequilla en el refrigerador”. Además, interfiere con la química si la mantequilla es demasiado suave, ya que en primavera y verano en Virginia, esta se derrite rápido. Supongo que podría intentar hornear los bizcochos de canela que han rondado mi cabeza. La receta de bizcochos de Katherine Hepburn, más una pizca de canela, más un remolino de queso crema con canela encima. Mezclo chocolate en un recipiente en baño maría y ya lamento haber iniciado este proyecto tan tarde, cuando papá entra en la cocina usando esa bata escocesa que Margot le dio el año pasado para navidad. —Tampoco puedes dormir, ¿eh? —dice.

—Pruebo una nueva receta. Creo que los podría llamar bizconelas. O bizcochos de pecado. —Buena suerte levantándote mañana —dice, frotándose la nuca. Bostezo. —Sabes, pensaba que quizás podría dormir un poco, luego me despiertas, entonces tú y yo podríamos tener un agradable y relajante desayuno padre e hija. Puedo hacer tortitas de champiñones. Se ríe. —Buen intento. —Me da un empujoncito hacia las escaleras—. Terminaré los bizcochos de pecado o como sea que se llamen. Tú ve a la cama. Bostezo de nuevo. —¿Puedo confiar en que hagas un remolino de queso crema? —Papá parece alarmado y digo—: Olvídalo. Terminaré de hacer la masa y los hornearé mañana. —Te ayudaré —dice él. —Ya casi termino. —No me importa. —Bien, entonces. ¿Puedes medir un cuarto de taza de harina? Asiente y saca la taza medidora. —Esa es la taza medidora para líquidos. Necesitamos la taza medidora para sólidos para que puedas medir la harina. —Vuelve a la alacena y las cambia. Observo cuando agrega la harina con una cuchara y luego cuidadosamente retira el excedente del tope con un cuchillo de mesa—. Muy bien. —Aprendí de la mejor —dice. Ladeo la cabeza en su dirección. —¿Por qué sigues despierto, papá? —Ah. Supongo que tengo demasiadas cosas en la cabeza. — Coloca la tapa del recipiente de harina de nuevo en su lugar, de repente se detiene y vacila antes de preguntar—: ¿Cómo te sientes sobre Trina? Te agrada, ¿cierto? Retiro la olla de chocolate del calor. —Me agrada mucho. Creo que incluso la amo. ¿Tú la amas? Esta vez no duda para nada. —Sí —Bien —digo—. Me alegro. Parece aliviado. —Genial —dice. Entonces lo dice de nuevo—. Genial. Las cosas deben ir bastante en serio si me hace tal pregunta. Me gustaría saber si piensa en pedirle que se mude aquí. Antes que pueda cuestionarle sobre ello, dice—: Nadie ocupará el lugar de tu mamá. Sabes eso, ¿verdad?

—Por supuesto que lo sé. —Lamo la cuchara del chocolate con la punta de la lengua. Está caliente, demasiado caliente. Es bueno que se enamorara de nuevo, que encontrara a alguien, una pareja de verdad. Ha estado solo por tanto tiempo que se siente como algo normal; pero esto es mucho mejor. Y es feliz, cualquiera puede verlo. Ahora que la señora Rothschild está aquí, no puedo imaginarla no estando presente—. Me alegro por ti, papá.

8 Traducido por day*ale Corregido por Nickie

Toda la mañana he revisado mi teléfono, como casi todos los de último año de mi escuela durante la semana. El lunes llegó y se fue sin ninguna palabra de UVA, luego el martes, después el miércoles. Hoy es jueves y todavía nada. La oficina de admisiones de UVA siempre envía las aceptaciones antes del primero de abril; y el año pasado las notificaciones salieron la tercera semana de marzo, por lo que realmente podría ser cualquier día. Funciona de esta manera, anuncian en las redes sociales que revises el Sistema de Información de Estudiantes y después entras y sabes tu destino. Las universidades solían enviar cartas de aceptación por correo. La señora Duvall dice que a veces los padres llamaban a la escuela cuando el cartero llegaba, y el chico saltaba a su coche y se dirigía a casa lo más rápido que podía. Hay algo romántico en la espera de una carta del correo, esperando tu destino. Estoy sentada en la clase de francés, mi última del día, cuando alguien grita—: ¡UVA twiteó algo! ¡Los resultados ya están! Madame Hunt dice—: Calmez-vous, calmez-vous. —Pero todo el mundo se levanta y agarra sus teléfonos, sin prestarle atención. Eso es todo. Mis manos tiemblan al entrar en el sistema, mi corazón late a un millón de kilómetros por minuto esperando que el sitio web cargue. La Universidad de Virginia recibió más de 30.000 solicitudes este año. El Comité de Admisión ha examinado su solicitud y ha considerado cuidadosamente sus credenciales académicas, personales y extracurriculares, y aunque su solicitud fue muy sólida, lamentamos informarle... Esto no puede ser real. Estoy en una pesadilla y en cualquier momento voy a despertar. Despierta, despierta, despierta Vagamente, puedo oír a la gente hablando a mí alrededor, escucho un grito de alegría por el pasillo. Entonces suena la campana y la gente se levanta de sus asientos y corre hacia la puerta. La señora Hunt murmura—: Por lo general no envían los avisos hasta después de la

escuela. —Levanto la mirada y me observa con ojos tristes y comprensivos. Ojos de madre. Sus ojos son lo que me derrumban. Todo está arruinado. Me duele el pecho, es difícil respirar. Todos mis planes, todo con lo que contaba, nada de eso se haría realidad ahora. Regresar a casa para la cena del domingo por la noche, lavar la ropa durante las noches de la semana con Kitty, Peter caminando conmigo a clase, estudiar toda la noche en la Biblioteca Clemons. Todo se ha ido. Ahora nada saldrá como lo planeamos. Vuelvo a mirar mi teléfono, leo las palabras otra vez. Lamentamos informarle... Comienzo a ver borroso. Luego lo leo de nuevo, desde el principio. Ni siquiera quedé en lista de espera. Ni siquiera tengo eso. Me levanto, agarro mi mochila y salgo por la puerta. Siento una calma dentro de mí, pero al mismo tiempo esta aguda conciencia de mi corazón bombeando, mis oídos pulsando. Es como si todas las partes se movieran y siguieran funcionando como siempre, pero me he quedado completamente entumecida. No entré. No asistiré a la UVA, no me quieren. Camino hacia mi casillero, aún aturdida, cuando casi choco con Peter que gira en la esquina. Me agarra. —¿Entonces? —Sus ojos están brillantes, ansiosos y expectantes. Mi voz suena muy lejana. —No entré. Su boca cae. —Espera… ¿qué? Puedo sentir el nudo subiendo por mi garganta. —Sí. —¿Ni siquiera en lista de espera? Sacudo la cabeza. —Mierda. —La palabra es una larga exhalación. Se ve aturdido. Me suelta el brazo. Puedo ver que no sabe qué decir. —Tengo que irme —digo, alejándome de él. —¡Espera, voy contigo! —No, no lo hagas. Tienes un partido de visitante hoy. No te lo puedes perder. —Covey, no me importa una mierda —No, preferiría que no lo hicieras. Sólo…Te llamo más tarde. —Da un paso hacia mí, me aparto y me apresuro por el pasillo, me llama pero no me detengo. Sólo tengo que ir a mi auto y luego puedo llorar. Aún no. Sólo cien pasos más y luego cien más que esos. Llego al estacionamiento antes de que salgan las lágrimas. Lloro todo el camino a casa. Tan fuerte que apenas puedo ver y tengo que detenerme en un McDonald's para sentarme en el estacionamiento y

llorar un poco más. Empiezo a comprender que esto no es una pesadilla, es real y este otoño no asistiré a UVA con Peter. Todo el mundo estará tan decepcionado. Esperaban que entrara. Todos pensamos que iba a suceder. Nunca debí hacer un gran alboroto acerca de querer ir ahí. Debí guardarlo para mí, sin dejar que nadie viera cuánto lo quería. Ahora todos estarán preocupados por mí y será peor que los ojos tristes de la señora Hunt. Cuando llego a casa tomo mi teléfono y subo a mi habitación. Me quito la ropa de escuela, me pongo el pijama, me meto en la cama y miro mi móvil. Tengo llamadas perdidas de papá, de Margot, de Peter. Reviso Instagram y la sección de noticias está llena de toda la gente publicando sus reacciones al entrar a la UVA. Mi prima Haven entró, colocó una captura de pantalla de su carta de aceptación. Sin embargo no asistirá ahí, elegirá Wellesley, su primera opción. Ni siquiera le importa la UVA, era su universidad de respaldo. Estoy segura de que fingirá simpatía por mí cuando descubra que no entré, pero por dentro se sentirá secretamente superior. Emily Nussbaum lo consiguió. Posteó una imagen de sí misma con una camiseta de la UVA y una gorra de béisbol. Dios, ¿entraron todos? Pensé que mis notas eran mejores que las suyas. Supongo que no. Un poco más tarde, oigo la puerta principal abrirse y los pasos de Kitty llegan corriendo por las escaleras. Abre la puerta de mi dormitorio pero estoy de lado, con los ojos cerrados, fingiendo estar dormida. — ¿Lara Jean? —susurra. No contesto. Necesito un poco más de tiempo para poder enfrentarla a ella y papá, decirles que no lo logré. Hago que mi respiración suene profunda y natural, luego la oigo retirarse y cerrar la puerta cuidadosamente detrás de ella. En poco tiempo, me quedo dormida de verdad. *** Cuando me despierto está oscuro afuera. Siempre se siente tan deprimente quedarse dormido cuando todavía es de día y luego despertar en la oscuridad. Mis ojos se encuentran hinchados y adoloridos. En la planta baja, oigo el agua corriendo en el fregadero de la cocina y el tintineo de cubiertos contra los platos. Bajo la escalera y me detengo antes de llegar al final. —No entré a la UVA —digo. Papá se da la vuelta, sus mangas enrolladas, sus brazos jabonosos, sus ojos aún más tristes que los de Madame Hunt. Ojos de papá. Cierra el grifo y se acerca a la escalera, me levanta y me atrae a sus brazos para un abrazo. Sus brazos todavía están mojados. —Lo siento mucho, cariño —dice. Estamos casi a la misma altura porque todavía estoy de pie en las escaleras. Me enfoco en no llorar, pero cuando finalmente

me libera, me acaricia la barbilla y examina mi cara con preocupación, no puedo soportarlo más. —Sé lo mucho que querías esto. Sigo tragando para contener las lágrimas. —Todavía no se siente real. Me quita el pelo de los ojos. —Todo se solucionará. Te lo prometo. —Sólo... sólo que de verdad no quería dejarlos —digo llorando y no puedo evitarlo, las lágrimas ruedan por mi cara. Papá las limpia tan rápido como caen. Parece que va a llorar también, lo cual me hace sentir peor porque tenía planeado poner una cara valiente, y ahora mira. Coloca un brazo a mi alrededor, y admite—: Egoístamente, deseaba tenerte tan cerca de casa. Pero Lara Jean, todavía vas a entrar a una gran universidad. —Pero no será UVA —susurro. Papá me abraza. —Lo siento mucho —dice de nuevo. Se halla sentado a mi lado en la escalera, su brazo todavía me rodea, cuando Kitty regresa de pasear a Jamie Fox-Pickle. Nos mira y deja caer la correa de Jamie. —¿No has entrado? Me limpio la cara y trato de encogerme de hombros. —No. Está bien. No estaba destinado a ser, supongo. —Siento que no hayas entrado —dice con su voz diminuta, sus ojos tristes. —Ven a darme un abrazo al menos —digo y lo hace. Los tres nos quedamos sentamos así en la escalera durante bastante tiempo, el brazo de papá alrededor de mi hombro, la mano de Kitty en mi rodilla. *** Papá me hace un emparedado de pavo, el cual como, luego vuelvo arriba y regreso a la cama para mirar mi teléfono de nuevo, cuando oigo un golpe en mi ventana. Es Peter, todavía con su uniforme de lacrosse. Salto de la cama y le abro la ventana. Entra, observa mi cara y luego dice—: Hola, ojos de conejo. —Que es como me llama cuando he llorado. Me hace reír y se siente bien. Me acerco para abrazarlo y dice—: No quieres abrazarme ahora mismo. No me duché después del partido. He venido aquí directamente. Lo hago de todos modos y no huele mal en absoluto. —¿Por qué no tocaste el timbre? —pregunto, alzando la vista hacia él, enganchándome a su cintura con los brazos. —Pensé que a tu papá no le gustaría que viniera tan tarde. ¿Estás bien?

—Algo así. —Lo suelto, vuelvo a la cama y él se sienta en mi escritorio—. Realmente no. —Sí, yo tampoco. —Hay una larga pausa y luego dice—: Siento que no dije lo correcto antes. Sólo me quedé deprimido. No pensé que esto sucedería. Bajo la vista a mi cubrecama. —Lo sé. Yo tampoco. —Apesta demasiado. Tus calificaciones son mucho mejores que las mías. ¡Cary entró, y tú eres mejor que él! —Bueno, no soy un jugador de lacrosse o un golfista. —Trato de no sonar amargada, pero me cuesta esforzarme. Un pensamiento muy traicionero y muy pequeño se mete en mi cabeza, no es justo que Peter vaya y yo no, cuando me lo merezco más. Trabajé más duro. Tengo mejores calificaciones, mayores puntuaciones SAT. —A la mierda con ellos. —Peter. —Lo siento. Que se pudran. —Exhala—. Esto es una locura. Automáticamente digo—: Bueno, no es una locura. UVA es una escuela muy competitiva. No estoy enojada con ellos. Sólo desearía ir ahí. Asiente. —Sí también yo. De repente, oímos la descarga del retrete desde el pasillo y ambos nos congelamos. —Será mejor que te vayas —susurro. Me da un abrazo más antes de bajar por mi ventana. Me quedo ahí y lo observo correr por la calle hasta donde aparcó su auto. Después de que se aleja, reviso mi teléfono, hay dos llamadas perdidas de Margot y luego un texto de ella que dice, lo siento mucho. Y ahí es cuando comienzo a llorar de nuevo, porque finalmente se siente real.

9 Traducido por samanthabp Corregido por Nickie

Cuando despierto en la mañana, es lo primero que pienso. Que no voy a ir a la UVA, que no tengo ni idea de a dónde voy a ir. Nunca tuve que preocuparme por eso en toda mi vida. Siempre he sabido cual es mi lugar, a donde pertenezco. Mi hogar. Mientras estoy acostada ahí en la cama, comienzo a enumerar mentalmente todas las cosas que me voy a perder al no ir a una universidad que está tan solo a la vuelta de la esquina. Los momentos. El primer periodo de Kitty. Mi padre es obstetra, así que no es como si no supiera qué hacer; pero he esperado por ese momento, de darle un discurso sobre la femineidad que odiará. Tal vez no pase hasta dentro de un año o dos. Pero tuve el mío a los doce y Margot a los once así que, ¿quién sabe? Cuando tuve mi primer periodo, ella me explicó todo acerca de los tampones y qué clase usar para qué días, y dormir sobre tu estómago cuando tus cólicos son particularmente malos. Me hizo sentir como si me uniera a un club secreto, uno de mujeres. Gracias a mi hermana mayor la aflicción que sentí al crecer fue menos grave. Lo más seguro es que Kitty no tenga a ninguna de sus hermanas mayores aquí, pero tiene a la señora Rothschild y ella vive cruzando la calle. Ha crecido tan apegada a esa mujer que probablemente preferirá una charla sobre el periodo de su parte de todas maneras, la verdad sea dicha. Incluso si en el futuro papá y ella terminaran, sé que nunca le daría la espalda. Son muy unidas. También me perderé su cumpleaños. Nunca he estado fuera de casa para esa fecha. Tendré que recordarle a papá que siga con nuestra tradición de cumpleaños. Por primera vez, todas las chicas Song viviremos verdaderamente separadas. Probablemente no vivamos en la misma casa de nuevo. Vendremos para festividades y recesos de la escuela pero no será lo mismo. No será como antes. Aunque supongo que ya no lo ha sido, no desde que Margot se fue a la universidad. La cosa es que te acostumbras a ello. Antes de que siquiera te des cuenta de lo que sucede, te acostumbras a que las cosas sean diferentes, y también le pasará a Kitty.

Durante el desayuno le doy un vistazo varias veces, memorizando cada detalle. Sus piernas desgarbadas, sus rodillas huesudas, la manera en que ve televisión con una media sonrisa en su cara. Lucirá tan joven como ahora tan sólo durante un poco más. Antes de irme debería hacer más cosas especiales con ella, solo nosotras dos. En los comerciales me mira. —¿Por qué me estás mirando? —No hay ninguna razón. Solo voy a extrañarte, es todo. Sorbe el resto de la leche de su cereal. —¿Puedo tener tu habitación? —¿Qué? ¡No! —Sí, pero no vivirás aquí. ¿Por qué tu habitación se tiene que quedar así y desperdiciarse? —¿Por qué quieres la mía y no la de Margot? La de ella es más grande. De manera práctica, dice—: La tuya está más cerca al baño y tiene mejor luz. Tengo pavor a los cambios y ella va directo hacia ellos. Se deja llevar frecuentemente, es su manera de hacerle frente. —Me extrañarás cuando no esté, lo sé, así que deja de pretender que no lo harás —digo. —Siempre me he preguntado cómo sería ser hija única —dice con voz cantarina. Cuando frunzo el ceño se apresura a contestar—: ¡Sólo bromeo! Sé que sólo está siendo Kitty, pero no puedo evitar sentir una pequeña punzada de dolor. ¿Por qué alguien querría ser hijo único? ¿Qué es lo genial de no tener quien te caliente los pies en una noche fría de invierno? —Me extrañarás —digo, más para mí misma que para ella. De todas maneras no me oye, ha vuelto su programa en la televisión. *** Cuando llego a la escuela voy directo a la oficina de la señora Duvall para contarle las noticias. Apenas ve el aspecto de mi cara dice—: Ven, siéntate. —Luego sale de su escritorio y cierra la puerta detrás de mí. Se sienta en una silla a mi lado—. Cuéntame. Respiro profundamente. —No entré a la UVA. —Ahora que lo he dicho algunas veces, pensarías que sería más fácil decirlo en voz alta pero no, es peor.

Suspira. —Estoy sorprendida. Estoy muy, muy sorprendida. Tu aplicación era sólida Lara Jean. Eres una estudiante maravillosa. Escuché que tuvieron algunas miles de aplicaciones más este año que en los anteriores. De todas maneras, pensé que estarías en la lista de espera por lo menos. —Todo lo que puedo hacer es encogerme de hombros como respuesta, porque no confío en mi voz ahora mismo. Se inclina y me abraza—. Escuché de una fuente en el departamento de admisiones que William y Mary estarán enviando sus decisiones hoy, así que arriba el ánimo. Y aún está la universidad de Carolina del Norte, y la universidad de Richmond. ¿Adónde más aplicaste? ¿Técnicas? Sacudo la cabeza. —Universidad James Madison. —Todas son universidades geniales. Estarás bien Lara Jean. No estoy ni un poco preocupada por ti. No digo lo que pienso, lo cuál es que las dos creíamos que entraría a la UVA también, en cambio le ofrezco una sonrisa débil. *** Cuando salgo, veo a Chris en los casilleros. Le digo lo que pasó con la UVA y dice—: Deberías venir conmigo y trabajar en una granja en Costa Rica. Sorprendida me apoyo contra la pared y digo—: Espera, ¿qué? —Te conté acerca de esto. —No, no creo que lo hicieras. —Sabía que no se marcharía lejos a una universidad, que iría a una universidad comunitaria primero y después vería. En realidad no tiene las calificaciones o mucha predisposición. Pero nunca dijo nada sobre Costa Rica. —Voy a tomarme un año libre e iré a unas granjas. Trabajas como cinco horas y te dan el alojamiento y la comida. Es increíble. —¿Pero tú qué sabes sobre agricultura? —¡Nada! No importa. Solo debes tener deseos de hacerlo, ellos te enseñan. También podría trabajar en una escuela de surf en Nueva Zelanda o aprender a hacer vino en Italia. Básicamente puedo ir a cualquier lugar. ¿No crees que suena asombroso? —Lo es... —Trato de sonreír pero mi cara se siente tiesa—. ¿Tu mamá se siente bien con eso? Se muerde la uña de su pulgar. —Como sea, tengo dieciocho años. No tiene ninguna elección.

La miro de forma dudosa. La mamá de Chris es dura. Me cuesta imaginarla estando de acuerdo con este plan. —Le dije que haría esto por un año y después volvería e iría a la Universidad Comunitaria de Piedmont, luego me transferiría a una universidad con carreras de cuatro años —admite—. ¿Pero quién sabe lo que pasará? Un año es mucho tiempo. Tal vez me case con un DJ, me una a una banda o empiece mi propia marca de bikinis. —Todo eso suena tan glamoroso. Quiero sentirme emocionada por ella pero no puedo encontrar dentro de mí el sentimiento. Es bueno que Chris tenga su propia meta que perseguir, una que nadie más en nuestra clase tiene. Pero se siente como que las cosas a mi alrededor van cambiando de formas que no esperaba, cuando todo lo que quiero es que se queden como están. —¿Me escribirás? —pregunto. —Pondré todo en Snapchat. —No tengo y, además, no es lo mismo. —La empujo suavemente con mi pie—. Envíame postales de cada lugar nuevo al que vayas, por favor. —¿Quién sabe si siquiera tendré acceso a una oficina de correos? No sé cómo funcionan en Costa Rica. —Bueno, puedes tratar. —Lo intentaré—accede. No la he visto mucho este año. Obtuvo un trabajo como anfitriona en Applebee's y se ha vuelto muy cercana a sus amigos del trabajo. Todos son mayores, algunos de ellos tienen hijos y pagan sus propias facturas. Cuando la fui a ver ahí el mes pasado, una de las meseras mencionó algo sobre que esperaba reunir suficiente esa noche para pagar el alquiler, la miró y dijo—: Sabes cómo es. —Y ella asintió como si lo hiciera. Cuando la observé interrogante, fingió no verme. La campana suena y comenzamos a caminar a nuestro primer periodo de clases. —Kavinsky debe estar alterado porque no entraste a la UVA — dice, viendo su reflejo en una puerta de vidrio que pasamos—. ¿Así que tendrán una relación a larga distancia? —Sí. —Mi pecho se aprieta—. Supongo. —Definitivamente deberías tener gente en el lugar para vigilar la situación —dice—. Ya sabes, ¿espías? Creo que escuché que Gillian McDougal entró. Ella lo hará por ti. La miro. —Chris, confío en Peter. —Lo sé, ¡No hablo de él! Sino de las chicas desconocidas en su piso. Yendo a su habitación. Deberías darle una foto tuya para que

tenga compañía, si sabes lo que quiero decir. —Me frunce el ceño— ¿Lo sabes? —¿Te refieres a una foto sexy?¡De ninguna manera! —Comienzo a alejarme de ella—. Mira, tengo que ir a clase. —La última cosa que quiero hacer es pensar en Peter y chicas desconocidas. Aún trato de acostumbrarme a la idea de que no estaremos juntos en la UVA este otoño. Voltea sus ojos. —Cálmate. No hablo de un desnudo. Nunca te sugeriría eso a ti, de todas las personas. Sino de una foto tipo chica pinup, pero no cursi. Sexy. Algo que Kavinsky pueda colgar en su dormitorio. —¿Por qué querría que él colgara una foto sexy de mí en su dormitorio, para que todo el mundo la vea? Se acerca y me da un golpecito en la frente. —¡Ay! —La empujo y me toco el punto donde me golpeó—. ¡Eso dolió! —Te lo mereces por hacer una pregunta tan tonta —suspira—. Estoy sugiriendo medidas preventivas. Una foto tuya en su pared es una manera de que marques tu territorio. Kavinsky es sexy. Y un atleta. ¿Crees que otras chicas respetarán el hecho de que está en una relación a larga distancia? —Baja la voz y agrega—. ¿Con una novia tipo virgen María? Carraspeo y luego miro alrededor para ver si alguien escuchó. — ¡Chris! —siseo—. ¿Puedes no hacerlo, por favor? —¡Sólo trato de ayudar! Tienes que proteger lo que es tuyo Lara Jean. Si conociera a algún chico ardiente en Costa Rica con una novia a larga distancia, ¿con la que ni siquiera ha dormido? No creo que me lo tomaría muy serio. —Se encoge de hombros con una mirada de losiento-pero-no-lo-siento—. Deberías enmarcarla también, así la gente sabe que no eres alguien con quien puedan jugar. Un marco dice permanencia. Una foto pegada en una pared dice aquí hoy, pero mañana no. Muerdo mi labio inferior pensativamente. —Así que una foto mía horneando, en un delantal... —¿Sin nada debajo? —dice, y le doy un ligero golpe en la frente. —¡Ay! —¡Entonces ponte seria! La campana suena de nuevo y nos separamos. No me veo entregándole una foto mía sexy a Peter, pero sí se me ocurre una idea. Le puedo dar un libro de recortes en cambio. Todos nuestros mejores momentos. Así cuando me extrañe en la universidad, puede verlo. Y mantenerlo en su escritorio para cualquier "chica desconocida" que tal

vez aparezca. Por supuesto no voy a mencionarle la idea a Chris, ella sólo se reiría y me llamaría abuela Lara Jean. Pero sé que a él le encantará.

10 Traducido por samanthabp. Corregido por Vane Farrow

Estoy nerviosa todo el día, esperando escuchar noticias de William y Mary. Mi atención total está en mi teléfono, esperando que vibre, esperando por ese correo electrónico. En la clase avanzada de inglés, el señor O'Bryan tiene que preguntarme tres veces sobre la tradición narrativa esclava en Beloved. Cuando vibra, es solo Margot preguntándome si ya supe algo, después vibra de nuevo y es Peter preguntándome si ya supe algo. Pero nada de William Y Mary. Entonces, cuando estoy en el baño de chicas entre clases, finalmente vibra, y lucho para subir el cierre de mis vaqueros para poder revisar mi teléfono. Es un correo de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, diciéndome que mi aplicación ha sido actualizada. Me quedo de pie en la caseta del baño e incluso aunque realmente no espero entrar, mi corazón late como loco mientras hago click en el vínculo y espero. Lista de espera. Debería sentirme feliz por eso porque la Universidad de Carolina del Norte es muy competitiva y la lista de espera es mejor que nada, y estaría feliz... si hubiera entrado a la Universidad de Virginia. En cambio, es como otro puño en el estómago. ¿Qué hago si no entro a ningún lado? ¿Qué haré entonces? Puedo ver a mi tía Carrie y a mi tío Victor ahora: Pobre Lara Jean, no entró a la Universidad de Virginia ni a la de Carolina del Norte. Es tan diferente de su hermana; Margot es mucho mejor. Cuando llego a la mesa del almuerzo, Peter me espera con un gesto ansioso en su cara. —¿Supiste algo? —Me siento en la silla a su lado. —Estoy en lista de espera en la Universidad de Carolina del Norte. —Oh, mierda. Bueno, es imposible entrar ahí fuera del estado a menos que seas un jugador de básquetbol. Honestamente, incluso entrar en la lista de espera es impresionante.

—Supongo —digo. —Que se jodan —dice—. ¿Quién quiere ir ahí de todas maneras? —Mucha gente. —Desenvuelvo mi sándwich, pero no puedo tomar ni un bocado porque mi estómago se encuentra en nudos. Peter me da un encogimiento de hombros. Sé que solo trata de hacerme sentir mejor, pero la Universidad de Carolina del Norte es una escuela genial, él lo sabe y yo lo sé, no hay razón para pretender que no lo es. Durante todo el almuerzo bebo apáticamente mi coca cola de cereza, escuchando a los chicos hablar sobre el juego que tienen en algunos días. Peter me mira y en algún momento aprieta mi muslo de una manera tranquilizadora, pero ni siquiera puedo reunir una sonrisa en respuesta. Cuando los chicos se levantan para ir al salón de pesas, solo estamos Peter y yo en la mesa, me pregunta preocupado: —¿No vas a comer algo? —No tengo hambre —digo. Entonces suspira y dice—: Deberías ser tú la que va a Virginia y no yo. —Y solo así, puf, el pequeño pensamiento traidor que tuve anoche sobre que yo lo merecía más que él, desaparece como el olor de un perfume en el aire. Sé cuánto trabajó Peter en lacrosse. Ganó su lugar. No debería tener esa clase de pensamientos. No es correcto. —Nunca digas eso. Te lo ganaste. Mereces ir a la Universidad de Virginia. Baja su cabeza y dice—: Tú también. —Entonces levanta su cabeza de repente, sus ojos brillan—. ¿Recuerdas a Toney Lewis? — Sacudo la cabeza—. Él estaba en último año cuando yo estaba en primero. ¡Fue a la universidad comunitaria de Piedmont por dos años y fue transferido a la Universidad de Virginia en su tercer año! Apuesto que podrías hacer eso también, pero podrías ser capaz de hacerlo antes ya que vas a tomar una carrera normal de cuatro años. ¡Obtener una transferencia es un millón de veces más fácil! —Supongo que es verdad... —Transferirme no se me había ocurrido. Todavía me acostumbro a la idea de que no entré ahí. —¿Verdad? Bueno, así que este otoño irás a William y Mary, a la Universidad de Richmond o adónde sea que entres y nos visitaremos el uno al otro todo el tiempo, y aplicarás para una transferencia el próximo año y entonces, ¡estarás conmigo en Virginia! ¡Dónde perteneces! —La esperanza se enciende dentro de mí. —¿De verdad crees que será tan fácil para mí entrar?

—¡Sí! ¡Debiste entrar desde un principio! Confía en mí Covey. — Asiento lentamente. —¡Sí! Bien, bien. —Peter suspira con alivio. —Bien. Entonces tenemos un plan. Robo una patata frita de su plato. Ya puedo sentir que mi apetito vuelve. Robo otra patata cuando mi teléfono vibra. Lo saco y lo reviso, es un correo de la oficina de Admisiones en William y Mary. Peter mira por encima de mi hombro y de vuelta a mí, sus ojos se amplían. Su pierna salta arriba y abajo contra mí mientras esperamos que la página cargue. Es con gran placer que le ofrecemos admisión en la Universidad de William y Mary... Alivio me inunda. Gracias Dios. Peter salta de su asiento, me agarra y me da vueltas alrededor. —¡Lara Jean acaba de entrar a William y Mary! —grita a la mesa y a cualquiera que escucha. Todo el mundo en nuestra mesa aplaude—. ¿Lo ves? —alardea—. Te dije que todo funcionaría. —Lo abrazo fuertemente. Más que cualquier otra cosa, me siento aliviada. Aliviada de estar dentro, aliviada de tener un plan—. Lo haremos funcionar hasta que estés aquí —dice en una voz suave, escondiendo su cara en mi cuello—. Sólo está a dos horas, eso es nada. Apuesto a que tu papá te dejaría tomar el auto. No es como si Kitty lo necesitara. Y haré el viaje contigo algunas veces para que te sientas cómoda con ello. Va a estar todo bien Covey. Asiento. Cuando me vuelvo a sentar, le envío un mensaje de texto en grupo a Margot, Kitty, la señora Rothschild y mi papá. ¡¡¡Entré a W&M!!! Envío signos de exclamación por una buena razón, para mostrar cuán emocionada estoy, para estar segura de que ellos ya no deben sentir pena por mí, que todo está genial ahora. Mi papá envía una línea de emoticones. La señora Rothschild escribe: ¡¡¡Genial chica!!! Margot escribe: ¡SIIIIIIIIIIIIII!¡Celebraremos en persona la próxima semana! Después del almuerzo, me detengo en la oficina de la señora Duvall para contarle las buenas noticias y se emociona. —Sé que es tu segunda opción, pero en cierta forma tal vez sea incluso mejor de lo que era la Universidad de Virginia. Es más pequeña. Creo que una chica como tú puede fácilmente brillar ahí Lara Jean.

Le sonrío, recibo su abrazo, pero por dentro pienso: supongo que ella pensó que una chica como yo no podría brillar en la Universidad de Virginia. *** Para el final de la semana, entro a James Madison y también a la Universidad de Richmond, por lo que estoy feliz pero todavía estoy decidida por William y Mary. He estado en Williamsburg muchas veces con mi familia, y puedo verme ahí. Es un campus pequeño, uno bonito. Y no es tan lejos de casa. Es a menos de dos horas. Así que iré, estudiaré duro y después de un año me transferiré a Virginia y todo será exactamente de la manera que planeamos.

11 Traducido por BeaG & Anna Karol Corregido por Vane Farrow

Soy la que va al aeropuerto a recoger a Margot y Ravi, mientras papá pone los toques finales para la cena y Kitty hace su tarea. Pongo la dirección en el GPS, solo por si acaso, y llego ahí sin incidentes, gracias a Dios. Nuestro aeropuerto es pequeño, así que solo doy vueltas alrededor mientras espero a que ellos dos salgan. Cuando llego a la cerca, Margot y Ravi esperan, sentados en sus maletas. Me estaciono, corro hacia Margot y la abrazo. Su cabello está recién cortado alrededor de su barbilla, usa una sudadera y mallas, la aprieto firmemente, y pienso, Oh, ¡como he extrañado a mi hermana! La libero, miro bien a Ravi, quien es más alto de lo que esperaba. Es alto, delgado, con piel, cabello y ojos oscuros y pestañas largas. No se parece en nada a Josh, pero demasiado a un chico con el que Margot saldría. Tiene un hoyuelo en su mejilla derecha. —Es un gusto conocerte en la vida real, Lara Jean —dice, e inmediatamente me encuentro abrumada por su acento inglés. Me siento nerviosa, luego veo que su camiseta dice EJÉRCITO DE DUMBLEDORE, y me relajo. Le gusta Potter, como a nosotras. —También es un placer conocerte. Así que, ¿en qué casa estás? Agarra su maleta y la de Margot, las carga en el maletero. — Veamos si puedes adivinar. Tu hermana se equivocó. —Solo porque tratabas de impresionarme durante el primer mes que te conocí —protesta ella. Ravi se ríe y se sube al asiento trasero. Pienso que es una buena señal de su carácter que no haya ido automáticamente al asiento del pasagero. Margot me mira—. ¿Quieres que maneje? Estoy tentada a decir que sí, porque siempre me gusta más cuando Margot conduce, pero sacudo la cabeza y tintineo mis llaves en alto. —Lo tengo bajo control. Alza las cejas como si estuviera impresionada. —Bien por ti.

Va al asiento de pasajero, y voy al asiento de conductor. Miro a Ravi por el retrovisor. —Ravi, para el momento en que hayas dejado nuestra casa, habré adivinado tu casa. *** Cuando llegamos a casa, papá, Kitty y la señora Rothschild nos esperan en la sala. Margot parece sobresaltada al ver a esta última sentada en nuestro sofá con papá, con los pies descalzos sobre su regazo. Me he acostumbrado tanto a eso, a ella estando alrededor, que se siente como si la señora Rothschild ahora es parte de la familia. No se me ocurrió lo chocante que podría ser para Margot. Pero la verdad es que la señora Rothschild y Margot no han pasado demasiado tiempo juntas porque ella ha estado lejos en la universidad. No estuvo alrededor cuando la señora Rothschild y mi papá empezaron a salir y solo ha estado en casa una sola vez desde entonces, en navidad. Tan pronto como la señora Rothschild ve a Margot, salta de su asiento para darle un gran abrazo y cumplidos sobre su cabello. También abraza a Rav. —Dios, ¡eres alto! —bromea y se ríe, pero Margot solo tiene una sonrisa rígida en su rostro. Hasta que ve a Kitty, a quien envuelve en un abrazo de oso y luego, segundos después, chilla—: ¡Oh por Dios, Kitty! ¿Usas sujetador ahora? —Kitty jadea y luego la mira, sus mejillas de un rojo brillante. Abatida, Margot musita “lo siento”. Ravi se apresura a dar un paso adelante y sacudir la mano de papá. —Hola, doctor Covey, soy Ravi. Gracias por invitarme. —Oh, estamos encantados de tenerte aquí, Ravi —dice papá. Luego Ravi sonríe a Kitty y alza su mano en un saludo y dice, un poco torpemente—: Hola Kitty. Kitty asiente hacia él sin hacer contacto visual. —Hola. Margot todavía la mira sin poder creerlo. He estado aquí todo el tiempo, así que es más difícil para mí ver cuánto ha crecido Kitty en el último año, pero es verdad, lo ha hecho. No tanto en el departamento del pecho, a este punto el sujetador es meramente ornamental, pero de otras maneras. —Ravi, ¿puedo conseguirte algo de tomar? —dice la señora Rothschild—. Tenemos jugo, Fresca, refresco, agua. —¿Qué es una Fresca? —pregunta Ravi, frunciendo el ceño. Sus ojos se iluminan. —Es una deliciosa soda de uva. ¡Cero calorías! ¡Tienes que probarla! —Margot mira mientras la señora Rothschild va a la cocina y abre el gabinete donde mantenemos

nuestros vasos. Llena un vaso con hielo y grita—: Margot ¿qué hay de ti? ¿Te puedo conseguir algo? —Estoy bien —responde Margot en un tono suficientemente agradable, pero puedo decir que no aprecia el hecho de que le ofrezca una bebida en su propia casa alguien que no vive ahí. Cuando la señora Rothschild regresa con la Fresca de Ravi, se la presenta con un floreo. Él le agradece y toma un sorbo. —Bastante refrescante —dice Ravi, y ella brilla. Papá junta sus manos. —¿Deberíamos llevar las maletas ¿Darles un momento para que se refresquen antes de la Tenemos todo preparado en la habitación de huéspedes. —Me mirada cariñosa antes de decir—: Lara Jean puso un nuevo pantuflas y una bata de baño para ti, Ravi.

arriba? cena? da una par de

Antes de que pueda responder, Margot dice—: Oh, eso es tan lindo. Pero en realidad, creo que Ravi va a quedarse conmigo en mi habitación. Es como si Margot hubiera dejado caer una bomba apestosa en el medio de nuestra sala. Kitty y yo nos estamos mirando una a la otra con grandes ojos de Oh Dios Mío; papá solo parece aturdido y sin nada que decir. Cuando hice la habitación para Ravi, doblé un juego de toallas para él a un lado de la cama, puse la bata y las pantuflas, nunca se me ocurrió que él se quedaría en la habitación de Margot. Claramente, ese pensamiento tampoco se le ocurrió a papá. Su cara se va poniendo roja cada segundo. —Oh, um… no sé si… Margot frunce los labios nerviosamente mientras espera que papá termine su oración. Todos esperamos, pero él no parece saber que decir. Su mirada va hacia la señora Rothschild por ayuda, y ella pone su mano en la parte baja de su espalda dándole apoyo. El pobre Ravi se ve supremamente incómodo. Mi primer pensamiento es que era un Ravenclaw como Margot; ahora pienso que es Hufflepuff como yo. Con voz suave dice—: Realmente no me importa quedarme en la habitación de invitados. Odiaría hacer las cosas extrañas. Papá empieza a responderle, pero Margot lo hace primero. —No, todo está bien —le asegura a Ravi—. Vamos a sacar el resto de nuestras cosas del auto. Al segundo en que ellos se van, Kitty y yo nos volvemos hacia la otra. Al mismo tiempo decimos—: Oh, Dios mío. Kitty reflexiona—: ¿Por qué necesitan estar en la misma habitación juntos? ¿Tienen tanta necesidad de tener sexo? —Suficiente, Kitty —dice papá, su tono más duro de lo que alguna vez lo he escuchado con ella. Se vuelve y se va, y escucho el sonido de

la puerta de su estudio cerrándose. Su oficina es a donde va cuando está realmente molesto. La señora Rothschild le da una mirada severa y va detrás de él. Kitty y yo nos miramos de nuevo. —Rayos —digo. —No tenía que ponerse así —dice Kitty sombríamente—. No es mi novio él que se está quedando en mi cama. —No fue su intención. —La empujo contra mí, envolviendo mis brazos alrededor de sus huesudos hombros—. Gogo es bastante valiente ¿no? —Es bastante impresionante, mi hermana. Solo lo siento por papá. Esta no es una pelea que está acostumbrado a tener, o ningún tipo de pelea, en realidad. Por supuesto que le escribo a Peter y le cuento todo. Me envía de vuelta un montón de emoticones de ojos sorprendidos y un: “¿Piensas que tu papá nos dejaría quedarnos en la misma habitación?” Lo cual ignoro. *** Cuando Ravi sube las escaleras para refrescarse y cambiarse, la señora Rothschild dice que tiene una cena con las chicas, así que mejor se va. Puedo ver que Margot se siente aliviada. Después de que la señora Rothschild se va, Kitty lleva a Jamie Fox-Pickle a dar un paseo, Margot y yo nos vamos a la cocina a preparar una ensalada que combine con el pollo asado de papá. Estoy ansiosa por tener un momento a solas con ella para que podamos hablar sobre toda la situación de quién dormirá donde, pero no tengo la oportunidad de preguntar, porque tan pronto como entramos a la cocina, Margot me sisea—: ¿Por qué no me dijiste que papá y la señora Rothschild iban tan en serio? —¡Te dije que ella viene a cenar todas las noches! —le susurro de vuelta. Empiezo a enjuagar una canasta de tomates cerezos para que el sonido del agua corriendo cubra nuestras voces. —¡Camina alrededor como si viviera aquí! ¿Y desde cuándo tenemos Fresca? Nunca hemos sido una familia que beba Fresca. Comienzo a picar los tomates a la mitad. —A ella le encanta, así que siempre me aseguro de comprar un paquete cuando voy a la tienda. En realidad, es bastante refrescante. A Ravi pareció gustarle. —¡Ese no es el punto! —¿Cuál es tu problema repentino con la señora Rothschild? Se llevaron muy bien cuando viniste a casa para navidad… —me interrumpo cuando papá entra a la cocina.

—Margot, ¿puedo hablar contigo un minuto? Margot pretende estar ocupada contando los cubiertos. —Claro papá, ¿Qué pasa? Papá me mira, y yo miro los tomates. Me quedo solo por apoyo moral. —Preferiría que Ravi se quedara en la habitación de huéspedes. Margot se muerde el labio. —¿Por qué? Hay un silencio incómodo antes Simplemente no me siento cómodo…

de

que

papá

diga—:

—Pero papá, estamos en la universidad… Te das cuenta de que hemos compartido una cama antes, ¿no? Mordazmente él dice—: Tenía mis sospechas, pero gracias por la confirmación. —Tengo casi veinte años. He estado viviendo lejos de casa, a miles de kilómetros por casi dos años. —Margot me mira y me encojo. Me tuve que ir cuando tuve la oportunidad—. Lara Jean y yo ya no somos niñas pequeñas… —Oye, no me metas en esto —le digo, tan en broma como puedo. Papá suspira. —Margot, si estás segura de esto, no voy a detenerte. Pero solo te voy a recordar que esta todavía es mi casa. —Pensé que era nuestra casa. —Margot sabe que ha ganado esta batalla, así que mantiene su voz tan ligera como el merengue. —Bueno, ustedes no pagan la hipoteca, lo hago yo, así que eso lo haría un poco más mi casa. —Con esa última broma de padres, se pone los guantes protectores y saca el pollo chisporroteante del horno. Nos sentamos a comer, papá se encuentra a la cabeza de la mesa y parte el pollo con el nuevo cuchillo eléctrico que le regaló la señora Rothschild por su cumpleaños. —Ravi, ¿Te puedo ofrecer carne oscura o blanca? Ravi aclara su garganta. —Um, lo siento mucho, pero en realidad no como carne. Papá le da a Margot una mirada horrorizada. —Margot, ¡no me dijiste que Ravi era vegetariano! —Lo siento —dice, haciendo una mueca—. Me olvidé totalmente. ¡Pero a Ravi le encanta la ensalada! —De verdad me encanta —le asegura a papá. —Yo tomaré la porción de Ravi —me ofrezco—. Tomaré dos muslos. Papá corta dos muslos para mí. —Ravi, mañana te haré unas enchiladas de desayuno, ¡sin carne!

Sonriendo, Margot dice—: Vamos a ir a la capital mañana temprano. ¿Tal vez el día que se vaya? —Hecho —dice papá. Kitty permanece innaturalmente silencios. No estoy segura de si es el nerviosismo de tener un chico en casa que no conoce sentándose a la mesa del comedor, o si es porque se está haciendo mayor, y es menos inmadura en la forma en la que interactúa con las personas. Aunque supongo que un chico de veintiún años es más como un adulto joven. Ravi tiene muy buenos modales, probablemente porque es inglés, ¿y no es un hecho que los ingleses tienen mejores modales que los estadounidenses? Dice mucho lo siento. “Lo siento, puedo…” “¿Lo siento?” Su acento es encantador, sigo diciendo perdón así hablará de nuevo. Por mi parte, trato de aligerar el ambiente con preguntas sobre Inglaterra. Le pregunto por qué los ingleses le llaman escuela privada a la escuela pública, si su escuela pública era como Hogwarts, si alguna vez ha conocido a alguien de la familia real. Sus respuestas son: porque están abiertas para el público que paga; tenían jefes y prefectos, pero no Quidditch; y una vez vio al Príncipe William en el Wimbledon, pero solo la parte de atrás de su cabeza. Después de la cena, el plan es que Ravi, Margot, Peter y yo vayamos al cine. Margot invita a Kitty, pero ella declina, citando su tarea como la razón. Creo que solo está nerviosa alrededor de Ravi. Me alisto en mi habitación, me pongo un poco de perfume, algo de bálsamo labial y una sudadera sobre mi blusa y mis vaqueros porque en el cine hace frío. Estoy lista rápidamente, pero la puerta de Margot está cerrada, y los puedo escuchar susurrando pero intensamente. Es una cosa extraña ver su puerta cerrada. Me siento como una espía parada afuera de la puerta, pero es extraño, porque quien sabe si Ravi tiene la camisa puesta o no. Es tan adulto, la puerta cerrada, esas voces en susurro. A través de la puerta aclaro mi garganta y digo—: ¿Están listos? Le dije a Peter que nos encontraríamos con él a las ocho. Margot abre la puerta. —Listos —dice, y no se ve contenta. Ravi sale detrás de ella, llevando su maleta. —Solo voy a dejar esto en la habitación de huéspedes, y luego estoy listo —dice. Tan pronto como se ha ido, le susurro a Margot—: ¿Pasó algo? —Ravi no quería darle una mala impresión a papá porque nosotros nos quedáramos en la misma habitación. Le dije que estaba bien, pero no se siente cómodo.

—Eso es bastante considerado de su parte. —No le diría eso a Margot, pero fue la decisión correcta. Ravi solo sigue aumentando en mi estimación. A regañadientes dice—: Es un tipo muy considerado. —Bastante guapo, también. Una sonrisa se extiende por su rostro. —También está eso. Peter ya está en el cine cuando llegamos, estoy segura que por Margot. No tiene ningún problema en llegar tarde por mí, pero nunca se atrevería a llegar tarde por mi hermana mayor. Ravi compra nuestros cuatro boletos, lo que impresiona mucho a Peter. —Un movimiento tan elegante —me susurra mientras nos sentamos. Peter es hábil eligiendo los asientos: yo, Peter, Ravi y Margot, para que pueda seguir hablando con él sobre soccer. O fútbol, como dice Ravi. Margot me da una mirada divertida por encima de sus cabezas, y puedo decir que todo lo desagradable de antes está olvidado. Después de la película, Peter sugiere que vayamos por natillas congeladas. —¿Alguna vez has probado las natillas congeladas? —le pregunta a Ravi. —Nunca —responde. —Es lo mejor, Rav —dice—. Son caseras. —Brillante —comenta Ravi. Cuando los chicos se encuentran en la fila, Margot me dice—: Creo que Peter está enamorado… de mi novio. —Y las dos nos reímos. Todavía nos reímos cuando regresan a nuestra mesa. Peter me entrega mis pralinés y crema. —¿Qué es tan gracioso? Me limito a sacudir la cabeza y meter mi cuchara en la nata. Margot dice—: ¡Esperen, tenemos que brindar porque mi hermana fue aceptada en William y Mary! Mi sonrisa se siente relente mientras todos tintinean sus tazas de natillas contra la mía. Ravi dice—: Bien hecho, Lara Jean. ¿No fue Jon Stewart ahí? Sorprendida, digo—: ¿Sí?, sí lo hizo. Eso es un hecho bastante aleatorio de saber. —La especialidad de Ravi son hechos aleatorios —dice Margot, lamiéndose la cuchara—. No lo hagas comenzar con los hábitos de apareamiento de bonobos. —Dos palabras —dice Ravi. Luego mira de mí a Peter y susurra—: Bonobos acariciándose. Margot resplandece alrededor de Ravi. Una vez pensé que ella y Josh eran el uno para el otro, pero ahora no estoy tan segura. Cuando

hablan de política, ambos son igualmente apasionados, y se responden uno al otro, desafiándose mutuamente, pero también concediendo puntos. Son como dos pedernales chispeando. Si estuvieran en un programa de televisión, podría verlos como residentes rivales en un hospital que primero se respetan entre sí a regañadientes y luego se enamoran locamente. O dos ayudantes políticos en la Casa Blanca, o dos periodistas. Ravi estudia bioingeniería, que no tiene mucho que ver con la antropología de Margot, pero seguro que forman un gran equipo. *** Al día siguiente, Margot lleva a Ravi a Washington, DC, visitan algunos de los museos del Mall, el Lincoln Memorial y la Casa Blanca. Nos invitaron a Kitty y a mí, pero dije que no en nombre de las dos porque estaba bastante segura de que querían un poco de tiempo a solas, y porque quería estar cómoda en casa para trabajar en mi libro de recuerdos para Peter. Cuando regresan esa noche, le pregunto a Ravi cuál fue su cosa favorita en DC, dice que el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana por mucho, lo que me hace lamentar mi decisión de no ir, porque no he estado ahí todavía. Ponemos un programa de BBC en Netflix sobre el que Margot ha estado entusiasmada, y fue filmado cerca de donde Ravi creció, por lo que él señala lugares emblemáticos como su primer trabajo y su primera cita. Comemos helado de los cartones, puedo decir que a papá le gusta Ravi por la forma en que sigue instándole a comer más. Estoy segura de que se dio cuenta de que Ravi se queda en la habitación de invitados, y aprecia el gesto. Espero que Ravi y Margot sigan saliendo, porque puedo verlo en nuestra familia para siempre. ¡O por lo menos permanecer juntos el tiempo suficiente para que Margot y yo hagamos un viaje a Londres y nos quedemos en su casa! Ravi tiene que irse a Texas la tarde siguiente, y aunque estoy triste por verlo partir, también me encuentro un poco contenta, porque entonces tendremos a Margot para nosotros solos antes de que se vaya de nuevo. Cuando decimos adiós, le señalo y le digo—: Hufflepuff. Sonríe. —Correcto. —Luego me señala—. ¿Hufflepuff? Le sonrío de nuevo. —Correcto. ***

Esa noche estamos en mi dormitorio viendo televisión en mi computadora portátil cuando Margot trae a colación la universidad; lo que de alguna manera ella esperaba y quería que se fuera Ravi, para que pudiera hablarme de cosas reales. Antes de cargar el siguiente episodio, me mira y dice—: ¿Podemos hablar de UVA? ¿Cómo te sientes ahora? —Estaba triste, pero está bien. Todavía iré ahí. —Margot me da una mirada interrogativa, y le explico—: Voy a trasladarme después del primer año. Hablé con la señora Duvall, y dijo que si obtenía buenas calificaciones en William y Mary, definitivamente entraría como transferencia. Su frente se arruga. —¿Por qué hablas de transferirte de William y Mary cuando ni siquiera estás ahí todavía? —Cuando no respondo de inmediato, dice—: ¿Esto es por Peter? —¡No! Quiero decir, lo es, en parte, pero no completamente. — Dudo antes de decir lo que no he dicho en voz alta—: ¿Conoces esa sensación, como si estuvieras destinada a estar en alguna parte? Cuando visité a William y Mary, no tuve esa sensación. No como con UVA. —Puede ser que ninguna escuela te dé la sensación exacta que tienes con UVA —dice Margot. —Quizá sea así, por eso voy a trasladarme después de un año. Suspira. —Simplemente no quiero que vivas a medias en William y Mary porque todo el tiempo estás deseando estar con Peter en UVA. La experiencia de primer año es muy importante. Deberías darle al menos una buena oportunidad, Lara Jean. Puede ser que realmente te encante ahí. —Me da una mirada pesada de significado—. ¿Recuerdas lo que mamá dijo acerca de la universidad y los novios? ¿Cómo podría olvidarlo? No seas la chica que va a la universidad con un novio. —Lo recuerdo —digo. Margot toma mi computadora portátil y entra al sitio web de William y Mary. —Este campus es tan bonito. ¡Mira esta veleta! Todo se parece a algo de un pueblo inglés. Me animo. —Sí, es algo así. —¿Es tan bonito como el campus de UVA? No, no para mí, pero entonces no creo que ningún lugar sea tan bonito como Charlottesville. —Mira, William y Mary tienen un club de guacamole. Un club de observadores de tormentas. ¡Dios mío! ¡Algo llamado club de magos y muggles! Es el club más grande de Harry Potter en cualquier universidad de los Estados Unidos. —¡Guau! Eso es bastante estupendo. ¿Tienen un club de hornear?

Comprueba. —No. ¡Pero podrías empezar uno! —Tal vez... Eso sería divertido... —Tal vez debería unirme a uno o dos clubes. Me mira. —¿Ves? Hay mucho por lo cual emocionarse. Y no olvides la tienda de quesos. La tienda de quesos es una tienda de alimentos de especialidad justo al lado del campus, y venden queso, obviamente, pero también mermeladas de lujo, pan, vino y pastas gourmet. Hacen sándwiches de carne asada realmente grandes con un aderezo de la casa: una mostaza mayonesa que he tratado de duplicar en casa, pero nada sabe tan bueno como ahí, en su pan fresco. A papá le encanta parar en la tienda de quesos por mostazas nuevas y un sándwich. Estaría feliz de tener una excusa para ir ahí. Y a Kitty le encanta el centro comercial de Williamsburg. Ahí venden maíz hervido, y es realmente adictivo. Las preparan justo en frente de ti, las palomitas de maíz están tan calientes que la bolsa se derrite un poco. —Tal vez podría conseguir un trabajo en Colonial Williamsburg — digo, tratando de entrar en el espíritu—. Podría esparcir mantequilla. Usar ropa de época. Umm, como un vestido de calicó con un delantal o lo que sea que llevaban en la época colonial. He oído que no se les permite hablar el uno al otro en lenguaje moderno, y los niños siempre tratan de tropezar con ellos. Eso podría ser divertido. Lo único es que no estoy segura de si contratan gente asiática debido a la exactitud histórica... —¡Lara Jean, vivimos en la época de Hamilton! Phillipa Soo es mitad china, ¿recuerdas? Si ella puede interpretar a Eliza Hamilton, tú puedes batir mantequilla. Y si se niegan a contratarte, lo pondremos en las redes sociales y los arruinaremos. —Inclina la cabeza y me mira—. ¡Ves! Hay mucho por lo qué estar emocionada, si te dejas. —Pone sus manos en mis hombros. —Estoy tratando —digo—. Realmente lo estoy. —Sólo dale una oportunidad a William y Mary. No lo rechaces antes de que llegues. ¿Bien? Asiento. —Bueno.

12 Traducido por Dannygonzal Corregido por Vane Farrow

La mañana siguiente es gris y lluviosa afuera, solo nos encontramos las tres chicas, porque papá nos dejó una nota en el refrigerador diciendo que tuvo una llamada del hospital, que nos verá para la cena esta noche. Margot aún se encuentra afectada por la diferencia de horario, así que se despertó temprano y preparó huevos revueltos y tocino. Esparzo complacientemente huevos sobre la tostada con mantequilla y escucho el golpeteo de la lluvia sobre el tejado, cuando digo―: ¿Y si no voy hoy a la escuela, y hacemos algo divertido? Kitty se ilumina. ―¿Cómo qué? ―Tú no. Tú aun tienes que ir a la escuela. Yo prácticamente terminé. A nadie le importa si ya no voy. ―Creo que a papá probablemente le importe ―dice Margot. ―Pero si pudiéramos hacer algo… ¿Qué haríamos? ―¿Cualquier cosa? ―Margot muerde su tocino―. Tomaríamos el tren a Nueva York, entraríamos a la lotería Hamilton, y ganaríamos. ―No pueden ir sin mí ―dice Kitty. ―Quédate callada, Y Peggy ―digo, riéndome. Ella me mira. ―No me llames Y Peggy. ―Ni siquiera sabes de lo que hablo, así que cálmate. ―Sé que te ríes a carcajadas como una bruja. También sé acerca de Hamilton, porque reproduces la banda sonora todo el día. ―Canta―: Habla menos, sonríe más. ―Para tu información, es una grabación, no una banda sonora ―digo, y hace un gran espectáculo en rodar los ojos. En verdad, si Kitty es alguien, Es un Jefferson. Astuta, moderna, rápida con una respuesta ingeniosa. Margot una Angelica, sin duda. Ha navegado su propio barco desde que era pequeña. Siempre ha sabido quien era y lo que quería. Supongo que soy Eliza, aunque por mucho preferiría ser una Angelica. En verdad probablemente soy Y Peggy. Pero no quiero ser la Y Peggy de mi propia historia. Quiero ser la Hamilton.

*** Llueve todo el día, así que tan pronto llegamos a casa desde la escuela, lo primero que Kitty y yo hacemos es ponernos de nuevo nuestras pijamas. Margot nunca se quitó la suya. Está usando lentes, su cabello es un nudo sobre su cabeza (es demasiado corto para quedarse ahí), Kitty tiene una camiseta grande, y me siento feliz de que sea lo suficientemente frío para usar mis manoplas rojas. Papá es el único que aún tiene su ropa del día. Esta noche ordenamos dos pizzas grandes para la cena, sencilla de queso (por Kitty) y una suprema con todo. Nos encontramos en el sofá de la sala, llevando grandes pedazos de pizza a nuestras bocas, cuando de repente papá dice―: Chicas, hay algo de lo que me gustaría hablarles. ―Se aclara la garganta como lo hace cuando tiene nervios. Kitty y yo intercambiamos una mirada curiosa, y luego suelta―: Me gustaría pedirle a Trina que se case conmigo. Llevo las manos a mi boca. ―¡Oh, Dios mío! Los ojos de Kitty sobresalen, su boca se afloja, y luego tira su pizza aun lado y deja salir un chillido tan fuerte que Jamie Fox-Pickle salta. Se abalanza hacia papá, quien ríe. Me paro de un salto y lo abrazo por la espalda. No puedo parar de sonreír. Hasta que miro a Margot, cuya cara se ve completamente en blanco. Papá también la mira, con ojos esperanzados y nerviosos. ―¿Margot? ¿Aun estás aquí? ¿Qué piensas, cariño? ―Creo que es fantástico. ―¿En serio? Asiente. ―Absolutamente. Pienso que Trina es genial. Y Kitty y tú la adoran, ¿no? ―Kitty se encuentra demasiado ocupada gritando y sacudiéndose alrededor del sofá con Jamie para responder. Suavemente Margot dice―: Estoy feliz por ti, papá. De verdad. El absolutamente es lo que la traiciona. Papá se halla demasiado ocupado estando aliviado para notarlo, pero yo lo hago. Por supuesto es raro para ella. Aún se está acostumbrando a ver a la señora Rothschild en nuestra cocina. No ha logrado ver todas las formas en las que ella y papá tienen sentido. Para Margot, todavía es nuestra vecina quien solía usar esos pequeñísimos pantalones cortos de tela de toalla y la parte de arriba de un bikini para cortar el césped. ―Necesitaré que me ayuden con la propuesta ―dice papá―. Lara Jean, estoy seguro de que tendrás algunas ideas para mí, ¿verdad?

Confiadamente digo―: Oh, sí. Las personas han hecho propuestas para el baile de graduación, así que tengo demasiada inspiración. Margot se gira hacia mí, se ríe, y casi suena real. ―Estoy segura de que papá querrá algo más digno que el “quieres casarte conmigo” escrito en crema de afeitar en el capó del auto de alguien, Lara Jean. ―Las propuestas del baile han sido mucho más sofisticadas que tu día, Gogo ―digo. Le sigo la corriente, bromeando con ella así puede sentirse normal de nuevo después de la bomba que papá acababa de tirar. ―¡Mi día? Solo estoy dos años por delante de ti. ―Intenta sonar ligera, pero puedo oír el esfuerzo en su voz. ―Dos años es como los años de un perro cuando se trata de la escuela preparatoria. ¿No es verdad, Kitty? ―La jalo delante de mí y la abrazo fuerte contra mi pecho. Ella se retuerce para liberarse. ―Sí, las dos son seres antiguos ―dice Kitty―. ¿También puedo ser parte de la propuesta, papá? ―Por supuesto. No puedo casarme sin ustedes. ―Se ve lloroso―. Somos un equipo, ¿no? Kitty salta de arriba a abajo como una niña. ―¡Sí! ―anima. Está sobre la luna, y Margot también lo ve, lo importante que es esto para ella. ―¿Cuándo te vas a proponer? ―pregunta Margot. ―¡Esta noche! ―manifiesta Kitty. La miro. ―¡No! Ese no es tiempo suficiente para pensar la forma perfecta. Al menos necesitamos una semana. Además, ni siquiera tenemos un anillo. Espera un minuto, ¿lo tienes? Papá se quita las gafas y se seca los ojos. ―Por supuesto que no. Quería esperar y hablar primero con ustedes. Quiero que las tres estén en la proposición, así que lo haré cuando regreses para el verano, Margot. ―Es demasiado lejos ―refuta Kitty. ―Sí, no esperes tanto, papá ―dice Margot. ―Bueno, al menos tendrás que ayudarme a escoger el anillo ―dice papá. ―Lara Jean tiene mejor ojo para ese tipo de cosas ―dice serenamente Margot―. Además, apenas conozco a la señora Rothschild. No tengo idea de la clase de anillo que le gustaría. Una sombra pasa por la cara de papá. Es el apenas conozco a la señora Rothdchild lo que la pone ahí.

Me apuro en colocar mi mejor voz de Hermione. ―¿No tienes idea? ―bromeo―. Posdata, ¿sabías que aun estás en América, Gogo? No hablamos así de elegante aquí. Se ríe, todos lo hacemos. Entonces, porque creo que también vio esa breve sombra, dice―: Asegúrate de tomar muchas fotos así puedo ver. Con agradecimiento papá dice―: Lo haremos. Grabaremos un video, o lo que sea. ¡Dios, espero que diga que sí! ―Dirá que sí, por supuesto que lo hará ―decimos todas en coro. *** Margot y yo envolvemos pedazos de pizza en plástico y luego en papel de aluminio. ―Les dije que dos pizzas sería demasiado ―dice ella. ―Kitty se la comerá después de la escuela ―digo―. Y también Peter. ―Miro a la sala, donde Kitty y papá están acurrucados en el sofá, viendo televisión. Luego susurro―: Entonces, ¿qué es lo que de verdad sientes acerca de que papá le pida a la señora Rothschild que se case con él? ―Creo que es completamente loco ―susurra en respuesta―. Ella vive al otro lado de la calle, por Dios. Pueden salir como dos personas adultas. ¿Cuál es el punto de casarse? ―Tal vez solo quieren que sea oficial. O tal vez es por Kitty. ―¡Ni siquiera han salido por tanto tiempo! Cuánto tiempo ha sido, ¿seis meses? ―Un poco más que eso. Pero Gogo, se conocen hace años. Amontona los pedazos de pizza envuelta en papel aluminio y dice―: ¿Puedes imaginar lo extraño que será tenerla viviendo aquí? Su pregunta me detiene. La señora Rothschild está mucho en la casa, pero no es lo mismo a vivir aquí. Tiene sus propias formas de hacer las cosas, igual nosotros. Como por ejemplo, usa zapatos en su casa, pero nosotros no los usamos aquí, así que ella se los quita cuando viene. Y, ahora que pienso en ello, nunca antes ha dormido aquí, siempre regresa a casa al final de la noche. Así que eso podría sentirse un poco raro. También, guarda el pan en el refrigerador, lo que yo odio, y para ser muy honesta, a su perro Simone se le cae demasiado el pelo y se sabe que se orina en la alfombra. Pero la cosa es, desde que no voy a ir a la Universidad de Virginia, no estaré mucho alrededor, estaré lejos en la universidad. ―Sin embargo, ninguna de nosotras vivirá aquí todo el tiempo ―digo a lo último―. Solo Kitty, y ella está súper emocionada.

Margot no responde inmediatamente. ―Sí, de verdad parecen cercanas. ―Va al congelador y hace espacio para la pizza, y dándome la espalda dice―: No olvides, tenemos que ir de compras para el baile de graduación antes de irme. ―Ooh, ¡está bien! ―Se siente como hace dos segundos cuando fuimos de compras por el vestido para el baile de graduación de Margot, y ahora es mi turno. Papá, que no me di cuenta cuando entró a la cocina, se manifiesta con―: Oigan, ¿tal vez Trina podría ir? ―Arroja una mirada de esperanza en mi dirección. No soy la única a quien debería mirar. Ya me encanta la señora Rothschild. Es a Margot a quien se tiene que ganar. Miro a Margot, quien me ve con ojos amplios y con pánico. ―Eh… ―digo―. Creo que esta vez debería ser una cosa solo de chicas Song. Papá asiente como si entendiera. ―Ah. Lo entiendo. ―Entonces le dice a Margot―. ¿Podemos pasar un poco de tiempo padre e hija antes de que te vayas? ¿Tal vez tomar nuestras bicicletas para un paseo? ―Suena bien ―dice ella. Cuando nos da la espalda, Margot articula―: Gracias. —Me siento desleal a la señora Rothschild, pero Margot es mi hermana. Tengo que estar de su lado. *** Creo que Margot se siente culpable por sacar a la señora Rothschild de la expedición para comprar el vestido, porque sigue tratando de volverlo más de una cosa. Cuando vamos al centro comercial al día siguiente después de la escuela, anuncia que cada una escogeremos dos vestidos, y me tengo que probar todos ellos sin importar qué, luego los evaluaremos. Incluso imprimió emojis con pulgar arriba y pulgar abajo e hizo paletas para que las usáramos. El vestuario es angosto, y hay vestidos en todos lados. Margot le da a Kitty el trabajo de colgar nuevamente y organizar, pero ella ya renunció a favor de jugar Candy Crush en el teléfono de Margot. Margot me entrega primero una de sus elecciones, es un vestido negro y fluido con mangas revoloteantes. ―Podrías recogerte el cabello para este. Sin levantar la mirada, Kitty dice―: Yo iría con ondas. Margot le hace una cara en el espejo. ―¿Sin embargo, el negro es realmente lo mío? ―me pregunto. ―Deberías tratar de usar negro más seguido ―dice Margot―. De verdad te queda.

Kitty recoge una cascarita de su pierna. ―Cuando vaya al baile de graduación, voy a usar un vestido ajustado de cuero. ―En mayo puede ser caliente en Virginia ―digo, mientras Margot me sube la cremallera―. Sin embargo, podrías usar un vestido de cuero para el baile de bienvenida, ya que es en octubre. Estudiamos mi reflejo en el espejo. El vestido es demasiado grande en el corpiño, y el negro me hace lucir como una bruja, pero una bruja en un vestido que no le queda bien. ―Creo que necesitas unos pechos más grandes para ese vestido ―dice Kitty. Sostiene la paleta con el pulgar hacia abajo. Le frunzo el ceño en el espejo. Aunque tiene razón. ―Sí. Creo que tienes razón. ―¿Mamá tenía pechos grandes? ―pregunta Kitty de repente. ―Mmm. Creo que eran del lado pequeño ―dice Margot―. ¿Cómo una A? ―¿Qué talla usas tú? ―pregunta. ―A B. Mirándome, Kitty dice―: Y las de Lara Jean son más pequeñas que las de mamá. ―Oye, ¡prácticamente soy una B! ―protesto―. Soy una gran A. Casi una B. Alguien bájeme la cremallera. ―Tree tiene pechos grandes ―dice Kitty. ―¿Son reales? ―pregunta Margot y me baja la cremallera. Salgo del vestido y se lo entrego a Kitty para que lo cuelgue. ―Eso creo. ―Son reales. La he visto en bikini, y las suyas se esparcen cuando se recuesta boca abajo, y así es como lo sabes. Las falsas se quedan en su lugar como cucharones de helado. ―Kitty toma de nuevo el teléfono de Margot―. También le pregunté. ―Si fueran falsas, dudo que te lo diga ―dice Margot. Kitty le frunce el ceño. ―Tree no me miente. ―¡No digo que hubiera mentido, digo que podría esconder lo de la cirugía plástica! ¡Y es su derecho! ―Kitty solo se encoge de hombros con tranquilidad. Rápidamente me pongo el siguiente vestido para cambiar el tema de los pechos de la señora Rothschild. ―¿Qué piensan de este? Ambas sacuden sus cabezas y alcanzan las paletas de los pulgares abajo al mismo tiempo. Al menos son unidas en su desagrado hacia mi vestido.

―¿Dónde está el que elegí? Que el siguiente sea el mío. ―La elección de Kitty es un vestido blanco, ceñido y sin un hombro que ni en un millón de años usaría, y ella lo sabe―. Solo quiero vértelo puesto. Intento apaciguarla, y ella insiste en que es el mejor vestido de todos los vestidos, porque quiere tener la elección ganadora. Al final, ninguno de ellos es mi estilo, pero no me molesto por ello. El baile de graduación está a un mes de distancia, y quiero explorar tiendas de época antes de escoger algo de una tienda normal. Me gusta la idea de un vestido vivo, que haya ido a lugares, visto cosas, uno que una chica como Stormy podría haber usado en un baile. Cuando Margot se va para Escocia la mañana siguiente, me hace prometer que le enviaré fotos de vestidos potenciales así ella puede intervenir. No dice otra palabra sobre la señora Rothschild, pero entonces, no lo haría, porque ese no es su estilo.

13 Traducido por Gisenid Corregido por Jadasa

Lucas dice—: Creo que la fiesta de graduación es muy parecida a la de Año Nuevo. —Chris, él y yo pasamos el rato en la enfermería, porque la enfermera salió a almorzar, y a ella no le importa que nos tumbemos en el sofá. Ya que estamos en último año, todos los profesores son muy generosos. —El Año Nuevo es clásico —se burla Chris, pintándose las uñas. —¿Me dejarías terminar? —Lucas suspira y comienza de nuevo—: Como decía, el baile de graduación lucha bajo el peso de todas las expectativas que tienes en él. Una noche perfecta que cada adolescente americano se supone que tenga en preparatoria. Gastas todo tu tiempo y dinero, y te sientes obligado, no, te debes una noche épica. ¿Qué puede estar a la altura de semejante cantidad de presión? Creo que la noche perfecta de preparatoria terminará siendo un momento cualquiera que no planearás o esperarás; simplemente sucederá. Creo que ya he tenido doce noches perfectas en el instituto, con Peter, así que no necesito que la graduación lo sea. Cuando visualizo mi fiesta de graduación, imagino a Peter en un esmoquin, siendo amable con papá, poniéndole un ramillete a Kitty. Tomándonos una fotografía en la chimenea. Hago nota mental de decirle a Peter que consiga un ramillete extra para ella. —Entonces, ¿eso significa que no vas a ir? —le pregunto a Lucas. Suspira de nuevo. —No lo sé. Aquí no hay nadie con quien desee ir. —Si no fuera a ir con Peter, te lo pediría —digo. Luego miro de Lucas a Chris—. Oye, ¿por qué no van juntos? —No voy a ir a la fiesta de graduación —dice Chris—. Seguramente iré a discotecas, en DC, con mis amigos de Applebee’s. —Chris, no puedes dejar de ir esa noche. Ve de fiesta en otro momento. Únicamente tenemos un baile de graduación. Mi cumpleaños es al día siguiente de la fiesta de graduación y estoy un poco dolida de que, al parecer, Chris lo haya olvidado. Si va a

las discotecas en DC, probablemente se quedará todo el fin de semana y ni siquiera la veré ese día. —La fiesta de graduación va a ser aburrida. Sin ofender. Quiero decir, estoy segura que te divertirás, Lara Jean, vas con el rey del baile. ¿Y cuál es el nombre de esa chica de la que ahora eres amiga? ¿Tammy? —Pammy —aclaro—. Pero no será divertido si no estás ahí. Me rodea con su brazo. —Aww. —¡Siempre dijimos que iríamos al baile de graduación y observaríamos juntas el amanecer en el patio de recreo de la escuela! —Puedes verlo con Kavinsky. —¡No es lo mismo! —Cálmate —dice Chris—. De todos modos, seguramente perderás tu tarjeta V esa noche, así que seré la última cosa en la que estarás pensando. —¡No planeaba tener sexo la noche del baile! —siseo. Mis ojos recaen en Lucas, que me mira con ojos desorbitados. —Lara Jean… ¿Kavinsky y tú todavía no han tenido sexo? Miro al pasillo para asegurarme que nadie escucha. —No, pero por favor no le digas a nadie. No es que me sienta avergonzada de ello ni nada. Simplemente no quiero que nadie se entere de mis asuntos. —Entiendo, obviamente, pero, guau —dice, sonando aún sorprendido—. Eso es… guau. —¿Por qué eso es tan guau? —pregunto, y puedo sentir mis mejillas enrojecerse. —Él es tan… sensual. Me rio. —Eso es cierto. —He ahí una razón del por qué tener sexo la noche del baile de graduación es algo —dice Chris—. Me refiero a, sí, es tradición, pero también todo el mundo se pondrá elegante; tienes que quedarte toda la noche… La mayoría de estas personas nunca lucirán tan bien como lo harán la noche de graduación, sabiamente se arreglaban, y eso es triste. Todos estos ratones haciéndose la manicura, pedicura y teniendo sus festines. Tan clásico. —¿No tienes festines? —dice Lucas. Chris pone los ojos en blanco. —Por supuesto. Digo—: Entonces por qué juzgas a otros por… —Mira, ese no es el punto aquí. A lo que voy es… —Frunce el ceño—. Espera, ¿de qué hablábamos?

—¿Festines, manicuras, roedores? —dice Lucas. —Antes de eso. —¿Sexo? —indico. —¡Correcto! Mi punto es, perder tu virginidad la noche del baile de graduación es un cliché, pero lo es por una razón. Hay una practicidad en ello. Te quedas a pasar la noche, luces increíble, etcétera, etcétera. Simplemente tiene sentido. —No tendré sexo por primera vez porque es conveniente o mi cabello se vea bien, Chris. —Me parece justo. No lo sé a ciencia cierta, pero imagino que mi primera vez probablemente será en la universidad, en mi habitación, como una adulta. Resulta difícil imaginar que suceda ahora, cuando soy Lara Jean, hermana e hija. En la universidad, solo seré Lara Jean.

14 Traducido por Ana Avila Corregido por Jadasa

Está decidido que papi le propondrá matrimonio a la señora Rothschild el sábado, después de caminar por uno de sus senderos favoritos. Lo hará cerca de una cascada. El plan es que Peter, Kitty y yo nos escondamos detrás de los árboles y grabemos todo, luego salgamos con una romántica cesta de picnic. Papá se sentía nervioso respecto a grabar el video, en caso de que la señora Rothschild no diga que sí, pero Kitty le suplicó—: Es para Margot —continuó diciendo, cuando en realidad solo siente curiosidad y quiere reproducirlo. Por supuesto que yo también. Peter viene al paseo, literalmente. Nos dará un aventón. Esa mañana, antes de irse a recoger a la señora Rothschild, papá dice—: Chicos, si no parece que va a ser un sí, ¿pueden dejar de grabar? Envuelvo cuidadosamente bocadillos de carne asada en papel encerado. Levanto la mirada para decir—: Ella dirá que sí. —Solo prométanme que serán silenciosos —dice. Le da a Kitty una mirada aguda. —Lo prometemos, doctor Covey —dice Peter, levantando su mano para un saludo. Cuando chocan las manos, digo—: Papá, ¿llevas el anillo? —¡Sip! —Luego frunce el ceño—. Espera, ¿es así? —Se da palmaditas en los bolsillos y desabrocha el compartimento interior de su cazadora—. ¡Maldición, lo olvidé! —Luego corre escaleras arriba. Peter y yo intercambiamos una mirada. —Nunca he visto a tu padre tan estresado —dice, comiendo una uva—. Generalmente es muy tranquilo. Golpeo la mano de Peter para alejarlo de las uvas. Kitty roba una y dice—: Ha estado así toda la semana. Papá vuelve a bajar con el anillo de compromiso. Kitty y yo le ayudamos a escogerlo. Es de oro blanco con un halo de diamante

corte princesa. Me encontraba segura respecto al corte princesa y Kitty, sobre el halo. Papá se va a recoger a la señora Rothschild, y termino de preparar la cesta de picnic. Me alegro de tener una excusa para sacarla. La compré de una venta de garaje hace siglos, y no la he usado nunca. Guardo una botella de champán, un racimo perfecto de uvas, los bocadillos, una cuña de Brie, galletas. —Coloca también una botella de agua —dijo Peter—. Se deshidratarán por la caminata. —Y probablemente por todo el llanto después de que ella le diga que sí —dice Kitty. —¿Debemos tocar algo de música para ellos, cuando se ponga de rodillas? —sugiere Peter. —No discutimos esa parte del plan, y papá está lo suficientemente nervioso así —le digo—. No puede estar pensando en que nos escondemos en los arbustos esperando tocar música para ellos. Lo hará consciente de sí mismo. —Además, podemos agregar la música al editar —dice Kitty—. Necesitamos ser capaces de escuchar cuando hablan. Le doy una mirada. —Katherine, esto no es una película. Esto es la vida real. Los dejo para ir al baño de abajo, y después de lavarme las manos estoy cerrando el grifo cuando oigo a Kitty decir—: Peter, cuando Lara Jean se haya ido, ¿vendrás a visitarme algunas veces? —Por supuesto que lo haré. —¿Incluso si ustedes se separan? Hay una pausa. —No vamos a terminar. —¿Pero si lo hacen? —pregunta. —No lo haremos. Le ignora. —Porque nunca más vimos a Josh, y él también dijo que visitaría. Peter se burla. —¿Es una broma? ¿Crees que soy como Sanderson? ¿Yo? Soy una liga completamente diferente a él. Me siento insultado de que incluso nos compares. Kitty suelta una especie de risa aliviada, del tipo que suena más a un suspiro. —Sí, tienes razón. —Confía en mí, chica. Tú y yo tenemos lo nuestro. Lo amo tanto que podría llorar. Se ocupará de Kitty por mí, sé que lo hará.

*** Papá nos dijo que llegarían a la cascada alrededor del mediodía, de manera que debíamos estar ahí a las once y cuarenta y cinco para ponernos en posición. Terminamos llegando un poco antes, solo por si acaso, ante la insistencia de Kitty. Escogemos un escondite lo suficientemente lejos para que la señora Rothschild no nos vea, pero lo suficientemente cerca para que podamos ver. Kitty y yo nos ocultamos detrás de un árbol, y Peter se agacha detrás de uno que se encuentra más cerca, con el teléfono en la mano, listo para grabar. Kitty quería hacerlo, pero tomé la decisión de que debería ser Peter, porque emocionalmente no está tan involucrado en este momento y tendrá una mano firme. Poco después de las doce, suben por el sendero. Rothschild se ríe de algo, y papá se ríe robóticamente con esa misma mirada nerviosa en su rostro. Es divertido verlos interactuar cuando ella no sabe que estamos observando. Kitty tenía razón; se parece un poco a una película. Se ve un poco más joven junto a ella, tal vez porque está enamorado. Caminan hacia la cascada, y Rothschild suspira con felicidad. —Dios, es precioso aquí —dice. —Apenas puedo oír nada —me susurra Kitty—. La cascada hace mucho ruido. —Shh. Más lo haces tú. —Vamos a tomar una foto —dice papá, hurgando en el bolsillo de su chamarra. —¡Pensé que moralmente te oponías a las selfies! —Ella se ríe—. Espera, déjame tratar de arreglarme el cabello para esta ocasión trascendental. —Suelta su cabello y trata de darle volumen. Luego chupa lo que parece ser una pastilla para la tos o un trozo de caramelo. Papá tarda tanto tiempo que por un segundo temo que ha perdido el anillo o sus nervios, pero luego se pone sobre una rodilla. Carraspea. Está sucediendo. Agarro la mano de Kitty y la aprieto. Sus ojos brillan. Mi corazón estalla. —Trina, nunca esperé volver a enamorarme. Pensé haber tenido mi dosis, y estaba bien con eso, porque tenía a mis chicas. No me di cuenta que faltaba algo. Luego llegaste. Las manos de la señora Rothschild cubren su boca. Tiene lágrimas en los ojos. —Quiero pasar el resto de mi vida contigo, Trina. —La señora Rothschild comienza a ahogarse con su caramelo, y papá se pone de

pie con un salto, empieza a darle golpecitos en la espalda. Tose como loca. Desde su árbol, Peter susurra—: ¿Debo ir a hacerle una comprensión abdominal? Sé cómo hacerlo. —¡Peter, mi papá es doctor! —susurro en respuesta—. Lo tiene. A medida que su tos desaparece, se endereza y se limpia los ojos. —Espera. ¿Me pedías que me casara contigo? —Trataba de hacerlo —dice papá—. ¿Estás bien? —¡Sí! —Lleva sus manos a sus mejillas. —¿Sí, estás bien, o sí, te casarás conmigo? —le pregunta papá, y solo bromea. —¡Sí, me casaré contigo! —grita, y papá la alcanza, y se besan. —Esto se siente privado —le susurro a Kitty. —Todo es parte del espectáculo —murmura en respuesta. Papá le entrega la caja del anillo a la señora Rothschild. No puedo distinguir lo que dice después; pero sea lo que sea, la hace doblarse de la risa. —¿Qué está diciendo? —me pregunta Kitty, cuando Peter dice—: ¿Qué dijo? —¡No puedo arruinando el video!

escuchar!

¡Ambos

guarden

silencio!

¡Están

Ahí es cuando la señora Rothschild mira en nuestra dirección. Atrapados. Todos volvemos detrás de nuestros respectivos árboles, y entonces escucho la voz irónica de papá gritando—: Pueden salir, muchachos. ¡Dijo que sí! Salimos corriendo de detrás de los árboles, Kitty se lanza a los brazos de la señora Rothschild. Caen sobre la hierba, y la señora Rothschild se ríe sin aliento, su risa resonando en el bosque. Abrazo a papá, mientras tanto Peter sigue jugando al camarógrafo, registrando el momento para la posteridad como el buen novio que es. —¿Estás feliz? —pregunto, levantando la mirada hacia mi papá. Sus ojos llenos de lágrimas, asiente y me abraza más fuerte. Y así, nuestra pequeña familia crece más.

15 Traducido por Jadasa Corregido por Julie

Es la primera noche que todos hemos estado juntos para cenar desde el compromiso, y papá se encuentra en la cocina haciendo una ensalada. Las chicas estamos sentadas en la sala de estar solo pasando el rato. Kitty hace su tarea, la señora Rothschild toma una copa de vino blanco. Es un momento suave y perfecto para que traiga a colación el asunto de la boda. He pasado la última semana trabajando en la decoración para la boda de papá con la señora Rothschild: la película de Orgullo y Prejuicio, una pared llena de rosas para el área de la cabina de fotos, The Virgin Suicides, botellas de vino como centro de mesas utilizados como floreros mientras asiento a las bodegas de Charlottesville. Cuando se lo presento a la señora Rothschild en mi computadora portátil, parece vagamente alarmada. Deja su copa de vino y mira más de cerca a la pantalla. —Esto es hermoso, Lara Jean. Muy adorable. ¡Has dedicado mucho tiempo a esto! Muchísimo tiempo, de hecho, esta semana falté al juego de lacrosse de Peter, además de una noche de cine con Pammy. Pero esto es importante. Por supuesto que no digo nada de esto en voz alta; solo le doy una sonrisa beatífica. —¿Esta visión concuerda con lo que pensabas? —Bueno... Para ser honesta, creo que pensábamos en solo ir al ayuntamiento. Vender mi casa y averiguar cómo voy a meter todos mis cachivaches aquí es suficiente dolor de cabeza. Papá entra trayendo en sus manos la ensalada en un cuenco de madera. Con sequedad, dice—: Entonces, ¿dices que casarte conmigo es un dolor de cabeza? Pone los ojos en blanco. —¡Sabes de qué hablo, Dan! No es que tengas tiempo para planear una boda grande. —Toma un sorbo de vino y se vuelve hacia mí—. Tu padre y yo hemos estado casados antes, así que ninguno tiene ganas de hacer algo grande. Probablemente me pondré un vestido que ya tengo.

—Por supuesto que deberíamos hacer algo grande. ¿Sabes cuántos años le llevó a papá encontrar a alguien que comiera lo que cocina y observara sus documentales? —Sacudo la cabeza—. Señora Rothschild, eres un milagro. Por eso tenemos que celebrar. —Llamo a mi papá, que ha desaparecido de nuevo en la cocina—. ¿Oíste eso, papá? La señora Rothschild quiere ir al Ayuntamiento. Por favor sácale esa idea de la cabeza. —¿Podrías dejar de llamarme señora Rothschild? Ahora que voy a ser tu malvada madrastra, al menos deberías llamarme Trina. O Tree. Como sea que te sientas cómoda. —¿Qué tal madrastra? —sugiero, toda inocente—. Eso se siente muy bien. Me golpea. —¡Niña! Te haré daño. Riendo, me alejo de ella. —Regresemos a la boda. No sé si este es un tema sensible o no, pero ¿guardas tus viejas fotos de boda? Quiero ver cuál era tu estilo nupcial. La señora Rothschild pone una cara terrible. —Creo que lo tiré todo. Podría tener una foto metida en un álbum en alguna parte. Gracias a Dios que me casé antes de que los medios sociales fueran algo grande. ¿Puedes imaginarte, divorciarte y tener que descolgar todas las fotos de tu boda? —¿No es de mala suerte hablar de divorcio cuando planeas tu boda? Se ríe. —Bueno, entonces ya estamos condenados. —Debo parecer alarmada porque dice—: ¡Estoy bromeando! Buscaré una foto de la boda para mostrarte si lo deseas, pero sinceramente, no estoy muy orgullosa de ello. El ojo ahumado se encontraba de moda en ese entonces, y abusé un poco. Además, hice aquella cosa a los inicios del dos mil con el delineador de labios color chocolate y brillo. Trato de mantener una expresión neutral. —Está bien, de acuerdo. ¿Qué hay de tu vestido? —Un hombro, con una falda estilo sirena. Hizo que mi trasero se viera asombroso. —Ya veo. —¡Deja de juzgarme! Papi pone su mano sobre el hombro de la señora Rothschild. —¿Y si lo hiciéramos aquí en la casa? —¿Como en el patio trasero? —Lo considera—. Creo que podría ser lindo. ¿Una pequeña barbacoa, solo la familia y unos cuantos amigos?

—Papi no tiene amigos —dice Kitty desde el otro lado de la sala de estar, con su libro de matemáticas en su regazo. Papá frunce el ceño. —Sí tengo amigos. Tengo al doctor Kang del hospital, y está Marjorie y tía D. Pero sí, sería un grupo pequeño de mi lado. —Además Nana —dice Kitty, y tanto papá como la señora Rothschild se ven nerviosos ante la mención de Nana. La madre de papá no es la persona más amable. —No te olvides de la abuela —agrego. La abuela y la señora Rothschild se conocieron el Día de Acción de Gracias, y aunque papá no la presentó explícitamente como su novia, la abuela es astuta y no se le escapa nada. Interrogó a la señora Rothschild, preguntándole si tenía hijos propios, cuánto tiempo llevaba divorciada, si tenía alguna deuda de préstamo estudiantil. La señora Rothschild se mantuvo muy bien, y cuando acompañé a la abuela al auto para despedirme, dijo que la señora Rothschild no estaba “mal”. Dijo que se vestía juvenilmente para su edad, pero también dijo que tenía mucha energía y cierto brillo. —Ya he hecho de la boda un gran evento —dice la señora Rothschild—. También será pequeño de mi lado. Unos cuantos amigos de la universidad, Shelly del trabajo. Mi hermana Jeanie, mis amigos de SoulCycle. —¿Podemos ser tus damas de honor? —pregunta Kitty, y la señora Rothschild se ríe. —¡Kitty! No puedes preguntar eso. —Pero me dirijo a la señora Rothschild, esperando escuchar lo que dirá. —Claro —dice—. Lara Jean, ¿te parecería bien eso? —Sería un honor —digo. —Entonces ustedes tres, y mi amiga Kristen, porque me asesinará si no se lo pido. Aplaudo. —Ahora que eso está resuelto, regresemos al vestido. Si va a ser una boda en el patio trasero, siento que tu vestido debería reflejar eso. —Siempre que tenga mangas para que mis alas de murciélago no cuelguen —dice. —Señora Roth, quiero decir, Trina, no tienes alas de murciélago — digo. Se mantiene en forma con todos sus Pilates y SoulCycle. Los ojos de Kitty se iluminan. —¿Qué son las alas de murciélago? Eso suena repugnante. —Ven aquí, y te mostraré. —Kitty obedece, y la señora Rothschild levanta su brazo y lo extiende; entonces en el último segundo, la agarra

y le hace cosquillas. Kitty se muere de risa, y también la señora Rothschild. Sin aliento, dice—: ¿Repugnante? ¡Eso te enseñará a no decirle repugnante a tu malvada madrastra! Papá se ve tan feliz como jamás lo he visto. *** Más tarde esa noche, en nuestro cuarto de baño, Kitty se cepilla los dientes, y me estoy fregando la cara con un nuevo exfoliante que pedí en un sitio de belleza coreano. Son cáscaras de nuez y arándanos. —Frascos mason y a cuadros, pero elegantes —reflexiono. —Los frascos de mason pasaron de moda —dice Kitty—. Mira en Pinterest. Literalmente todo el mundo utiliza frascos de Mason. Sus palabras son ciertas. —Bueno, definitivamente usaré una corona de flores en mi cabeza. No me importa si dices que pasó de moda. Dice, llanamente—: No puedes usar una corona de flores. —¿Por qué no? Escupe pasta de dientes. —Eres demasiado mayor. Eso es para las niñas de las flores. —No, no lo visualizas correctamente. No pensaba en gypsophila. Sino en rosas color rosado y melocotón, con mucho follaje. Follaje verde claro, ¿conoces esa clase? Sacude la cabeza, decidida. —No somos hadas en un bosque. Es demasiado cursi. Y sé que Gogo va a estar de acuerdo conmigo. Tengo un mal presentimiento de que también estará de acuerdo. Decido dejar esta discusión de lado por ahora. No se ganará hoy. — Para los vestidos, pensé que podríamos usar vintage. No blanco tiza, sino lino blanco. Tipo estilo camisón. Muy etéreo, no de hada, más como un ser celestial. —Voy a usar un esmoquin. Casi me ahogo. —¡Un qué! —Un esmoquin. Que combine con Converse. —¡Sobre mi cadáver! Kitty se encoge de hombros. —Kitty, esta boda no es de etiqueta. ¡Un esmoquin no va a verse bien en una boda en el patio trasero! ¡Las tres deberíamos coincidir, como un conjunto! ¡Las chicas Song!

—Ya le dije a Tree y a papi, y a ambos les encanta la idea de que use un esmoquin, así que supéralo. —Tiene esa mirada en su rostro, la obstinada cuando está clavando sus talones. Como un toro. —Entonces, por lo menos deberías usar un traje de lino. Hará demasiado calor para un esmoquin y el lino transpira. —Siento que he hecho una concesión aquí, así que ella también debería hacerlo, pero no. —No puedes decidirlo todo, Lara Jean. No es tu boda. —¡Sé eso! —Bueno, solo tenlo en cuenta. Me estiro para sacudirla, pero se aleja antes de que pueda hacerlo. Sobre su hombro, grita—: ¡Preocúpate por tu propia vida!

16 Traducido por evanescita Corregido por Julie

Es un día de salida temprana y voy corriendo por el pasillo para encontrarme con Peter en su casillero cuando la señora Duvall me detiene. —¡Lara Jean! ¿Vas a la fiesta de confraternidad esta noche? Umm... —No recuerdo haber oído nada sobre una fiesta de confraternidad. Niega. —¡Te envié un correo electrónico de recordatorio la semana pasada! Es una pequeña reunión para los estudiantes locales que fueron aceptados por William y Mary. Asistirán algunos de nuestra escuela, pero también muchos de otras escuelas. Es una buena oportunidad para que conozcas a algunas personas antes de ir. —Oh... —Vi ese correo, pero lo olvidé—. Me encantaría ir, pero no puedo porque tengo una... Umm, obligación familiar. Lo cual es, técnicamente, cierto. Peter y yo vamos a una venta de inmuebles en Richmond; él tiene que recoger unas mesas auxiliares para la tienda de antigüedades de su mamá, y yo busco una mesa para el pastel de bodas de papá y Trina. La señora Duvall me da una mirada persistente y dice—: Bueno, estoy segura de que habrá otra. Mucha gente mataría para estar en tu lugar, Lara Jean, pero estoy segura de que ya lo sabes. —Lo sé —le aseguro, y luego me escabullo para encontrarme con Peter. La venta de inmuebles resulta ser un fracaso... al menos para mí. Peter recoge las mesas auxiliares, sin embargo, no veo nada apropiado para una boda etérea en el patio trasero. Hay una cómoda que sería una posibilidad, tal vez si la pinto, o estampo algunos capullos de rosas, pero cuesta trescientos dólares, y tengo el presentimiento de que papá y Trina se resistirían al precio. Tomo una foto de ella por si acaso. Peter y yo vamos a un lugar que encontré en Internet llamado Croaker's Spot, donde pedimos pescado frito en mantequilla de maíz recubierto en salsa dulce. —Richmond es genial —dice, limpiándose la

salsa de la barbilla—. Lástima que William y Mary no esté en Richmond. También está más cerca de la Universidad de Virginia. —Solo por treinta minutos —le digo—. De todos modos he pensado al respecto, y ni siquiera será un año completo hasta que entre en UVA. —Empiezo a contar los meses con mis dedos—. Son como nueve meses. Y estaré en casa para las vacaciones de invierno, y luego tendremos las vacaciones de primavera. —Exactamente —dice. *** Cuando llego a casa, se halla oscuro, papá, Trina y Kitty están en la mesa de la cocina terminando la cena. Papá empieza a levantarse cuando entro. —Siéntate, te prepararé un plato —dice. Con un guiño—. Trina hizo su pollo al limón. El pollo al limón de Trina es solo pechugas de pollo aderezado con condimento de limón cocinado en aceite en aerosol, sin embargo es su especialidad y es muy buena. Sentándome, digo—: No, gracias, acabo de comer un montón. —¿Sirvieron la cena en la fiesta de confraternidad? —pregunta papá, sentándose de nuevo—. ¿Cómo estuvo? —¿Cómo supiste lo de la fiesta de confraternidad? —le pregunto, inclinándome para acariciar a la perra de Trina, Simone, que me siguió hasta la cocina y ahora está sentada a mis pies, esperando alguna migaja. —Enviaron una invitación por correo. ¡Lo puse en el refrigerador! —Oh, ups. No fui. Fui a Richmond con Peter a buscar una mesa para el pastel de bodas. Frunce el ceño. —¿Fuiste hasta Richmond en noche de escuela? ¿Por una mesa para el pastel? Oh, oh. Rápidamente saco mi teléfono para mostrarles. —Es un poco cara, pero podríamos dejar los cajones medio abiertos, llenos de rosas. Incluso si no conseguimos una igual, y realmente les gusta, estoy segura de que podría encontrar algo similar. Papá se inclina para mirar. —¿Cajones llenos de rosas? Eso suena muy caro y no es exactamente ecológicamente responsable. —Bueno, supongo que podríamos hacerlo con margaritas, pero en realidad no tendrá el mismo efecto. —Le doy una mirada a Kitty antes de continuar—: Quiero volver a discutir sobre los vestidos de las damas de honor.

—Espera un momento, y yo quiero volver a discutir sobre cómo te saltaste tu fiesta de confraternidad de la universitaria para ir a Richmond —interviene papá. —No te preocupes, papá, estoy segura de que habrá un millón antes de que vaya —le digo—. Kitty, sobre los vestidos de las damas de honor... Sin ni siquiera alzar la mirada, Kitty dice—: Solo usa el camisón como vestido por tu cuenta. Opto por ignorar el hecho de que lo nombró camisón y digo—: No se verá bien si solo soy yo. La belleza de la misma está en ir en conjunto. Todas coincidiendo, muy etéreo, como ángeles. Entonces se convierte en una representación, un momento. Si lo uso yo sola, no funcionará. Necesitamos ser las tres. —No sé cuántas veces más tengo que decir la palabra “etéreo” para que la gente entienda cuál es la atmosfera de esta boda. Kitty dice—: Si quieres ir en conjunto, eres más que bienvenida a llevar un esmoquin también. No tendría problemas con eso. Respiro hondo para no gritarle. —Bueno, veamos lo que dice Margot sobre todo esto. —A Margot no le importará. Kitty se levanta para poner su plato en el fregadero, y cuando está de espaldas, levanto mis manos como si fuera a estrangularla. —Lo vi —dice ella. Juro que tiene ojos en la nuca. —Trina, ¿qué piensas? —le pregunto. —Honestamente, no podría importarme menos lo que ustedes vistan, pero van a tener que hacerlo junto con Margot y Kristen. Ellas podrían tener sus propias ideas. Con delicadeza, digo—: Para tu información, ese “no me importa”, no es igual a “no podría importarme menos”, porque si podría, entonces técnicamente te importaría. Trina rueda los ojos, y Kitty se desliza sobre su silla y dice—: ¿Por qué eres así, Lara Jean? Empujo en su costado. Mientras le digo a Trina—: Kristen es una mujer madura, así que estoy segura de que estará bien con lo que hagamos. Es adulta. Trina no parece tan segura. —No querrá nada que muestre sus brazos. Intentará convencerte de que se pongan una chaqueta de punto en la parte superior. —Mmm no. Trina alza las manos. —Tienes que discutirlo con Kristen. Como dije, me importa poco. —Me mira a los ojos, me río y lo mismo hace Kitty.

—Un minuto, ¿podemos hablar de esa fiesta de confraternidad a la que no fuiste? —me pregunta papá, frunciendo el ceño—. Eso pareció un evento muy agradable. —Voy a ir al siguiente —le prometo. Por supuesto, no lo digo en serio. No tiene sentido que vaya a esas fiestas de confraternidad y me apegue a la gente cuando voy a estar ahí solo nueve meses. *** Después de servirme helado en un tazón, subo y le escribo a Margot para ver si está despierta. Lo está, así que inmediatamente la llamo para tener su apoyo con lo del vestido, y Kitty tenía razón... a Margot no le importa en lo absoluto. —Haré lo que quieran hacer —dice. —Los lugares más calientes en el infierno están reservados para las personas que mantienen la neutralidad en tiempos de crisis —digo, lamiendo mi cuchara. Ella ríe. —Pensé que los lugares más calientes en el infierno estaban reservados para las mujeres que no ayudan a otras mujeres. —Bueno, supongo que el infierno tiene muchas habitaciones. En serio, ¿no crees que Kitty se verá tonta en un esmoquin? Es una boda en el patio trasero. ¡La atmosfera se supone que sea etérea! —No creo que se vea más tonta de lo que te verás en una corona de flores. Deja que lo use, y lleva tu corona de flores, y seré neutral. Sinceramente, ni siquiera veo el punto del porque soy dama de honor cuando la señora Rothschild y yo apenas nos conocemos. Quiero decir, sé que lo hace para ser amable, pero no es necesario. Todo es un poco demasiado. Ahora me arrepiento de agitar las aguas y de presionar con toda la cuestión del esmoquin contra la corona de flores. Lo último que quiero es que a Margot se le cruce la idea de abandonar la boda. Ella es indiferente con respecto a Trina en el mejor de los casos. Apresuradamente, digo—: Bueno, no tenemos que usar coronas de flores. Tú y yo podríamos usar vestidos sencillos y Kitty podría usar su esmoquin, y estaría bien. —¿Cómo estuvo hoy la fiesta de confraternidad de William y Mary? ¿Conociste a gente interesante? —¿Cómo es que sabe todo el mundo sobre la fiesta de confraternidad? —Estaba en la nevera.

—Oh. No fui. Hace una pausa. —Lara Jean, ¿has enviado tu depósito a William y Mary? —¡Estoy a punto de hacerlo! No lo esperan hasta el primero de mayo. —¿Estás pensando en cambiar de opinión? —¡No! Es que todavía no lo he podido hacer. Las cosas han estado un poco locas por aquí, con la planificación de la boda y todo. —Parece que la boda se está haciendo muy grande. Pensé que solo querían algo sencillo. —Estamos ponderando nuestras opciones. Seguirá siendo sencilla. Solo pienso que el día debe ser especial, algo que siempre recordaremos. Después de colgar el teléfono, bajo para poner mi tazón de helado en el fregadero, y en el camino de regreso, me detengo en la sala, donde el retrato de la boda de mamá y papá cuelga por encima de la chimenea. Su vestido es de encaje, con mangas de capuchón y una falda fluida. Su pelo está recogido, en un moño lateral, con unos cuantos zarcillos saliendo. Lleva aretes de diamante que nunca la vi usar en la vida real. Casi nunca llevaba joyas ni mucho maquillaje. Papá usa un traje gris, pero aún no tenía canas en el pelo; sus mejillas son rosadas y lisas, sin rastrojo. Ella se ve como la recuerdo, pero mucho más joven. Me perturba que tengamos que mover la imagen. Sería demasiado incómodo para Trina tener que mirarlo todos los días. A ella no le molesta ahora, pero después de vivir aquí, después de que se casen, estará obligada a sentirse diferente. Podría colgarlo en mi habitación, aunque Margot podría quererlo también. Supongo que le preguntaré cuando vuelva. *** La amiga de Trina, Kristen, viene después de cenar en el transcurso de esa semana, armada con una botella rosada y una pila de revistas nupciales. Por la forma en que Trina habló de Kristen, había imaginado a alguien alta e intimidante, pero Kristen es de mi altura. Tiene el pelo castaño cortado en estilo bob, piel morena. Estoy impresionada por su colección de revistas Bodas de Martha Stewart, que se remonta de años y años. —Por favor, no dobles las esquinas — dice, lo que me hace fruncir el ceño. Como si alguna vez lo hiciera. —Creo que primero debemos hablar de la fiesta de soltera —dice. Acaricia a Jamie Fox; su cabeza arenosa está en su regazo. Nunca lo he

visto aceptar a un extraño con tanta rapidez, lo que considero una buena señal. Digo—: Pensé que una fiesta de té podría ser divertida. Haría pequeños bocadillos con las cortezas cortadas, y pequeños bollos de tamaño mordisco, y crema condensada... —Pensaba en una fiesta SoulCycle4 —dice Kristen—. Conseguiría camisetas de neón que dijeran “Equipo Trina”. ¡Podríamos pagar por toda la clase! Trato de no parecer decepcionada, y asiento como diciendo hmm. —Chicas, esas dos ideas son geniales, pero pienso en no tener fiesta de soltera —interrumpe Trina. Kristen jadea y yo también. Con una sonrisa de disculpa explica—: Tenemos demasiadas cosas hasta ahora. Todo el punto de una fiesta de soltera es festejar a la novia y con todo lo que necesita para su casa, y ya no puedo ponerme a pensar en que cosas necesitamos. —No tenemos una máquina de helados —le digo. He estado deseando experimentar con helados durante un tiempo, pero la que quiero cuesta más de cuatrocientos dólares. Y papá siempre habla de una máquina para pasta. —Podemos comprar esas cosas nosotras mismas. Somos adultas, después de todo. —Kristen abre la boca para discutir, pero Trina dice—: Kris, no voy a cambiar de opinión. No habrá fiesta de soltera. Tengo cuarenta, por el amor de Dios. Ya he pasado por eso. Rígidamente, Kristen dice—: No veo que tiene que ver eso con esto. El punto de una fiesta de soltera es hacer que la novia se sienta especial y amada. Pero bien, si es importante para ti, no la haremos. —Gracias —dice Trina. Se inclina y pone el brazo alrededor de Kristen, que le da una mirada severa. —Pero lo que sí no voy a negociar es una despedida de soltera. Tienes que tener una despedida. Punto. Sonriendo, Trina dice—: No voy a pelear contigo por eso. Tal vez podamos llevar a cabo tu idea de una clase de SoulCycle para mi despedida. —De ninguna manera. Tenemos que hacerlo en grande. Así que, Las Vegas, ¿cierto? Te encantan Las Vegas. Voy a enviarles un correo a las chicas esta noche para que así el marido de Sarah nos pueda conseguir una suite en el Bellagio...

4

Son clases de spinning.

—Rechazo Las Vegas —dice Trina—. La despedida tiene que ser aquí y para un público en general para que las chicas puedan ir. —¿Qué chicas? —pregunta Kristen. Trina me señala. —Mis chicas. —Me sonríe tímidamente y le sonrío también, sintiéndome caliente por dentro. —¿Y si hacemos karaoke? —sugiero, y Trina aplaude con deleite. La boca de Kristen cae. —Sin ofender, Lara Jean, pero ¡¿qué diablos pasa aquí, Trina?! No puedes tener a tus futuras hijastras en tu despedida. No es justo. No vamos a ser capaces de celebrar de la forma en que se supone que se celebra una despedida. Al igual que los viejos tiempos, el también conocido como beber hasta desnudarte para que puedas disfrutar hasta tus últimos momentos como una mujer soltera. Trina me mira y sacude la cabeza. —Para que conste, nunca hemos bebido hasta desnudarnos. —Le dice a Kristen—: Kris, no pienso en ellas como mis futuras hijastras. Ellas son... solo jóvenes. Pero no te preocupes. Nos divertiremos. Margot está en la universidad y Lara Jean prácticamente también. Pueden ser expuestas a un poco de sangría y chardonnay. —Te encanta el vino blanco —digo, y Trina golpea mi hombro. Kristen exhala en voz alta. —Bueno, ¿qué hay de la niña? —Kitty es muy madura para su edad —dice Trina. Kristen cruza los brazos. —Me opongo. No puedes llevar a una niña a una despedida. No está bien. —¡Kris! En esto siento que tengo que opinar. —Estoy de acuerdo con Kristen en este caso. No podremos llevar a Kitty al karaoke. Es demasiado joven. No dejarán entrar a una niña de once años. —Pero estará muy decepcionada. —Sobrevivirá —digo. Kristen sorbe su vino rose y dice—: La decepción es buena para los niños; los prepara para el mundo real, donde todo no gira alrededor ellos y sus sentimientos. Trina pone los ojos en blanco. —Si te opones a tener a Kitty en la despedida, me opongo a los penes. Lo digo en serio, Kris. Ninguna torta de pene, ningún sorbete de pene, ninguna pasta de pene. Sin penes, punto. Me sonrojo. ¿Existe algo como pasta de pene? —Bien. —Kristen hace un puchero con su labio inferior.

—De acuerdo. ¿Podemos pasar a los preparativos de la boda, por favor? Corro y traigo mi computadora portátil, luego levanto mi pantalla, cuando Kitty decide adornarnos con su presencia. Ha estado en la sala viendo televisión. —¿Dónde estamos en la planificación? —Quiere saber. Kristen la mira antes de decir—: Hablemos de la comida. —¿Qué les parece camiones de comida? —sugiero—. ¿Algo así como un camión de waffles? Kristen frunce los labios. —Estaba pensando en barbacoa. A Trina le encanta la barbacoa. —Hmm —digo—. Pero mucha gente hace barbacoa, ¿no? Es algo muy... —¿Trillado? —pregunta Kitty. —Iba a decir común. —Pero sí. —¡Pero a Trina le encanta la barbacoa! —¿Pueden dejar de hablar de mí como si no estuviera aquí? — dice Trina—. Me encanta la barbacoa. ¿Y podemos hacer tarros de cristal? Estoy esperando a que Kitty denigre los frascos de cristal otra vez, pero no dice nada. Solo dice—: ¿Qué piensan de las flores comestibles en las bebidas? —Estoy bastante segura de que era una de mis ideas la que acaba de robar. Trina hace un pequeño baile en su asiento. —¡Sí! ¡Me encanta! Rápidamente agrego—: Podríamos hacer un agradable tazón de ponche y colocar algunas flores encima. Kristen me da una mirada de aprobación. Respaldada, gratamente digo—: Y en cuanto a los pasteles, vamos a necesitar un pastel de bodas y un pastel de novio5. —¿En serio necesitamos dos pasteles? masticando su uña—. No habrá mucha gente ahí.

—pregunta

Trina,

—Esto es el Sur; Tenemos que tener pastel de novio. Para el suyo pensaba en un pastel amarillo cubierto con glaseado de vainilla. —Trina me sonríe alegremente. Ese es su pastel favorito. No es exactamente emocionante de cocinar, pero es su favorito—. Para papá, pensé en... ¡un fino pastel de menta! Pastel de chocolate con glaseado de menta,

Este pastel está asociado con el Sur de los EE.UU, este al contrario del pastel de bodas suele ser de chocolate, decorado con frutas, foge y otras variedades. 5

con galletas de menta desmenuzadas cubriendo la parte superior. — Tuve una visión similar a este pastel. Esta vez, Kitty es la que me da su aprobación asintiendo. Me siento más en mi elemento de lo que me he sentido en semanas.

17 Traducido por Miry GPE Corregido por Jadasa

Kitty mezcla pintura de uñas de colores en un plato de papel mientras busco “recogidos de celebridades” para el peinado de boda de Trina. Me encuentro acostada sobre el sofá, apoyada en almohadas detrás de mí, y ella se halla en el suelo, con botellitas de pintura de uñas a su alrededor. De repente me pregunta—: ¿Alguna vez has pensado en qué sucedería si papá y Trina tienen un bebé y se parece a papá? Kitty piensa en todo tipo de cosas que nunca se me han ocurrido. No he pensado alguna vez en eso, que podrían tener un bebé o que este no se parecería a nosotras. El bebé sería completamente como papá y Trina. Nadie tendría que preguntarse de quién era ni calcular quién pertenece a quién. Simplemente asumirían. —Pero ambos son muy mayores —digo. —Trina tiene cuarenta y tres años. Puedes quedar embarazada a esa edad. La madre de Maddie acaba de tener un bebé y tiene su misma edad. —Cierto... —¿Y si es un niño? Papá con un hijo. Es una idea sorprendente. Él no es exactamente deportivo, no en un sentido masculinamente tradicional. Quiero decir, le gusta andar en bicicleta y juega al tenis en pareja en primavera. Pero estoy segura de que hay cosas que querría hacer con un hijo que no hace con nosotras porque nadie está interesada. ¿Pesca, tal vez? El fútbol no le importa. A Trina le interesa más que a él. Cuando mi madre se hallaba embarazada de Kitty, Margot quería otra hermana, pero yo quería un hermano. Las chicas Song y su hermanito. Sería bueno tener a ese hermano menor después de todo. Sobre todo porque no estaré en casa y tendría que escucharlo llorar en medio de la noche. Solo le compraré al bebé pequeños botines de lana y suéteres con zorros rojos o conejitos. —Si lo llamaran Tate, podríamos llamarlo Tater Tot —reflexiono.

Dos manchas rojas aparecen en las mejillas de Kitty, y justo así, se ve tan joven como siempre la imagino en mi mente: una niña pequeña. —No quiero que tengan otro bebé. Si tienen un bebé, estaré en el medio. Seré nada. —¡Oye! —me opongo—. ¡Soy la del medio ahora! —Margot es la más grande y más inteligente, tú eres la más bonita. —¿¿Soy la más bonita?? ¿Kitty piensa que soy la más bonita? Trato de no verme demasiado feliz, porque sigue hablando—. Solo soy la menor. Si tienen un bebé, ni siquiera seré eso. Dejo la computadora a un lado. —Kitty, eres mucho más que la menor de las chicas Song. Eres la chica Song salvaje. La mala. La mordaz. —Kitty frunce los labios, tratando de no sonreír. Y agrego—: Y no importa qué, Trina te ama; siempre te querrá, incluso si tuviera un bebé, que no creo que lo tenga. —Me detengo—. Espera, ¿hablabas en serio cuando dijiste que era la más bonita? —No, lo retiro. Probablemente seré la más bonita para cuando llegue a la preparatoria. Puedes ser la más agradable. —Me levanto con un salto y la agarro por los hombros como si fuera a sacudirla, y ella se ríe. —No quiero ser la más agradable —digo. —Sin embargo, lo eres —dice, no como un insulto, pero no exactamente como un cumplido—. ¿Qué desearías tener de mí? —Tu valor. —¿Qué más? —Tu nariz. Tienes una nariz pequeñita. —Le doy un golpecito—. ¿Qué hay de mí? Kitty se encoge de hombros. —No lo sé. —Luego comienza a reír y la sacudo por los hombros. Todavía pienso en eso más tarde esa noche. No había considerado la idea de que papá y Trina tuvieran un bebé. Pero Trina no tiene hijos, solo su “bebé peludo”, golden retriever Simone. Ella podría querer un bebé propio. Y papá nunca lo menciono, pero, ¿hay alguna posibilidad de que quiera intentar una vez más tener un hijo? El bebé sería dieciocho años más joven que yo. Qué extraño pensamiento. E incluso más extraño aún: soy lo bastante mayor para tener un bebé propio. ¿Qué haríamos Peter y yo si quedara embarazada? Ni siquiera puedo imaginar lo que sucedería. Todo lo que puedo ver es la mirada en el rostro de papá al contárselo, y a eso es lo máximo que llego. ***

A la mañana siguiente, de camino a la escuela en el auto de Peter, le echo un vistazo a su perfil. —Me gusta cómo eres tan suave — digo—. Como un bebé. —Podría dejarme la barba si quisiera —dice, tocando su barbilla— . Una gruesa. Cariñosamente, digo—: No, no podrías. Pero tal vez un día, cuando seas un hombre. Frunce el ceño. —Soy un hombre. ¡Tengo dieciocho años! Me burlo—: Ni siquiera empacas tus propios almuerzos. ¿Sabes cómo lavar ropa? —Soy un hombre en todas las formas que cuentan —se jacta, y pongo los ojos en blanco. —¿Qué harías si fueras reclutado para ir a la guerra? —pregunto. —Uh... ¿acaso a los chicos de universidad no se les da un pase en eso? ¿Todavía existe la selección? No sé las respuestas a ninguna de estas preguntas, así que continúo—: ¿Qué harías si quedara embarazada ahora mismo? —Lara Jean, ni siquiera tenemos sexo. Esa sería la inmaculada concepción. —¿Y si lo estuviéramos? Gime. —¡Tú y tus preguntas! No lo sé. ¿Cómo podría saber qué haría? —¿Qué crees que harías? Peter no duda. —Lo que quisieras hacer. —¿No querrías que lo decidiéramos juntos? —Lo estoy poniendo a prueba, por qué, no lo sé. —No soy el que tiene que llevarlo. Es tu cuerpo, no el mío. Su respuesta me agrada, pero continúo—: ¿Y si dijera… tengamos al bebé y casémonos? De nuevo Peter no duda. —Yo diría seguro. ¡Sí! Ahora soy quien frunce el ceño. —¿Seguro? ¿Solo así? ¿La decisión más grande de tu vida y solo dices seguro? —Sí. Porque estoy seguro. Me inclino y pongo mis palmas sobre sus mejillas suaves. —Así es como sé que todavía eres un niño. Porque estás muy seguro. Me frunce el ceño. —¿Por qué lo dices como si fuera algo malo?

Lo libero. —Siempre estás tan seguro de todo acerca de ti mismo. Nunca has sido inseguro. —Bueno, estoy seguro de algo —dice, mirando hacia delante—. Estoy seguro de que nunca sería el tipo de papá que es el mío, no importa la edad que tenga. Me quedo callada, me siento culpable por bromear con él y traer a relucir malos sentimientos. Quiero preguntarle si su padre todavía intenta acercarse para enmendar las cosas, pero la mirada cerrada en el rostro de Peter me detiene. Ojalá él y su papá pudieran arreglar las cosas entre ellos antes de que se vaya a la universidad. Porque ahora, Peter aún es un niño, y muy en el fondo, creo que todos los niños quieren conocer a sus papás, sin importar qué tipo de hombres sean. *** Después de que terminan las clases, pasamos por el restaurante, y Peter ya devora su sándwich antes de que estemos fuera del estacionamiento. Entre los mordiscos que da a su sándwich de pollo frito, dice—: ¿Dijiste en serio lo de antes, de que no podrías imaginarte casándote conmigo? —¡No dije eso! —Quiero decir, como que en cierta forma lo hiciste. Dijiste que aún soy un niño y que no puedes casarte con uno. Ahora herí sus sentimientos. —No lo dije así. Quise decir que no podía imaginar casarme con nadie ahora mismo. Los dos todavía somos bebés. ¿Cómo podríamos tener uno? —Sin pensar, digo—: De todos modos, mi papá me dio un kit de control de natalidad para la universidad, así que ni siquiera tenemos que preocuparnos por eso. Peter casi se ahoga con su sándwich. —¿Un kit de control de natalidad? —Por supuesto. Preservativos y… —Protectores dentales—. Peter, ¿sabes qué es un protector dental? —¿Un qué? ¿Es eso que los dentistas usan para mantener tu boca abierta cuando la limpian? Me río —No. Es para el sexo oral. ¡Y pensé que eras un gran experto y que tú serías el único que me enseñaría todo en la universidad! Mi corazón se acelera a medida que espero que haga una broma sobre los dos teniendo sexo en la universidad, pero no. Frunce el ceño y dice—: No me gusta la idea de que tu padre piense que tenemos relaciones sexuales cuando no es así.

—Solo quiere que seamos cuidadosos, es todo. Es un profesional, ¿recuerdas? —Le doy una palmada en la rodilla—. De cualquier manera, no estoy embarazada, así que está bien. Arruga su servilleta y la tira en la bolsa de papel, su mirada fija en el camino. —Tus padres se conocieron en la universidad, ¿cierto? Me sorprende que lo recuerde. No recuerdo habérselo dicho. —Sí. —Entonces, ¿qué edad tenían? ¿Dieciocho? ¿Diecinueve? — Peter se dirige a algún lado con esta línea de preguntas. —Veinte, creo. Su rostro se oscurece, pero solo ligeramente. —Está bien, veinte. Tengo dieciocho años y tú también lo tendrás el próximo mes. Veinte es solo dos años mayor. Entonces, ¿qué diferencia hacen dos años en el gran esquema de las cosas? —Me sonríe—. Tus padres se conocieron a los veinte; nosotros nos conocimos a los… —Doce —le ayudo. Peter frunce el ceño, molesto de que estropeara su argumento. — Bien, así que nos conocimos cuando éramos niños, pero no estuvimos juntos hasta que teníamos diecisiete… —Yo tenía dieciséis. —No estuvimos juntos de verdad hasta que ambos teníamos diecisiete. Lo que básicamente es lo mismo que dieciocho, que es básicamente lo mismo que veinte. —Tiene la mirada de autosatisfacción de un abogado que acaba de entregar una declaración de cierre ganadora. —Esa es una línea de lógica muy larga y tortuosa —digo—. ¿Alguna vez has pensado en ser abogado? —No, pero ahora puede que lo piense. —UVA tiene una gran facultad de derecho —le digo, y siento un dolor repentino, porque la universidad es una cosa, ¿pero la escuela de derecho? Eso está muy lejos, ¿y quién sabe qué pasará entre ahora y entonces? Para entonces seremos personas tan diferentes. Con Peter pensando en sus veintes, siento una sensación de anhelo por el hombre que puede que nunca llegue a conocer. En este momento, hoy, todavía es un niño, y lo conozco mejor que nadie, pero, ¿y si no siempre es así? Ya nuestros caminos son divergentes, un poco más cada día, entre más nos acercamos a agosto.

18 Traducido por Gisenid Corregido por J A N I

Trina puso su casa en venta un par de semanas después que papá y ella se comprometieran. Kristen es agente de bienes raíces, y le dijo que ahora era el momento para vender; porque a todo el mundo le gusta comprar en primavera. Resultó que tenía razón, esa misma semana una pareja hizo una oferta; más rápido de lo que alguno de nosotros hubiésemos podido imaginar. Papá y Trina pensaron que la casa estaría en el mercado al menos un mes; pero ahora los de la mudanza descargan cajas en nuestra casa y todo se mueve a la velocidad de un rayo. Nunca hubo conversación alguna acerca de quien se iba a mudar con quien, simplemente se entendió que Trina iba a venir aquí. Para empezar, nuestra casa es más grande; pero también es más fácil mudar a una persona que a cuatro. Eso pensarías. Pero para ser solo una persona, Trina tiene un montón de cosas. Cajas y cajas de ropa y zapatos, sus aparatos de gimnasio, inesperadas piezas de mobiliario, una cabecera enorme tapizada de terciopelo, de la que sé que mi papá se siente horrorizado. —Si fuera yo, no me gustaría mudarme a la casa de otra mujer — dice Chris. Se encuentra parada junto a mi ventana, observando a Trina dirigir a los de mudanza. Se detuvo de camino al trabajo para pedirme prestado un par de zapatos. —¿Qué otra mujer? —le pregunto. —¡Tú mamá! Siempre me sentiría como si fuese su casa. Es decir, ella escogió los muebles, el empapelado. —En realidad, Margot y yo escogimos gran parte del mismo — digo—. Yo escogí el empapelado del comedor, ella escogió el color del baño de arriba. —Recuerdo que Margot, mi mamá y yo nos sentamos en el piso de la sala con todos los libros de empapelado, muestras de alfombras y paletas de pinturas esparcidas a nuestro alrededor. Pasamos toda la tarde revisando cada libro con una lupa, Margot y yo discutimos sobre qué tipo de azul era el correcto para el baño que compartíamos escaleras arriba. Yo pensé en el azul huevo de petirrojo y

Margot en el azul cielo. Finalmente, para decidirlo, mamá nos hizo hacer piedra, papel o tijera, y Margot ganó. Estuve de mal humor por ello hasta que la derroté con mi elección de empapelado. —Solo digo. Siento que si fuese Trina, desearía un nuevo comienzo —dice. —Bueno, eso es medio imposible cuando tu futuro esposo ya tiene tres hijas. —Sabes a lo que me refiero. Tan nuevo como sea posible. —Al menos van a tener una nueva cama. La traen mañana. Chris reacciona ante eso, y dejándose caer en mi cama, dice—: Uhg, ¿es extraño pensar en tu papá teniendo sexo? La golpeo en la pierna. —¡No pienso en eso! Así que, por favor, no toques el tema. Cogiendo uno de los hilos de sus pantalones cortos, dice—: Trina tiene buen cuerpo. —¡No bromeo, Chris! —Solo digo, mataría por tener ese cuerpo a su edad. —No es tan mayor. —Aun así. —Se jacta—. Si abro la ventana, ¿puedo fumar aquí? —Creo que sabes la respuesta a esa pregunta, Christina. Hace un puchero pero solo es puro teatro porque sabe que no iba a decir que sí. —Ugh. En Estados Unidos fastidian tanto por fumar. Qué frustrante. Ahora que Chris se va a Costa Rica, se deleita despreciando todo de los Estados Unidos. Todavía no puedo creer que se vaya. —¿De verdad no vas a ir al baile de graduación? —pregunto. —En realidad, no. —Vas a arrepentirte de no ir. —Le advierto—. Cuando estés trabajando en una granja en Costa Rica, recordarás de repente que no asististe al baile de graduación, sentirás pesar extremo y no tendrás a nadie a quien culpar más que a ti misma. Entre risas, dice—: ¡Lo dudo mucho! Después que Chris se va al trabajo, estoy en la cocina frente a mi computadora buscando vestidos para damas de honor y/o vestidos de fiesta, cuando papá y Trina entran desde el exterior con los de la mudanza. Intento parecer ocupada, como si estudiara, en caso que pidan ayuda. La pequeña e inteligente Kitty ha logrado esfumarse estos últimos días y me arrepiento de no seguir su ejemplo.

Papá se sirve un vaso con agua y se limpia el sudor de la frente. — ¿De verdad necesitas traer esa caminadora? —le pregunta a Trina—. Ni siquiera funciona adecuadamente. —Funciona bien. Bebiéndose el resto del agua, dice—: Nunca te he visto usarla. Ella le frunce el ceño. —Eso no significa que no la utilice. Significa que no la uso en tu presencia. —Está bien. ¿Cuándo fue la última vez que la usaste? Entrecierra los ojos. —No es de tu incumbencia. —¡Trina! —¡Dan! Esta es una nueva faceta de papá: discutir y perder la paciencia abiertamente. Trina saca a relucir eso, y sé que sonará extraño; pero me alegra. Es algo que nunca noté que hubiese perdido. VEstá viviendo una vida agradable, sin grandes altibajos y con toda la fricción y el fuego que viene con estar enamorado de alguien. Ella tarda una eternidad en cambiarse, lo que lo vuelve loco, y se burla de sus pasatiempos, como los documentales y el avistamiento de aves. Pero ellos simplemente encajan.

19 Traducido por Jadasa Corregido por J A N I

Hay un juego de lacrosse esta noche, y Pammy no puede ir porque tiene que trabajar, y por supuesto, Chris nunca se dignaría ir a un juego de lacrosse, de manera que llevo a Kitty conmigo. Finge considerarlo, meditando en voz alta que puede ser aburrido, pero cuando digo—: No importa, entonces. —Rápidamente acepta venir. En las gradas nos encontramos con la mamá y el hermano menor de Peter, Owen, de manera que nos sentamos con ellos. Él y Kitty proceden a fingir que el otro no existe, él juega con su teléfono y ella con el suyo. Owen es alto, pero se sienta encorvado, con el cabello en los ojos. Charlamos un poco sobre mi papá y el compromiso con Trina y le cuento algunas de mis ideas para la boda. Asiente y luego, de repente, dice—: Oí que también hay que felicitarte a ti. Confundida, digo—: ¿Por qué? —¡William y Mary! —¡Oh! Gracias. —Sé que esperabas ir a la Universidad de Virginia; pero esto podría ser lo mejor, de todos modos. —Me da una sonrisa comprensiva. Le devuelvo la sonrisa, insegura. Insegura de qué, exactamente significa “lo mejor”. ¿Está contenta de que no vaya a la UVA con Peter? ¿Piensa que esto significa que ahora vamos a terminar nuestra relación? De manera que todo lo que digo es—: Williamsburg realmente no está tan lejos de Charlottesville, de todos modos. Su respuesta es—: Mmm, sí, eso es verdad. —Entonces Peter anota un punto, y ambas nos levantamos y animamos. Cuando vuelvo a sentarme, Kitty me pregunta—: ¿Podemos conseguir palomitas de maíz? —Claro —digo, contenta de tener una excusa para levantarme. A la mamá y al hermano de Peter les pregunto—: ¿Quieren algo? Sin levantar la mirada, Owen dice—: Palomitas de maíz.

—Ustedes pueden compartir —dice la mamá de Peter. Bajo las gradas, y me dirijo a la cafetería, cuando veo a un hombre, de pie a un lado, con los brazos cruzados, viendo el juego. Es alto, tiene cabello castaño. Atractivo. Cuando vuelve la cabeza y veo su perfil, sé quién es, porque conozco ese rostro. Conozco esa barbilla, esos ojos. Es el papá de Peter. Es como ver al Fantasma de Navidades Futuras, y estoy congelada, paralizada. Me atrapa mirándolo fijamente, y ofrece una sonrisa amistosa. Siento que no tengo más remedio que dar un paso adelante y preguntar—: Disculpe... Pero ¿es el papá de Peter? Sorprendido, asiente. —¿Eres su amiga? —Soy Lara Jean Covey. Su, mmm, novia. —Parece sobresaltado, pero luego se recupera y extiende la mano. La estrecho firmemente, para dar una buena impresión—. Guau, se parece a él. Se ríe, y me sorprende de nuevo lo mucho que Peter tiene de él. —Quieres decir que se parece a mí. Me río también. —Correcto. Usted estaba aquí primero. Hay un silencio incómodo, entonces carraspea y me pregunta—: ¿Cómo está? —Oh, bien. Está genial. ¿Escuchó que va a la UVA con una beca de lacrosse? Asiente, sonriendo. —Escuché eso a través de su mamá. Estoy orgulloso de él. No es que pueda darme crédito por ello, pero aún así. Estoy muy orgulloso del chico. —Sus ojos regresan al campo, a Peter—. Solo quería verlo jugar de nuevo. Lo he extrañado. —Vacila antes de decir—: Por favor, no le menciones que estuve aquí. Estoy tan sorprendida, que todo lo que puedo decir es—: Oh... bueno. —Gracias, lo aprecio. Fue un placer conocerte, Lara Jean. —El placer es mío, señor Kavinsky. Con eso, vuelvo a las gradas, y solo cuando estoy a medio camino recuerdo que olvidé las palomitas de maíz, por lo que tengo que volver a bajar. Cuando vuelvo a la cafetería, el padre de Peter se ha ido. Nuestro equipo termina perdiendo, pero Peter anota tres puntos y es un buen juego para él. Me alegro que su padre lo haya visto jugar, pero de verdad no quiero guardarle secretos. El pensarlo hace que me duela el estómago. En el auto sigo pensando en su papá, pero luego Kitty dice—: Fue extraño lo que dijo la mamá de Peter acerca de que era bueno que no fueras a la UVA.

—¡Lo sé, verdad! ¿También lo tomaste de esa manera? —Realmente no había otra forma de tomarlo —dice Kitty. Reviso mis espejos laterales antes de girar a la izquierda para salir del estacionamiento de la escuela. —No creo que lo haya querido decir de manera maliciosa, exactamente. Simplemente no quiere ver a Peter herido, eso es todo. —Y tampoco yo, por lo que tal vez sea mejor que no le diga nada a acerca de que vi a su papá esta noche. ¿Qué pasa si se emociona porque su padre vino, y luego lo lastima de nuevo? Abruptamente digo—: ¿Quieres que paremos y compremos yogures congelados? —Y por supuesto, Kitty dice que sí. *** Peter viene a casa después de ducharse, y tan pronto como veo lo feliz que se encuentra, mi mente decide no decir nada. Estamos tumbados en el suelo de la sala haciéndonos mascarillas faciales de papel. ¡Si los chicos de la escuela pudieran verlo ahora! Con los dientes apretados pregunta—: ¿Qué se supone que hace esta? —Ilumina la piel opaca. Se gira hacia mí y gruñe—: Hola, Clarice. —¿De qué hablas? —¡Es de El Silencio de los Inocentes! —Oh, nunca la vi. Parecía demasiado aterradora. Peter se incorpora. Le cuesta mucho quedarse quieto. —Tenemos que verla ahora mismo. Esto es ridículo. No puedo estar con alguien que nunca ha visto El Silencio de los Inocentes. —Mmm, estoy bastante segura de que es mi turno de elegir. —¡Covey, vamos! Es un clásico —dice, justo cuando su teléfono zumba. Responde, y oigo la voz de su madre al otro extremo—. Hola mamá... estoy en casa de Lara Jean. Estaré en casa pronto... También te amo. Cuando termina la llamada, digo—: Oye, olvidé mencionarlo antes, pero en el juego de esta noche, tu mamá dijo que tal vez era mejor que no entrara en la UVA. —¿Qué? —Se sienta y se quita la mascarilla facial. —Bueno, no lo dijo exactamente así, pero creo que quería decir eso. —¿Cuáles fueron sus palabras exactas?

Me quito la mascarilla, también. —Me felicitó por entrar en William y Mary, y luego creo que dijo: “Sé que esperabas ir a la Universidad de Virginia; pero esto podría ser lo mejor, de todos modos”. Peter se relaja. —Oh, siempre habla así. Busca el lado positivo de las cosas. Es como tú. No me pareció así, pero no presiono, porque Peter es muy protector con su mamá. Supongo que tenía que serlo, ya que son solo los tres. ¿Pero qué si no tuviera que serlo? ¿Qué pasa si Peter tiene una oportunidad real de tener una relación con su papá? ¿Y si esta noche es una prueba? Casualmente, le pregunto—: Oye, ¿a cuántas tarjetas de graduación te inscribiste? —Diez. Mi familia es pequeña. ¿Por qué? —Solo me preguntaba. Me inscribí para cincuenta, para que mi abuela pudiera enviar algo a la familia en Corea. —Dudo antes de preguntar—: ¿Crees enviarle una a tu papá? Frunce el ceño. —No. ¿Por qué lo haría? —Agarra su teléfono—. Vamos a ver qué películas nos quedan. Si El Silencio de los Inocentes está fuera de discusión, podríamos ver Trainspotting, o Duro de Matar. No digo nada por un momento, y luego le quito el teléfono. —¡Es mi turno de elegir! Y escojo... ¡Amélie! *** Para ser alguien que alguna vez hizo tal escándalo para no ver comedias románticas o películas extranjeras, a Peter le encanta Amélie. Se trata de una chica francesa que tiene miedo de vivir en el mundo, por lo que crea extravagantes fantasías en su mente, con lámparas que hablan, pinturas que se mueven, y panqueques que parecen discos de vinilo. Me hace querer vivir en París. —Me pregunto qué aspecto tendrías con flequillo —reflexiona Peter—. Apuesto a que uno lindo. —Al final de la película, cuando ella hace un pastel de ciruela, se vuelve hacia mí y dice—: ¿Sabes cómo hornear un pastel de ciruela? Eso suena delicioso. —Sabes, las mini tortas de ciruela podrían funcionar para la mesa de postres. —Empiezo a investigar recetas en mi teléfono. —Solo asegúrate de llamarme cuando hagas la prueba —dice, bostezando.

20 Traducido por Miry GPE Corregido por J A N I

Trina y yo nos hallamos en el sofá bebiendo té. Le muestro fotos de arreglos florales cuando papá entra por la puerta principal y se derrumba en el sofá con nosotras. —¿Día largo? —le pregunta Trina. —El más largo —dice cerrando los ojos. —Pregunta —digo. Sus ojos se abren. —¿Sí, hija del medio? —¿Qué han pensado para el primer baile? Él gime. —Me siento demasiado cansado para pensar en bailar ahora mismo. —Por favor. ¡Es tu boda! Se participativo, papá. Trina se ríe y lo empuja en el costado con el pie. —¡Se participativo, Dan! —Bien, bien. Bueno, Trina es gran fanática de Shania Twain. —Se sonríen el uno al otro—. ¿Y si es “From This Moment On”? —Oooh —dice ella—. Realmente me conoces. —¿Shania Twain? —repito—. ¿No canta esa canción “Man! I Feel Like a Woman”? Trina sostiene su taza como si fuera un micrófono e inclina la cabeza. —A partir de este momento, te amaré —canta, fuera de tono. —Creo que no conozco esa canción —digo, tratando de sonar neutral. —Reprodúcela para ella en tu teléfono —le dice a papá. —No juzgues. —Me advierte, y luego lo reproduce. Es la canción que menos le pega que he escuchado. Pero tiene una sonrisa tonta en el rostro todo el tiempo, y sólo se hace más grande cuando Trina pone el brazo alrededor de su hombro y lo hace mecerse con ella al ritmo. —Es perfecta —digo, y de repente siento ganas de llorar. Me aclaro la garganta—. Así que ahora que la canción fue

elegida, podemos empezar a tachar otras cosas de la lista. He estado yendo y viniendo con Treat’s Tilly sobre hacer pequeños budines de banana en pequeños tarros, y dicen que no pueden hacerlos por menos de siete dólares la pieza. Las líneas de preocupación cruzan la frente de papá. —Eso parece caro, ¿no? —No te preocupes, he hecho una llamada a una panadería en Richmond, y si el precio de entrega no es demasiado malo, ese podría ser el camino a seguir. —Vuelto a repasar mi carpeta—. He estado tan ocupada con los postres, no he tenido la oportunidad de conocer a la banda con la que he contactado. Tocan en Keswick este fin de semana, así que podría tratar de ir a verlos tocar. Papá me mira con preocupación en la mirada. —Cariño, parece que tal vez has reemplazado el horneado con la planificación de la boda como alivio de tu estrés. Todo esto es un poco demasiado. —La banda no es exactamente una banda —le digo rápidamente—. Es un cantante y un tipo con una guitarra. Están empezando, así que es muy razonable. Sabré más cuando los vea en persona. —¿No tienen vídeos que puedas mirar? —pregunta Trina. —Claro, pero no es lo mismo que verlos en vivo. —No creo que necesitemos una banda —dice papá, intercambiando una mirada con Trina—. Creo que estaríamos bien con sólo reproducir música de la computadora. —Está bien, pero necesitamos alquilar equipo de sonido. — Empiezo a repasar mi carpeta, Trina se estira y pone la mano en mi brazo. —Cariño, me encanta que quieras ayudarnos con esto, y estoy muy agradecida. Pero honestamente, prefiero que no te estreses. Tu papá y yo realmente no nos preocupamos por ninguno de los detalles. Sólo queremos casarnos. No necesitamos un camión de comida, o mini budines de banana. Realmente seríamos igual de felices pidiendo un montón de barbacoa de BBQ Exchange. —Empiezo a hablar, y me detiene—. Sólo tienes un último año de preparatoria y quiero que lo disfrutes. Tienes un novio ardiente y entraste a una gran escuela. Tu cumpleaños será pronto. ¡Este es el momento de solo ser joven, celebrar y disfrutarse el uno al otro! —Sí, dentro de lo razonable, por supuesto apresuradamente.

—dice

papá

—Pero, chicos, no estoy estresada —protesto—. ¡Centrarme en la boda me da una sensación de paz! Es muy calmante para mí.

—Y has sido de gran ayuda, pero creo que hay otras cosas en las que podrías concentrarte que son más dignas de tu tiempo. Como terminar tu último año y prepararte para la universidad. —Papá tiene esa mirada firme e inamovible en su rostro, la que veo muy rara vez. Arrugo la frente. —¿Así que no quieren que ayude más con la boda? Trina dice—: Aun quiero que te encargues de los vestidos de las damas de honor, y me encantaría que prepares nuestro pastel de bodas... —¿Y el pastel del novio? —interrumpo. —Por supuesto. Pero del resto nos haremos cargo nosotros. Te juro que sólo te lo digo por tu propio bien, Lara Jean. No más regatear precios con los vendedores. —No más viajes improvisados a Richmond para la mesa de postres —agrega papá. Libero un suspiro reacio. —Si están seguros... Ella asiente. —Sólo ve a ser joven. Concéntrate en tu vestido del baile de graduación. ¿Ya empezaste a buscar? —Algo así. —Ahora comprendo que estamos a menos de un mes de la graduación y aun no tengo un vestido—. Si realmente están seguros... —Estamos seguros —dice papá, y Trina asiente. Mientras subo las escaleras, escucho a papá susurrarle—: ¿Por qué demonios la animas a que vaya a disfrutar de su ardiente novio? Casi me río en voz alta. —¡Eso no es lo que quise decir! —dice Trina. Él hace un ruido sordo. —Seguro que sonó así. —Oh, Dios mío, no lo tomes todo tan literalmente, Dan. Además, su novio es ardiente. *** Miro vestidos de baile en mi computadora, y me río a carcajadas cada vez que pienso en papá llamando a Peter mi “ardiente novio”. Después de una hora buscando, estoy bastante segura de que he encontrado mi vestido. Es estilo bailarina, con un corpiño de encaje y una falda de tul; el sitio web llama al color rosa grisáceo. Stormy estará encantada.

Con eso hecho, voy al sitio web de William y Mary, pago el depósito de la inscripción como debí hacer hace semanas. *** Más tarde esa semana, de camino a la escuela, Peter dice que se libró de hacer una entrega para su mamá, y puede ir conmigo a ver la banda tocar en Keswick. Tristemente digo—: Resulta que papá y Trina no quieren una banda, después de todo. O mucho de cualquier cosa, para el caso. Quieren que esta boda sea muy sencilla. Simplemente pedirán prestados algunos parlantes y pondrán música de una computadora. Adivina qué canción escogieron para su primer baile. —¿Qué canción? —“From This Moment On” de Shania Twain. Frunce el ceño. —Nunca antes escuché hablar de esa. —Es realmente cursi, pero al parecer les encanta. ¿Te das cuenta de que no tenemos una canción? O sea, una canción que sea nuestra. —Bien, entonces elegiremos una. —No funciona así. Simplemente no escoges tu canción. La canción te elige. Al igual que el sombrero seleccionador. Peter asiente. Finalmente terminó de leer los siete libros de Harry Potter y siempre está ansioso por demostrar que entiende mis referencias. —Lo entiendo. —Solo tiene que... ocurrir. Un momento. Y la canción trasciende el momento, ¿sabes? La canción de mis padres fue “Wonderful Tonight“ de Eric Clapton. La bailaron en su boda. —Entonces, ¿cómo se convirtió en su canción? —Fue la primera canción que bailaron lento en la universidad. Fue en un baile, no mucho después de que comenzaron a salir. He visto fotos de esa noche. Papá llevaba un traje que era demasiado grande para él y mamá tenía recogido el cabello en un moño francés. —Qué tal si cual sea la canción que siga, esa es nuestra canción. Será el destino. —No podemos hacer nuestro propio destino. —Claro que podemos. —Peter se estira para encender la radio. —¡Espera! ¿Vas a poner cualquier estación de radio? ¿Y si no es una canción lenta? —Está bien, entonces pondremos Lite 101. —Peter pulsa el botón.

—Winnie the Pooh no sabe qué hacer, tiene un tarro de miel atorado en su nariz —canturrea una mujer. Peter dice—: ¿Qué diablos? Mientras digo—: Esa no puede ser nuestra canción. —¿La mejor de tres? —sugiere. —No hay que forzarlo. Lo sabremos cuando la escuchemos, creo. —Tal vez la escuchemos en el baile —dice—. Oh, eso me recuerda. ¿De qué color es tu vestido? Mamá le pedirá a su amiga florista que haga tu ramillete de muñeca. —Es rosa grisáceo. —Llegó ayer por correo y cuando me lo probé para todos, Trina dijo que era el vestido “más Lara Jean” que había visto. Le envié una foto a Stormy, quien escribió en respuesta “Ooh-lala”, con el emoticón de la mujer bailando. —¿Qué diablos es rosa grisáceo? —Quiere saber Peter. —Es como un color rosa oro. —Aun parece confundido, así que suspiro y digo—: Solo dile a tu mamá. Ella lo sabrá. ¿Y crees que podrías traer un pequeño ramillete para Kitty también, y actuar como si fuera tu idea? —Claro, pero podría haber tenido esa idea por mi cuenta, ya sabes —refunfuña—. Deberías por lo menos darme la oportunidad de tener ideas. Le doy una palmadita en la rodilla. —Sólo, por favor, no lo olvides.

21 Traducido por Vane Farrow & Vane Black Corregido por Julie

Ya es tarde. Estoy en mi cama mirando mi paquete de bienvenida de William y Mary. Resulta que William y Mary no permiten a los estudiantes de primer año tener coches en el campus, y estoy a punto de llamar a Peter para decirle, cuando recibo un mensaje de texto de John Ambrose McClaren. Cuando veo su nombre en mi teléfono, siento un sobresalto de sorpresa, porque hace tanto tiempo que no hablamos. Luego leo el mensaje. Anoche, Stormy murió dormida. El funeral es en Rhode Island el miércoles. Pensé que querrías saberlo. Me siento ahí un momento, aturdida. ¿Cómo puede ser? La última vez que la vi, estaba bien. Ella era genial. Era Stormy. No puede haberse ido. Mi Stormy no. Stormy, que era más grande que la vida, que me enseñó a aplicar el lápiz labial rojo “para que dure incluso después de una noche de besos y champán” dijo. Empiezo a llorar y no puedo parar. No puedo meter aire en mis pulmones. Apenas puedo ver por el llanto. Mis lágrimas siguen cayendo en mi teléfono, y sigo limpiándolas con el dorso de la mano. ¿Qué le digo a John? Era su abuela, y él era su nieto favorito. Eran muy cercanos. Primero escribo, lo siento mucho. ¿Hay algo que pueda hacer? Luego lo elimino, porque ¿qué podría hacer para ayudar? Lo siento mucho. Ella tenía más espíritu que nadie que he conocido. La extrañaré mucho. Gracias. Sé que ella te amaba también. Su mensaje trae lágrimas frescas a mis ojos. Stormy siempre decía que todavía se sentía como si estuviera en sus veinte años. Que a veces soñaba que era una chica otra vez, y vería a sus ex maridos y ellos serían viejos, pero ella seguiría siendo Stormy. Decía que cuando despertaba por la mañana, se sorprendía de estar en su cuerpo viejo con sus huesos viejos. —Sin embargo, todavía tengo buenas piernas —decía. Y era cierto.

Es casi un alivio que el funeral sea en Rhode Island, demasiado lejos para que vaya. No he estado en un funeral desde que murió mi mamá. Tenía nueve años, Margot tenía once, Kitty solo dos. El recuerdo más claro que tengo de ese día es sentarme junto a mi papá, con Kitty en sus brazos, sintiendo su cuerpo temblar junto al mío mientras lloraba en silencio. Las mejillas de Kitty se hallaban mojadas por sus lágrimas. No entendía nada excepto que estaba triste. Ella seguía diciendo: “No llores, papá”, y él trataba de sonreír para ella, pero su sonrisa parecía fundirse. Nunca me había sentido así, como si nada estuviera a salvo, o lo estaría de nuevo. Y ahora lloro de nuevo, por Stormy, por mi mamá, por todo. Quería que transcribiera sus recuerdos para ella. Stormy Weather, quería llamarlas. Nunca llegamos a hacer eso. ¿Cómo sabrá ahora la gente su historia? Peter llama, pero estoy demasiado triste para hablar, así que lo dejo ir al buzón de voz. Siento que debo llamar a John, pero no tengo el derecho. Stormy era su abuela, y yo, solo una chica que se ofrecía como voluntaria en su casa de reposo. La única persona con la que quiero hablar es con mi hermana, porque conocía a Stormy también, y porque siempre me hace sentir mejor, pero es la mitad de la noche en Escocia. *** Llamo a Margot al día siguiente, tan pronto como me despierto. Lloro de nuevo cuando le cuento las noticias, y ella llora conmigo. Es Margot quien tiene la idea de tener un servicio conmemorativo en Belleview. —¿Podrías decir unas palabras, servir unas galletas, y la gente podría compartir recuerdos de ella? Estoy segura de que a sus amigas les gustaría eso, ya que no podrán llegar al funeral. Me limpio la nariz. —Estoy segura de que Stormy también lo querría. —Ojalá pudiera estar ahí para ello. —A mí también me gustaría —le digo, y mi voz se estremece. Siempre me siento más fuerte con Margot junto a mí. —Sin embargo, Peter estará ahí —dice. Antes de irme a la escuela, llamo a mi vieja jefa Janette en Belleview y le cuento la idea del servicio conmemorativo. Acepta de inmediato, y dice que podríamos tenerlo este jueves por la tarde, antes del bingo.

Cuando llego a la escuela y le cuento a Peter al respecto, su rostro se arruga. —Mierda. Tengo que ir a esa cosa de Days on the Lawn con mi madre. —Days on the Lawn es una casa abierta para los novatos de primer año en UVA. Vas con tus padres; te sientas en clases, visitas los dormitorios. Tiene mucha importancia. Estaba deseando que llegara, cuando pensé que podría ir. Él ofrece—: Sin embargo, podría faltar. —No puedes. Tu madre te mataría. Tienes que ir. —No me importa —dice, y le creo. —De verdad está bien. No conoces a Stormy. —Lo sé. Solo quiero estar ahí para ti. —La oferta es lo que cuenta —le digo. *** En lugar de usar negro, elijo un vestido veraniego que Stormy dijo una vez que le gustaba que me pusiera. Es blanco, con flores de color azul marino bordados en la falda, mangas cortas y flojas que se desprenden un poco del hombro, y tallado en la cintura. Porque lo compré al final del verano, solo he tenido la oportunidad de usarlo una vez. Me detuve en Belleview de camino a reunirme con Peter en el cine, y Stormy dijo que parecía una chica en una película italiana. Así que llevo ese vestido, y las sandalias blancas que compré para la graduación, y un par de guantes blancos de encaje que sé que apreciaría. Los encontré en una tienda de antigüedades en Richmond llamada Bygones, y cuando me los pongo, casi puedo imaginar a Stormy llevándolos a uno de sus cotillones o bailes de la noche del sábado. No uso su anillo de diamantes rosa. Quiero que la primera vez que lo lleve sea en mi fiesta de graduación, de la forma que Stormy habría querido. Traigo el tazón del ponche, un tazón de vidrio de cacahuetes, una pila de servilletas de cóctel bordadas con cerezas que encontré en una venta de cochera, el mantel que utilizamos para acción de gracias. Pongo algunas rosas en el piano, donde Stormy solía sentarse. Hago un ponche con cerveza de jengibre y jugo de frutas congeladas, sin alcohol, que sé que Stormy habría rechazado, pero no todos los residentes pueden tener, debido a sus medicamentos. Pongo una botella de champán al lado del tazón de ponche, para cualquier persona que desee rematar su ponche con algo extra. Por último, me dirijo a Frank Sinatra, que Stormy siempre dijo que debería haber sido su segundo marido, si tan solo.

John dijo que vendría si volvía de Rhode Island a tiempo, y me siento un poco nerviosa por eso, porque no lo veo desde hace casi exactamente un año, el día de mi cumpleaños. Nunca tuvimos una relación, en realidad no, pero casi sí, y para mí, eso es algo. Llegan unas pocas personas. Una de las enfermeras trae en silla de ruedas a la señora Armbruster, que ha caído en demencia pero solía ser muy amable con Stormy. El señor Perelli, Alicia, Shanice la recepcionista, Janette. Es un buen grupo pequeño. La verdad es que cada vez hay menos gente que conozco en Belleview. Algunos se han mudado con sus hijos; algunos han fallecido. Tampoco hay muchas caras conocidas en el personal. El lugar cambió durante mi ausencia. Estoy de pie en la parte delantera de la habitación, y mi corazón late acelerado. Estoy tan nerviosa por hacer mi discurso. Tengo miedo de trastabillar con mis palabras y no hacerle justicia. Quiero hacer un buen trabajo, quiero hacer que Stormy se sienta orgullosa. Todos me miran con ojos expectantes, excepto la señora Armbruster, que teje y mira hacia el espacio. Mis rodillas tiemblan bajo la falda. Respiro hondo y estoy a punto de hablar cuando John Ambrose McClaren entra, vestido con una camisa abotonada y pantalones de color caqui. Se sienta en el sofá al lado de Alicia. Le doy un saludo con la mano, y a cambio, John me da una sonrisa alentadora. Respiro profundo. —El año era 1952. —Aclaro mi garganta y miro mi papel—. Era verano, y Frank Sinatra estaba en la radio. Lana Turner y Ava Gardner eran las estrellas del día. Stormy tenía dieciocho años. Ella estaba en la banda de marcha, fue elegida Mejores Piernas, y siempre tenía una cita el sábado por la noche. En esta noche en particular, se encontraba en una cita con un chico llamado Walt. En un desafío, fue a nadar desnuda en el lago de la ciudad. Stormy nunca podía rechazar el desafío. El señor Perelli se ríe y dice—: Así es, nunca podía. Otros murmuran de acuerdo—: Ella nunca pudo. —Un granjero llamó a la policía, y cuando brillaron sus luces en el lago, Stormy les dijo que se dieran la vuelta antes de que saliera. Esa noche logró volver a casa en un coche de policía. —No es la primera ni la última —grita alguien, todos se ríen, y siento que mis hombros empiezan a relajarse. —Stormy vivió más vida en una noche que lo que la mayoría de la gente hace toda la vida. Era una fuerza de la naturaleza. Me enseñó que el amor... —Mis ojos se levantan y empiezo de nuevo—. Stormy me enseñó que el amor es hacer elecciones valientes todos los días. Eso es lo que hizo ella. Siempre eligió el amor; siempre escogió la aventura. Para ella, eran una y la misma. Y ahora está en una nueva aventura, y le deseamos lo mejor.

Desde su asiento en el sofá, John se limpia los ojos con la manga. Le doy un asentimiento a Janette, se levanta y presiona reproducir en el estéreo, y “Stormy Weather” llena la habitación. —No sé por qué no se ha levantado el sol en el cielo… Después, John se acerca a mí, sosteniendo dos tazas de plástico de ponche de frutas. De repente, dice—: Estoy seguro de que nos diría que añadiéramos alcohol, pero... —Me da una taza, y las chocamos—. Por Edith Sinclair McClaren Sheehan, más conocida como Stormy. —¿El verdadero nombre de Stormy era Edith? Es muy serio. Suena como alguien que lleva faldas de lana y medias gruesas, y bebe té de manzanilla por la noche. ¡Stormy bebía cócteles! John se ríe. —¿Cierto, verdad? —Entonces, ¿de dónde viene el nombre Stormy? ¿Por qué no Edie? —¿Quién sabe? —dice John, con una sonrisa irónica en los labios—. Ella habría amado tu discurso. —Me da una mirada cálida, apreciativa—. Eres una chica muy amable, Lara Jean. —Estoy avergonzada, no sé qué decir. A pesar de que nunca salimos, ver a John de nuevo es lo que me imagino se siente ver un novio antiguo. Un tipo de sentimiento de melancolía. Familiar, pero un poco incómodo, porque hay mucho que no se ha dicho entre nosotros. Luego dice—: Stormy me pidió que trajera a mi novia para que la visitara, y nunca lo logré. Ahora me siento mal por eso. Tan casualmente como puedo, digo—: Oh, ¿estás saliendo con alguien? Vacila por una fracción de segundo y luego asiente. —Su nombre es Dipti. Nos conocimos en una convención Modelo en UVA. Me ganó el martillo para nuestro comité. —Guau —digo. —Sí, es increíble. Ambos comenzamos a hablar al mismo tiempo. —¿Sabes dónde vas a ir a la escuela? —¿Has decidido…? Nos reímos, y una especie de entendimiento pasa entre nosotros. Dice—: No he decidido. Está entre College Park y, William y Mary. College Park tiene una buena escuela de negocios, y está muy cerca de DC. William y Mary puntúa más alto, pero Williamsburg está en la zona alejada. Así que todavía no lo sé. Mi padre está triste, porque quería que fuera a UNC, pero no entré. —Lo siento. —Decido no mencionar que conseguí lista de espera en UNC.

Se encoge de hombros. —Podría intentarlo y trasladarme ahí el segundo año. Ya veremos. ¿Qué hay acerca de ti? ¿Vas a UVA? —No conseguí entrar —confieso. —¡Ah, hombre! He oído que fueron muy selectivos este año. El que dio la bienvenida en mi escuela no entró, y su aplicación fue asesina. Estoy seguro de que la tuya también. Tímidamente, digo—: Gracias, John. —Entonces, ¿dónde vas a ir si no a UVA? —William y Mary. Su rostro se convierte en una sonrisa. —¿De verdad? ¡Eso es genial! ¿Dónde va Kavinsky? —UVA. Asiente. —Por el lacrosse, claro. —¿Qué hay acerca de… Dipti? —lo digo como si no me acordara de su nombre, aunque lo recuerdo, quiero decir, lo escuché decirlo hace dos minutos—. ¿Adónde va ella? —Entró antes a Michigan. —Guau, eso es tan lejos. —Mucho más lejos que UVA y William y Mary, eso es seguro. —Así que ustedes van a hacerlo… ¿Quedarse juntos? —Ese es el plan —dice John—. Al menos vamos a darle un intento a la larga distancia. ¿Y tú y Peter? —Ese es nuestro plan también, para el primer año. Voy a intentar trasladarme a UVA para el segundo año. John choca su copa contra la mía. —Buena suerte, Lara Jean. —Tú también, John Ambrose McClaren. —Si termino yendo a William y Mary, voy a llamarte. —Sería genial —le digo. Me quedo en Belleview mucho más tiempo de lo que esperaba. Alguien saca sus discos viejos y luego la gente comienza a bailar, y el señor Perelli insiste en enseñarme cómo bailar rumba, a pesar de su cadera mala. Cuando Janette pone la canción “In the Mood” de Glenn Miller, mis ojos se encuentran con los de John, y compartimos una sonrisa secreta, ambos recordando la fiesta de USO. Era como algo salido de una película. Se siente como hace mucho tiempo ahora. Es extraño sentirse feliz en un homenaje por alguien que amas, pero así es como me siento. Estoy feliz de que el día ha ido bien, que hemos despedido a Stormy con estilo. Se siente bien decir adiós, tener la oportunidad.

*** Cuando regreso de Belleview, Peter está sentado en mi escalera con una taza de Starbucks. —¿No hay nadie en casa? —pregunto, acelerando el paso—. ¿Tuviste que esperar mucho? —No. —Todavía sentado, extiende los brazos y me jala para un abrazo alrededor de mi cintura—. Ven a sentarte y a hablar conmigo un minuto antes de que entremos —dice, enterrando su cara en mi estómago. Me siento a su lado. Pregunta—: ¿Cómo fue el homenaje de Stormy? ¿Cómo estuvo tu discurso? —Bien, pero primero háblame de Days on the Lawn. —Agarro la taza de Starbucks de sus manos y tomo un sorbo de café, que está frío. —Eh. Me senté en una clase. Conocí a algunas personas. No fue tan emocionante. —Luego toma mi mano derecha en la suya, traza su dedo sobre el encaje de mis guantes—. Estos son geniales. Hay algo que le molesta, algo que no está diciendo. —¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo? Mira hacia otro lado. —Mi papá apareció esta mañana y quería venir con nosotros. Mis ojos se ensanchan. —Así que… ¿Lo dejaste ir? —No. —Peter no explica. Solamente, no. Con vacilación, digo—: Parece que intenta tener una relación contigo, Peter. —Tuvo muchas oportunidades y ahora es demasiado tarde. Ese barco zarpó. Ya no soy un niño. —Levanta la barbilla—. Soy un hombre, y él no tuvo nada que ver con eso. Solo quiere el crédito. Quiere presumir a sus amigos del golf que su hijo está jugando lacrosse para UVA. Dudo. Luego pienso en cómo lucía su padre cuando miraba a Peter en el campo de lacrosse. Había tanto orgullo en sus ojos, y amor. —Peter… Y si... ¿y si le dieras una oportunidad? Menea la cabeza. —Lara Jean, no lo entiendes. Y tienes suerte de no entenderlo. Tu papá es malditamente increíble. Haría cualquier cosa por ustedes. Mi papá no es así. Lo hace solo por él. Si lo dejo entrar, lo joderá de nuevo. No vale la pena. —Pero tal vez valga la pena. Nunca se sabe cuánto tiempo tienes con la gente. —Peter se encoge. Nunca le dije algo así antes, mencionar a mi madre así, pero después de perder a Stormy, no puedo evitarlo. Tengo que decirlo porque es verdad y porque me arrepentiré si

no lo hago—. No se trata de tu padre. Es sobre ti. Se trata de no tener remordimientos más tarde. No te hagas daño solo para fastidiarlo. —No quiero hablar más de él. Vine aquí para hacerte sentir mejor, no para hablar de mi papá. —Bueno. Pero primero, prométeme que pensarás en invitarlo a la graduación. —Comienza a hablar y lo interrumpo—. Solo piénsalo. Eso es todo. Falta todo un mes. No tienes que decidir nada ahora, así que no digas sí o no. Suspira, y estoy segura de que me va a decir que no, pero en vez de eso, pregunta—: ¿Cómo fue tu discurso? —Creo que todo salió bien. Creo que a Stormy le hubiera gustado. Hablé sobre el momento en que fue atrapada nadando desnuda, la policía vino y ella tuvo que volver a casa en un coche patrulla. Oh, y John llegó a tiempo. Peter asiente de manera diplomática. Le dije que John podría venir, y todo lo que dijo fue: “Genial, genial” porque por supuesto no podía decir nada diferente. John era el nieto de Stormy, después de todo. —Entonces, ¿a dónde irá McClaren a la escuela? —Todavía no ha decidido. Está entre Maryland y William y Mary. Las cejas de Peter se elevan. —De verdad. Bueno, eso es increíble. —Lo dice de una manera que deja en claro que en absoluto cree que sea impresionante. Le doy una mirada divertida. —¿Qué? —Nada. ¿Él se enteró que vas a ir ahí? —No, se lo dije hoy. No es que una cosa tenga que ver con la otra. Ahora estás siendo muy raro, Peter. —Bueno, ¿cómo te sentirías si te dijera que Gen iba a UVA? —No lo sé. ¿No es eso molesto? —Quiero decirlo sinceramente. Todos mis malos sentimientos acerca de Peter y Genevieve eran así hace mucho tiempo. Peter y yo llegamos tan lejos desde entonces—. Además, es completamente diferente. John y yo ni siquiera salimos nunca. Hace meses que no hablamos. Además, tiene novia. Y, ni siquiera ha decidido si va ahí o no. —Entonces, ¿adónde va su novia? —A Ann Arbor. Hace un sonido despectivo. —Eso no va a durar. Con suavidad le digo—: Tal vez la gente nos mire y piense lo mismo.

—Literalmente, no es lo mismo. Solo vamos a estar a un par de horas, y luego te transferirás. Eso es un año máximo. Iré los fines de semana. No es literalmente un gran problema. —Acabas de decir literalmente dos veces —digo, para hacerle sonreír. Cuando no lo hace, digo—: Tendrás práctica y partidos. No querrás estar en William y Mary todos los fines de semana. —Es la primera vez que se me ocurre esto. Por un momento, Peter parece herido, pero luego se encoge de hombros y dice—: Bien, o vendrás aquí. Te acostumbraremos a manejar. Es básicamente solo toda la I-64. —William y Mary no permite que los estudiantes de primer año tengan coches. Tampoco lo permite UVA. Lo comprobé. Peter le resta importancia. —Entonces le pediré a mi mamá que traiga mi coche cuando quiera venir a verte. No es como si estuviera lejos. Y puedes coger el autobús. Haremos que funcione. No estoy preocupado por nosotros. Yo sí, un poco, pero no lo digo, porque Peter no parece querer hablar de aspectos prácticos. Supongo que yo tampoco. Al acercarse más a mí, pregunta—: ¿Quieres que me quede esta noche? Puedo regresar después de que mi mamá se vaya a la cama. Puedo distraerte si te pones triste. —Buen intento —le digo, pellizcando su mejilla. —¿Josh pasó la noche? Con tu hermana, quiero decir. Reflexiono sobre esto. —No que yo sepa. Es decir, lo dudo. Hablamos de mi hermana y de Josh, después de todo. —Esos son ellos —dice Peter, bajando la cabeza y frotando su mejilla contra la mía. Le encanta lo suave que son mis mejillas; siempre dice eso—. No somos como ellos. —Tú eres quien sacó el tema sobre ellos —empiezo a decir, pero luego me está besando, y ni siquiera puedo terminar un pensamiento, mucho menos una frase.

22 Traducido por Anna Karol Corregido por Melina.

La mañana del baile, Kitty entra en mi habitación mientras pinto las uñas de mis pies. —¿Piensas que este color va con mi vestido? — pregunto. —Parece que te mojaste las uñas de los pies con Pepto Bisbol. Miro a mis pies. Es así como se ve. Tal vez debería intentar con un color beige en su lugar. El vestido requiere pelo recogido. “Para mostrar tu clavícula” dijo Trina. Nunca he pensado en mi clavícula como algo para mostrarse; de hecho nunca he pensado en mi clavícula en absoluto. Después del almuerzo Kitty va conmigo a la peluquería, para supervisar. Le dice a la estilista—: No lo hagas ver como demasiado, ¿sabes a qué me refiero? La estilista me da una mirada nerviosa a través del espejo. — ¿Creo que sí? ¿Quieres que parezca natural? —habla con Kitty, no conmigo, porque es obvio quién está a cargo—. ¿Como un moño natural? —Pero no demasiado natural. Piensa en Grace Kelly. —Kitty saca una foto de su teléfono y se la muestra—. Mira, como esto, pero lo queremos de lado. —Por favor, no uses mucha laca para el pelo —le digo dulcemente, mientras la estilista me enrolla el pelo en un nudo en la nuca y lo muestra a Kitty. —Eso es genial —le dice Kitty. A mí me indica—: Lara Jean, ella tiene que usar laca si quieres que se sostenga. De repente tengo dudas sobre el peinado. —¿Estamos seguras acerca del recogido? —Sí —dice Kitty. A la estilista—: Haremos el recogido. ***

El peinado es mucho más que “demasiado” de lo que estoy acostumbrada. Mi pelo está en un moño lateral, la parte superior es suave como una ballerina. Es bonito, pero cuando me miro en el espejo, no me reconozco. Es una versión más antigua y sofisticada de mí que va a la ópera, o la sinfonía. Después de todo el tiempo que la mujer en el salón pasó recogiendo mi cabello, termino soltándolo cuando llego a casa. Kitty me grita mientras me seca el cabello, pero lo tolero. Esta noche quiero sentirme como yo. —¿Cómo haremos tu gran cepillándome el pelo por última vez.

entrada?

—pregunta

Kitty,

—¿Gran entrada? —repito. —Cuando Peter llegue. ¿Cómo vas a entrar en la habitación? Trina, que está acostada en mi cama comiendo una paleta helada, dice—: Cuando fui al baile de graduación, hicimos una cosa en la que los padres llevaban a las chicas por las escaleras y luego alguien te anunciaba. Las miro como si estuvieran locas. —Trina, no me voy a casar. Voy a un baile. —Podemos apagar todas las luces y poner música, y luego sales y haces una pose en la parte superior de la escalera… —No quiero hacer eso —interrumpo. Su frente se arruga. —¿Que parte? —Todo. —Pero necesitas un momento donde todo el mundo te mire sólo a ti —dice Kitty. —Se llama un primer vistazo —explica Trina—. No te preocupes, voy a poner todo en video. —Si hubiéramos pensado en esto antes, podríamos haberlo hecho realmente genial, y tal vez hubiera sido viral. —Kitty sacude su cabeza hacia mí de una manera disgustada, como si esto fuera de alguna manera mi culpa. —Lo último que necesito es volver a ser viral —le digo. De manera punzante le señalo—: ¿Recuerdas mi video de la tina caliente? Al menos parece un poco avergonzada, por un segundo. —No nos detengamos en el pasado —dice, estirando mi cabello. —Oye, cumpleañera —me dice Trina—. ¿Sigue el plan de ir a la barbacoa mañana por la noche?

—Sí —contesto. Con lo sucedido a Stormy, el baile, la boda y todo lo demás, no he pensado mucho en mi cumpleaños. Trina quería hacerme una gran fiesta, pero le dije que preferiría tener una cena familiar, pastel y helado en casa. ¡Trina y Kitty cocinarán el pastel mientras estoy en el baile, así que vamos a ver cómo va eso! *** Cuando Peter y su mamá llegan, todavía corro haciendo cosas de última hora. —Chicas, Peter y su mamá están aquí —llama mi papá desde las escaleras. —¡Perfume! —grito a Kitty, quien me rocía un poco—. ¿Dónde está mi cartera de mano? Trina me lo lanza. —¿Llevas lápiz labial? La abro para comprobarlo. —¡Sí! ¿Dónde están mis zapatos? —Aquí —dice Kitty, recogiéndolos del suelo—. Apúrate y átalos. Voy a bajar y les diré que ya vas. —Abriré una botella de champán para los adultos —dice Trina, siguiéndola. No sé por qué estoy tan nerviosa. Sólo es Peter. Supongo que el baile es realmente su propio tipo de magia. Lo último que hago es ponerme el anillo de Stormy, y pienso en cómo debe estar mirándome desde arriba hora mismo, feliz de que esté usando su anillo en la noche del baile, en honor de ella y a todos los bailes a los que asistió. Cuando bajo las escaleras, Peter está sentado en el sofá con su mamá. Él sacude su rodilla arriba y abajo, que es cómo sé que está nervioso también. Tan pronto como me ve, se levanta. Arquea las cejas. —Te ves…guau. —Durante la semana pasada ha estado pidiendo detalles sobre cómo es mi vestido, y lo mantuve como una sorpresa, lo que me alegra haber hecho, porque valió la pena mirar su cara. —Te ves guau también. —Su traje se adapta tan bien, se podría pensar que era a medida, pero no, es de alquiler en After Hours Formal Wear. Me pregunto si la señora Kavinsky hizo algunos ajustes astutos. Es una maravilla con una aguja e hilo. Ojalá los chicos pudieran usar esmoquin más a menudo, aunque supongo que perdería la magia. Peter desliza mi ramillete en mi muñeca, un ranúnculo blanco con un aliento de bebé, y es el ramillete exacto que habría elegido para mí. Ya estoy pensando en cómo lo colgaré sobre mi cama para que se seque sólo así.

Kitty también está vestida, lleva su vestido favorito, por lo que puede estar en las fotos. Cuando Peter pega un ramillete de margarita en ella, su cara se pone rosada de placer, y me guiña un ojo. Tomamos una foto de ella y yo, una de Peter, ella y yo, y luego ella dice en su manera autoritaria—: Ahora sólo una de Peter y yo. —Y me empujan a un lado con Trina, que ríe. —Los chicos de su edad están a favor de eso —me dice y a la madre de Peter, quien también sonríe. —¿Por qué no estoy en ninguna de estas fotos? —pregunta papá, así que por supuesto que hacemos una ronda con él también, y algunas con Trina y la señora Kavinsky. Luego sacamos fotos, junto al árbol de perros, por el coche de Peter, en los escalones de la entrada, hasta que Peter dice—: ¡Basta de fotos! Nos perderemos todo. —Cuando vamos a su coche, él me abre la puerta galantemente. En el camino, sigue mirándome. Mantengo los ojos hacia adelante, pero puedo verlo en mi periferia. Nunca me he sentido tan admirada. Esto debe ser lo que Stormy sintió todo el tiempo. *** Tan pronto como llegamos al baile, le digo a Peter que tenemos que ponernos en la fila para tomar nuestra foto oficial de baile con el fotógrafo profesional. Dice que debemos esperar hasta que la fila disminuya, pero insisto. Quiero una buena para mi libro de recuerdos, antes de que mi cabello se arruine. Hacemos el requisito de pose de baile, con Peter de pie detrás de mí, sus manos en mis caderas. El fotógrafo nos deja echar un vistazo a nuestra foto, y Peter insiste en tomar otra porque no le gusta la forma en que su cabello se ve. Después de tomar nuestra foto, encontramos a todos nuestros amigos en la pista de baile. Darrell ha emparejado su corbata con el vestido lavanda de Pammy. Chris lleva puesto un vestido al cuerpo negro, muy parecido al que Kitty me regaló cuando ella, Margot y yo fuimos de compras. Lucas se parece a un dandy inglés en su traje, que se adapta a su cuerpo simplemente de maravilla. Finalmente, convencí a los dos de que vinieran, sugiriendo que simplemente “pasen por ahí”. Chris dijo que todavía iba a bailar con sus amigos de trabajo, pero por lo que parece, no va a ir a ninguna parte pronto. Está recibiendo tanta atención con su vestido. “Style” comienza y todos nos volvemos locos, gritando en los rostros del otro y saltando arriba y abajo. Peter es el más loco de todos. Sigue preguntándome si me estoy divirtiendo. Sólo pregunta en voz alta una vez, pero con sus ojos me pregunta una y otra vez. Son brillantes y

esperanzados, encendidos con expectación. Con mis ojos le digo, sí, sí, sí, me estoy divirtiendo. También empezamos a tener la caída del baile lento. Tal vez deberíamos tomar una clase de bailes de salón cuando llegue a UVA para que podamos estar bien. Le digo esto, y con cariño dice—: Siempre quieres llevar las cosas al siguiente nivel. Galletas de chocolate al siguiente nivel. —Dejé eso. —Disfraces de Halloween al siguiente nivel. —Me gusta que las cosas se sientan especiales. —Ante esto, Peter me sonríe y le digo—: Es una lástima que nunca baile de mejilla a mejilla. —Quizá podríamos ordenarte zancos para bailar. —Oh, ¿quieres decir tacones altos? Él se ríe. —No creo que haya de diez pulgadas. Lo ignoro. —Y es muy malo que tus brazos de fideo no sean lo suficientemente fuertes como para cargarme. Peter suelta un rugido como un león herido y me alza, me da vueltas, como sabía que haría. Es algo raro, conocer a alguien tan bien, ya sea que giren a izquierda o derecha. Fuera de mi familia, creo que él podría ser la persona que mejor conozco. *** Por supuesto, Peter gana el rey del baile de graduación. La reina es Ashanti Dickson. Me siento aliviada de que no sea Genevieve allá arriba, bailando lentamente con él con una tiara en la cabeza. Ashanti es casi de la altura de Peter, por lo que ambos en realidad pueden bailar mejilla con mejilla, aunque no lo hacen. Peter me mira y guiña un ojo. Estoy parada junto a Marshawn Hopkins, la cita de Ashanti. Se inclina hacia mí y dice—: Cuando regresen, debemos ignorarlos y bailar. —Lo que me hace reír. Estoy orgullosa de Peter ahí, de cómo baila, tan alto, con la espalda tan recta. En un momento crucial en la canción, Peter inclina a Ashanti, y todos chillan, gritan y pisotean sus pies, estoy orgullosa de eso, también. La gente es tan sincera en su afecto por él. Todos celebran a Peter porque es agradable, y hace que todos se sientan bien. Sólo da un poco más de brillo a la noche, se alegran por ello, y yo también. Estoy feliz de que él reciba este reconocimiento. ***

Un último baile. Los dos estamos tranquilos. Aún no ha terminado. Todavía tenemos todo el verano por delante. Pero la escuela preparatoria, ambos aquí juntos, Lara Jean y Peter como somos hoy, esa parte está terminada. Nunca volveremos a estar aquí exactamente igual. Me pregunto si él también se siente triste, y luego susurra―: Echa un vistazo a Gabe por ahí tratando de descansar suavemente la mano en el trasero de Keisha. Me da un ligero vuelco para que pueda ver. La mano de Gabe está ciertamente flotando en la parte inferior de la espalda-parte trasera de Keisha Wood, como una mariposa indecisa buscando un lugar de aterrizaje. Me río. Por eso me gusta tanto Peter. Ve cosas que no veo. —Sé cuál debería ser nuestra canción —dice. —¿Qué? Y entonces, como magia, la voz de Al Green llena el salón de baile del hotel. “Let’s Stay Together”. —Hiciste que tocaran esto —acuso. Lloro un poco. Él sonríe. —Es el destino. Lo que quieras hacer... Está bien conmigo. Peter toma mi mano y la pone en su corazón. —Vamos a estar juntos —canta. Su voz es clara y verdadera, todo lo que amo de él. *** En el camino después del baile, Peter dice que tiene hambre, que podemos parar en el restaurante primero. —Creo que habrá pizza después del baile —le digo—. ¿Por qué no comemos aquí? —Pero quiero panqueques —se queja. Llegamos al aparcamiento del restaurante, y después de estacionar, sale del coche y corre hacia el lado del pasajero para abrir mi puerta. —Que caballeroso esta noche —digo, lo que le hace sonreír. Caminamos galantemente.

hasta

el

restaurante

y

me

abre

la

—Podría acostumbrarme a este tratamiento real —digo. —Oye, te abro las puertas —protesta.

puerta

Caminamos dentro y me detengo. Nuestro lugar, en el que siempre nos sentamos, tiene globos rosa pálido atados alrededor de él. Hay un pastel redondo en el centro de la mesa, toneladas de velas, glaseado rosado con aspersión y Feliz Cumpleaños, Lara Jean garabateado en glaseado blanco. De repente, veo que las cabezas de la gente salen de debajo de las cabinas y de detrás de los menús… todos nuestros amigos, todavía con sus trajes del baile: Lucas, Gabe, la cita de Gabe, Keisha, Darrell, Pammy, Chris. —¡Sorpresa! —gritan todos. Me doy la vuelta. —¡Oh, Dios mío, Peter! Todavía sonríe. Mira su reloj. —Es media noche. Feliz cumpleaños, Lara Jean. Salto y lo abrazo. —Esto es exactamente lo que quería hacer en mi cumpleaños de la noche del baile y ni siquiera lo sabía. —Luego lo suelto y me acerco a la cabina. Todo el mundo sale y me abraza. —¡Ni siquiera sabía que la gente sabía que era mi cumpleaños mañana! ¡Quiero decir, hoy! —digo. —Por supuesto que sabíamos que era tu cumpleaños —dice Lucas. Darrell dice—: Mi hijo ha estado planeando esto durante semanas. —Fue muy entrañable —dice Pammy—. Me llamó para preguntar qué tipo de sartén debe usar para el pastel. Chris dice—: También me llamó. Yo estaba, ¿cómo diablos debería saber? —¡Y tú! —Golpeé a Chris en el brazo—. ¡Pensé que te ibas a ir a la discoteca! —Aún podría después de robar unas papas fritas. Mi noche acaba de empezar, bebé. —Me jala en un abrazo y me da un beso en la mejilla—. Feliz cumpleaños, chica. Me vuelvo hacia Peter y le digo—: No puedo creer que hicieras esto. —Yo mismo horneé el pastel. —Presume—. De caja, pero aun así. —Se quita la chaqueta, saca un encendedor del bolsillo de su chaqueta y empieza a encender las velas. Gabe saca una vela encendida y le ayuda. Entonces Peter pone su trasero sobre la mesa y se sienta, sus piernas colgando del borde—. Venga. Miro a mi alrededor. Um… Ahí es cuando escucho las notas iniciales de “If You Were Here” de los Thompson Twins. Mis manos vuelan hacia mis mejillas. No lo puedo creer. Peter recrea la escena final de la película Dieciséis Velas, cuando Molly Ringwald y Jake Ryan se sientan en una mesa con un pastel de

cumpleaños entre ellos. Cuando vimos la película hace unos meses, dije que era lo más romántico que había visto. Y ahora lo hace por mí. —Date prisa y sube antes de que se fundan todas las velas, Lara Jean —grita Chris. Darrell y Gabe me ayudan a levantarme sobre la mesa, con cuidado de no incendiar mi vestido. Peter dice—: Bueno, ahora me miras con adoración, y me inclino hacia delante de esta manera. Chris avanza y sopla un poco mi falda. —Enrolla la manga un poco más alto —le dice a Peter, mirando desde su teléfono. Peter obedece, y asiente con la cabeza—. Se ve bien, se ve bien. —Entonces ella corre hacia su lugar y comienza a ajustar. No toma ningún esfuerzo de mi parte en absoluto mirar a Peter con adoración esta noche. Cuando apago las velas y pido mi deseo, deseo siempre sentirme por Peter de la manera en que lo hago ahora.

23 Traducido por Gesi Corregido por Vane Farrow

La piscina del vecindario siempre abre el fin de semana del Día de los Caídos. Cuando éramos pequeñas, Margot y yo contábamos los días. Nuestra madre empacaba emparedaros de jamón y queso envueltos en papel de cera, bastones de zanahoria y una gran jarra de agua de manzana. El agua de manzana era jugo de manzana sin azúcar diluido con agua, pero en su mayoría era agua. Rogué por una gaseosa sacada de la máquina, o ponche de fruta, pero no. Mami nos cubría de protector solar de la misma forma en que cubría al pavo con manteca. Kitty solía gritarle; era demasiado impaciente para el masaje. Ella siempre ha sido impaciente; siempre quiere más ahora. Es cómico cuanto de nosotros como bebés somos cuando nos volvemos mayores. Nunca lo hubiera sabido si no fuera por Kitty. Ella todavía hace las mismas caras estúpidas. Kitty no está participando del equipo de natación este año; dice que ahora que ninguna de sus amigas lo hace ya no es divertido. Cuando no sabía que yo la observaba, la vi mirando el calendario de encuentros en el tablero comunitario con ojos nostálgicos. Supongo que también es parte de crecer, decirle adiós a las cosas que solías amar. Los céspedes de todos están recién cortados, y el aire huele a tréboles y césped. Los primeros grillos de verano chirrian. Ésta es la banda sonora de mi verano y cada verano. Peter y yo hemos reclamado la propiedad de las sillas más lejanas de la piscina para niños, porque es menos ruidoso. Estudio para mi examen final de francés, o al menos intentándolo. —Ven aquí para que pueda aplicarle a tus hombros primero —le grito a Kitty, que está de pie al lado de la piscina con su amiga Brielle. —Sabes que no me quemo —grita en respuesta, y es verdad; sus hombros ya están tan bronceados como un brioche dorado. Para el final del verano estarán tan negros como la corteza del pan integral. Su cabello se desliza hacia atrás, una toalla alrededor de sus hombros. Es todo brazos y piernas ahora. —Solo ven hacia aquí —digo.

Trota hacia las sillas en las que estamos sentados Peter y yo, sus sandalias golpeando contra el pavimento. La rocío con protector solar y lo froto sobre sus hombros. —No importa si no te quemas. Protege tu piel, así no terminas viéndote como una vieja bolsa de cuero. —Eso es lo que Stormy solía decirme. Kitty se ríe de “vieja bolsa de cuero”. —Como la señora Letty. Su piel es del color del perro caliente. —Bueno, no hablaba de una persona en particular. Pero sí. Ella debió usar protector solar en sus días de juventud. Deja que eso sea una lección, hermana mía. —La señora Letty es nuestra vecina, y su piel cuelga en ella como una crepa. Peter se pone sus gafas. —Chicas, ustedes son malas. —¡Dice el chico que lleno de papel higiénico su césped! Kitty se ríe y roba un sorbo de mi Coca Cola. —¿Hiciste eso? —Todas mentiras y propaganda —dice Peter alegremente. Mientras el día se calienta, Peter me convence de dejar mi libro de francés y saltar a la piscina con él. La piscina está llena de niños pequeños, nadie tan viejo como nosotros. Steve Bledell tiene una piscina en su casa, pero quise venir aquí, por los viejos tiempos. —No te atrevas a hundirme —advierto. Peter comienza a andar en círculos a mí alrededor como un tiburón, acercándose más y más—. ¡Lo digo en serio! Se sumerge hacia mí y me agarra de la cintura, pero no me hunde; me besa. Su piel es fría y suave contra la mía; también lo son sus labios. Lo empujo y susurro—: No me beses, ¡hay niños alrededor! —¿Y? —Y nadie quiere ver a adolescentes besándose en la piscina donde hay niños intentando jugar. No está bien. —Sé que sueno como una remilgada, pero no me importa. Cuando era pequeña, y había adolescentes haciendo vulgaridades alrededor, siempre me sentía nerviosa de entrar, porque era como si la piscina fuera suya. Peter se echa a reír. —Eres graciosa, Covey. —Nadando de lado a lado, dice—: “No está bien”. —Y luego comienza a reírse de nuevo. El guardavidas hace sonar el silbato para el nado adulto, todos los niños salen, incluyéndonos a Peter y a mí. Regresamos a las sillas reclinables, Peter las coloca más cerca. Me doy la vuelta y, entrecerrando los ojos al sol, le pregunto—: ¿Cuántos años piensas que hay que tener para quedarse en la piscina para la hora adulta? ¿Dieciocho o veintiuno?

—No lo sé. ¿Veintiuno? —Se desplaza en su teléfono. —Tal vez sea dieciocho. Deberíamos preguntar. —Me pongo las gafas de sol y comienzo a cantar “Sexteen Going on Seventeen” de The Sound of Music—. Necesitas a alguien más viejo y sabio, diciéndote qué hacer. —Le doy un golpecito en la nariz para enfatizarlo. —Oye, soy más grande que tú —objeta. Paso la mano a lo largo de su mejilla y canto—: Tengo diecisiete en camino a los dieciocho, yo yo yo te cuidaré. —¿Lo prometes? —dice. —Cántalo solo una vez para mí —pido. Peter me da una mirada— . ¿Por favor? Amo cuando cantas. Tu voz es tan clara. No puede evitar sonreír. Peter nunca ha encontrado un cumplido al que no le haya sonreído. —No sé la letra —protesta. —Si la sabes. —Pretendo agitar una varita en su cara—. ¡Imperio! Espera… ¿sabes qué significa eso? —Es… ¿una maldición imperdonable? —Sí. Muy impresionante, Peter K. ¿Y qué hace? —Te hace hacer cosas que no quieres hacer. —Muy bien, joven mago. Aún hay esperanza para ti. ¡Ahora canta! —Pequeña bruja. —Mira alrededor para ver si hay alguien escuchando, y luego suavemente canta—: Necesito a alguien más viejo y más sabio diciéndome qué hacer… Tú tienes diecisiete yendo hacia los dieciocho… dependeré de ti. Aplaudo en deleite. ¿Hay algo más embriagador que hacer que un chico se doble a tu voluntad? Ruedo más cerca de él y lanzo mis brazos alrededor de su cuello. —¡Ahora eres tú la que hace las muestras de afecto en público! — dice. —Realmente tienes una linda voz, Peter. Nunca deberías haber renunciado al coro. —La única razón por la cual si quiera tomé el coro fue porque todas las chicas estaban en el coro. —Bueno, entonces olvida unirte al coro en UVA. Tampoco ningún grupo de capela. —Quiero decirlo en forma de broma, de verdad, pero Peter se ve preocupado—. ¡Estoy bromeando! ¡Únete a todos los grupos de capela que quieras! Los Hullabahoos son todos chicos, de cualquier forma. —No quiero unirme a un grupo de capela. Y tampoco planeo mirar a otras chicas.

Oh. —Por supuesto que miraras a otras chicas. Tienes ojos, ¿no? Lo juro, eso es tan tonto como cuando la gente dice que no ve colores. Todo el mundo ve a todo el mundo. No puedes evitar mirar. —¡Eso no es lo que quiero decir! —Lo sé, lo sé. —Me siento derecha y pongo mi libro de francés de regreso en mi regazo—. ¿Realmente no vas a estudiar nada para tu examen final de historia el miércoles? —Todo lo que necesito hacer a este punto es pasar —me recuerda. —Debe ser lindo, debe ser lindo —canto. —Oye, no es como si William y Mary te estén quitando el lugar si obtienes una C en francés —dice. —No estoy preocupada por francés. Estoy preocupada por mi examen de cálculo el viernes. —Está bien, bueno, no es que tampoco vayan a echarte por sacar una C en cálculo. —Supongo, pero aún quiero terminar bien —digo. La cuenta regresiva está realmente encendida, ahora que mayo casi termina. Solo una semana más de escuela. Extiendo los brazos y piernas, alzándolos hacia el sol y dejo salir un suspiro feliz—. Vengamos aquí cada día el próximo fin de semana. —No puedo. Ese fin de semana estaré yendo al entrenamiento, ¿recuerdas? —¿Ya? —Sí. Es raro que la temporada haya terminado y que no vayamos a jugar juntos ningún otro partido. Nuestro equipo escolar de lacrosse no llego al campeonato estatal. Sabían que era una gran oportunidad, porque como a Peter le gusta decir, “solo hay uno de mí”. ¡Ja! El próximo fin de semana se irá a un campamento de entrenamiento con su nuevo equipo en la UVA. —¿Estás entusiasmado de conocer a tus nuevos compañeros de equipo? —le pregunto. —Ya conozco a algunos de los chicos, pero sí. Será genial. —Se estira y comienza a trenzar un parte de mi cabello—. Creo que me estoy haciendo mejor en esto. —Tienes todo el verano para practicar —digo, inclinándome hacia adelante para que pueda alcanzar más de mi pelo. No dice nada.

24 Traducido por Lvic15 & Alessandra Wilde Corregido por Melina.

El fin de la escuela tiene siempre una sensación particular. Es lo mismo todos los años, pero este año la sensación se amplifica, porque no habrá un año siguiente. Hay un aire de cosas acabándose. Los maestros usan pantalones cortos y camisetas en clase. Muestran películas mientras limpian sus escritorios. Nadie tiene energía para preocuparse más. Todos contamos hacia atrás, pasando el tiempo. Todo el mundo sabe a dónde quiere ir, y justo ahora ya se siente como si estuviera en el retrovisor. De repente la vida se siente rápida y lenta al mismo tiempo. Es como estar en dos lugares a la vez. Los finales van bien; incluso el cálculo no es tan malo como pensaba. Y de esa manera, mi etapa de preparatoria va llegando a su fin. Peter se ha ido lejos en su fin de semana de entrenamiento. Sólo ha pasado un día y ya deseo que sea Navidad en julio. Peter es mi cacao en una taza, mis manoplas rojas, mi sentimiento de la mañana de Navidad. Dijo que llamaría tan pronto como volviera del gimnasio, así que mantengo mi teléfono a mi lado, con el volumen alto. Esta mañana llamó cuando estaba en la ducha, y para cuando lo vi, él se había ido de nuevo. ¿Es así como será el futuro? Va a ser diferente cuando tenga clases y un horario propio, pero por ahora se siente como que estoy de pie en la parte superior de un faro, esperando a que el barco de mi amor llegue. Para una persona romántica, esta no es una sensación desagradable por completo, no por ahora, de todos modos. Será diferente cuando no sea tan novedoso, cuando no verlo todos los días sea la nueva normalidad, pero por ahora, sólo por ahora, anhelar tiene su propia especie de placer perverso. Por la tarde, voy abajo, en mi largo camisón blanco que Margot dice que me hace ver como La casa de la pradera y Kitty dice que me hace ver como un fantasma. Me siento en el mostrador con una pierna elevada, abro una lata de melocotones y los como con un tenedor, directamente de la lata. Hay algo muy satisfactorio en morder la piel de un melocotón lleno de sirope.

Dejo escapar un suspiro, Kitty levanta la vista de su ordenador y dice—: ¿Por qué estás suspirando tanto? —Extraño… la Navidad. —Muerdo otro trozo de melocotón. Ella se ilumina—. ¡Yo también! Creo que deberíamos conseguir algunos ciervos para nuestro jardín este año. No de los baratos, sino los elegantes de alambre que vienen cubiertos de luces. Suspiro de nuevo y dejó la lata. —Claro. —El sirope comienza a sentirse pesado en mi estómago. —¡Deja de suspirar! —¿Por qué suspirar se siente tan bien? —reflexiono. Kitty lanza un gran suspiro—. Bueno, es básicamente lo mismo que respirar. Y se siente bien respirar. El aire es delicioso. —Lo es, ¿verdad? —Cojo otro trozo de melocotón—. Me pregunto dónde comprar ese tipo de ciervos. Target probablemente los venda. —Tenemos que ir a esa tienda, Christmas Mouse. Podemos abastecernos de un montón de cosas. ¿No tienen una en Williamsburg? —Sí, de camino a los centros comerciales. Sabes, podríamos comprar una nueva corona, también. Y si tienen luces de lavanda, eso podría ser bueno. Sería como darle una especie de sensación de invierno en el país de las hadas. Tal vez todo el árbol podría estar en tonos pastel. Secamente dice—: No te dejes llevar. La ignoro—. No hay que olvidar que Trina tiene una gran cantidad de cosas de Navidad. Tiene todo un pueblo navideño, ¿recuerdas? Todo está metido en esas cajas en la cochera. —El pueblo de Trina no es sólo un pequeño pesebre. Cuenta con una peluquería, una panadería y una tienda de juguetes; es intenso—. No sé ni dónde vamos a ponerlo. Se encoge de hombros—. Probablemente tengamos que tirar algo de nuestro material antiguo. —¡Dios, Kitty no tiene ni un ápice de sentimentalismo en ella! En ese mismo tono práctico, añade—: No todo lo que tenemos es tan bonito de todos modos. El pie de nuestro árbol está ralo y parece masticado. ¿Por qué guardar algo sólo porque es viejo? Nuevo es casi siempre mejor que viejo, sabes. Aparto la mirada. Nuestra madre compró ese pie para el árbol de Navidad en una feria que hubo en la escuela primaria. Una de las madres de la Asociación de Padres era tejedora. Margot y yo peleamos por cual escoger; a ella le gustaba la roja con el patrón de tartán, y a mí la blanca porque pensaba que se vería como si nuestro árbol estuviera encima de nieve. Mami fue con el rojo, porque dijo que el blanco se pondría rápidamente sucio. El rojo se mantuvo bien, pero Kitty tiene razón; es probable que sea el momento de retirarlo. Sin embargo,

nunca dejaré que lo tire a la basura, y tampoco lo hará Margot. Al menos, cortaré un cuadrado y lo pondré en mi caja de sombreros para guardarlo. —Trina tiene un pie para el árbol bonita —digo—. Es de piel blanca. Jamie Fox-Pickle amará acurrucarse en ella. Mi teléfono vibra, y salto para ver si se trata de Peter, pero es sólo papá diciendo que cogerá comida tailandesa para cenar, y ¿queremos pad thai o pad see vew? Suspiro de nuevo. —¡Juro, Lara Jean que si suspiras una vez más! —amenaza Kitty. Mirándome, dice—: Sé que no es realmente Navidad lo que echas de menos. Peter se fue hace como un día y ya actúas como si hubiera ido a la guerra o algo. La ignoro y respondo pad see vew por puro despecho, porque sé que Kitty prefiere el pad thai. Es entonces cuando recibo la notificación de correo. Es de las admisiones de la UNC. Mi aplicación se ha actualizado. Hago clic sobre el enlace. Felicitaciones… Estoy fuera de la lista de espera. ¿Qué demonios? Me siento ahí, aturdida, leyendo una y otra vez. Yo, Lara Jean Song Covey, he sido aceptada en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. No puedo creerlo. Nunca pensé que entraría. Pero estoy dentro. —¿Lara Jean? ¿Hola? Sobresaltada, miro hacia arriba. —Sólo te hice una pregunta tres veces. ¿Qué pasa contigo? —Mmm… Creo que acabo de entrar en la UNC Chapel Hill. La mandíbula de Kitty cae abierta—. ¡Guau! —Extraño, ¿verdad? —Niego con asombro. ¿Quién lo habría pensado? Yo no. Me olvidé de todo sobre la UNC después de que me pusieran en lista de espera. —¡La UNC es una escuela donde es muy difícil entrar, Lara Jean! —Lo sé. —Todavía estoy en un sueño. Después de no entrar en la UVA, me sentí tan mal, como si no fuera lo suficientemente buena como para estar ahí. ¡Pero la UNC! Es aún más difícil entrar en la UNC fuera del estado que entrar en la UVA dentro del estado. La sonrisa de Kitty se desvanece un poco—. ¿Pero no ibas a William y Mary? ¿No enviaste ya tu depósito? ¿Y no te ibas a transferir a UVA el año que viene de todos modos?

UVA. Durante esos pocos segundos, me olvidé sobre transferirme a UVA y simplemente estuve contenta con la UNC. —Ese es el plan —digo. Mi teléfono vibra, y mi corazón salta, pensando que es Peter, pero no lo es. Es un texto de Chris. Quieres ir a Starb. Respondo, ADIVINA QUÉ, ¡entré en la UNC! ¡DIOS MIO! Te llamo. Un segundo más tarde, mi teléfono suena y Chris grita—: ¡Joder! —¡Gracias! Es decir, guau. Yo solo… es una escuela tan buena. Me imaginé que… —Entonces, ¿qué vas a hacer? —exige. —Oh. —Miro a Kitty, que me mira con ojos de águila—. Nada. Todavía voy a William y Mary. —¿Pero no es la UNC una mejor escuela? —Está más alta en la lista. No lo sé. Nunca he estado ahí. —Vamos —dice. —¿A visitarla? ¿Cuándo? —¡Ahora mismo! ¡Viaje espontáneo de carretera! —¿Estás loca? ¡Son cuatro horas de distancia! —No, no lo son. Son sólo tres horas y veinticinco minutos. Lo acabo de mirar. —En el momento de llegar ahí, serán… —Las seis en punto. Vaya cosa. Caminamos, cenamos y después volvemos. ¡Por qué no! Somos jóvenes. Y tienes que saber a qué le estás diciendo que no. —Antes de que pueda protestar de nuevo, dice—: Te recojo en diez minutos. Empaca algunos bocadillos para el camino. — Luego cuelga. Kitty me mira. —¿Vas a Carolina del Norte? ¿Ahora mismo? Me siento bastante eufórica ahora. Me río y digo—: ¡Supongo! —¿Eso significa que vas ahí en vez de a William y Mary? —No, es solo… sólo voy a visitar. Nada ha cambiado. Sin embargo, no se lo digas a papá. —¿Por qué no? —Solo… porque… Puedes decirle que estoy con Chris, y que no estaré para la cena, pero no menciones nada acerca de la UNC.

Y entonces me estoy vistiendo y volando por la casa como un alma en pena, tirando cosas en una bolsa. Guisantes wasabi secos, bastones de chocolate, agua. Chris y yo nunca hemos ido en un viaje de carretera juntas antes; siempre he querido hacer eso con ella. ¿Y qué daño hará ir a Chapel Hill, sólo para mirar? No iré ahí, pero aun así es divertido pensar en ello. Chris y yo estamos a medio camino de Chapel Hill antes de que me dé cuenta de que mi teléfono está muriéndose y me olvidé de empacar el cargador—. ¿Tienes un cargador de coche? —pregunto. Ella está cantando junto a la radio—. No. —¡Mierda! —También hemos gastado la mayor parte de su batería del teléfono utilizando el GPS. Me siento un poco incómoda sobre viajar fuera del estado sin una carga completa en mi teléfono. Además, le dije a Kitty que no le dijera a papá a dónde iba. ¿Qué pasa si algo sucediera?—. ¿A qué hora crees que volveremos? —Deja de preocuparte, Abuelita Lara Jean. Estaremos bien. — Baja su ventana y la mía, comienza a buscar su bolso. Cojo su bolso del suelo del asiento trasero y saco sus cigarrillos antes de que destroce el coche. Cuando estamos en un semáforo en rojo, enciende su cigarrillo e inhala profundamente—. Seremos como pioneras. Lo que sólo suma a la aventura. Nuestros antepasados no tenían móviles tampoco, ya sabes. —Sólo recuerda, sólo vamos a mirar. Todavía iré a William y Mary. —Sólo recuerda: las opciones lo son todo —dice Chris. Eso es lo que Margot siempre me dice. Las dos tienen más en común de lo que piensan. Pasamos el resto del viaje cambiando las estaciones de radio, cantando y hablando sobre si Chris debe o no teñirse el pelo de rosa por delante. Estoy sorprendida por lo rápido que pasa el tiempo. Llegamos a Chapel Hill en poco menos de tres horas y treinta minutos, como Chris dijo que haríamos. Encontramos un lugar para aparcar justo en la calle Franklin, que supongo que es la calle principal. Lo primero que me llama la atención es la similitud del campus de la UNC con el de la UVA. Un montón de arces, mucho verde, un montón de edificios de ladrillo. —Es tan bonito, ¿verdad? —Me paro a contemplar una flor rosa de un cornejo—. Me sorprende que tengan tantos cornejos, ya que es la flor del estado de Virginia. ¿Cuál crees que es la flor del estado de Carolina del Norte? —Ni idea. ¿Podemos comer? Estoy hambrienta. —Chris tiene la capacidad de atención de una mosca, y cuando tiene hambre, todo el mundo mejor que tenga cuidado.

Pongo mi brazo alrededor de su cintura. De repente me siento muy tierna hacia ella por traerme en este viaje para ver lo que podría haber sido—. Vamos a llenar esa barriga, entonces. ¿Qué deseas? ¿Pizza? ¿Un sándwich submarino? ¿Comida china? Pone su brazo alrededor de mi hombro. Su estado de ánimo ya mejora ante la mención de diferentes tipos de cocina—. Escoge tú. Cualquier cosa menos la comida china. O la pizza. Sabes qué, vamos a por sushi. Un par de chicos pasan por la calle, y Chris dice en voz alta—: ¡Hola! Se dan la vuelta. —¿Qué pasa? —dice uno. Es negro, guapo, alto, con brazos musculosos dentro de una camiseta que pone CAROLINA WRESTLING. —¿Dónde está el mejor sushi por aquí? —pregunta Chris. —No como sushi, así que no puedo decírtelo. —Él mira a su amigo pelirrojo, que es menos guapo, pero todavía lindo—. ¿A dónde irías? —Spicy Nine —dice, mirando a Chris—. Sólo tienes que ir hacia abajo por Franklin y te lo encontrarás justo ahí. —Le hace un guiño a ella, y continúan caminando en la otra dirección. —¿Deberíamos ir tras ellos? —dice, con sus ojos siguiéndoles mientras se alejan—. ¿Descubrir qué harán esta noche? La guio en la dirección que nos indicó. —Pensé que tenías hambre —le recuerdo. —Oh, sí —dice—. Así que eso es un punto en la columna de la UNC, ¿verdad? ¿Chicos más calientes? —Estoy segura que William y Mary también tiene chicos guapos. —agrego rápidamente—: No es que me importe, porque, obviamente, tengo novio. —Que todavía no ha llamado, claro está. Mi teléfono ha bajado a un 5 por ciento, por lo que para cuando lo haga, será demasiado tarde. *** Después de comer sushi, paseamos por la calle Franklin, parando en las tiendas. Considero comprar una gorra del equipo de baloncesto de la UNC Tar Heels para Peter, pero probablemente no la usaría, dado que él será un Wahoo. Pasamos un poste con carteles en él, y Chris se para. Apunta a un cartel de una sala de música llamada Cat’s cradle. Una banda llamada Meow Mixx tocará esta noche. —¡Vamos! —dice Chris.

—¿Alguna vez has oído hablar de Meow Mixx antes? — pregunto—. ¿Qué tipo de música tocan? —A quién le importa. ¡Simplemente vayamos! —Agarra mi mano. Riendo corremos por la calle juntas. Hay una cola para entrar, y la banda ya ha comenzado a tocar; fragmentos de música bailable flotan a través de la puerta abierta. Un par de chicas esperan en la fila delante de nosotros, y Chris lanza sus brazos alrededor de mí y les dice—: Mi mejor amiga acaba de entrar en la UNC. Siento calidez en mi interior al oír a Chris llamarme su mejor amiga, sabiendo que todavía somos importantes la una para la otra, a pesar de que ella tiene sus amigos del trabajo y yo a Peter. Me hace sentir segura de que cuando ella esté en Costa Rica, España o donde sea que termine, seguiremos siendo cercanas. Una de las chicas me abraza y dice—: ¡Felicidades! Te va a encantar aquí. —Su pelo está trenzado, y lleva una camiseta que dice HILLARY ES MI PRESIDENTA. Ajustando su pasador en forma de paleta en su pelo, su amiga dice—: Pon Ehaus o Craige para tu dormitorio. Son los más divertidos. Me siento avergonzada mientras digo—: En realidad, no vendré aquí; sólo vinimos de visita. Por diversión. —Oh, ¿a dónde vas? —pregunta, una leve mueca en su cara pecosa. —William y Mary —le digo. —Sin embargo, no es definitivo. —Se mete Chris. —Es bastante definitivo —digo. —Vine aquí desde Princeton —dice la chica de las trenzas—. Para que veas lo que me gustó cuando lo visité. Ya verás. Soy Hollis, por cierto. Todas nos presentamos, las chicas me cuentan sobre el departamento de inglés, sobre ir a partidos de baloncesto en el Dean Dome y los lugares en la calle Franklin que no te piden identificación. Chris, quien estuvo desinteresada durante la parte de la conversación sobre el departamento de inglés, de repente es todo oídos. Antes de entrar, Hollis me da su número. —En caso de que vengas aquí —dice. Cuando estamos dentro, el lugar está bastante lleno, hay mucha gente de pie cerca del escenario, bebiendo cervezas y bailando al ritmo de la música. La banda son en realidad tan sólo dos chicos con guitarras y un ordenador portátil, su sonido es una especie de pop electrónico. Llena toda la habitación. El público es mixto: algunos chicos mayores con camisetas de la banda de rock y barbas, más cerca de la edad de mi padre, pero también una gran cantidad de estudiantes.

Chris intenta limpiar el sello en su mano para que nos den cervezas, pero no tiene éxito. No me importa, porque no me gusta la cerveza, y además todavía tiene que conducirnos de vuelta esta noche. Comienzo a preguntar por ahí para ver si alguien tiene un cargador de teléfono, por lo que Chris me golpea el brazo—. ¡Estamos en una aventura! —grita—. ¡No necesitamos móviles para una aventura! Entonces me agarra la mano y tira de mí con ella hasta el borde del escenario. Bailamos hasta llegar al centro, y saltamos junto a la música, a pesar de que no sabemos ninguna de las canciones. Uno de los chicos iba a la UNC, y a mitad de la actuación, dirige a la multitud hacia la canción de lucha de los Tar Heels6. —¡Nací Tar Heel, crecí Tar Heel, y cuando muera seré un Tar Heel muerto! —La multitud se vuelve loca, toda la habitación está moviéndose. Chris y yo no conocemos la letra, pero gritamos—. ¡Vete al infierno, Duke! —Junto con todos los demás. Nuestro pelo se balancea violentamente en nuestra cara; estoy sudando, y de repente tengo el mejor momento—. Esto es muy divertido —grito en la cara de Chris. —¡Lo mismo digo! —grita de vuelta. Después de la segunda serie, Chris declara que tiene hambre, por lo que salimos a la noche. Caminamos hasta la calle por lo que parece una eternidad cuando encontramos un lugar llamado Cosmic Cantina. Es un pequeño lugar mexicano con una larga cola, que Chris dice que debe significar que o bien tienen una buena comida o alimentos muy baratos. Chris y yo inhalamos nuestros burritos; que están llenos de arroz, frijoles, queso fundido y pico de gallo casero. Su sabor es bastante plano, a excepción de la salsa picante. Tan picante que mis labios queman. Si mi teléfono no estuviera muerto y el teléfono de Chris no estuviera casi muerto, habría buscado en línea el mejor burrito en Chapel Hill. Pero entonces podríamos no haber encontrado este lugar. Por alguna razón es el mejor burrito de mi vida. Después de comer nuestros burritos, digo—: ¿Qué hora es? Debemos volver pronto si queremos volver antes de la una. —Pero apenas has visto algo del campus —dice Chris—. ¿No hay nada que quieras ver en particular? Como, no sé, ¿una biblioteca aburrida o algo? ***

Es el nombre de los equipos deportivos de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. 6

—Nadie me conoce como tú, Chris —digo, batea las pestañas—. Hay un lugar que quiero ver... Está en todos los folletos. El viejo pozo. —Entonces vamos —dice. Mientras caminamos, le pregunto—: ¿Te parece que Chapel Hill es similar a Charlottesville? —No, me parece mejor. —Eres como Kitty. Piensas que todo lo nuevo es mejor —le digo. —Y tú piensas que todo lo viejo es mejor —contesta. Tiene un punto ahí. Caminamos el resto del trayecto en un silencio amigable. Pienso en todas las formas en que UNC me recuerda y no me recuerda a UVA. El campus es tranquilo, supongo que eso pasa porque la mayoría de los chicos se ha ido a casa para las vacaciones de verano. Sin embargo, todavía hay gente caminando: las chicas en fluidos vestidos y sandalias, los chicos en pantalones cortos de color caqui y gorras de UNC de béisbol. Cruzamos el césped verde, y ahí está: el Viejo Pozo. Se encuentra entre dos residencias de ladrillo. Es una pequeña rotonda, como una mini versión de la de UVA, y hay una fuente para beber en el centro. Hay un gran roble blanco justo detrás, y hay arbustos de azalea por todas partes, de color rosa como el color de uno de los labiales que Stormy solía llevar. Es encantador. —¿Se supone que debes pedir un deseo o algo así? —pregunta Chris, acercándose a la fuente. —Creo que oí que en el primer día de clases, los estudiantes toman un sorbo de agua de la fuente para tener buena suerte —le digo—. Era buena suerte o buenas calificaciones. —No necesitaré buenas calificaciones para donde voy, pero voy a tomar la suerte. Chris se inclina para tomar un sorbo, y un par de chicas caminando cerca, advierten—: Los chicos de Fraternidad orinan en esa fuente todo el tiempo, no lo hagas. Su cabeza se levanta rápidamente y salta lejos de la fuente. — ¡Uhg! —Bajando del murillo, dice—: Tomemos una selfie. —No podemos. Nuestros teléfonos están muertos, ¿recuerdas? Sólo tendremos aquel recuerdo en nuestros corazones como en los viejos tiempos. —Buen punto —dice Chris—. ¿Deberíamos irnos ya? No me atrevo. No sé por qué, pero todavía no estoy lista para irme. ¿Qué pasa si nunca vuelvo? Veo un banco frente a uno de los edificios de ladrillo y me acerco para sentarme. —Vamos a quedarnos un poco más.

Abrazo mis rodillas contra mi pecho y Chris se sienta a mi lado. Jugueteando con la pila de brazaletes en su brazo, dice—: Ojalá pudiera venir aquí contigo. —¿A la universidad o al UNC? —Estoy tan sorprendida por la nota pensativa en su voz que no me detengo a corregirla, para recordarle que tampoco voy a venir aquí. —A cualquiera. Ambos. No me malinterpretes. Estoy entusiasmada con Costa Rica. Es sólo que... No lo sé. ¿Qué pasa si me estoy perdiendo algo por no ir a la universidad al mismo tiempo que todos los demás? — Me mira entonces, una pregunta en sus ojos. Le digo—: La escuela estará aquí esperándote, Chris. El próximo año, el año después. Siempre que lo desees. Chris se da la vuelta y mira hacia el césped. —Tal vez. Ya veremos. Puedo imaginarte aquí, Lara Jean. ¿Y tú? Trago. —Tengo un plan. William y Mary durante un año, luego UVA. —Quieres decir que tú y Peter tienen un plan. Es por eso que te detienes. —Bien, Peter y yo tenemos un plan. Pero no es la única razón. —Pero es la principal. No puedo negarlo. Lo que falta no importa a dónde vaya, si es donde William y Mary o aquí, es Peter. —Entonces, ¿por qué no venir aquí por un año, entonces? —Me pregunta Chris—. ¿Cuál es la diferencia si estás aquí o en William y Mary? ¿Una hora? De cualquier manera, no estás en UVA. ¿Por qué no estar aquí? —No espera que le responda; salta, corre hacia el césped, se quita los zapatos y hace una serie de carretas. ¿Qué pasa si vengo aquí y termino amándolo? ¿Y si, después de un año, no quiero irme? ¿Entonces qué? ¿Pero no sería genial si lo amo? ¿No se trata de eso? ¿Por qué apostar por no amar un lugar? ¿Por qué no tomar una oportunidad y apostar por la felicidad? Me acuesto, estiro mis piernas en el banco y miro hacia el cielo. Hay una copa de ramas de árboles muy arriba de mi cabeza; un árbol se sienta junto al edificio; el otro está plantado en el césped. Sus ramas se extienden a través de la pasarela y se encuentran en el medio. ¿Qué pasaría si Peter y yo pudiéramos ser como estos dos árboles, muy separados pero todavía tocándonos? Porque creo que tal vez podría ser feliz aquí. Creo que tal vez me podría imaginar aquí también. ¿Qué fue lo que dijo Stormy? ¿El último día que la vi, el día que me dio su anillo? Nunca digas no cuando realmente quieres decir que sí.

*** Cuando Chris se estaciona afuera de mi casa, son las tres de la madrugada y cada luz está encendida. Trago. Me vuelvo hacia Chris. — ¿Vienes conmigo? —ruego. —De ninguna manera. Estás sola en esto. Tengo que irme a casa y lidiar con mi propia madre. Me despido de Chris con un abrazo, salgo del coche, y camino hasta los peldaños de la entrada. La puerta se abre tan pronto como busco mis llaves en mi bolsa. Es Kitty, en su camiseta grande de dormir. —Estás en problemas —susurra. Entro, papá se encuentra justo detrás de ella, todavía vestido con su ropa de trabajo. Trina se halla en el sofá, y me da una mirada de estás frita, y siento lástima por ti, pero también, podrías haber al menos llamado. —¿Dónde has estado toda la noche? —grita—. ¿Y por qué no respondiste a tu teléfono? Me encojo hacia atrás. —Me quedé sin batería. Lo siento. No me di cuenta de que era tan tarde. —Considero brevemente hacer una broma sobre cómo es por eso que los millenials deben usar relojes, para aligerar el estado de ánimo, pero no creo que una broma hará el truco esta vez. Papá comienza a pasearse por la sala de estar. —¿Por qué no usaste el teléfono de Chris? —El teléfono de Chris también murió… —¡Hemos estado preocupados hasta la muerte! Kitty dice que te fuiste con Chris sin decir a dónde ibas... —En esto, Kitty me da una mirada—. ¡Estaba a cinco segundos de llamar a la policía, Lara Jean! Si no hubieras entrado por la puerta cuando lo hiciste... —Lo siento —comienzo—. Lo siento mucho. —Esto es tan irresponsable. —Papá murmura para sí mismo, ni siquiera escucha—. Lara Jean, puede que tengas dieciocho años, pero... Desde el sofá, Trina dice—: Dan, por favor no digas: “pero aún vives bajo mi techo”. Es un cliché. Papá da vueltas y le dice—: ¡Es un cliché por una razón! ¡Es una buena línea! Es una línea muy buena. —Lara Jean, solo diles dónde estabas —dice Kitty, impaciente. Papá lanza una mirada acusadora en su dirección. —Kitty, ¿sabías a dónde fue? —¡Me hizo jurar que no lo dijera!

Antes de que pueda responder, digo—: Estuve en Carolina del Norte con Chris. Lanza sus manos en el aire. —¡En Carolina del Norte! ¿Qué cara... qué en el mundo? ¿Cruzaste las líneas estatales sin siquiera decirme? ¡Con una batería de teléfono muerta, encima! Me siento enferma por preocuparlo. No sé por qué no llamé. Podría haber tomado prestado el teléfono de alguien. Supongo que me dejé llevar por la noche, por estar ahí. No quería pensar en mi hogar ni en la vida real. —Lo siento —susurro—. Realmente lo siento mucho. Debí llamar. Él sacude la cabeza. —¿Por qué estabas en Carolina del Norte? —Fui a Carolina del Norte porque… —Me detengo. Si lo digo ahora, eso es todo—. Porque me aceptaron en la UNC. Los ojos de papá se ensanchan. —¿Lo hiciste? Eso es maravilloso. Pero, ¿y William y Mary? Sonriendo, me encojo de hombros. Trina suelta un grito, salta del sofá dejando caer la manta de franela que había envuelto alrededor de ella y casi tropezándose en el proceso. Papá me agarra en sus brazos, me jala a un abrazo, y Trina se une a él. —¡Oh, Dios mío, Lara Jean! —dice, dándome una palmada en la espalda—. ¡Vas a ser un Tar Heel! —Estoy feliz de que seas feliz —dice papá. Se limpia una lágrima de los ojos—. Todavía estoy furioso contigo por no llamar. Pero también estoy feliz. —¿Entonces iras realmente? —pregunta Kitty desde su posición en las escaleras. La miro. Sonrío temblorosa y digo—: Sí, iré. —Peter y yo encontraremos una manera. Haremos que funcione. Les cuento cada pequeño detalle de la noche, desde ir a un espectáculo en Cat's Cradle, comer burritos en Cosmic Cantina, el Viejo Pozo. Trina hace palomitas de maíz, y es casi el amanecer antes de que cualquiera de nosotros se vaya a dormir. Cuando papá se va a la cama, Trina me susurra—: Tu padre acaba de envejecer diez años en una noche. Míralo caminando como si necesitara un bastón. Gracias a ti, me voy a casar con un anciano. —Ambas empezamos a reír, y ninguna puede parar. Creo que deliramos por falta de sueño. Trina rueda sobre su espalda y patea en el aire, se ríe tanto. Kitty, que se ha dormido en el sofá, se despierta y dice—: ¿Qué es tan gracioso? —Lo que sólo nos hace reír más fuerte. En su camino por las escaleras, papá se detiene, se da la vuelta y sacude la cabeza hacia las dos. —Ya empezaron a burlarse de mí —dice.

—Acéptalo, papá. Siempre has vivido en un matriarcado. —Le lanzo un beso. Él frunce el ceño. —Oye, no creas que me he olvidado de que te quedaste fuera toda la noche sin siquiera llamar a casa. ¡Vaya! Quizás demasiado pronto para tal alegría. Mientras sube las escaleras, grito—: ¡Lo siento! Lo siento por no llamar, pero no lo siento por ir.

25 Traducido por Beatrix Corregido por Jadasa

Cuando me despierto, me quedo tirada un rato sobre mi cama, extendiendo los brazos y piernas como una gran X, hacia el norte, sur, este y oeste. La noche anterior se siente como un sueño. ¿Es realmente verdad? ¿Realmente voy a ir a la UNC? Sí, sí lo hago. Cuan loco, cuan emocionante es que la trayectoria de toda tu vida puede cambiar en apenas una noche. Siempre he tenido miedo a los cambios, pero ahora mismo no me siento así. Estoy emocionada. Ahora veo lo que es un privilegio, estar emocionada por a donde voy. Peter, Chris y Lucas, van a donde quieren, pero mi futuro se sentía como una segunda opción porque lo era, no importa lo genial que es la escuela de William y Mary. UNC es una opción que ni siquiera sabía que tenía, como una puerta que apareció por arte de magia, una puerta que podría llevar a cualquier parte. Cuando termino con mi ensoñación, miro mi reloj y veo que dormí todo el día. Me siento, enciendo el teléfono y veo todas las llamadas perdidas y mensajes de voz de mi padre y Kitty de la noche anterior. Las elimino sin escucharlas, de manera que no tengo que escuchar la ira en la voz de papá; entonces veo que también Peter me dejó un correo de voz. Cuando veo su nombre, mi corazón cae un poco. También hay mensajes de textos, preguntándome dónde estoy. Lo llamo de vuelta, pero no responde, así que imagino que debe estar entrenando. Dejo un mensaje diciéndole que venga cuando llegue a casa. Se supone que debemos ir a la fiesta de Steve Bledell esta noche. Me siento nerviosa al pensar en contarle a Peter las noticias. Teníamos un plan, y ahora cambio las cosas, pero no es como si supiera que esta puerta se abriría para mí. Lo entenderá. Sé que lo hará. Vuelvo a dejarme caer en mi cama y hago un FaceTime con Margot. Está fuera caminando, en alguna parte. —¿Qué sucede? — pregunta. —Adivina qué. —¡Qué! —¡Entré en UNC!

Rápidamente grita y deja caer su teléfono. Afortunadamente, cae en la hierba. Se apresura a recogerlo. Sigue gritando—: ¡Oh, Dios mío! ¡Esto es increíble! ¡Esta es la mejor noticia! ¿Cuándo lo supiste? Me coloco sobre mi estómago. —¡Ayer! Chris y yo fuimos a visitarlo anoche, y Gogo, fue muy divertido. Fuimos a ver tocar a un grupo, bailamos y nos reímos mucho. ¡Me duele la garganta! —Entonces, espera, ¿te vas? —¡Sí! Margot grita de nuevo, y me río. —¿Cómo es el campus de UNC? —exige. —Bueno, es muy parecido a UVA. —He oído eso. He oído que los campus son muy similares. Las ciudades, también. Ambos liberales, pero Chapel Hill tal vez incluso un poco más. Un montón de grandes brillantes. No puedo esperar a ver el programa contigo. —Comienza a caminar de nuevo—. Te va a encantar. Maggie Cohen, se hallaba un año por encima de mí, le encanta. Deberías hablar con ella. —Mirándome, Margot me dice—: Aquí es cuando todo comienza, Lara Jean. Ya lo verás. *** Después de que termino la llamada con Margot, tomo un baño de burbujas y hago todos mis rituales: máscara facial, esponja exfoliadora, el de azúcar morena y lavanda. En el baño, practico lo que voy a decirle a Peter. Hay dos árboles, en lados opuestos, y sus ramas se encuentran en el medio… Permanezco adentro un tiempo, Kitty grita que me dé prisa. Cuando salgo de la bañera, seco mi cabello y luego lo rizo; rehago mis uñas e incluso aplico la crema de la cutícula del limón que compré, pero que nunca recuerdo usar. Papi, Trina y Kitty salieron a ver una película, así que estoy sola en casa cuando Peter llega a las ocho. Lleva una nueva sudadera de la UVA; su cabello está recién lavado y todavía húmedo. Huele como el jabón Dove, el cual me encanta. S estira por un abrazo, apoyando su peso corporal sobre mí. —Estoy muy adolorido —dice, dejándose caer sobre el sofá de la sala—. ¿Podemos no ir a lo de Steve esta noche? Solo quiero quedarme aquí y estar contigo, no tener que hablar con la gente. Estoy jodidamente agotado. —Claro —le digo, y respiro profundamente para contarle mis noticias, pero luego me mira con ojos cansados. —Los chicos del equipo están en una forma increíble. Era difícil mantenerse al día.

Arrugo la frente. —Oye, tú también estás en buena forma. —No tanto como ellos. Tengo que organizarme. —Se frota la nuca—. ¿Entonces vas a decirme dónde estabas anoche? Me siento en el sofá y me coloco de frente a él, mis piernas metidas debajo de mi trasero. Pongo el dorso de mis manos contra mis mejillas, que se sienten enrojecidas. Luego las pongo en mi regazo. — Bueno, bien. —Hago una pausa—. ¿Estás listo para esto? Ríe. —Sí, lo estoy. —De acuerdo. Esto es tan loco, pero estuve en Carolina del Norte con Chris. Peter arquea sus cejas. —Extraño. Bien. Continua. —Estuve ahí porque… ¡Entré en UNC! Parpadea. —Guau. Eso es… Guau. Eso es genial. Respiro profundamente de nuevo. —No pensé que quisiera ir ahí, pero cuando Chris y yo lo visitamos, la ciudad era realmente encantadora, y la gente era muy agradable, hay este banco, por el Viejo Pozo, donde si te acuestas y levantas la mirada, dos árboles en lados opuestos, se encuentran en el medio. Sus ramas se tocan, así. — Comienzo a demostrarlo, y luego me detengo, porque me doy cuenta de que Peter realmente no escucha. Mira hacia el espacio—. ¿En qué piensas? —¿Esto significa que vas ahí ahora y no a William y Mary? Dudo. —Sí. Asiente. —Estoy feliz por ti, lo estoy. Solo apesta que estarás tan lejos. Por ejemplo, si tuviera que entrar en mi coche y conducir a Chapel Hill ahora mismo, me quedaría dormido al volante. ¿Qué tan lejos está Charlottesville de Chapel Hill? ¿Cuatro horas? Siento una sensación de hundimiento en mi estómago. —Tres horas y veinticinco minutos. ¡Sé que suena largo, pero juro que pasa rápido! —Eso es el doble de cuánto tiempo se tarda en llegar de Charlottesville a William y Mary. Y eso es sin tráfico. —Deja caer la cabeza contra el sofá. —No es el doble —le digo en voz baja—. Es una hora y media más. Me mira, y veo el arrepentimiento en sus ojos. —Lo siento. Estoy realmente aniquilado en este momento. Esto será mucho más difícil de lo que pensé que sería. No el tú y yo, sino la universidad. Voy a estar en la práctica veinticuatro/siete, y cuando no estoy en la práctica, estoy entrenando, en clase o durmiendo. Va a ser intenso. Nada como la

escuela preparatoria. Es mucha presión. Y… no pensé que estarías tan lejos. Nunca lo vi así. Se ve tan derrotado. Cuando se trata de lacrosse, la escuela, siempre es tan tranquilo, tan confiado. Todo es siempre fácil para él. —Peter, vas a estar genial. Estás empezando. Una vez que te pongas al día con las cosas, será como siempre. —Tímidamente digo—: Y…. También nos encargaremos de nuestras cosas. De repente se endereza. —¿Sabes qué? Vamos a esa fiesta. —¿Estás seguro? —Por supuesto. Estás vestida. No desperdiciemos tu cabello. —Me empuja hacia él—. Vamos a celebrar tu victoria. Pongo mis brazos a su alrededor y lo abrazo. Sus hombros se sienten tensos; puedo sentir la tensión en su espalda. La mayoría de los chicos no se darían cuenta de una cosa así: que ricé mi cabello, me puse una blusa. Intento concentrarme en eso y no en que realmente no me felicitó.

26 Traducido por Beatrix Corregido por Melina.

En casa de Steve Bledell, hay un grupo de personas en la sala de estar fumando marihuana y viendo el fútbol en el enorme televisor de pantalla plana montado en la pared. Lucas está aquí, y cuando le cuento mi gran noticia, me coge y me hace girar. -—¡Te vas a largar de aquí también! —grita. —Bueno, sólo voy a la puerta vecina de Carolina del Norte —digo riendo. Qué emoción inesperada decir esas palabras en voz alta—. No es tan lejos. —Pero está lejos. —Lucas me pone de nuevo en el suelo y pone sus manos en mis mejillas—. Esto va a ser muy bueno para ti, Lara Jean. —¿Lo crees? —Lo sé. Estoy en la cocina obteniendo una Coca-Cola cuando Genevieve entra, descalza, usando una sudadera con capucha de Virginia Tech y llevando una cerveza en una funda térmica de Virginia Tech. Se balancea en sus pies antes de decir—: He oído que entraste en Chapel Hill. Felicidades. Espero una mala mirada, una turbia, pero no viene. Sólo se queda ahí, un poco borracha, pero sobria. —Gracias —digo—. Felicidades por Tech. Sé que siempre quisiste ir ahí. Tu madre debe estar feliz. —Sí. ¿Has oído que Chrissy va a Costa Rica? Perra con suerte. — Toma un sorbo de su cerveza—. Chapel Hill y esto están bastante lejos, ¿eh? —No tan lejos. Sólo tres horas —miento. —Bueno, buena suerte con eso. Espero que se mantenga tan dedicado a ti como lo es hoy. Pero conociéndolo, lo dudo seriamente. —Entonces deja escapar un ruido fuerte, y la expresión de sorpresa en su rostro es tan divertida, que casi me río en voz alta. Por un segundo parece que ella también puede, pero se detiene, mira, y sale de la cocina.

Sólo vislumbro a Peter toda la noche, hablando con otras personas, bebiendo su cerveza. Parece estar de mejor humor. Sonríe; su cara está un poco enrojecida por la cerveza. Está bebiendo mucho más de lo que lo he visto beber. Cerca de la una, voy buscando por toda la casa a Peter, y cuando lo encuentro, está con un montón de gente jugando voltear vasos en la mesa de Ping-Pong en la cochera de Steve. Todos se ríen de algo que acaba de decir. Él me ve de pie en la parte superior de los escalones y me hace señas. —Ven a jugar con nosotros, Covey —dice, muy alto. Mis pies permanecen plantados en los escalones. —No puedo. Tengo que llegar a casa. Su sonrisa se desliza. —Está bien, te llevaré. —No, está bien, conseguiré un aventón o llamaré un taxi para que venga a buscarme. —Me vuelvo para irme, y Peter me sigue. —No hagas eso. Te llevaré —dice. —No puedes. Estás borracho. —Trato de no hacer que las palabras suenen mal, pero es lo que es. Ríe. —No estoy borracho. Sólo he tomado tres cervezas en el transcurso de, ¿qué, tres horas? Estoy bien. No bebes así que no lo sabes, pero eso no es nada. Lo prometo. —Bueno, puedo oler tu aliento, y sé que no pasarías un alcoholímetro. Peter me mira. —¿Estás enfadada? —No. No quiero que me lleves a casa. Tampoco deberías llevarte a ti mismo casa. Solo debes pasar la noche aquí. —Oh, estás enfadada. —Se inclina hacia mí y mira a su alrededor antes de decir—: Lo siento por antes. Debí estar más emocionado por ti. Sólo estaba cansado. —Está bien —digo, no pensaba eso, no completamente. Stormy solía tener un dicho. Vete con el que has venido, a menos que sea un borracho, en ese caso encuentra tu propio camino a casa. Acabo de llegar a casa, y lo hago antes de mi toque de queda, justo. Después de anoche, no puedo estar empujándolo. Peter sigue enviándome mensajes de texto, y soy lo suficientemente mezquina como para estar contenta de que ya no se esté divirtiendo. Le hago esperar largos minutos antes de que le devuelva una respuesta concisa para que no vuelva a casa esta noche, y me manda una foto de él acostado en el sofá de Steve, con la chaqueta de alguien como una manta.

No puedo dormir, así que voy abajo para hacerme un sándwich de queso. Kitty está ahí también, mirando la televisión de última hora y jugando un juego en su teléfono. —¿Quieres un sándwich de queso a la plancha? —pregunto. —Claro —dice, levantando la vista de su teléfono. Hago el de Kitty primero. Sigo presionando el sándwich en la sartén, para que esté crujiente y el sándwich se aplana. Corto otro poco de mantequilla y veo cómo se derrite en un charco, todavía sintiéndome un poco indispuesta por la noche, cuando algo de la nada llega hacia mí. Contacto directo. El pan necesita contacto directo con la sartén caliente para obtener la cantidad correcta para que cruja. Eso es. Esa es la respuesta a mi problema con las galletas de chocolate. Todo este tiempo, he usado mi bandeja Silpat para hornear para que las galletas no se peguen a la sartén. El papel de manteca es la respuesta. Es más fino, a diferencia del Silpat. ¡Con papel de manteca, la masa tiene un contacto más directo con el calor, y por lo tanto la masa se extiende más! Voilà, galletas más finas. Estoy tan decidida, empiezo a agarrar los ingredientes de la despensa. Si hago la pasta en este momento, puede descansar toda la noche, y mañana podré probar mi teoría. *** Duermo de nuevo, porque no hay escuela gracias a las reuniones de maestros y porque estuve hasta las tres haciendo mi masa y viendo la televisión con Kitty. Cuando me despierto, al igual que el día anterior, hay mensajes de Peter. Lo siento. Soy un idiota. No te enojes. Leo sus mensajes una y otra vez. Están separados por unos minutos, así que sé que debe estar preocupado por si todavía estoy enfadada o no. No quiero estar enfadada. Sólo quiero que las cosas vuelvan a cómo eran antes. Le devuelvo el texto: ¿Quieres venir para una sorpresa? Responde de inmediato: EN CAMINO —La perfecta galleta de chispas de chocolate —entono—, debería tener tres anillos. El centro debe ser suave y un poco pegajoso.

El anillo del medio debe ser masticable. Y el anillo exterior debe estar crujiente. —No puedo oírla pronunciar este discurso de nuevo —dice Kitty a Peter—. Simplemente no puedo. —Ten paciencia —dice, apretando su hombro—. Ya casi ha terminado, y luego conseguimos galletas. —La galleta perfecta se come mejor mientras todavía está caliente, pero sigue siendo deliciosa a temperatura ambiente. —Si no dejas de hablar, ya no estarán calientes —gime Kitty. Le lanzo una mirada, pero sinceramente, me alegro de que esté aquí para ser un amortiguador entre Peter y yo. Su presencia hace que las cosas se sientan normales. —En el mundo de la cocción, es una verdad universalmente reconocida que Jacques Torres ha perfeccionado la galleta de chispas de chocolate. Peter, tú y yo lo probamos hace unos meses—. Realmente lo estoy estirando ahora para hacerlos sufrir—. ¿Cómo va a estar a la altura mi galleta? Alerta de spoiler. Asombrosa. Kitty se desliza de su taburete. —Eso es. Me voy de aquí. Una galleta de chispas de chocolate no vale la pena todo esto. Le acaricio la cabeza. —Oh, pequeña Kitten ingenua. Querida niña tonta. Esta galleta vale todo esto y mucho más. Siéntate o no participarás. Rodando los ojos, se sienta de nuevo. —Mis amigos, finalmente lo he encontrado. Mi ballena blanca. Mi anillo de oro. La galleta para gobernarlos a todos. —Con un floreo, sacudo la toalla de té y les presento mis galletas planas, masticables, sin hinchar, ingeniosamente arregladas en el plato. Para mi consternación, Peter mete una entera en su boca. Con la boca llena dice—: ¡Delicioso! Todavía está preocupado de que esté enfadada, así que digo ahora mismo. —Come más lento. Saborea, Peter. —Lo hago, confía en mí. Kitty es la verdadera crítica para complacer. Con ansiedad digo—: Usé azúcar mascabado ¿Puedes probar ese toque de melaza? Está masticando pensativamente. —No puedo notar la diferencia entre este y el que hiciste hace dos lotes. —Esta vez usé fèves de chocolate y no trozos. ¿Ves cómo se derrite el chocolate? —¿Qué es un fève? —Es un disco.

—Entonces di disco. ¿Tampoco papá se enfadó porque gastaste treinta dólares en chocolate? —No diría que se enfadó. Quizás se moleste. Pero creo que estará de acuerdo en que vale la pena. —Kitty me echa un vistazo, como, Sí, claro, y murmuro—: Es Valrhona, ¿de acuerdo? No es barato. ¡Y también, era una bolsa de dos libras! Mira, ese no es el punto. ¿No puedes decir cuánto más crujientes son los bordes, y cuánto más esponjoso está en el centro? ¿Necesito explicarles otra vez sobre Silpat contra el papel de manteca? —Lo tenemos —dice Kitty. Peter mete su dedo en el lazo de mis vaqueros y me acerca. —La mejor galleta de mi vida —declara. Realmente se está poniendo pesado, pero no estoy completamente enfadada. —Ustedes son tan cursis —dice Kitty—. Estoy tomando mi parte de las galletas y saliendo de aquí. —Comienza a apilar las galletas en una servilleta, rápido. —¡Sólo tres! Devuelve dos, luego levanta la cabeza. Peter espera hasta que ella se vaya antes de preguntar—: ¿Todavía estás enojada conmigo? Nunca beberé en una noche en la que se supone que debo traerte de vuelta, lo prometo. —Me da su sonrisa ganadora. —¿Estás realmente bien con que vaya a UNC? —le pregunto. Su sonrisa se desvanece, y hay una ligera vacilación antes de asentir. —Es como dijiste. Vamos a hacer que funcione, sea lo que sea. —Por un momento sus ojos buscan los míos y sé que busca tranquilidad. Ahí es cuando lo rodeo con mis brazos y le abrazo fuertemente, lo suficientemente fuerte como para que sepa que estoy aquí; no voy a dejarlo ir.

27 Traducido por Gesi Corregido por Jadasa

Ahora que he tomado la decisión de ir a UNC, de repente hay cosas que hacer, y ahora mismo. Les informo a William y Mary que no iré; envío mi depósito a UNC. Le digo a mi consejera de orientación, la señora Duvall, quien está muy contenta. Me dice que soy la única de la clase que irá ahí, y que no puede esperar a agregarla en la lista de escuelas aceptadas. —Sabía que me harías sentir orgullosa —dice, asintiendo—. Lo sabía. Nuestros gorros y túnicas han llegado, y Peter y yo vamos al gimnasio para recoger los nuestros, junto a los anuncios de graduación. Nos sentamos en las gradas para probarnos los gorros, Peter inclina el mío a un lado y dice—: Te ves linda. Le lanzo un beso. —Déjame ver tus anuncios. —Quiero ver su nombre en ostentosa caligrafía. Me pasa la caja y la abro. Corro mis dedos a lo largo de las letras en relieve. Peter Grant Kavinsky. Luego digo—: ¿Volviste a considerar la idea de invitar a tu papá? Mira alrededor para ver si alguien escucha antes de decir en voz baja—: ¿Por qué sigues sacando el tema? Me estiro y toco su gorro. —Porque creo que, profundamente en tu interior, quieres que esté ahí. Si tan solo pudiera ver todo lo que has logrado y todo lo que se pierde. —Veremos—dice, y lo dejo de esa forma. Es decisión de Peter. *** En el camino de regreso a casa, Peter me pregunta—: ¿Quieres ver una película esta noche? —No puedo—digo—. Kristen, la amiga de Trina, vendrá para arreglar los últimos detalles de la fiesta de despedida de soltera de Trina.

Me da una mirada astuta. —¿Irán a un club de strippers? —¡No! Uhg. Como si alguna vez quisiera ver algo de eso. —¿Algo de qué? —demanda. —Músculos aceitados. —Me estremezco—. Solo agradezco que no tengas grandes músculos. Frunce el ceño. —Oye, soy fornido. Aprieto su bíceps, y automáticamente se flexiona contra mis dedos. —Eres agradable y delgado con pequeños músculos. —Realmente sabes cómo humillar a un chico, Covey —dice mientras gira en mi calle. Me siento mal, porque ahora recuerdo que dijo que no se hallaba en buena forma como los otros chicos en el equipo de lacrosse. —Me gustas tal como eres —digo rápidamente, y se ríe, por lo que no puede estar tan herido. —¿Qué hará tu papá para la despedida de soltero? Me río. —¿Has conocido a mi papá? Es la última persona que tendría una despedida de soltero. ¡Ni siquiera tiene amigos con quienes festejar! —Me detengo y considero eso—. Bueno, supongo que Josh es lo más cercano a un amigo que tiene. No lo hemos visto mucho desde que se fue a la escuela, pero él y mi papá aún se escriben mails cada tanto. —No entiendo lo que tu familia ve en ese chico—dice Peter amargamente—. ¿Qué es tan genial en él? Es un tema delicado. Peter está paranoico de que a mi papá le gusta más Josh que él, e intento decirle que no es un concurso, el cual definitivamente no lo es. Papi conoce a Josh desde que era un niño. Ellos comercian cómics, por el bien de Peter. Por lo tanto, no es un concurso. Obviamente a mi papá le gusta más Josh. Pero solo porque lo conoce mejor. Y porque son más parecidos: ninguno es popular. Y Peter definitivamente lo es. A mi papá le desconcierta lo popular. —Josh ama lo que cocina mi papá. —¡También yo! —Tienen el mismo gusto en películas. Peter lanza—: Y Josh nunca estuvo en un video en el jacuzzi con una de sus hijas. —Oh mi Dios, ¡ya déjalo ir! Mi papá se olvidó de eso. —“Olvidar” puede que sea una palabra demasiado fuerte. Tal vez más como que nunca lo trajo a colación de nuevo y espero que nunca lo haga. —Lo encuentro difícil de creer.

—Bueno, créelo. Mi papá es un hombre muy perdonador y olvidadizo. A medida que nos acercamos a la entrada, Peter dice repentinamente—: ¿Qué si le hago una fiesta de despedida de soltero a tu papá? Podemos comer filetes, tal vez unos puros… —Mi papá no fuma puros. —Bueno, solo filetes, entonces. Caramba. —Filetes y nada de club de strippers. —¡Oh mi Dios, dame un poco de crédito, Covey! Además, aún no tengo veintiuno. Dudo que si quiera pueda entrar. Le doy una mirada sucia. Rápidamente dice—: No es que alguna vez quiera ir. Y definitivamente no querría ir con el papá de mi novia. —Se estremece— . Eso es enfermo. —Entonces, ¿Cuál es el plan? ¿Asar algunos filetes? —No. Iremos a una linda casa de filetes. Nos vestiremos; será una verdadera noche de chicos. Tal vez incluso usemos traje. Suprimo una sonrisa. Peter nunca lo admitirá; pero ama arreglarse. Tan vanidoso. —Suena bien. —¿Se lo preguntarás? —pregunta. —Creo que tú deberías hacerlo. —Si dice que sí, ¿a quién debería invitar? —¿Josh? —sugiero a medias, sabiendo que no estará de acuerdo. —De ninguna forma. ¿No tiene ningún amigo del trabajo? —No tiene amigos tan cercanos en el trabajo —digo—. Solo el doctor Kang… puedes invitar a mi tío Víctor. Y a veces da paseos en bicicleta con el señor Shah del final de la calle. —¿Puedes conseguirme sus correos electrónicos lo antes posible? —pregunta Peter—. Quiero enviar las invitaciones tan pronto consiga el visto bueno de tu papá. ¿Cuándo es la despedida? ¿El fin de semana después del siguiente? Mi corazón se agita. Estoy tan emocionada por lo ansioso que está Peter por impresionar a mi papá. —Es el tercer viernes del mes. Estamos esperando que Margot venga a casa. ***

Kitty estuvo sospechosamente serena sobre no ser invitada a la noche de despedida de soltera de Trina, y pienso para mí misma, Guau, Kitty realmente está creciendo. Entiende que no se trata de ella; comprende que la noche es sobre Trina. Pero por supuesto que Kitty siempre tiene algo entre manos. Por primera vez en un tiempo, está yendo a la escuela con nosotros. Quería que Peter la llevara en su Audi, pero me puse de pie y dije que también necesitaba ir a la escuela. Así que como en los viejos tiempos, todos estamos en la minivan de su mamá. De cualquier forma, Kitty está en el asiento del frente y yo en el trasero. Desde el lado del pasajero Kitty suspira pesadamente y apoya la cabeza contra la ventana. —¿Qué sucede contigo? —pregunta Peter. —Las damas de honor no me dejan ir a la noche de despedida de soltera —dice—. Soy la única dejada de lado. Entrecierro los ojos mirando su nuca. —¡Eso es una mierda! —Peter me mira por el espejo retrovisor—. ¿Por qué no la dejan ir? —¡Estamos yendo a un bar karaoke! No podemos llevar a Kitty porque es demasiado joven. Honestamente, creo que apenas se me permite ir. —¿Por qué no pueden solo ir a un restaurante como nosotros? —Porque eso no es una verdadera despedida. Peter pone los ojos en blanco. —No es como si ustedes estuvieran yendo a un club de strippers o algo… espera, ¿cambiaron de opinión? ¿Están yendo a un club de strippers? —¡No! —Entonces ¿cuál es el gran asunto? Solo vayan a otro lugar. —Peter, no es mi decisión. Tendrás que discutirlo con Kristen. — Golpeo la parte trasera del brazo de Kitty—. ¡Lo mismo va para ti, pequeño demonio! Deja de intentar manipular a Peter. Él no tiene poder aquí. —Lo siento, niña —dice Peter. Kitty se derrumba en su asiento y luego se endereza. —¿Qué si en cambio voy a su noche de despedida? —sugiere—. ¿Ya que solo están yendo a un restaurante? Peter tartamudea—: Uh, uh, no lo sé, tendría que hablar con los chicos…

—Entonces ¿preguntarás? Porque también me gustan los filetes. Me gustan demasiado. Ordenaré un filete con patata horneada al lado, y para el postre tendré helado de frutilla con crema batida. —Kitty le muestra una sonrisa a Peter, quien sonríe débilmente de regreso. Cuando llegamos a la escuela primaria y ella se baja con un salto, alegre e hinchada como un pajarito, me inclino en mí asiento y le digo a Peter en el oído—: Acabas de ser engañado.

28 Traducido por Alessandra Wilde Corregido por Annie D

Con sólo tres días de la escuela faltantes, los anuarios llegan. Hay varias páginas en blanco en la parte de atrás para las firmas, pero todo el mundo sabe que el lugar de honor es la contraportada. Por supuesto que he guardado la mía para Peter. Nunca quiero olvidar lo especial que fue este año. Mi cita del anuario es: "He extendido mis sueños bajo tus pies / Pasa suavemente, pues pisas mis sueños”. Tuve un momento muy difícil al elegir entre eso y “Sin ti, las emociones de hoy serían incrustaciones del ayer”. Peter dijo algo como—: Yo sé que la frase es de la película Amélie, ¿pero qué demonios es una incrustación? —Y honestamente, tenía un punto. Peter me dejó escribir la suya—. Sorpréndeme —dijo. Mientras caminamos por las puertas de la cafetería, alguien nos sostiene la puerta, y Peter dice—: Saludos. —Peter ha jurado decir saludos en vez de gracias, lo que sé que aprendió de Ravi. Me hace sonreír cada vez. Durante el último mes, la cafetería ha estado medio vacía en el almuerzo. La mayoría de los del último año han comido fuera del campus, pero a Peter le gustan los almuerzos que su madre hace y me gustan las papas fritas de nuestra cafetería. Pero debido a que el consejo estudiantil está repartiendo nuestros anuarios hoy, es casa llena. Recojo mi copia y vuelvo a la mesa del almuerzo. Voy a su página primero. Ahí está Peter, sonriendo en esmoquin. Y ahí está su cita: “De nada.” -Peter Kavinsky. La frente de Peter se frunce cuando lo ve. —¿Y eso que significa? —Significa, aquí estoy, tan guapo y encantador de ver. —Extiendo los brazos con benevolencia, como si fuera el Papa—. De nada. Darrell se echa a reír, al igual que Gabe, quien extiende los brazos también. —De nada —siguen diciendo. Peter sacude la cabeza a todos nosotros. —Están locos.

Inclinándome hacia adelante, lo beso en los labios. —¡Y te encanta! —Dejo mi anuario delante de él—. Escribe algo memorable — digo, apoyada sobre su hombro—. Algo romántico. —Tu cabello me hace cosquillas en el cuello —se queja—. No puedo concentrarme. Me estiro y me balanceo sobre los talones, con los brazos cruzados. —Estoy esperando. —¿Cómo se supone que debo pensar en algo bueno si miras por encima del hombro? —dice—. Déjame hacerlo más tarde. Sacudo la cabeza con firmeza. —No, porque entonces nunca lo harás. Lo sigo molestando, hasta que finalmente dice—: Simplemente no sé qué escribir. —Lo que me hace fruncir el ceño. —Escribe un recuerdo, un deseo, o... cualquier cosa. —Estoy decepcionada y trato de no mostrarlo, pero ¿le es tan difícil pensar en algo por su cuenta? —Déjame llevarlo a casa esta noche para que pueda tomarme mi tiempo —dice apresuradamente. Paso el resto del día llenando mi anuario; y la gente escribe cosas genéricas como: Buena suerte en la UNC, e hiciste que la clase de gimnasia fuera divertida en el primer año, y agrégame en Instagram, pero también cosas más significativas, como me hubiera gustado que salieras más antes, así te hubiese conocido mejor. Ben Simonoff escribe: Siempre son los más callados quienes son los más interesantes. Mantente interesante. Le entrego el anuario a Peter al final del día. —Mantenlo seguro —le digo. *** A la mañana siguiente, se olvida de traerlo a la escuela con él, lo que es molesto, porque quiero conseguir las firmas de toda la clase, y todavía me faltan. Mañana es el último día de escuela. —¿Al menos lo terminaste? —pregunto. —¡Sí! Simplemente lo olvidé —dice, estremeciéndose—. Lo traeré mañana, lo juro. *** La Semana de Playa es una tradición de donde somos. Es exactamente lo que suena. El día después de la graduación, la clase de

último año se prepara y va a la playa Nags Head por una semana. Nunca en un millón de años pensé que iba a ir. Por un lado, tienes que juntar suficientes amigos para alquilar una casa juntos, ¡como diez amigos! Antes de Peter no tenía diez amigos con los que podía alquilar una casa de playa. El padre de alguien tiene que alquilar la casa en su nombre, porque nadie quiere alquilar una casa a un grupo de chicos de preparatoria. Margot no fue en su año. Ella y Josh fueron a acampar con algunos amigos. Dijo que la Semana de Playa no era lo suyo. Hace un año, tampoco habría sido lo mío. Pero ahora tengo a Peter, a Pammy, a Chris y a Lucas. Cuando el tema de la Semana de Playa apareció hace meses, Peter me preguntó si pensaba que mi padre me dejaría quedarme en su casa. Dije que no. En cambio, me quedo con un montón de chicas. La hermana mayor de Pammy, Julia, alquiló la casa, y Pammy me aseguró que tenía aire acondicionado y todo. Dijo que la casa de los chicos se hallaba en la playa y la de nosotras dos filas atrás, pero era mejor así porque podríamos llenar de arena la casa de los chicos y la nuestra quedaría prístina. Mi papá dijo que sí en el momento, pero estoy bastante segura de que se ha olvidado de ello, porque cuando traigo a colación el tema de la Semana de Playa esta noche en la cena, él parece confundido. —Espera, ¿qué es la Semana de Playa otra vez? —Es cuando todo el mundo va a la playa después de la graduación y la pasan en fiesta toda la semana —Kitty explica, metiéndose una rebanada de pizza en la boca. Le lanzo una mirada. —Mi Semana de Playa fue una locura —dice Trina, y una cariñosa sonrisa le cruza el rostro. También le lanzo una mirada a Trina. La frente de papá se arruga. —¿Locura? —Bueno, no fue tan loca —modifica Trina—. Fue sólo un divertido viaje de chicas. Una última aventura con todas las chicas antes de la universidad. —¿Dónde está Peter? —me pregunta papá, y ahora su frente parece arrugada como una nuez. —En una casa para chicos. Te lo dije hace mucho tiempo y dijiste que sí, así que no puedes retractarte ahora. ¡Es el día después de la graduación! —¿Y no habrá supervisión adulta? ¿Solo chicos? Trina pone la mano en el brazo de papá. —Dan, Lara Jean ya no es una niña. Dentro de unos meses vivirá sola. Esto es sólo práctica.

—Tienes razón. Sé que tienes razón. Eso no quiere decir que tenga que gustarme. —Suspira pesadamente y se levanta—. Kitty, ayúdame a despejar la mesa, ¿quieres? Tan pronto como se van, Trina se vuelve hacia mí, y en voz baja dice—: Lara Jean, sé que no bebes mucho, pero aquí hay un consejo profesional que puedes llevar contigo a la Semana de Playa, la universidad y más allá. Siempre, siempre ten un sistema de amigos de apoyo. Va a ir así: una noche, puedes beber. La noche siguiente, a tu amiga le toca beber. De esa manera, una persona siempre está sobria para sostener el cabello de la otra persona y asegurarse de que nada malo suceda. Sonriendo, digo—: Peter estará ahí. Él me sostendrá el cabello si es necesario. O puedo llevarlo en una cola de caballo. —Cierto. Sólo digo, para el futuro. —Para cuando él no esté ahí. Mi sonrisa se oscurece y rápidamente dice—: En mi Semana de Playa, nos turnábamos cocinando la cena para la casa. ¡Cuando fue mi turno, hice parmesano de pollo y todos los detectores de humo se encendieron y no pudimos averiguar cómo hacer que el sonido parara en toda la noche! —Se ríe. Trina tiene una risa tan fácil. —Dudo que mi Semana de Playa sea tan loca —le digo. —Bueno, esperemos que se ponga un poco loca —dice.

29 Traducido por Umiangel Corregido por Vane Farrow

Esta es la última vez que vamos a caminar por esta escalera, Peter sube las escaleras de dos en dos, yo pisándole los talones, resoplando para mantener el paso. Es el último día de escuela para los mayores, el último día de mi escuela preparatoria. Cuando llegamos a la parte superior de la escalera, digo—: Siento que al tomar las escaleras de dos en dos es sólo alardear. ¿Alguna vez te has dado cuenta de que sólo los chicos toman las escaleras dos a la vez? —Las chicas probablemente lo harían si fueran tan altas. —La amiga de Margot, Chelsea, mide un metro ochenta, y no creo que lo haga. —Entonces, ¿dices que... los hombres alardean más? —Probablemente. ¿No lo crees? —Probablemente —admite. La campana suena y la gente empieza a ir a clase. —¿Deberíamos saltarnos el primer período? ¿Ir por panqueques? —Alza sus cejas hacia mí con seducción, tirando de mí hacia él por las correas colgantes de mi mochila—. Vamos, sabes que quieres. —De ninguna manera. Es el último día de escuela. Quiero despedirme del señor López. Peter gime. —Santurrona. —Sabías quién era yo cuando empezaste a salir conmigo —le digo. —Es cierto —dice. Antes de seguir nuestros caminos separados, extiendo las manos y espero expectante. Peter me mira con curiosidad. —¡Mi anuario! —¡Oh, mierda! Lo olvidé de nuevo.

—¡Peter! ¡Es el último día de escuela! ¡Sólo conseguí la mitad de las firmas que quería! —Lo siento —dice, pasándose la mano por el pelo y desordenándolo. —¿Quieres que vuelva a casa y lo traiga? Puedo ir ahora mismo. —Parece genuinamente preocupado, pero todavía estoy molesta. Cuando no digo nada de inmediato, Peter empieza a dirigirse hacia las escaleras, pero lo detengo. —No, no lo hagas. Está bien. Sólo lo pasaré en la graduación. —¿Estás segura? —pregunta. —Sí —digo. Ni siquiera estamos aquí el día escolar completo; no quiero que tenga que regresar a casa solo por mi anuario. Las clases son bastante tranquilas; en su mayoría paseamos diciendo adiós a los maestros, al personal de la oficina, a las señoras de la cafetería, a la enfermera de la escuela. A muchos de ellos los veremos en la graduación, pero no a todo el mundo. Reparto las galletas que hice anoche. Nos entregan nuestras calificaciones finales, todo bien, así que no hay preocupaciones. Me lleva una eternidad limpiar mi casillero. Encontré notas aleatorias que guardé de Peter, las cuales rápidamente puse en mi bolso para poder añadirlas a su libro de recuerdos. Una antigua barra de granola. Gomas de cabello polvorientas, que es irónico porque nunca se puede encontrar una goma cuando se necesita una. —Estoy triste por tirar algo de esto, incluso esta vieja barra de granola —le digo a Lucas, que se encuentra sentado en el suelo y me hace compañía—. La he visto en el fondo de mi casillero todos los días. Es como un viejo amigo. ¿Deberíamos dividirlo, para conmemorar este día? —Asco —dice Lucas—. Probablemente tenga moho. —Como un hecho, dice—, después de la graduación, probablemente no veré a ninguna de estas personas de nuevo. Le lanzo una mirada herida. —¡Oye! ¿Qué hay de mí? —No tú. Vas a venir a visitarme a Nueva York. —¡Oh! Sí por favor. —Sarah Lawrence está tan cerca de la ciudad. Podré ir a Broadway cuando quiera. Hay una aplicación para boletos para estudiantes el mismo día. —Tiene una mirada nostálgica en sus ojos. —Tienes mucha suerte —le digo. —Te llevaré. También iremos a un bar gay. Será increíble. —¡Gracias! —Pero a todos los demás puedo tomar o dejar.

—Todavía tenemos la Semana de Playa —le recuerdo y asiente. —Por el resto de nuestras vidas, siempre tendremos la Semana de la Playa —dice burlonamente, y le tiro una goma de cabello. Lucas puede burlarse de mí por ser nostálgica todo lo que quiere. Sé que estos días son especiales. La escuela preparatoria será un tiempo que recordemos el resto de nuestras vidas. *** Después de la escuela, Peter y yo vamos a su casa porque la mía es una zona de desastre con cosas de boda, la mamá de Peter tiene su club de lectura después del trabajo y Owen tiene fútbol, así que tenemos la casa solo para nosotros. Parece que el único lugar en el que estamos realmente solos es en su coche, por lo que momentos como estos son raros y de importancia. Mi último viaje a casa de la escuela, y Peter K. es el que conduce. Es apropiado terminar el instituto de la manera en la que lo paso, sentada en el asiento del pasajero del coche de Peter. Cuando subimos a su habitación, me siento en su cama, que está bien hecha, con el edredón tenso; las almohadas parecen esponjadas, incluso. Es un edredón nuevo, probablemente para la universidad, un alegre rojo, crema y azul marino que estoy segura su mamá escogió. — Tu mamá hace tu cama, ¿verdad? —le pregunto, apoyándome contra las almohadas. —Sí —dice, sin una pizca de vergüenza. Se deja caer en la cama, y me hago a un lado para darle lugar. La luz del atardecer se filtra a través de sus cortinas pálidas, y le da a la habitación un tipo de filtro soñador. Si le diera un nombre, lo llamaría “verano en los suburbios”. Peter se ve hermoso bajo esta luz. Se ve hermoso bajo cualquier luz, pero especialmente ésta. Tomo una foto de él en mi mente, justo así. Cualquier molestia que sentía por él por olvidar mi anuario se derrite cuando se acurruca más cerca de mí, apoya la cabeza en mi pecho y dice—: Puedo sentir el latido de tu corazón. Empiezo a jugar con su pelo, que sé que le gusta. Es tan suave para un chico. Me encanta el olor de su detergente, su jabón, todo. Me mira y traza el arco de mi labio. —Me gusta mucho esta parte —dice. Luego se levanta y roza sus labios contra los míos, burlándose de mí. Muerde mi labio inferior juguetonamente. Me gustan todos sus diferentes tipos de besos, pero tal vez este tipo es el mejor. Entonces me besa con urgencia, como si estuviera completamente consumido, con sus manos en mi cabello, y creo que no, éstos son los mejores.

Entre besos me pregunta—: ¿Cómo es que sólo quieres liarte cuando estamos en mi casa? —Yo... no lo sé. Supongo que nunca lo pensé antes. —Es verdad que sólo nos besuqueamos en casa de Peter. Se siente raro ser romántica en la misma cama en la que he dormido desde que era una niña. Pero cuando estoy en la cama de Peter, o en su coche, me olvido de todo eso y disfruto el momento. Estamos besándonos de nuevo, la camisa de Peter desaparece; la mía todavía está puesta, cuando el teléfono suena en la planta baja, y Peter dice que probablemente es el reparador llamando para avisar cuándo llegará a arreglar las tuberías. Se pone la camisa y baja la escalera para contestar, y es ahí cuando veo mi anuario en su escritorio. Me levanto de la cama, lo tomo y reviso la última hoja. Todavía está vacía. Cuando Peter regresa, estoy sentada en su cama de nuevo y no menciono mi anuario, no pregunto por qué todavía no ha escrito en él. No sé por qué. Le digo que será mejor que me vaya, porque Margot regresará de Escocia esta noche y quiero llenar la nevera con todas sus comidas favoritas. El rostro de Peter se frunce. —¿No quieres pasar un rato más juntos? Puedo llevarte a la tienda. —Todavía tengo que limpiar el piso de arriba, también —digo, poniéndome de pie. Tira de mi blusa y trata de jalarme de nuevo a la cama. —Vamos, cinco minutos más. Me acuesto junto a él y se acurruca cerca, pero todavía estoy pensando en el anuario. He estado trabajando en su libro de recuerdos durante meses; lo menos que puede hacer es escribirme un buen mensaje de anuario. —Esta es una buena práctica para la universidad —murmura, tirando de mí hacia él, envolviendo sus brazos alrededor de mí—. Las camas son pequeñas en UVA. ¿Qué tan grandes son las camas en UNC? De espaldas a él, digo—: No lo sé. No pude ver los dormitorios. Mete su cabeza en el espacio entre mi cuello y mi hombro. —Esa era una pregunta con truco —dice, y puedo sentir su sonrisa en mi cuello—. Para comprobar y ver si visitaste una habitación aleatoria de algún chico en la UNC con Chris. Felicidades, has superado la prueba. No puedo dejar de reír. Entonces mi sonrisa se desvanece y le hago una prueba propia. —Recuérdame de llevar mi anuario conmigo cuando salgamos.

Se tensa por un segundo y luego dice en un tono relajado—: Tengo que buscarlo. Está aquí en alguna parte. Si no lo encuentro, lo llevaré más tarde. Me alejo de él y me siento. Confundido, me mira. —Vi mi anuario en tu escritorio, Peter. ¡Sé que aún no has escrito nada! Peter se sienta, suspira y frota la mano en su cabello con brusquedad. Sus ojos vuelan hacia mí y luego vuelven a bajar. — Simplemente no sé qué escribir. Sé que quieres que escriba algo genial, romántico, pero no sé qué decir. He intentado un montón de veces, y sólo… me congelo. Sabes que no soy bueno en ese tipo de cosas. Con delicadeza, le digo—: No me importa lo que digas, siempre y cuando sea con el corazón. Sólo sé dulce. —Me acerco a él y le rodeo el cuello con los brazos—. ¿De acuerdo? —Asiente, le doy un pequeño beso, se levanta y me besa más fuerte, es entonces cuando ya no me importa más mi tonto anuario. Soy consciente de cada respiración, cada movimiento. Lo memorizo todo, lo sostengo en mi corazón. Cuando nos separamos, me mira y dice—: Fui a casa de mi padre ayer. Mis ojos se ensanchan. —¿Lo hiciste? —Sí. Nos invitó a Owen y a mí a cenar, no iba a ir, pero luego Owen me pidió que fuera con él y no pude decir que no. Me recuesto, apoyando la cabeza sobre su pecho. —¿Cómo estuvo? —Estuvo bien, supongo. Su casa es agradable. —No digo nada; sólo espero a que continúe. Se siente mucho tiempo antes de que diga—: ¿Conoces la vieja película que me hiciste ver, donde el pobre niño se encontraba de pie afuera con la nariz presionada contra el cristal? Así es como me sentí. “Esa vieja película” de la que habla es Willy Wonka y la fábrica de chocolate, cuando Charlie observa a los niños que acaparan todo en la tienda de dulces, pero no puede entrar porque no tiene dinero. La idea de Peter, guapo, confiado, tranquilo, sintiéndose así me hace querer llorar. Tal vez no debí empujarlo para volver a hablar con su padre. —Puso un aro de baloncesto para esos niños. Le pedí uno tantas veces, pero nunca lo hizo. Sus hijos ni siquiera son atletas. No creo que Everett haya recogido una pelota de baloncesto una vez en toda su vida. —¿Owen se lo pasó bien? Esto lo reconoce a regañadientes. —Sí, él, Clayton y Everett jugaron videojuegos. Mi papá asó hamburguesas y filetes. Incluso llevaba un maldito delantal de cocinero. No creo que haya ayudado a

mi madre en la cocina la vez que estuvieron casados. —Peter hace una pausa—. Sin embargo, no lavó los platos, así que supongo que no ha cambiado mucho. Además, podía decir que él y Gayle se encontraban intentándolo. Ella horneó un pastel. No tan bueno como el tuyo, puedo decir. —¿Qué clase de pastel? —pregunto. —Pastel de chocolate. Un poco seco. —Peter titubea antes de decir—: Lo invité a la graduación. —¿Lo hiciste? —Mi corazón se hincha. —Él seguía preguntando por la escuela, y... No lo sé. Pensé en lo que dijiste, y lo hice. —Se encoge de hombros, como si no le importara mucho si su padre está ahí o no. Es una fachada. A Peter le importa. Por supuesto que le importa—. Entonces lo conocerás después. Me acurruco más cerca de él. —Estoy muy orgullosa de ti, Peter. Me da una pequeña risa. —¿Por qué? —Por darle a tu papá una oportunidad, aunque no la merezca. — Levanto la mirada y le digo—: Eres un buen chico, Peter K. —Y la sonrisa que atraviesa su cara me hace amarlo aún más.

30 Traducido por Vane Black Corregido por Vane Farrow

Después de que Peter me deja en casa, termino teniendo el tiempo suficiente de correr a la tienda de comestibles para adquirir frituras y salsa, helado, pan de jalá, queso Brie, soda de naranja, ya sabes, todo lo esencial, luego llego a casa, limpio el cuarto de baño de arriba y preparo la cama de Margot con sábanas frescas. Papá recoge a Margot en el aeropuerto de camino a casa del trabajo. Es la primera vez que ella está en casa desde que Trina se mudó. Cuando entramos en la casa con sus maletas, la veo mirando alrededor de la sala de estar; veo que sus ojos vuelan a la repisa de la chimenea, donde ahora hay un arte enmarcado que Trina trajo de su casa: es una pintura abstracta de la costa. La expresión de Margot no cambia, pero sé que se da cuenta. ¿Cómo no podría hacerlo? Moví el retrato de la boda de mamá y papá a mi habitación el día antes de que Trina se mudara. Margot mira alrededor de la habitación entera, observando silenciosamente todo lo que es diferente. Las almohadas bordadas que Trina trajo con ella, una foto enmarcada de ella y papá el día que se le propuso en la mesa de al lado del sofá, el sillón que cambiamos por Trina. Todas las chucherías de Trina, de las cuales hay muchas. Ahora que lo miro a través de los ojos de Margot, es un poco desordenado. Margot se quita los zapatos y abre la puerta del armario de zapatos y ve lo lleno que está: Trina también tiene muchos zapatos. — Caramba, este armario está lleno —dice, empujando los zapatos de ciclismo de Trina a un lado para dar cabida a sus botines. Después de arrastrar sus maletas arriba y que Margot se cambie a ropa cómoda, volvemos abajo para comer algo mientras papá arregla la cena. Estoy sentada en el sofá, masticando las frituras, cuando Margot de repente se levanta, declara que revisará el armario de zapatos y se deshará de todos sus zapatos viejos. —¿Ahora mismo? — digo, mi boca llena de frituras. —¿Por qué no? —dice. Cuando a Margot se le mete en la cabeza hacer algo, lo hace de inmediato.

Saca todo del armario de zapatos y se sienta en el suelo con las piernas cruzadas, pasando por pilas, decidiendo cuáles guardar y qué donar al Ejército de Salvación. Sostiene un par de botas negras. —¿Para guardar o tirar? —Guárdalas o dámelas —le digo, recolectando salsa con una fritura de tortilla—. Se ven tan lindas con pantalones ceñidos. Los echa en la pila de guardar. —El perro de Trina pierde mucho pelo —gruñe Margot, arrancando pelo de perro de sus pantalones—. ¿Cómo es que alguna vez usas ropa negra? —Hay un rodillo de pelusa en la caja del calzado. ¿Y supongo que no uso tanta ropa negra? —Realmente debería usar negro con más frecuencia. Cada blog de moda hace hincapié en la importancia de un pequeño vestido negro. Me pregunto si habrá muchas ocasiones para un pequeño vestido negro en la universidad—. ¿Con qué frecuencia te vistes de gala en Saint Andrews? —No tan a menudo. La gente usa principalmente pantalones vaqueros y botas cuando salen. Saint Andrews no es un lugar demasiado elegante. —¿No te vistes de gala para ir a una noche de vinos y queso en la casa de tu profesor? —Nos vestimos elegantes para cenas de honor con profesores, pero nunca he sido invitada a la casa de alguno. Sin embargo, tal vez lo hagan en UNC. —¡Tal vez! Margot sostiene un par de botas de lluvia amarillas. —¿Guardar o botar? —Guardar. —No eres de ayuda. Has votado para mantenerlo todo. —Lanza las botas de lluvia en la caja de cartón. Parece que mis dos hermanas son muy inflexibles acerca de tirar cosas viejas. Cuando Margot hizo la clasificación a través de todo, reviso la caja una vez más para ver si no hay nada que pueda salvar. Termino tomando sus botas de lluvia y un par Mary Janes de charol. *** Esa noche me dirijo al baño para cepillarme los dientes cuando oigo la voz callada de Trina que viene de la habitación de Margot. Me detengo en el pasillo para escuchar como una pequeña espía, como Kitty. —Esto es un poco incómodo, pero lo dejaste en el baño, así que lo metí en un cajón por si querías mantenerlo privado.

La voz fría de Margot regresa—: ¿Mantenerlo privado de quién? ¿Kitty? —Bueno, de tu padre. O quien sea. Simplemente no estaba segura. —Mi papá es obstetra. No es como si nunca haya visto píldoras anticonceptivas antes. —Oh, lo sé. Yo solo… —dice sin convicción de nuevo—, no me encontraba segura. Si era un secreto o no, quiero decir. —Bien gracias. Aprecio la idea, pero no guardo secretos de mi papá. Regreso a mi habitación antes de escuchar la respuesta de Trina. ¡Ah! *** El día antes de la graduación, Peter viene a pasar el rato en la casa. Coso pequeñas flores en mi gorra de graduación, Kitty ve la televisión en el piso en su sillón puf, y Margot desgrana frijoles en un tazón. Tiene una receta que quiere probar para cenar esta noche. Un espectáculo de bodas se reproduce en la televisión, uno de los programas de tipo "quien tuvo la mejor boda". —Oye, para la boda de tu papá, ¿qué tal una de esas ceremonias con globos de los deseos, donde enciendes la linterna, haces un deseo y la lanzas al cielo? —manifiesta Peter—. Lo vi en una película. Estoy impresionada. —¡Peter, es una idea muy buena! —Lo vi en una película también —dice Kitty—. ¿Qué pasó ayer parte dos? —¡Sí! —Les doy una mirada. Peter se apresura a preguntar—: ¿No es una tradición asiática? Podría ser agradable. —No es una tradición coreana, es tailandesa —dice Kitty—. ¿Recuerdas, la película tiene lugar en Tailandia? —No es que importe, porque no es como si Trina fuera asiática — dice Margot—. ¿Por qué tendría que apropiarse de la cultura asiática en su boda sólo porque somos asiáticos? No tiene nada que ver con ella. —Yo no iría tan lejos —digo—. Ella quiere que nos sintamos incluidos. El otro día dijo que sería bueno reconocer a mamá de alguna manera. Margot pone los ojos en blanco. —Ni siquiera la conocía.

—Bueno, la conocía un poco. Todos eran vecinos, después de todo. No lo sé, pensé que, durante la ceremonia, tal vez, las tres podríamos encender una vela…. —Me voy apagando porque Margot no parece estar convencida—. Fue sólo una idea —le digo, y Peter me hace una cara de alarma. —No lo sé, ¿creo que suena un poco incómodo? Quiero decir, esta boda es acerca de Trina y papá empezando una nueva vida juntos, no sobre el pasado. —Es un buen punto. —Está de acuerdo Peter. Peter trabaja duro para impresionar a Margot. Siempre está de su lado. Pretendo estar molesta por ello, pero realmente estoy emocionada. Por supuesto que debería tomar su lado. Es su trabajo estar de su lado. Muestra que él entiende lo importante que es su buena opinión para mí, y entiende el lugar que tiene en mi vida. Nunca podría estar con alguien que no entendiera lo importante que es mi familia para mí. Cuando Margot se va para llevar a Kitty a las lecciones de piano, Peter dice—: A tu hermana no le gusta mucho la señora Rothschild, ¿eh? —Peter todavía no ha conseguido llamar a la señora Rothschild Trina, y probablemente nunca lo hará. En nuestro vecindario, ninguno de los niños creciendo llamaba a los adultos por sus nombres. Todo el mundo era señorita, señora o señor, a excepción de papá, que era Doctor. —No diría que a Gogo le disgusta Trina —digo—. Le gusta; no está acostumbrada a ella todavía. Ya sabes cómo es Trina. —Es cierto —dice—. También sé cómo es tu hermana. Le tomó una eternidad entusiasmarse conmigo. —No fue una eternidad. Solo estás acostumbrado a que la gente te quiera desde el primer momento que te conocen. —Le doy una mirada de soslayo—. Porque eres muy encantador. —Frunce el ceño, porque no lo digo como un cumplido—. A Gogo no le importa el encanto. Le importa lo real. —Bueno, ahora me ama —dice, con toda confianza. Cuando no respondo de inmediato, dice—: ¿Correcto? ¿No es así? Me río. —Lo hace. *** Más tarde ese día, después de que Peter se va para ayudar a su mamá en su tienda, Margot y Trina se meten en una discusión sobre, de todas las cosas, cabello. Estoy en el cuarto de lavado, planchando mi vestido cuando oigo a Trina decir—: Margot, cuando te duches, ¿te

importaría quitar el pelo del drenaje? Limpiaba la bañera esta mañana y me di cuenta. Luego viene la rápida respuesta de Margot. —Por supuesto. —Gracias. Simplemente no quiero que el desagüe se obstruya. Un minuto después, Margot está en la lavandería conmigo. — ¿Oíste eso? ¿Puedes creerle? ¿Cómo sabe que era mi cabello y no el tuyo o el de Kitty? —Tu cabello es más ligero, y es más corto —le señalo—. Además, Kitty y yo recogemos el nuestro porque sabemos que le repugna a Trina. —¡Bueno, pelo de perro por toda mi ropa me repugna! Cada vez que respiro, siento que estoy inhalando pelo. Si está tan preocupada por la limpieza, debería aspirar más a menudo. Trina se acerca detrás de Margot, luciendo un rostro imperturbable, y dice—: En realidad, aspiro una vez por semana, que es la cantidad estándar. Margot se pone roja. —Lo siento. Pero si tienes un perro que derrama tanto pelo como Simone, creo que dos veces por semana es probablemente más apropiado. —Entonces, dile eso a tu padre, ya que no lo he visto levantar la aspiradora ni una vez en todo el tiempo que lo conozco. —Trina se aleja, y la boca de Margot se abre, y vuelvo a planchar. —¿No crees que fue demasiado? —me susurra. —Pero tiene razón. Papá nunca aspira. Barre y limpia, pero no aspira. —¡Todavía! —Trina no es una persona con la que se pueda bromear —le digo—. Especialmente no cuando está a punto de tener su período. — Margot me mira fijamente—. Estamos sincronizadas. Es sólo cuestión de tiempo antes de que tú también lo estés. *** Margot y yo vamos al centro comercial, aparentemente para que pueda conseguir un nuevo sujetador sin tirantes para mi vestido, pero realmente es porque Margot quiere escapar de Trina. Cuando volvemos, las alfombras de la planta baja están recién aspiradas y extremadamente limpias, Kitty está poniendo la aspiradora lejos, por lo cual puedo decir que Margot se siente mal.

En la cena, Trina y Margot son cordiales la una con la otra, como si nada sucediera. Que, en algunos aspectos, es peor que una pelea. Al menos cuando estás en una pelea, estás en ella con alguien.

31 Traducido por Ana Avila Corregido por Melina.

El día de mi graduación me levanto temprano y me quedo acostada en la cama, escuchando los sonidos de la casa al despertar. Papá da vueltas abajo haciendo café; Margot tiene la ducha encendida; es probable que Kitty siga dormida. Trina también. Ambas son dormilonas. Voy a extrañar estos sonidos cuando me haya ido. Una parte de mí ya lo hace. Otra parte está tan, tan emocionada de dar el siguiente paso, nunca pensé que sería así, no después de que las cosas no salieran como esperaba. *** Como regalo de graduación, Margot me da un kit para la universidad. Una máscara para pestañas rosa con mi nombre grabado en azul plateado pálido. Una unidad USB con forma de lápiz labial. Auriculares que parecen cacahuetes de circo, zapatillas de color rosa, una bolsa de nylon de maquillaje cubierta de dibujos de lazos. Me encanta cada cosa en el kit por igual. Kitty hace una tarjeta hermosa. Es un collage de fotos de nosotras, pero ha usado algún tipo de aplicación para convertir las imágenes en dibujos lineales, como un libro para colorear. Las pintó todas con lápices de colores. En el interior está escrito: Felicitaciones. Diviértete en la universidad. PD. Te echaré de menos un 11. Lágrimas surgen de mis ojos, tomo a Kitty en mis brazos y la sostengo firmemente, durante tanto tiempo que dice—: Muy bien, ya está bien, ya. —Pero puedo decir que está satisfecha. —Voy a enmarcarlo —declaro. Mi regalo de Trina es un juego vintage de té: color crema con las envolturas rosadas y montura en oro. —Era de mi madre —me dice, y siento que podría llorar, me encanta tanto. Cuando la abrazo, le susurro

al oído—: Este es mi regalo favorito. —Y me guiña un ojo. Guiñar es uno de los talentos de Trina. Es muy buena en eso, muy natural. Papá sorbe de su café y luego se aclara la garganta. —Lara Jean, tu regalo de mi parte es uno en el que Margot y Kitty también participarán. —¿Qué es, qué es? —pregunta Kitty. —Ush, es mi regalo —digo, mirando a papi expectante. Sonriendo, dice—: Las enviaré a Corea con la abuela este verano. ¡Feliz graduación, Lara Jean! Kitty grita, Margot está radiante y yo me encuentro en estado de shock. Hemos hablado de ir a Corea por años. Mamá siempre quiso llevarnos. —¿Cuándo, cuándo? —pregunta Kitty. —El mes que viene —dice Trina, sonriéndole a Kitty—. Tu papá y yo iremos a nuestra luna de miel, y ustedes a Corea. ¿Próximo mes? —Ah, ¿no vendrán? —Kitty hace una pausa. Margot, por otra parte, está sonriendo. La familia de Ravi visitará la India durante el verano, y ella no tiene grandes planes. —Realmente queremos, pero no puedo tomar ese tiempo lejos del hospital —dice papá, arrepentido. —¿Por cuánto tiempo? —pregunto—. ¿Cuánto tiempo vamos a ir? —Todo julio —responde, tomando el resto de su café—. La abuela y yo hemos arreglado todo el asunto. Se quedarán con tu tía abuela en Seúl, tomarán clases de coreano unas cuantas veces por semana, y también recorrerán todo el país. Jeju, Busan, las obras. Y Lara Jean, algo especial para ti, ¡una clase de pastelería coreana! No te preocupes, estará en inglés. Kitty comienza a bailar un poco en su asiento. Margot me mira entonces, con los ojos brillantes. —¡Siempre has querido aprender a hornear pasteles coreanos! Vamos a ir de compras para máscaras faciales, artículos de papelería y cosas lindas, como, todos los días. ¡Para cuando volvamos, podremos ver dramas coreanos sin subtítulos! —No puedo esperar —le digo, y Margot, Kitty y papá empiezan a discutir toda la logística, pero Trina me mira de cerca. Mantengo la sonrisa en mi cara. Un mes entero. Para cuando vuelva, será casi la hora de irme a la universidad, y Peter y yo habremos pasado el verano separados.

*** En la graduación todas las muchachas usan vestidos blancos. Todo de blanco. Llevo el vestido de Margot de hace dos años, sin mangas con puntos suizos y una falda corta hasta la rodilla. Trina ha hecho el dobladillo para mí porque soy más pequeña. Margot lo usó con Converse, uso sandalias blancas de charol con una correa en T y pequeñas perforaciones. En el coche en el camino, suavizo mi falda y digo a Kitty—: Tal vez podrías usar este vestido para tu graduación de la escuela preparatoria también, Kitty. Y te pondrás junto al roble como lo hicimos nosotras. Será un hermoso tríptico. —Me pregunto qué zapatos usará Kitty. Suele usar tacones altos y blancos, como zapatillas deportivas o patines blancos. Kitty hace una mueca. —No quiero usar el mismo vestido que tú y Margot. Quiero mi propio vestido. Además, de verdad ya no estará de moda. ¿Qué es un tríptico? —Es, um, tres piezas de arte que se unen y hacen una. — Furtivamente, busqué “tríptico” en internet en mi teléfono para asegurarme de estar diciéndole lo correcto—. Es, como, tres paneles, como bisagras lado a lado. Están destinados a ser apreciados juntos. —Estás leyendo eso en tu teléfono. —Sólo comprobaba —le digo. Suavizo mi vestido de nuevo, asegurándome de tener mi gorro de graduación en mi bolso. Me gradúo de la escuela preparatoria hoy. Se me cayó encima, crecer, quiero decir. En el asiento del conductor, Trina busca una plaza de aparcamiento, Margot a su lado envía mensajes de texto; Kitty está a mi lado, mirando por la ventana. Papá ha conducido por separado para recoger a la abuela. Nana, la mamá de papá, está en Florida con su novio y no será capaz de venir. Sólo desearía que mi propia mamá estuviera aquí para esto. Todos estos grandes momentos en los que hace falta, los que se seguirá perdiendo. Tengo que creer que ella lo sabe, que de alguna manera todavía lo ve. Pero también me gustaría poder tener un abrazo de mi mamá en mi graduación. *** A lo largo del discurso de graduación, sigo mirando hacia fuera en la muchedumbre, buscando la familia de Peter. Me pregunto si su padre está sentado con el hermano de Peter y su madre, o por separado. Me pregunto si también llegaré a conocer a los dos hermanastros de Peter. Ya he visto a mi propia familia, es difícil no notarlo. Cada vez que miro en su dirección, todos saludan locamente. Además, Trina usa un sombrero de ala ancha. Quienquiera que esté

sentado en la fila detrás de ella probablemente no pueda ver nada. Margot ejerció mucho control de sí misma al no rodar los ojos cuando Trina bajó las escaleras. Incluso Kitty dijo que era “un poco demasiado”, pero Trina me preguntó qué pensaba y le dije que me encantaba, es verdad. Nuestra directora dice mi nombre—: Lara Jean Song Covey. — Pero pronuncia Laura, lo que me sacude por un momento. Cuando acepto mi diploma y le estrecho la mano, susurro—: Es Lara, no Laura. Mi plan era enviarle un beso a mi familia mientras caminaba por el escenario, pero me pongo tan nerviosa que lo olvido. Sobre los aplausos puedo oír el grito de Kitty, el silbido de papá. Cuando es el turno de Peter, aplaudo y grito como loca, por supuesto todos los demás también. Incluso los maestros aplauden más fuerte para él. Es tan obvio cuando los profesores tienen favoritos. No es que yo pudiera culparlos por amar a Peter. Todos lo hacemos. Después de que somos declarados graduados, después de lanzar nuestras gorras en el aire, Peter hace su camino más allá de la multitud de personas para encontrarme. A medida que se mueve a través de la multitud, sonríe, hace bromas, diciendo hola a la gente, pero hay algo mal. Hay un vacío en sus ojos, incluso cuando me agarra por un abrazo. —Oye —dice, besándome rápidamente en los labios—. Así que ahora somos universitarios. Mirando a mí alrededor, enderezo mi túnica y digo—: No vi a tu mamá y a Owen en las gradas. ¿Tu papá se sentó con ellos? ¿Están aquí tus hermanos? ¿Debo ir ahora o después de tomar fotos con mi familia? Peter sacude la cabeza. Ni siquiera me mira a los ojos. —Mi papá no pudo venir a última hora. —¡Qué! ¿Por qué? —Hubo algún tipo de emergencia. Quién sabe. Estoy atónita. Su padre parecía tan sincero cuando lo vi en el juego de lacrosse. —Espero que haya sido una emergencia realmente grande como para perder la graduación de su hijo de la escuela preparatoria. —Está bien. —Peter se encoge de hombros como si no le importara, pero sé que eso no puede ser cierto. Su mandíbula está tan apretada que podría romperse los dientes. Sobre su hombro veo a mi familia haciendo su camino a través de la multitud para llegar a mí. No se puede perder el sombrero de Trina, incluso en este enjambre de personas. Mi papá lleva un gran ramo de rosas de diferentes colores. La abuela lleva un traje color arándano; su cabello con el permanente recién hecho.

Me siento tan acelerada y llena de pánico por más tiempo con Peter, para consolarlo, para estar a su lado. Le tomo la mano. —Lo siento —digo, y quiero decir más, por supuesto que sí, pero mi familia llega y todos me abrazan. Peter dice hola a mi abuela y se toma algunas fotos con nosotros antes de escapar para encontrar a su mamá y su hermano. Lo llamo, pero está demasiado lejos, y no se da la vuelta. Después de tomar fotos, papá, Trina, la abuela, Kitty, Margot y yo vamos a un restaurante japonés para el almuerzo. Pedimos platos y platos de sashimi y sushi, me pongo un babero de servilleta así la salsa de soja no mancha mi vestido blanco. Trina se sienta al lado de la abuela y charla en su oído sobre todo tipo de cosas, y puedo oír a la abuela pensando, maldita sea, esta chica habla mucho, pero está tratando, y eso es lo que importa. Trato de ser graciosa y agradecida, ya que este almuerzo es en mi honor, pero todo lo que puedo pensar es Peter y lo herida que estoy en su nombre. Sobre el helado mochi, la abuela nos cuenta todos los lugares a los que quiere llevarnos en Corea: los templos budistas, los mercados de alimentos al aire libre, la clínica de la piel donde va a conseguir sus tratamientos láser. Señala un pequeño lunar en la mejilla de Kitty y dice—: Nos encargaremos de eso. Papi parece alarmado, y Trina se apresura a preguntar—: ¿No es demasiado joven? La abuela agita su mano. —Estará bien. Entonces Kitty pregunta—: ¿Qué edad debes tener para conseguir una cirugía de nariz en Corea? —Y papá casi se ahoga con su cerveza. La abuela le echa una mirada amenazadora. —Nunca puedes cambiar de nariz. Tienes una nariz afortunada. Kitty la toca con cautela. —¿Sí? —Muy afortunada —dice la abuela—. Si cambias de nariz, cambiarás tu suerte. Así que nunca lo hagas. Me toco la nariz. La abuela nunca dijo nada sobre que mi nariz fuera afortunada. —Margot, puedes conseguir nuevos anteojos en Corea —dice la abuela—. Es muy barato comprar anteojos allá. Todas las modas más nuevas. —Oh —dice Margot, metiendo un pedazo de atún en su salsa de soja—. Siempre he querido monturas rojas. La abuela se vuelve hacia mí y me pregunta—: ¿Y tú, Lara Jean? ¿Estás entusiasmada con la clase de cocina? —Muy emocionada —le digo brillantemente. Debajo de la mesa escribo a Peter.

¿Estás bien? Ya casi terminamos la comida. Ve en cualquier momento. En el viaje a casa desde el restaurante somos sólo papá y yo, porque Trina, Margot y Kitty llevan a la abuela de regreso a casa. Cuando Margot dijo que vendría con nosotros, la abuela insistió en que los acompañara. Sabe que Margot no está loca por Trina; Sé que sólo trata de emparejarlas un poco. La abuela no se pierde nada. En el camino a casa, papá me mira desde el asiento del conductor con ojos brumosos y dice—: Tu mamá estaría tan orgullosa de ti hoy, Lara Jean. Sabes lo mucho que le importaba tu educación. Quería que tuvieras todas las oportunidades. Con el dedo en el gorro de graduación en el regazo, le pregunto—: ¿Crees que mamá estaba triste porque nunca llegó a conseguir su maestría? Quiero decir, no que alguna vez se arrepintiera de tener Kitty o algo. ¿Crees que deseaba que las cosas hubieran sucedido de otra manera? Se sorprende. Mirándome, me dice—: Bueno, no. Kitty realmente fue una sorpresa feliz. No estoy diciendo eso. Siempre quisimos una familia grande. Y planeaba regresar después de que Kitty estuviera en preescolar a tiempo completo. Nunca renunció a ese plan. —¿No lo hizo? —De ninguna manera. Conseguiría su maestría. De hecho, tomaría una clase ese otoño. Ella sólo... Se le acabó el tiempo. —La voz de papá se ahoga un poco—. Sólo teníamos dieciocho años juntos. Tuvimos tantos años como viviste, Lara Jean. Se me hace un nudo en la garganta. Cuando piensas en ello, dieciocho años con la persona que amas no es mucho tiempo. —Papá, ¿podemos pasar por la farmacia? Quiero comprar papel fotográfico. — Peter y yo nos tomamos una foto con nuestros gorros y toga esta mañana, antes de la ceremonia. Será la última página de su libro de recuerdos, nuestro último capítulo de la escuela preparatoria.

32 Traducido por AnnyR’ Corregido por Melina.

Peter viene después de cenar con su mamá y Owen. Cuando toca el timbre, corro a la puerta principal y lo primero que hago es preguntar si ha hablado con su papá, pero me deja a un lado, la misma imagen de la indiferencia. —Está bien —dice, quitándose los zapatos—. Ni siquiera quería que viniera en primer lugar. Apesta, porque se siente como si tal vez me culpa, y tal vez debería, después de todo, fui quien lo empujó a invitar a su papá. Debí escucharlo cuando dijo que no. Peter y yo subimos las escaleras hacia mi habitación, y escucho a papá gritar en broma—: ¡Mantén la puerta abierta! —De la forma en que siempre lo hace, lo que hace a Peter hacer una mueca. Me siento sobre la cama, se sienta muy lejos de mí, en el escritorio. Voy hacia él y pongo mi mano en su hombro. —Lo siento. Esto es mi culpa. Nunca debí presionarte para invitar a tu papá. Si estás enojado conmigo, no te culpo ni un poco. —¿Por qué debería estar enojado contigo? No es tu culpa que él apeste. —Cuando no digo nada, se suaviza—. Mira, realmente no estoy triste. No pasa nada. Lo conocerás en otra ocasión, ¿de acuerdo? Vacilo antes de decir—: De hecho ya lo conocí. Me mira con incredulidad. —¿Cuándo? Trago. —Accidentalmente lo conocí en uno de tus juegos de lacrosse. Me pidió no mencionarlo, no quería que supieras que estuvo ahí. Solo quería verte jugar. Dijo que te extrañaba. —El músculo en la barbilla de Peter salta—. Debí decírtelo. Lo siento. —No lo hagas. Es como dije, no doy una mierda por lo que hace. —Empiezo a decir algo en respuesta, pero me interrumpe antes de que pueda hacerlo—. ¿Podemos solo no hablar más de él? ¿Por favor? Asiento. Me mata ver el dolor en sus ojos que trata tan duro de esconder, pero siento que si continuo presionándolo, las cosas se pondrán peor. Solo quiero hacerlo sentir mejor. Que es cuando recuerdo su regalo. —¡Tengo algo para ti!

Alivio llena su cara, la tensión en sus hombros desatándose. —¿En serio? ¿Me compraste un regalo de graduación? Aunque, no traje nada para ti. —Está bien, no esperaba nada. —Salto y saco su álbum de recortes de mi caja de sombreros. Cuando le presento el libro de recortes, descubro que mi corazón salta por todo el lugar. Con entusiasmo y nerviosismo. Esto lo animará, sé que lo hará. —¡Date prisa y ábrelo! Lentamente lo hace. La primera página es una foto que encontré en una caja de zapatos cuando Kitty y yo limpiábamos el ático para hacer espacio a las cajas de Trina. Es una de las pocas de nuestros días de escuela media en el barrio. Es el primer día de escuela; estamos esperando el autobús. Los brazos de Peter están puestos alrededor de John McClaren y Trevor Pike. Genevieve y yo tenemos los brazos unidos; me susurra un secreto, probablemente sobre Peter. Me vuelvo hacia ella y no miro a la cámara. Llevo una camisola de color marrón y una falda de mezclilla, recuerdo haberme sentido muy adulta, como una adolescente. Mi cabello es largo y recto por mi espalda, y se ve casi igual que ahora. Genevieve trató de convencerme de que lo cortara en la escuela secundaria, pero dije que no. Todos parecemos muy jóvenes. John con sus mejillas rosadas, Trevor con sus gorditos, Peter con sus piernas flacas. Debajo de la foto escribí, EL PRINCIPIO. —Oooh —dice con ternura—. La bebé Lara Jean y el bebé Peter. ¿Dónde la encontraste? —En una caja de zapatos. Sonríe al rostro de John. —Idiota. —¡Peter! —Solo bromeo —dice. Ahí está nuestra foto de regreso a casa. El último Halloween, cuando me vestí como Mulan y Peter llevaba un traje de dragón. Hay un recibo de Tart y Tangy. Una de sus notas para mí, de antes. Si haces las galletas tontas de chocolate blanco de Josh y no las mías de pastel de frutas, se acabó. Fotos de nosotros de La Semana de los de último año. El baile de graduación. Pétalos de rosa secos de mi ramillete. La foto de Dieciséis velas. Hay algunas cosas que no incluí, como el recibo de nuestra primera cita real, la nota que me escribió que decía, me gustas en azul. Esas cosas están escondidas en mi caja de sombreros. Nunca dejaré que se vayan. Pero lo realmente especial que he incluido es mi carta, la que le escribí hace tanto tiempo, la que nos unió. Quería mantenerla, pero algo se sentía bien sobre que Peter la tuviera. Un día todo esto será prueba, prueba de que estábamos aquí, prueba de que nos

amábamos. Es la garantía de que no importa lo que nos suceda en el futuro, este momento fue nuestro. Cuando llega a esa página, Peter se detiene. —Pensé que querías mantener esto —dijo. —Quería, pero luego sentí que deberías tenerla. Solo prométeme que la mantendrás siempre. Pasa la página. Es una foto de cuando llevamos a mi abuela al karaoke. Canté "You're So Vain" y se la dedique a Peter. Peter se levantó y cantó "Style" de Taylor Swift. Entonces cantó en duo "Unchained Melody" con mi abuela, y después, nos hizo a ambos la promesa de tomar una clase de lengua coreana en la Universidad de Virginia. Ella y Peter se tomaron un montón de selfies juntos esa noche. Mi abuela las puso en la pantalla de inicio de su teléfono. Sus amigos en su complejo de apartamentos dijeron que parecía una estrella de cine. Cometí el error de decirle a Peter, y se jacto de ello durante días. Se mantiene en la página por un momento. Cuando no dice nada, digo, amablemente—: Es algo para recordarnos. Cierra el libro. —Gracias —dice, destellándome una sonrisa rápida—. Esto es asombroso. —¿No vas a mirar el resto? —Lo haré, más tarde. Peter dice que debe regresar a casa así puede empacar para la Semana de Playa, antes de que bajemos las escaleras, le pregunto de nuevo si esa bien, me asegura que lo está. *** Después de que Peter se va, Margot sube a mi habitación y me ayuda a empacar. Me encuentro sentada con las piernas cruzadas en el suelo, arreglando mi maleta, y ella me alcanza las pilas de ropa. Todavía me siento preocupada por Peter, así que me alegro de tener su compañía para quitarme las cosas de la cabeza. —No puedo creer que ya te hayas graduado —dice Margot, doblando una pila de camisetas para mí—. En mi cabeza todavía tienes la misma edad que tuve cuando me fui —dice burlona—, siempre dulces dieciséis, Lara Jean. —Soy casi tan adulta como tú ahora, Gogo —digo. —Bueno, siempre serás más baja que yo, por lo menos —dice, y le tiro un top de bikini en la cabeza—. Pronto estaremos preparándote para la universidad.

Meto un rizador en el bolsillo de mi maleta. —Margot, cuando fuiste a la universidad, ¿qué es lo que más echaste de menos de casa? —Bueno, a ustedes, obviamente. —¿Pero qué más? Como, ¿cuáles fueron las cosas inesperadas que extrañaste? —Extrañé darle a Kitty un beso de buenas noches después de tomar un baño y su cabello estaba limpio. Hago un sonido ronco. —¡Una rara ocasión! Margot se toma su tiempo, pensando en qué más. —Extrañé una buena hamburguesa. Las hamburguesas saben diferente en Escocia. Más como… pastel de carne. Pan de carne en un bollo. Hmm, ¿qué más? Eché de menos llevarlas en el auto alrededor. Me sentía como el capitán de un barco. ¡Extrañé tus productos horneados! —¿Cuáles? —pregunto. —¿Mmm? —¿Cuáles fueron las que más echaste de menos? —Tu pastel de limón. —Si me lo hubieras dicho, te habría enviado uno. Sonriendo, dice—: Estoy bastante segura que enviar un pastel al extranjero es exorbitantemente caro. —Vamos a hacer uno ahora —digo, y Margot zapatea felizmente. *** Así que bajamos y eso es lo que hacemos. Kitty está dormida; papá y Trina se hallan en su dormitorio con la puerta cerrada. Por mucho que me encanta Trina, esa es una cosa extraña para acostumbrarse también. La puerta de papá nunca estaba cerrada. Pero supongo que también necesita su tiempo, tiempo en el que no es un padre. Ni siquiera para el sexo, pero sólo para hablar, para tomar un respiro. Pero también para el sexo, supongo. Margot mide la harina cuando pregunto—: ¿Tenían música cuando tú y Josh lo hicieron por primera vez? —¡Me hiciste perder la cuenta! —Margot deposita toda la harina en el recipiente y vuelve a empezar. —Bueno, ¿la tenían? —No. ¡Fisgona! Lo juro, eres peor que Kitty. Ruedo un limón en el mostrador para calentarlo antes de empezar a apretar. —Así que fue solo… ¿silencioso?

—No fue silencioso. Había el sonido de alguien segando su césped. Y su mamá tenía la secadora. Su secadora es muy ruidosa… —Pero su mamá no estaba en casa, ¿verdad? —¡De ninguna manera! No podía hacer eso. Mi compañera de cuarto trajo a alguien a casa una vez y fingí estar dormida, pero honestamente, trataba de no reír. El tipo respiraba muy pesadamente. También gimoteaba mucho. Las dos nos reímos. —Espero que mi compañera de cuarto no haga eso. —Simplemente establezcan reglas básicas al principio. Como quien puede usar la habitación cuando pasen ese tipo de cosas. Y recuerda que debes tratar de ser comprensiva, porque Peter estará visitando mucho, y no quieres usar su buena voluntad. —Hace una pausa—. Ustedes no han tenido sexo todavía, ¿verdad? —Rápidamente agrega—: No tienes que decirlo si no quieres. —No —digo—. Quiero decir, todavía no. —¿Estas pensado en eso? —pregunta Margot, tratando de sonar casual—. ¿Por la Semana de la Playa? No le contesto de inmediato. No pensaba en ello, no en la Semana de la Playa específicamente, de todos modos. La idea de que Peter y yo tengamos relaciones sexuales en el futuro, que sea tan trivial para nosotros como ir al cine o tomarnos de la mano, es un poco extraño de imaginar. Simplemente no quiero que sea menos especial, después de hacerlo. Quiero que sea siempre una cosa sagrada, no algo para dar por sentado porque todo el mundo lo hace, o porque lo hemos hecho antes. Supongo que cualquier cosa puede convertirse en ordinario o común si lo haces suficientes veces, pero mi esperanza es que esto nunca lo sea. No para nosotros. —Creo que definitivamente quiero música —digo, depositando el jugo de limón en una copa de medir de vidrio—. De esa manera si respiro pesadamente o él lo hace, no lo sabremos realmente. Y será más romántico. La música hace que todo sea más romántico, ¿no? En un segundo andas con tu perro en los suburbios, luego pones Adele, y es como si estuvieras en una película y acabas de romper brutalmente tu corazón. Margot dice—: En las películas nunca se ponen condón, así que asegúrate de estar en la vida real para esa parte. Eso es suficiente para sacarme de mi ensueño. —Papá me dio un kit completo. Lo dejó en el baño de arriba para mí. Condones, cremas, protectores dentales. —Me eché a reír—. ¿No es “protector dental” la palabra más indecente que hayas escuchado? —No, ¡creo que es la gonorrea!

Abruptamente dejo de reír. —¡Peter no tiene gonorrea! —Ahora Margot es la que se vuelve loca—. ¡No lo hace! —Lo sé, sólo bromeo. Pero creo que deberías empacar tu equipo por si las cosas van en esa dirección. —Gogo, no planeo tener sexo en la Semana de la Playa. —¡Dije por si acaso! Nunca se sabe. —Empuja su cabello fuera de su rostro y en un tono serio, dice—: Sin embargo, estoy muy contenta de que mi primera vez fue con Josh. Debe ser con alguien que realmente te conoce. Alguien que te ama. *** Antes de ir a la cama, abro ese kit, saco los condones y los pongo en el fondo de mi maleta. Luego elijo mi más bonito conjunto de sujetador y ropa interior, rosa pálido bordado en encaje azul eléctrico, nunca se ha usado, y lo meto en la maleta también. Por si acaso.

33 Traducido por Val_17 Corregido por Vane Farrow

Peter llega a mi casa muy temprano a recogerme. Todos los demás están en una caravana juntos, pero Peter quería que sólo fuéramos nosotros en su auto biplaza. Se encuentra de buen humor; trajo donas para nosotros, como en los viejos tiempos. Aunque dice que son todas para mí. Desde que regresó de ese fin de semana de entrenamiento con su equipo de lacrosse, ha estado en modo sano. Movemos cosas en su auto para hacer espacio para mi maleta cuando Kitty viene corriendo a saludar. Ve la bolsa de donas que descansa en la parte superior de mi bolso y agarra una. Con la boca llena, dice—: Peter, ¿Lara Jean te contó las noticias sobre Corea? —¿Qué noticias? —dice. Muevo la cabeza hacia Kitty y le lanzo una mirada. —Estaba a punto de decirle. Peter, no tuve la oportunidad de contártelo ayer… mi papá nos enviará a Corea como mi regalo de graduación. —Vaya, eso es genial —dice Peter. —Sí, vamos a ver a nuestros familiares y también recorreremos el país. —¿Cuándo? Le doy un vistazo. —El próximo mes. —¿Por cuánto tiempo? —pregunta. —Un mes. Me mira con consternación. —¿Un mes? ¿Tanto tiempo? —Lo sé. —Ya estamos a mediados de junio. Sólo quedan dos meses de verano aquí y entonces él se quedará y yo estaré en Chapel Hill. —Un mes —repite. Antes de Peter, no lo habría pensado dos veces antes de ir a Corea por un mes. Me habría alegrado. Pero ahora… nunca se lo diría a papá, Margot o Kitty, pero no quiero ir. Simplemente no quiero. Sí quiero. Pero no.

Cuando estamos en el auto, en camino, digo—: Vamos a hablar por FaceTime todos los días. Hay una diferencia horaria de trece horas, así que, si te llamo por la noche, aquí será de mañana. Peter parece sombrío. —Íbamos a ir a casa de Bledell para el fin de semana del cuatro de julio, ¿recuerdas? Su papá consiguió un nuevo bote. Iba a enseñarte a hacer esquí acuático. —Lo sé. —¿Qué voy a hacer cuando estés tan lejos? El verano va a apestar. Quería llevarte a Pony Pasture. —Pony Pasture es un pequeño parque junto al río James en Richmond; hay grandes piedras en las que puedes tumbarte, y puedes flotar por el río en tubos internos. Peter ha ido antes, con amigos de la escuela, pero yo nunca lo he hecho. —Podemos ir cuando regrese —digo, asiente de mala gana—. Y traeré muchos regalos. Máscaras faciales. Caramelos coreanos ¡Un regalo por día! —Tráeme algunos calcetines de tigre. —Sólo si los hacen lo suficientemente grandes —digo, bromeando, sólo para hacerlo sonreír. Esta semana tendrá que ser la más perfecta, la mejor de todas, para compensar el hecho de que me iré todo el verano. El teléfono de Peter vibra, e ignora la llamada sin mirar para ver quién es. Un minuto después, vuelve a vibrar, y frunce el ceño. —¿Quién es? —pregunto. —Mi papá —dice en un tono cortante. —Espero que esté llamando para disculparse y explicar cómo pudo perderse la graduación de su propio hijo. —Ya sé por qué. Le dijo a mi mamá que Everett tuvo una reacción alérgica, así que lo llevaron a urgencias. —Oh —digo—. Supongo que esa es una muy buena excusa. ¿Everett está bien? —Está bien. No creo que en realidad sea tan alérgico. Cuando como fresas, me pica la lengua. No es gran cosa. —Con eso, Peter enciende la música, y no hablamos por un rato. *** La casa de las chicas está en la segunda fila, con vista a la playa. Se encuentra sobre pilotes, como todas las otras casas de la segunda fila. Hay tres niveles, con la cocina y sala de estar en el nivel inferior, y las habitaciones en los niveles superiores. Chris y yo compartimos una

habitación con dos camas en el último nivel. Es como si estuviéramos en la cima de un faro. Los edredones son de color turquesa con conchas marinas en ellos. Todo huele un poco a humedad, pero no es un mal lugar. Todas las chicas en la casa han asumido diferentes roles, a excepción de Chris, cuyo rol principal ha sido dormir en la playa todo el día con una botella de cerveza. El primer día regresó con el pecho y la cara de un color langosta; la única parte que no se quemó fue donde se encontraban sus gafas de sol. Parecía avergonzada, pero le restó importancia, diciendo que era la base de su bronceado para Costa Rica. Pammy es la mamá del grupo. Les prometió a sus padres que no bebería, así que se encarga de comprobar a las otras chicas y llevarles agua y Advil a sus camas por la mañana. Kaila es realmente buena con una plancha. Incluso puede hacer rizos, algo que nunca he conseguido con la mía. Harley es buena en coordinar y hacer planes con las otras casas. Soy la cocinera. Cuando llegamos a la casa, salimos e hicimos un gran viaje de compras, trajimos embutidos, granola, pasta seca y tarros de salsa, condimentos, cereales. Lo único que no compramos fue papel higiénico, el cual se nos acabó en el segundo día. Cada vez que salimos de la casa para comer o cenar fuera, una de nosotras se roba un rollo de papel higiénico del baño del restaurante. Porque simplemente no vamos a comprar más, no lo sé, pero se ha convertido en una especie de juego. Chris es la clara ganadora, porque consiguió sacar un rollo de tamaño económico del dispensador, y lo contrabandeó bajo su camiseta. Los chicos vienen todos los días a pasar el rato, porque su casa ya se encuentra llena de arena. La hemos apodado el Castillo de Arena. Sólo sentarse en su sofá es como restregar tu cuerpo, te levantas sintiéndote exfoliada y no de una buena manera. Me pregunto si así es cómo se sentiría vivir en una fraternidad. Al principio es un poco encantador, como esas casas de huéspedes en los años cuarenta, prestándonos esmaltes de uñas y escuchando música mientras nos arreglamos, comiendo helado en la cama. Pero entonces el miércoles, Kaila y Harley comienzan a pelear a gritos a la una de la mañana por quién dejó la plancha encendida y nuestros vecinos llaman a la policía. Esa misma noche Pammy se emborracha, y me siento a su lado en la playa durante horas mientras llora, porque se siente culpable al romper la promesa que les hizo a sus padres. A la noche siguiente, algunas de las chicas salen a un club y traen a tres tipos de Montana. Uno tiene ojos inquietos y me aseguro de bloquear la puerta de mi dormitorio esa noche. En nuestra habitación, le mando un mensaje a Peter, que ya ha regresado a su casa. Vuelve a venir y se instala en la planta baja para “vigilarlos”.

Peter y yo pasamos nuestros días en la playa, donde me siento y leo mientras él hace largas carreras. Dado que estamos aquí, sale a correr todo el tiempo, porque no puede entrenar como lo hace en casa, en el gimnasio. Sale a correr en la mañana antes de que se ponga caluroso, hace una carrera corta al mediodía, y otra larga al anochecer. Excepto por el día en que lo hago ir conmigo al museo de los hermanos Wright en Kill Devil Hills. Fui ahí cuando era niña con mi familia, antes de que Kitty naciera, pero era demasiado pequeña para subir al monumento. Subimos hasta la cima y disfrutamos de la vista. Durante toda la semana, Peter ha sido tan maravilloso y encantador como siempre, especialmente delante de otras personas, siempre con una sonrisa tranquila en su rostro, siempre es el primero en sugerir una actividad, un juego. Pero conmigo ha estado distante. Aunque se encuentra justo aquí a mí lado, se siente muy lejos. Inalcanzable. He tratado de abordar el tema de su papá de nuevo, pero sólo se ríe. Tampoco ha dicho algo sobre mi viaje a Corea. Cada noche hay una fiesta en una de las casas, excepto en la nuestra. Nunca somos los anfitriones, porque a Pammy le preocupa perder nuestro depósito de seguridad. Lo bueno de esto es que todos los grupos pasan el rato entre sí de una manera en que la gente no lo hacía en la preparatoria. Hay algo liberador en saber que todo se ha terminado. No volveremos a estar juntos, así que, ¿por qué no? En ese espíritu, Chris conecta con Patrick Shaw, un tipo del club de anime de Josh. Esta noche la fiesta es en casa de Peter. No tengo idea de cómo van a recuperar su depósito de seguridad, porque el lugar es un desastre arenoso: una de las sillas de mimbre en la cubierta se encuentra rota, hay latas de cerveza por todas partes, y alguien se sentó en el sofá beige sobre una toalla mojada de color naranja y ahora hay un gran punto naranja en el medio. Camino a través de la cocina cuando veo a John Ambrose McClaren, yendo hacia la nevera. Me congelo. Peter ha estado de un humor tan impredecible; no sé qué hará cuando vea a John en su casa. Trato de decidir si debería ir a buscar a Peter y decirle que John está aquí, cuando asoma la cabeza de detrás de la puerta del refrigerador. Sostiene una zanahoria y la mastica. —¡Oye! Pensé que podría verte aquí. —¡Hola! —digo alegremente, como si no estuviera contemplando esconderme antes de que me viera. Se acerca y me da un abrazo con un brazo, porque todavía sostiene la zanahoria—. ¿Has visto a Peter? — le pregunto—. Él se queda en esta casa. —No, acabamos de llegar. —John se ve bronceado, su cabello blanqueado por el sol, lleva una camisa desgastada azul y blanca, y pantalones cortos color caqui—. ¿Dónde te estás quedando?

—Muy cerca de aquí. ¿Qué hay de ti? —Tenemos una casa en Duck. —Sonríe y luego me ofrece su zanahoria—. ¿Quieres un mordisco? Me río. —No, gracias. Entonces, ¿dónde decidiste ir a la universidad? —William y Mary. —Levanta su mano para darme los cinco—. Te veré ahí, ¿verdad? —De hecho… voy a Chapel Hill. Salí de la lista de espera. Su mandíbula cae. —¿En serio? ¡Eso es increíble! —Me tira para un abrazo—. Es asombroso. En realidad, es el lugar perfecto para ti. Te va a encantar ahí. Estoy mirando la puerta de la cocina, pensando en cómo puedo evitar esta conversación con gracia, cuando Peter pasa por la cocina con una cerveza en la mano. Se detiene cuando nos ve. Me encojo por dentro, pero simplemente sonríe y grita—: ¡McClaren! ¡Qué pasa! —Se dan un abrazo de chicos, de esos en que chocan y luego se dan un golpe en la espalda. Cuando se alejan, los ojos de Peter permanecen en la zanahoria que tiene John en la mano. Todos los días, Peter se prepara un batido de proteínas de zanahoria y arándanos, sé que le molesta que le haya sacado una. Ha contado exactamente cuántas zanahorias necesita para el resto de la semana. —Lara Jean acaba de decirme que se irá a Carolina —dice John, apoyando su espalda contra la encimera—. Estoy tan celoso. —Sí, siempre quisiste ir ahí, ¿verdad? —Los ojos de Peter siguen en la zanahoria. —Desde que era niño. Era mi primera opción. —John me da un codazo de forma juguetona—. Esta chica se escabulló ahí como un ladrón en la noche. Me quitó mi lugar. Sonriendo, digo—: Lo siento por eso. —No, sólo bromeo contigo. —John muerde su zanahoria—. Sin embargo, podría transferirme. Ya veremos. Peter pone su brazo alrededor de mi cintura y toma un trago de cerveza. —Deberías hacerlo. Podríamos ir a un juego de Tar Heels juntos. —Lo dice tranquilamente, pero puedo escuchar la tensión por debajo. John también lo nota. —Por supuesto —dice. Luego se termina el resto de la zanahoria y tira el tallo en el fregadero—. Quiero que conozcan a mi novia, Dipti. Está por aquí en alguna parte. —Saca un celular de su bolsillo y le envía un mensaje. Seguimos de pie cuando nos encuentra. Es más alta que yo, de apariencia deportiva, cabello negro hasta los hombros, piel oscura, tal vez india. Tiene una bonita sonrisa blanca y un hoyuelo. Lleva puesto un

overol blanco y sandalias. Lamento mi decisión de usar una camiseta de Peter de la UVA y pantalones cortos. Nos presentamos, y luego se sienta en la encimera y pregunta—: Entonces, ¿cómo se conocen ustedes? —McClaren era mi mejor amigo en la preparatoria —dice Peter—. Solían llamarnos Butch Cassidy y Sundance Kid. ¿Quién crees que era Butch y quién crees que era Sundance Kid, Dipti? Se ríe. —No lo sé. Nunca vi esa película. —Butch era el personaje principal. —Peter se señala a sí mismo—. Sundance Kid por acá —señala a John—, era el compañero. —Se ríe, y me encojo por dentro, pero John simplemente sacude la cabeza con su habitual buen humor. Peter agarra el bíceps de John—. Vaya, ¿has estado entrenando? —A Dipti le dice—: Este chico solía tener brazos de espaguetis y leía todo el día, pero ahora míralo. Es un semental. —Oye, todavía leo —dice John. —Cuando Peter y yo nos reunimos por primera vez, pensé que tal vez no sabía leer —digo, y John se dobla de la risa. Peter también se ríe, pero no tan amablemente como hace un segundo. *** Cuando se hace tarde, Peter dice que debería quedarme en lugar de regresar a mi casa. Digo que no, porque no tengo mi cepillo de dientes o alguna de mis cosas, pero en realidad sólo estoy molesta con él por la forma en que actuó delante de John. En el camino de vuelta a mi casa, Peter dice—: Dipti parece genial. Buena para McClaren. Sin embargo, dudo que se queden juntos. Probablemente se visitarán una vez y romperán para Navidad, si es que duran tanto. Dejo de caminar. —Esa es una cosa horrible para decir. —¿Qué? Sólo soy honesto. Me coloco frente a él, y el viento salado de la playa azota mi pelo alrededor de mi cara. —De acuerdo, si sólo eres “honesto”, entonces tal vez yo también lo seré. —Peter levanta una ceja y espera a que continúe—. Actuaste como un idiota esta noche. La inseguridad no te queda bien, Peter. —¿Yo? —Peter hace un sonido burlón—. ¿Inseguro? ¿Sobre qué? ¿McClaren? Por favor. ¿Viste cómo se metió en el refrigerador y se comió mis zanahorias?

Empiezo a caminar de nuevo, más rápido. —¡A quién le importa tus zanahorias! Se apresura para alcanzarme. —¡Sabes que trato de ponerme en forma para el lacrosse! —Eres ridículo, ¿lo sabes? —Ahora estamos de pie frente a mi casa. Caminar enojado te lleva a los lugares más rápido—. Buenas noches, Peter. —Me doy la vuelta y empiezo a subir las escaleras; Peter no intenta detenerme.

34 Traducido por Julie Corregido por Vane Farrow

A la mañana siguiente, me despierto sin saber si Peter y yo estamos peleados. Anoche lo sentí como una pelea, pero no estoy segura de si él está enojado conmigo o si se supone que yo estoy enojada con él. Es una sensación inquietante. No quiero estar enojada con él. Me voy a Corea el primero de julio. No tenemos tiempo para entrar en peleas tontas sobre zanahorias y John Ambrose McClaren. Cada segundo que nos queda juntos es preciado. Decido hacerle tostada francesa como ofrenda de paz. Su comida favorita para el desayuno, además de las rosquillas, es la tostada francesa. En la cocina encuentro una caja de azúcar en el gabinete, leche, media barra de pan, un par de huevos, pero canela no. La canela es esencial. Tomo las llaves del coche de Pammy y me dirijo al pequeño mercado cerca de nuestra casa, donde compro una coctelera de canela, mantequilla, una docena de huevos y una nueva hogaza de pan blanco, porque supongo que podría hacer tostadas para toda la casa de Peter mientras estoy en ello. En el último segundo, agarro una bolsa de zanahorias. Todo el mundo en su casa continúa durmiendo, y el lugar se ve aún peor que la noche anterior. Botellas de cerveza por todas partes, bolsas vacías de patatas fritas esparcidas, trajes de baño secándose sobre los muebles. Los platos sucios se encuentran apilados en el fregadero, y tengo que lavar un tazón y una espátula cubierta con huevo viejo para comenzar a cocinar. Debido a que el pan es fresco, mis primeras piezas terminan desintegrándose en la mezcla de huevo, pero le cojo el truquillo en el tercer intento, sumergiendo el pan por solo unos segundos antes de colocarlo en la sartén. Los muchachos bajan las escaleras, y sigo sirviendo más tostadas francesas. Cada vez que la pila disminuye, agrego más. Peter es el último en bajar, y cuando le ofrezco una porción, una de las buenas

crujientes, sacude la cabeza y dice que mejor no, debido a su dieta. No me mira a los ojos cuando lo dice. Simplemente no quiere comer algo que hice yo. Después del desayuno, no me quedo, y de nuevo Peter no intenta detenerme. Regreso a casa y despierto a Chris, que sigue con la ropa de anoche. —Tengo un poco de tostada francesa en la planta baja — digo. Le traje la porción que guardé para Peter. *** Esa noche hay una comida al aire libre, en una casa a pocas calles de la nuestra. Nuestra casa trae bandejas de ensalada de patata de color amarillo fosforescente y todos los enfriadores de vino que nos quedan. Ya que es la última noche, estamos vaciando la nevera. En la terraza, termino en una conversación con Kaila y Emily Nussbaum, una de las amigas de Genevieve. Apenas he visto a Genevieve esta semana, porque está aquí con sus amigos de la iglesia, y su casa es una mezcla de personas de otras escuelas. Emily me pregunta—: ¿Así que Kavinsky y tú de verdad van a seguir juntos? ¿Justo en este momento? No tengo ni idea, viendo como apenas nos hemos dicho dos palabras entre sí durante toda la noche. Por supuesto que no digo eso. Lo que le diga a Emily, llegará a Genevieve. Puede que Gen haya seguido adelante, pero seguramente seguiría teniendo placer en que Peter y yo peleáramos. Le digo—: Sí, estamos juntos. UNC y UVA no se encuentran tan lejos. Kaila sorbe el ron y la coca dietética desde la pajilla, dándome una mirada de soslayo. —Sabes, eres una chica interesante, Lara Jean. Pareces tímida y un poco infantil al principio, pero en realidad eres muy confiada. Es un cumplido, por cierto. —Gracias —le digo. Si alguien te da un cumplido, no creo que deban aclarártelo; debería ser obvio para la persona que lo recibe. Tomo un sorbo de la bebida que me preparó Chris, y casi la escupo porque la hizo tan fuerte. La nombró Shirley Temple adulto, signifique lo que signifique. —Puedo ver por qué le gustas a Kavinsky —dice Kaila—. Espero que funcione. —Gracias —digo. Emily pone los pies en mi silla y dice—: Si Blake me dejara, me volvería loca. Estaría absolutamente devastada.

—Bueno, ustedes son muy intensos. Es probable que se casen justo después de la universidad. —De ninguna manera —dice Emily, pero obviamente está contenta. —Todos ustedes van a la misma escuela. Es diferente. —Kaila me mira—. No creo que pudiera tener una relación a larga distancia. —¿Por qué no? —pregunto. —Me gusta ver a mi hombre todos los días. No quiero preguntarme qué se trae entre manos. ¿Soy una persona posesiva? Sí. Pero también, no quiero tener que jugar a ponernos al tanto al final del día. Necesito ser parte de su vida diaria y él necesita ser parte de la mía. —Quiebra el hielo con sus dientes. Eso fue lo que pasó con Margot y conmigo cuando fue a la universidad. La distancia llegó lentamente, como el agua de mar llenando un bote, sin que ni siquiera nos diéramos cuenta. Antes de que uno lo sepa, se encuentra bajo el agua. Lo superamos, pero somos hermanas. Las hermanas siempre encuentran el camino de regreso a la otra. No creo que sea lo mismo para los novios. La idea de que esto nos suceda a Peter y a mí me llena de tanta tristeza. ¿Cómo lo evitaremos? ¿Hablando todos los días? ¿Visitándonos al menos una vez al mes? Él mismo lo dijo: su vida va a estar tan ocupada debido al lacrosse. Ya está cambiando, con su dieta saludable y sus entrenamientos. Estamos peleando, y nunca peleábamos, en realidad no. No del tipo de peleas que no tienen vuelta atrás. ¿Y ahora qué? ¿Cómo negociamos este próximo paso? Me quedo unos minutos más, cuando Emily y Kaila empiezan a hablar de si entrar o no a una hermandad de mujeres, hago mi escape para encontrar a Peter. Entre esta conversación y la pelea de anoche, solo quiero tenerlo cerca, mientras seguimos en la misma vecindad. Lo encuentro de pie con un montón de chicos que construyen una hoguera. Ya parece tan lejano, y deseo tanto que las cosas se sientan normales entre nosotros de nuevo. Tomo un gran sorbo de Shirley Temple, en busca de coraje. Nuestros ojos se encuentran, y articulo con la boca: ¿Quieres que nos vayamos? Asiente. Empiezo a dirigirme al interior, y me sigue. Mientras tomo otro sorbo de Shirley Temple, pregunta—: ¿Qué bebes? —Algo que me preparó Chris. Agarra el vaso rojo y lo arroja en la basura en nuestra salida. Nuestro viaje a mi casa es bastante silencioso, excepto por el sonido de las olas del mar. No creo que ninguno de los dos sepa qué decir, porque lo que ocurre entre nosotros, los dos sabemos que no fue John Ambrose McClaren, o las zanahorias.

Mientras bajamos por la calle, escucho la voz apagada de Peter. —¿Sigues enojada por lo de anoche? —No. —De acuerdo, bien —dice—. Vi las zanahorias que compraste en la nevera. Lamento no haber comido tu tostada francesa. —¿Por qué no lo hiciste? Sé que no fue por tu dieta. Peter se frota la nuca. —No sé cuál era mi problema. Simplemente he estado de un humor extraño. Lo miro; su rostro luce ensombrecido por la oscuridad. —Solo tenemos un poco de tiempo antes de que me vaya a Corea. No lo desperdiciemos. —Entonces deslizo mi mano en la suya, y la aprieta. La casa se encuentra completamente vacía, por primera vez toda la semana. Todas las otras chicas siguen en la fiesta, a excepción de Chris, que se encontró con alguien que conoce a través de Applebee’s. Subimos a mi habitación, Peter se quita los zapatos y se mete en la cama. —¿Quieres ver una película? —pregunta, estirando los brazos detrás de la cabeza. No, no quiero ver una película. De repente mi corazón se acelera, porque sé lo que quiero hacer. Estoy lista. Me siento en la cama a su lado cuando dice—: O podríamos empezar una nueva serie... Presiono mis labios contra su cuello, y puedo sentir cómo salta su pulso. —¿Y si no vemos una película ni una serie? Y si… hacemos algo más. —Le doy una mirada significativa. Su cuerpo se estremece por la sorpresa. —¿Qué, te refieres a este momento? —Sí. —Ahora. Ahora se siente bien. Comienzo a plantar pequeños besos en su garganta—. ¿Te gusta eso? Lo siento tragar saliva. —Sí. —Me aparta de él para poder mirarme a la cara—. Paremos un segundo. No puedo pensar. ¿Estás borracha? ¿Qué puso Chris en esa bebida que te dio? —¡No, no estoy borracha! —Sentía un poco de calor en mi cuerpo, pero el viaje a casa me despertó. Peter todavía me mira fijamente—. No estoy borracha. Lo juro. Traga con fuerza, sus ojos buscando los míos. —¿Segura que quieres hacer esto? —Sí —digo, porque de verdad estoy muy segura—. Pero, primero, ¿puedes poner a Frank Ocean? Coge su teléfono, un segundo después, comienza el ritmo y la voz melódica de Frank llena la habitación. Peter desabrocha torpemente

los botones de su camisa y luego se da por vencido y empieza a quitarme mi blusa, y grito—: ¡Espera! Peter se sorprende tanto, que se aleja de mí. —¿Qué? ¿Qué pasa? Salto de la cama y comienzo a hurgar en mi maleta. No estoy usando mi conjunto especial de sujetador y bragas; llevo mi sostén usual de color cappuccino con los bordes deshilachados. No puedo perder mi virginidad con mi sostén más feo. —¿Qué haces? —me pregunta. —Espera un segundo. Corro al cuarto de baño y cambio mi viejo sostén y bragas por el conjunto de encaje. Luego me cepillo los dientes, miro mi cara en el espejo. Eso es todo. Yo, Lara Jean Song Covey, estoy a punto de perder mi virginidad con Peter K. Peter dice—: ¿Está todo bien? —¡Solo un segundo! —¿Debo ponerme mi ropa de nuevo o simplemente salir con mi ropa interior? Nunca me ha visto antes con mi ropa interior. Bueno, supongo que está a punto de verme sin nada, así que podría hacerlo. Salgo del baño, llevando mi ropa delante de mí como un escudo, Peter me mira dos veces cuando me ve y se quita rápidamente la camisa. Puedo sentirme sonrojada. Meto mi sujetador y ropa interior en la maleta, luego rebusco dentro hasta encontrar el paquete de condones. Saco uno, luego vuelvo a la cama y me meto debajo de las sábanas. —Bien, ahora me encuentro lista. —Me gusta tu sujetador —dice, apartando la sábana de mí. —Gracias. Se acerca a mí y me besa el párpado. Primero el izquierdo, luego el derecho. —¿Estás nerviosa? —Un poco. —No tenemos que hacer nada esta noche, Covey. —No, quiero hacerlo. —Sostengo el condón en alto, las cejas de Peter se disparan—. Del kit de papá. ¿Recuerdas que te dije que me hizo un kit de anticoncepción? Agarrando el condón, me besa en el cuello y dice—: ¿Podemos no hablar de tu papá en este momento? —Claro —digo. Peter rueda encima de mí. Mi corazón palpita en mi pecho, como lo hace cada vez que estoy cerca de él, pero ahora más aún, porque todo se encuentra a punto de cambiar. Voy a ir a algún lugar con él

que nunca he ido antes. Tiene cuidado de sostener su peso en sus antebrazos, de no aplastarme, pero no me importa el peso de su cuerpo en el mío. Su mano se ubica en mi cabello de la manera que me gusta; sus labios son cálidos. Los dos respiramos con rapidez. Y entonces de repente ya no me besa más. Abro los ojos y se cierne sobre mí, frunciendo el ceño. —¿Esto es porque tuvimos una pelea anoche? Porque, Covey... —No es por la pelea. Simplemente... simplemente quiero sentirme cerca de ti. —Me mira con tanta atención, y me doy cuenta de que espera más, que le dé una razón más importante. Es bastante simple, de verdad—. No es todo de repente. Quiero tener sexo contigo porque te amo y quiero que seas tú. —¿Pero por qué yo? —Porque... porque tú eres mi primer amor, ¿quién más sería? Peter se aleja de mí y se sienta; pone la cabeza en sus manos. También me siento, tirando de la sábana a mi alrededor. —¿Qué pasa? —No dice nada por lo que parece una eternidad—. Por favor, dilo. —Empiezo a sentirme mal del estómago. —No quiero hacer esto en este momento. —¿Por qué no? —susurro. No puede mirarme. —No lo sé… Tengo mucho en mente. Entre el lacrosse, la ausencia de mi padre en la graduación, y ahora que te vas durante el verano. —No todo el verano. Solamente julio. ¡Volveré a finales de julio! ¿Por qué te adelantas a todo el verano? Sacude la cabeza. —Parece que te vas y no te importa. —¡Sabes que no fue mi elección! ¡Mi padre me sorprendió! No estás siendo justo, Peter. Me mira un segundo. —¿Qué pasa con UNC? ¿Siquiera planeas transferirte a UVA? Cuando se trataba de William y Mary, era un hecho, y ahora no lo parece. Me humedezco los labios. Mi corazón palpita fuera de control. — No estoy segura. ¿Tal vez? Pero tal vez no. UNC se siente diferente para mí. —Sí, lo sé. Es obvio. —¡No hagas que suene como algo malo! ¿Preferirías ir a un lugar cualquiera y ser infeliz? —Temporalmente infeliz —corrige. —¡Peter!

—Vamos, Lara Jean. ¿En serio piensas esa mierda de mí? —No. Yo… simplemente no entiendo por qué actúas de esta manera. Quiero darle al menos una verdadera oportunidad a UNC. Quiero darme una oportunidad. —Mis ojos se llenan de lágrimas y resulta difícil hablar—. Y creo que tú también deberías querer eso para mí. Peter se encoge como si lo hubiera golpeado. Esta cama es pequeña, pero ahora parece que está tan lejos de mí. Deseo tanto acercarme a él que es doloroso. Pero no puedo. En silencio, vuelve a ponerse la camisa. —Creo que me voy — dice. Luego se levanta, sale por la puerta y se va. Espero que la puerta principal se cierre antes de empezar a llorar.

35 Traducido por florbarbero Corregido por Anna Karol

A medida que subimos el equipaje al coche por la mañana, sigo pensando que Peter podría aparecer para llevarme a casa, pero no lo hace, y tampoco lo busco. Voy a Virginia con las chicas. No oigo nada de Peter hasta el día siguiente. Recibo un texto que dice: Lo siento por lo de anoche. Fui un idiota. Vamos a hacer que esto funcione, te lo prometo. Tengo que hacer algunas cosas para mi mamá, pero ¿puedo verte más tarde? Le respondo el texto: Sí. Responde: Realmente lo siento. Te amo. Empiezo a contestar “también te amo”, cuando mi teléfono suena. Es el número de la casa de Peter, así que respondo con ansiedad. —Yo también te amo —le digo. Hay un silencio estupefacto en el otro extremo, luego una pequeña risa para ocultarlo. —Hola, Lara Jean. Es la mamá de Peter. Estoy mortificada. —¡Oh! Hola, señora Kavinsky. Quiere que vaya a charlar con ella. Dice que Peter no está en casa, que seremos sólo nosotras dos. Debe haberlo enviado hacer mandados para poder invitarme. ¿Qué puedo hacer sino ir? Me pongo un vestido amarillo, pinto mis labios, me cepillo el pelo y conduzco a casa de Peter. Ella abre la puerta con una sonrisa en su cara, está usando una blusa de algodón y bermudas. —Vamos adentro —dice.

La sigo hasta la cocina y dice—: Lara Jean, ¿quieres algo de beber? ¿Té dulce? —Claro —digo, subiendo a un taburete. La mamá de Peter me sirve un vaso de té dulce en un jarro de plástico. Me da el vaso y apunta—: Gracias por venir a visitarme sola. Hay algo de lo que he querido hablar contigo. —Claro —repito. Mi piel pica. Toma mis manos en las suyas. Las suyas frescas y secas; de repente me siento nerviosa. —Peter ha pasado por mucho, y ha trabajado tan duro. Estoy segura de que sabes lo decepcionante que fue para él cuando su padre no llegó a la graduación. —Sus ojos buscan los míos, y asiento—. Finge que no le importa, pero sufre por dentro. Regresó de la Semana de la Playa hablando de la transferencia a UNC para su segundo año. ¿Sabías eso? Puedo sentir toda la sangre corriendo hacia mi cara. —No, no lo sabía. Él... no me ha dicho ni una palabra. Asiente, como si lo sospechara. —Si se transfiriera, no podría jugar durante un año. Eso significa que no mantendría su beca deportiva. La matrícula fuera del estado es muy costosa, como estoy segura que sabes. Así es. Papá dijo que estaría bien, ya que Margot sólo tiene dos años más de universidad, y faltan siglos para que sea el turno de Kitty. Pero sé que es caro. Y sé, aunque no hablamos de eso, que mi papá gana más dinero que la mamá de Peter. —El padre de Peter dice que quiere contribuir, pero no es alguien de quien depender. Así que no puedo contar con él. —Hace una pausa delicada—. No obstante, espero contar contigo. Me apresuro a decir—: No tienes que preocuparte por mí. Le diré a Peter que no se traslade a Carolina del Norte. —Cariño, lo aprecio mucho, de veras, pero no es sólo de la transferencia de lo que estoy preocupada. Me inquieta su mentalidad. Cuando llegue a UVA, necesita estar enfocado. Será un estudiante atleta. No puede conducir a Carolina del Norte todos los fines de semana. Simplemente no es práctico. Ambos son muy jóvenes. Peter ya toma grandes decisiones de vida basadas en ti, y quién sabe lo que pasará con ustedes dos en el futuro. Son adolescentes. La vida no siempre funciona de la manera que crees que va a funcionar... No sé si Peter alguna vez te dijo esto, pero su padre y yo nos casamos muy jóvenes. Y odiaría ver que cometen los mismos errores que nosotros. — Vacila—. Lara Jean, conozco a mi hijo, y no te dejará ir a menos que lo dejes ir primero. Parpadeo.

—Él haría cualquier cosa por ti. Esa es su naturaleza. Es leal por esencia. A diferencia de su padre. —La señora Kavinsky me mira con ojos comprensivos—. Sé que te importa Peter y quieres lo mejor para él. Espero que pienses lo que he dicho. —Titubea, luego dice—: Por favor, no le digas nada. Peter estaría muy molesto conmigo. Lucho por encontrar mi voz. —No lo haré. Su sonrisa es brillante, aliviada. —Eres una chica dulce, Lara Jean. Sé que harás lo correcto. —Toma mis manos y las suelta. Luego cambia de tema, preguntándome sobre la boda de papá. Cuando vuelvo a mi coche, me miro en el espejo y veo que mis mejillas se encuentran todavía rosas. Me siento como en séptimo grado cuando la mamá de Chris encontró sus cigarrillos y pensó que ambas los habíamos fumado. Quería decir que no era yo, pero no podía. Sólo me encogí con vergüenza. Así es como me siento ahora mismo. Como si estuviera en problemas. ¿Fue una tontería que Peter y yo pensáramos que podríamos ser la excepción a la regla? ¿Su madre tiene razón? ¿Cometemos un gran error? De repente se siente que cada decisión que tomamos es tan trascendental, y me siento tan asustada de equivocarme. *** De vuelta en casa, papá, Margot y Kitty se encuentran en la sala de estar debatiendo sobre adónde ir a cenar. Es algo normal para hablar un jueves por la noche, pero me siento tan extraña, porque es como si la Tierra cambiara bajo mis pies, y el suelo no es estable, pero todos a mi alrededor hablan de comida. —¿Cómo te sientes, Lara Jean? —pregunta papá. —No tengo mucha hambre —le digo, mirando mi teléfono. ¿Qué le diré a Peter cuando me llame? ¿Le digo?—. Podría quedarme en casa. Papá me mira. —¿Estás bien? ¿Quieres algo? Te ves pálida. Sacudo la cabeza. —No, estoy bien. —¿Qué les parece Seoul House? —pregunta Margot—. Realmente se me antoja comida coreana. Papá vacila, y sé por qué. Trina no tiene exactamente el paladar más sofisticado. Vive de Coca-Cola dietética y dedos de pollo; las ensaladas de col rizada es lo más aventurero que come. Cuando pedimos sushi, sólo toma rollos California y camarones cocidos. No come ningún pez en absoluto. Pero nadie es perfecto.

—Trina no es fanática de la comida coreana —le digo, para evitar que papá tenga que decirlo. Mi teléfono vibra, pero es sólo un correo electrónico del departamento de vivienda de UNC. Incrédula, Margot dice—: ¿Hablas en serio? —Es un poco picante para ella —añade él apresuradamente—. Pero está bien. Puede obtener los bulgogi sliders o arroz frito. —Yo tampoco quiero comida coreana —dice Kitty. —Iremos a Seoul House —dice papá—. Trina estará bien. Tan pronto como papá va a hacer una reserva, le digo a Margot—: No juzgues a Trina por no gustarle la comida coreana. No puede evitarlo si no puede comer cosas picantes. Kitty se apresura a saltar con—: Sí, no la juzgues. Una mirada herida atraviesa la cara de Margot y protesta—: ¡No dije nada! —Sabemos lo que pensabas —digo. Sé lo que piensa porque tuve el mismo pensamiento. Y ahora estoy en la curiosa posición de tener que defender a Trina por algo que también creo que es molesto. No mataría a Trina ampliar sus horizontes culinarios. —¿Arroz frito? ¿De verdad? —¿Cuál es el problema si no le gusta la comida coreana? —dice Kitty. —La comida coreana es nuestro mayor vínculo con la cultura coreana —dice Margot—. ¿Nunca vamos a comer comida coreana porque a Trina no le gusta? —Margot no espera que respondamos—. Sólo espero que se dé cuenta de que cuando se case con papá, tiene todo el paquete, y Corea es parte de ese paquete. —Margot, lo sabe —le digo—. Y además, vamos a comer comida coreana todos los días este verano. —Todos los días este verano cuando este lejos de Peter. —Ojalá papá y Trina vinieran también —dice Kitty. —Es mejor así —dice Margot—. ¿Qué comería Trina en Corea? — Bromea a medias. Kitty, quien acaricia a Jamie, la ignora y me pregunta—: ¿Quién cuidará de Jamie Fox-Pickle y Simone cuando todos nos hayamos ido? —¿Una niñera de perros? —sugiero. Mi corazón no está realmente en ello. Sólo estoy a mitad de camino. Todo lo que puedo pensar es Peter—. Idearemos algo. Margot mira alrededor de la habitación. Sus ojos aterrizan en el gran sillón de Trina. —Esta casa se siente tan pequeña de repente. No hay espacio suficiente para todas las cosas de Trina.

Kitty dice—: No se siente tan pequeña cuando no estás aquí. Jadeo. —¡Kitty! Todo el color se desvanece del rostro de Margot, y luego sus mejillas quedan rojas. —¿De verdad me dijiste eso? Puedo decir que Kitty se arrepiente, pero levanta la barbilla en forma obstinada. —Bueno, sólo digo. —Eres una mocosa. —Margot dice las palabras fuerte, pero veo su rostro cuando se gira para subir, y sé que va a su habitación a llorar en privado. Cuando se va, me vuelvo hacia Kitty. —¿Por qué le dijiste eso? Las lágrimas se escapan de sus ojos. —¡Porque ha sido tan mala con Tree sin ninguna razón! Limpio sus lágrimas con el dorso de mi mano. Tengo ganas de llorar también. —Gogo se siente excluida, eso es todo. Conocemos a Trina, porque hemos tenido tiempo. Pero Margot no la conoce en absoluto. Y Kitty, Gogo prácticamente te crió. No le hables así. De mala gana, murmura—: Te hablo así. —Eso es diferente y lo sabes. Tenemos edades más cercanas. —¿Entonces dices que tú y yo estamos en el mismo nivel? —No. Margot y yo estamos casi en el mismo nivel, y estás en el nivel inferior, porque eres más joven. Pero tú y yo estamos más en el mismo nivel que tú y Margot. Intenta entenderla. No quiere sentir como si su lugar hubiese sido tomado. Los hombros de Kitty se encorvan. —No ha sido tomado. —Sólo necesita un poco de tranquilidad, eso es todo. Se comprensiva. —Kitty no responde ni levanta la cabeza, pero sé que me escucha—. Sin embargo, eres una pequeña mocosa. —Su cabeza se levanta bruscamente, se lanza contra mí, y me río—. Sube y pide perdón a Gogo. Sabes que es lo correcto. En realidad, Kitty me escucha por una vez. Sube las escaleras, y luego, algún tiempo después, ambas bajan con los ojos rojos. Mientras tanto, obtengo un texto de Peter, preguntándome si puedo salir. Le digo que no puedo, que cenaré con mi familia, pero lo veré mañana por la noche. Los chicos se reunirán con nosotros en el bar karaoke después de que tengan su cena de carne. Espero que cuando lo vea, sepa qué hacer. ***

En mi habitación esa noche, pinto mis uñas verde menta para la fiesta de despedida de soltera mañana por la noche, y Margot está acostada en mi cama mirando su teléfono. —¿Quieres que te pinte las uñas también? —pregunto. —No, no me importa —dice. Suspiro. —Escucha, tienes que dejar de estar de mal humor por Trina. Ella y papá se van a casar, Gogo. Margot suspira. —No es sólo Trina. Trina es... Trina. —¿Y qué? Margot muerde su labio superior, algo que no la he visto hacer desde que era pequeña. —Es como si volviera para encontrar una familia totalmente nueva de la que no formo parte. Quiero decirle que nada ha cambiado, que sigue siendo parte de ella como siempre lo fue, pero eso no sería cierto. La vida aquí continuó, igual que seguirá sin mí cuando salga este otoño. Una lágrima baja por su mejilla. —Y extraño a mami. Mi garganta se endurece. —Yo también. —Ojalá Kitty pudiera haberla conocido. —Margot suspira—. Sé que es egoísta... pero supongo que nunca imaginé que papá se casaría de nuevo. Pensé que saldría, tal vez tuviera una novia a largo plazo en algún momento, pero ¿casado? Con suavidad digo—: Yo tampoco pensé en eso, pero luego, cuando te fuiste a Escocia, no lo sé... sólo empezó a tener más sentido. La idea de tener a alguien. —Lo sé. Y es buena para Kitty, también. —Creo que piensa en Trina como en ella. Tengo mi propia relación con Trina, pero Kitty tuvo algo especial desde el principio. —¡Dios, es como un pitbull temblorosamente—. Realmente la ama.

con

Trina!

—Margot

ríe

—Sé que por eso te has molestado tanto por la comida coreana hoy. Piensas que si papá deja de cocinar comida coreana porque a Trina no le gusta, Kitty ya no tendrá esa conexión. Y si nos olvidamos de Corea, nos olvidamos de mamá. —Las lágrimas bajan por sus mejillas, y se las limpia con la parte de atrás de la manga de su sudadera—. Pero nunca olvidaremos Corea, y nunca olvidaremos a mamá. ¿Bien? Margot asiente y respira profundamente. —¡Dios, he llorado dos veces hoy! Eso no es normal. —Me sonríe, y sonrío en respuesta, tan brillantemente como puedo. Levanta una ceja—. Lara Jean, ¿pasa algo? pareces... no sé, melancólica, desde que regresaste de la Semana de la Playa. ¿Ha pasado algo contigo y Peter?

Quiero desesperadamente decirle todo, desahogarme con mi hermana mayor, que me diga qué hacer. Las cosas serían mucho más sencillas si me dijera qué hacer. Pero sé lo que Margot haría, porque ya lo ha hecho. No seas la chica que va a la universidad con un novio. Eso es lo que dijo mi madre. Eso es lo que dijo Margot.

36 Traducido por Umiangel Corregido por Anna Karol

Para la despedida de soltera, Kristen decidió que el tema de la noche deberían ser los noventa, porque no hay nada que Trina ame más que los noventa, por lo que cada una tiene que vestirse con ropa de esa década. Honestamente, creo que toda la razón detrás del tema es porque Kristen quiere llevar una blusa ombliguera y mostrar sus abdominales. Llega a casa con una camiseta azul que dice “SKATER GURL”, vaqueros anchos y su cabello separado por el centro. Lleva lápiz labial de color marrón oscuro, muy mate. Lo primero que hace es poner una estación de radio con música de los noventa, que resuena por toda la casa. Las chicas se reúnen aquí, y los chicos (y Kitty) se encuentran en la parrilla. Me alegro, porque todavía no sé qué voy a decirle a Peter. Nos estamos preparando. Voy con un vestido tipo babydoll floral que encontré en línea en Etsy, calcetines color crema hasta la rodilla y zapatos negros con plataforma Mary Janes. Peino mi cabello en dos coletas cuando Kristen sube para hacer inspecciones, con un vaso de Martini en la mano que dice “Dama de honor” en cursiva de color rosa. —Ah, te ves linda, Lara Jean —dice, bebiendo su cóctel. Aprieto mis coletas. —Gracias, Kristen —respondo—. Me alegra que mi vestimenta esté al nivel. Tuve muchas ideas, y odiaría estropear la noche de Trina. Kitty y Margot se encuentran en el suelo; Kitty pintando las uñas de Margot de negro. Margot ha elegido ir por el estilo grunge 7; una blusa de franela larga, vaqueros y un par de Doc Martens que le pedí prestados a Chris. —¿Qué bebes? —le pregunta Kitty a Kristen. —Cosmopolitan. Tengo más abajo en una botella de Sprite. Pero no para ti. El grunge, en ocasiones conocido como sonido de Seattle, es un subgénero del rock alternativo influido por el punk, el hardcore punk, el noise rock, el hard rock y con estructuras cercanas al rock clásico. 7

Kitty pone los ojos en blanco. —¿Dónde está Tree? —En la ducha —le digo. Kristen inclina la cabeza y me mira de soslayo. —Te olvidas de algo. —Baja su vaso, busca en su bolsa y saca un lápiz labial—. Ponte esto. —Uhm... ¿Es el color que llevas? —pregunto. —¡Sí! Se llama Brindis en Nueva York. ¡Era la mierda nueva en esos días! —Uhm... —Me encojo. Parece que Kristen untó chocolate Hershey’s por sus labios y luego el chocolate se secó. —Sólo confía en mí —dice. —Pensaba usar esto. —Dejé mi cepillo y le mostré un brillo labial rosa—. ¿Las Spice Girls no usaban brillo labial como este? ¿No eran de los años noventa? Kristen frunce el ceño. —De los tardíos noventas, casi los dos mil, pero sí. Supongo que eso funcionará. —Señala su lápiz labial a Margot— . Tú necesitas esto. Tu traje no es suficiente para los años noventa. — Observa cómo Kitty pone los últimos toques en las uñas de Margot—. Solía usar un marcador permanente—dice Kristen—. No saben lo afortunadas que son de tener todas estas opciones. Teníamos que conformarnos. Marcadores para el negro, corrector escolar para el blanco. —¿Qué es el corrector? —Le pregunta Kitty. —Oh, Dios mío. ¿Ni siquiera saben lo que es un corrector? Tan pronto como Kristen se da vuelta para recoger su cóctel, Kitty ríe en silencio. —Te vi en el espejo —dice Kristen. —Quería que lo hicieras —contesta Kitty. Kristen la mira. —Date prisa y termina con las uñas de tu hermana para que puedas pintar las mías. —Ya casi termino —dice Kitty. Un minuto más tarde suena el timbre de la puerta y las tres bajan las escaleras. Oigo a Kristen gritar—: Atiende la puerta; ¡Voy a traer las bebidas! *** Monique, la hermana de Trina, lleva un vestido holgado con tirantes finos, estampado con grandes girasoles y una camiseta blanca

debajo, además zapatos negros de plataforma Mary Janes que parecen zapatos espaciales. Su amiga Kendra de SoulCycle usa overol con una blusa corta rosa y una banda de cabello rosada a juego en su cabello. Una gran cantidad de cosas que la gente usa, los niños de la escuela también. La moda es cíclica. El tema de los noventa fue el correcto, porque Trina se haya encantada con todo eso. —¡Me encanta tu vestido! —me dice Kendra. —¡Gracias! —le respondo—. Es vintage. Retrocede en verdadero horror. —Oh, Dios mío. ¿Los noventa se consideran vintage ahora? Trina dice—: Sí, chica. Sus noventa son nuestros setenta. Ella se estremece. —Eso es aterrador. ¿Somos viejas? —Somos vejestorios —dice Trina, pero alegremente. En el coche de camino al bar karaoke, me llega un texto de Peter…es una foto de él y mi padre en sus trajes, con sonrisas enormes. Mi corazón palpita cuando lo veo. ¿Cómo puedo dejar ir a un chico así? *** Tenemos una habitación privada reservada en el bar karaoke. Cuando la camarera se acerca, Margot ordena una margarita de granada, que Trina nota, pero no dice nada. ¿Qué podía decir? Margot está en la universidad. Tendrá veinte en un mes. —¿Está rica? —le pregunto. —Es muy dulce —dice—. ¿Quieres un sorbo? Me encantaría un sorbo. Peter me manda mensajes dos veces desde el restaurante de parrilla, preguntando cómo va mi noche, y mi estómago se encuentra atado en nudos. Furtivamente miro a Trina, quien se encuentra haciendo un dúo con Kristen. Puede que no le haya dicho nada a Margot, pero siento que me dirá algo a mí. —En Escocia, la edad para beber es de dieciocho años —dice Margot. Tomo un sorbo rápido, y es bueno, agrio y helado. Mientras tanto, todo el mundo revisa los cancioneros, tratando de decidir qué canciones poner. La regla de la noche es sólo música de los noventa. Pasa un tiempo para que la gente se relaje, pero luego las bebidas comienzan a llegar rápido y furiosas, todas gritan los números de la canción para la fila de espera.

La amiga de Trina, Michelle, sube después. Canta—: Hubo un tiempo en que me encontraba tan destrozado... —Me gusta esa canción —le digo—. ¿Quién canta esa canción? Kristen me golpea la cabeza con indulgencia. —Aerosmith, niña. Aerosmith. Todos se levantan y cantan Spice Girls. Margot y yo cantamos "Wonderwall" de Oasis. Cuando me siento de nuevo, estoy sin aliento. La amiga de Trina de SoulCycle, Kendra, baila al ritmo de cualquier canción de los noventa que Trina y Kristen estén cantando a dueto, con su copa fría de Martini en el aire. Es verde ácido. —¿Qué bebes, Kendra? —le pregunto. —Martini de manzana. —Eso suena bien. ¿Puedo probarlo? —¡Sí, un sorbo! Son tan frutales que ni siquiera puedes sentirlo. Tomo un pequeño sorbo de colibrí. Es dulce. Tiene el sabor de un Jolly Rancher. Cuando el número de Kristen y Trina termina, caen en el sofá a mi lado, y Kendra salta para cantar una canción de Britney Spears. Kristen murmura—: Sólo quiero que permanezcamos en comunicación, ¿sabes? No seas aburrida. No seas mamá de repente, ¿de acuerdo? Es decir, sé que tienes que ser mamá, pero me refiero a que no seas una mamá tan mamá. —No voy a ser una mamá tan mamá —dice una calmada Trina—. Nunca podría ser mamá. —Tienes que prometer que vendrás los miércoles para beber vino. —Lo prometo. Kristen suelta un sollozo. —Te quiero tanto, chica. Trina también tiene lágrimas en los ojos. —Yo también te amo. El Martini de Kendra está abandonado en la mesa. Tomo otro sorbo cuando nadie mira, porque sabe bien. Y luego otro. He terminado la copa cuando Trina me ve. Levanta las cejas. —Creo que es posible que hayas tenido un poco de demasiada diversión aquí. —¡Apenas bebí una cosa, Trina! —protesto. Arrugo la frente—. ¿Es bebido o bebí? Trina parece alarmada. —Margot, ¿está borracha tu hermana? Levanto las manos. —Chicas, chicas, ¡ni siquiera bebí! Margot se sienta a mi lado, examina mis ojos. —Está borracha.

Nunca antes en mi vida he estado borracha. ¿Estoy borracha ahora? Me siento muy relajada. ¿Así es lo que se siente estar borracha, cuando tus miembros están sueltos, un poco entumidos? —Tu papá me va a matar —dice Trina con un gemido—. Acaban de dejar a Kitty en casa. Estarán aquí en cualquier momento. Lara Jean, bebe mucha agua. Bebe todo este vaso. Voy a buscar otra jarra. Cuando regresa unos minutos más tarde, la despedida de soltera está terminada. Me da una mirada de advertencia. No actuar borracha, murmura. Le doy un pulgar hacia arriba. Entonces me levanto y lanzo mis brazos alrededor de Peter. —¡Peter! —grito por encima de la música. Se ve tan lindo en su camisa de botones y corbata. Tan lindo que podría llorar. Entierro mi cara en su cuello como una ardilla—. Te he echado tanto de menos. Peter me mira. —¿Estas borracha? —No, sólo bebí dos sorbos. Dos tragos. —¿Trina te dejó beber? —No —me río—. Me robé los sorbos. —Será mejor que salgas de aquí antes de que tu papá te vea — dice Peter, mirando alrededor. Mi padre mira un libro de canciones con Margot, quien me da una mirada que dice, váyanse juntos. —Lo que no sabe no le hará daño a un alma viviente. —Salgamos al estacionamiento para que puedas tomar aire — dice, pone su brazo alrededor de mí, me empuja hacia la puerta y me guía a través del restaurante. Salimos y me balanceo un poco sobre mis pies. Peter trata de no sonreír. —Estás borracha. —¡Supongo que soy un paso ligero! —Peso ligero. —Pellizca mis mejillas. —Cierto. Paso ligero. Quiero decir, peso ligero. —¿Por qué es tan gracioso? No puedo dejar de reír. Pero entonces veo cómo me mira, con tanta ternura, y me detengo. Ya no tengo ganas de reírme. Me siento como si fuese a llorar. Mira la forma en que hizo la despedida de soltero de mi papá tan especial. Miro todas las maneras en que también me ama. Tengo que corresponder ese amor. No sabía lo que iba a hacer hasta este mismo momento, pero ahora lo sé. —Hay algo que quiero decirte. —Me enderezo de repente y accidentalmente golpeo a Peter en la clavícula, lo que le hace toser—. Lo siento. Esto es lo que quiero decirte. Quiero que hagas lo que debes hacer y quiero hacer lo que debo hacer. Tiene una media sonrisa en su cara. Sacudiendo la cabeza hacia mí, dice—: ¿De qué hablas, Covey?

—Hablo de que, no creo que deberíamos estar en una relación a larga distancia…muy larga distancia. Su sonrisa se desvanece. —¿Qué? —Creo que necesitas hacer todas las cosas que necesitas hacer en UVA, como jugar lacrosse y estudiar, y necesito hacer lo que necesito hacer en UNC, y si tratamos de permanecer juntos, todo se vendrá abajo. Así que no podemos. Simplemente, simplemente no podemos. Parpadea y su rostro se queda muy quieto. —¿No quieres que sigamos juntos? Sacudo la cabeza, y el dolor en su cara me pone sobria. —Quiero que hagas lo que debes hacer. No quiero que hagas algo por mí. UVA es para lo que has trabajado, Peter. Ahí es donde tienes que estar. No en UNC. Se vuelve grisáceo. —¿Hablaste con mi madre? —Sí. Quiero decir, no... El músculo de su mandíbula se contrae. —Ya entendí. No digas más. —Espera, escúchame, Peter… —No, estoy bien. Sólo para que conste, le mencioné UNC a mi madre como una posibilidad desechable. No era algo definitivo. Sólo algo que lancé al azar. Pero es genial si no quieres que vaya. —Empieza a alejarse de mí, y agarro su brazo para detenerlo. —Peter, ¡eso no es a lo que me refiero! Quiero decir que si vinieras, si renunciaras a todo por lo que has trabajado en UVA, acabarás resentido conmigo. Dice llanamente—: Detente, Lara Jean. Vi esto venir a un kilómetro de distancia. Desde que decidiste ir a UNC, te has estado despidiendo de mí. Mi brazo cae lejos de él. —¿Y eso qué significa? —Hay un libro de recuerdos, por un lado. Dijiste que era para recordarnos. ¿Por qué necesitaría algo para recordarnos, Lara Jean? —¡No es eso lo que quería decir! Pasé meses trabajando en ese libro de recuerdos. Me culpas de todo esto, pero tú eres el que me ha empujado. ¡Desde la Semana de la Playa! —Bien, hablemos de lo que pasó esa noche en la Semana de la Playa. —Puedo sentir mi cara enrojecer mientras me mira con un desafío en los ojos—. Esa noche querías tener sexo, era como si estuvieras tratando de poner un lazo en todo esto. Como si me estuvieras poniendo en tu... tu sombrerera. Como si jugara mi parte en tu primera historia de amor, y ahora puedes pasar al siguiente capítulo.

Me siento mareada, inestable en mis pies. Peter, a quien creí haber entendido muy bien. —Siento que lo hayas tomado de esa manera, pero no es así. De ningún modo. —Es claramente lo que querías decir, porque lo estás haciendo ahora mismo. ¿No es así? ¿Hay una verdad oculta en lo que dice, aunque sea un poco? Es verdad que no quisiera que mi primera vez fuera con alguien más. Es verdad que se sentía bien tenerlo con Peter, porque es el primer chico que he amado. No quisiera que fuera con algún chico que conozco en la universidad. Ese chico sería un extraño para mí. Peter, lo conozco desde que éramos niños. ¿Trataba de cerrar un capítulo? No. Lo hice porque quería que fuera él. Pero si así lo ve, tal vez sea más fácil de esta manera. Trago. —Quizás tengas razón. Tal vez quería que la primera vez fuera contigo para poder cerrar un capítulo en la escuela preparatoria. Sobre nosotros. Se congela. Veo el dolor en sus ojos, y entonces su cara se cierra como una casa vacía y fría. Empieza a alejarse. Esta vez no trato de detenerlo. Sobre su hombro dice—: Estamos bien, Covey. No te preocupes por eso. Tan pronto como se ha ido, me vuelvo a un lado y vomito todo lo que bebí y comí esta noche. Estoy inclinada, con arcadas, cuando Trina, papá y Margot salen del bar de karaoke. Papá se acerca a mí. — Lara Jean, ¿qué ocurre? ¿Estás bien? —Estoy bien, estoy bien —murmuro, limpiándome los ojos y la boca. Sus ojos se ensanchan, alarmados. —¿Has estado bebiendo? — Mira acusadoramente a Trina, quien me frota la espalda—. Trina, ¿dejaste que Lara Jean bebiera? —Tomó unos cuantos sorbos de un Martini de granada. Estará bien. —¡No se ve bien! Trina se pone recta, su mano todavía en mi espalda. —Dan, Lara Jean es una mujer joven ahora. No puedes verlo, porque todavía la ves como una niña, pero ha crecido tanto en el tiempo que la conozco. Puede manejarse a sí misma. Margot interviene—: Papá, le dejé tomar unos cuantos sorbos de mi bebida, eso es todo. Realmente no tiene ninguna tolerancia. Y de hecho, es algo en lo que debería trabajar antes de llegar a la universidad. No culpes a Trina. Papá mira primero a Margot, después a Trina, y de regreso a Margot. Ella está de pie hombro con hombro con Trina, y en ese

momento están unidas. Luego me mira. —Tienes razón. Esto es culpa de Lara Jean. Entren al coche. De camino a casa tenemos que parar una vez para que pueda vomitar de nuevo. No es el Martini de granada lo que me hace querer morir. Es la mirada en la cara de Peter. La forma en que la luz en sus ojos se desvaneció. El dolor… si cierro los ojos, puedo verlo. La única vez que lo he visto así fue cuando su padre no apareció en la graduación. Y ahora esa mirada está ahí por mi culpa. Empiezo a llorar en el coche. Grandes sollozos que hacen temblar mis hombros. —No llores —dice mi padre con un suspiro—. Estás en problemas, pero no es para tanto. —No es eso. Rompí con Peter. —Apenas puedo sacar las palabras—. Papi, si pudieras haber visto la mirada en su rostro. Fue… terrible. Desconcertado, pregunta—: ¿Por qué rompiste con él? Es un chico tan agradable. —No lo sé —digo llorando—. Ahora no lo sé. Quita una mano del volante y me aprieta el hombro. —Todo está bien. Todo está bien. —Pero... no es así. —Pero lo estará —dice, acariciándome el pelo. Hice la elección correcta esta noche. Lo hice, lo sé. Dejarlo ir era lo correcto. Puedo ver el futuro, Peter. Ahí reside el deshamor. No lo haré. Mejor separarnos mientras todavía podemos vernos de una cierta forma.

37 Traducido por Dannygonzal Corregido por Laurita PI

Despierto a mitad de la noche llorando, y mi primer pensamiento es, quiero retractarme. Cometí un gran error, quiero retirarlo todo. Luego llorando me vuelvo a dormir. En la mañana, mi cabeza palpita, ahora soy quien vomita en el baño, justo como las chicas en la Semana de la Playa, solo que no hay nadie que me sostenga el cabello hacia atrás. Me siento mejor después, pero me acuesto en el suelo del baño por un rato en caso de que otra ola de náuseas me golpee. Me quedo ahí dormida, y me despierto con Kitty sacudiéndome el brazo. —Muévete, tengo que orinar —dice, dando un paso sobre mí. —Ayúdame a ponerme de pie —digo, y me arrastra hasta que me levanto. Ella se sienta para orinar y me hecho agua fría en la cara. —Ve a comer una tostada —dice Kitty—. Absorberá el alcohol en tu estómago. Me lavo los dientes, bajo tropezando las escaleras hacia la cocina, donde papá cocina huevos, Margot y Trina comen yogurt. —¡Arriba!, pequeña —dice Trina con una sonrisa. —Pareces alguien a quien le pasaron por encima con un camión —dice Margot. —Estarías castigada en este momento si no fuera por la boda — dice papá, tratando de sonar severo y fallando—. Come algo de huevos revueltos. Me dan náuseas ante la idea. —Primero come una tostada —instruye Margot—. Absorberá el alcohol. —Eso es lo que dijo Kitty. Trina me apunta con una cuchara. —Y luego, una vez pongas algo de comida en tu estómago, puedes tomarte dos pastillas. Nunca, jamás te tomes una con el estómago vacío. Te sentirás mucho mejor en poco tiempo.

—Nunca tomaré de nuevo —juro, y Margot y Trina intercambian una sonrisa—. De verdad. Paso todo el día en cama, luces apagadas y cortinas cerradas. Quiero llamar a Peter. Pedirle que me perdone. Ni siquiera recuerdo todo lo que dije. Recuerdo la idea general, pero mi memoria está borrosa. Lo único que recuerdo con claridad, lo que nunca olvidaré, es la mirada afligida en su rostro, y eso me hace que me odie por ponerla ahí. Me rindo. Le envío un mensaje. Solo tres palabras. Lo siento mucho. Veo los tres puntos al otro lado. Mi corazón palpita intensamente mientras espero. Pero la respuesta nunca llega. Intento llamar, pero mi llamada se va directo al correo de voz, y cuelgo. Tal vez ya me ha borrado de su teléfono, como lo hizo con su papá. Tal vez él solo… terminó.

38 Traducido por BeaG Corregido por Laurita PI

Chris es la primera en irse. Viene a casa esa semana y dice—: No puedo ir a la boda de tu papá este fin de semana. Me iré a República Dominicana mañana. —¿Qué? —Lo sé. Lo siento. —Chris no parece para nada arrepentida; tiene una enorme sonrisa en su rostro—. Es una locura. Un puesto se abrió para mí en un eco-hotel, y no había manera de que dejara pasar esta oportunidad. También hablan español en República Dominicana, ¿cierto? —Sí. ¡Pero pensé que irías a Costa Rica! Encogiéndose de hombros, dice—: Esta otra oportunidad surgió así que me precipité sobre ella. —Pero… ¡no puedo creer que te vayas tan pronto! Se supone que te irías recién en agosto. ¿Cuándo vuelves? —No lo sé… Creo que esa es la belleza de ello. Me podría quedar por seis meses, o podría salir algo más e iría ahí. Pestañeo. —Así que te vas definitivamente, ¿entonces? —No definitivamente. Solo por ahora. Algo dentro de mí sabe que es realmente definitivo. No veo a Chris regresando en un año para ir a la Universidad Comunitaria Piedmont Virginia. Esta es Chris, el gato callejero, que va y viene como le place. Siempre aterrizará en sus patas de gato. —No te veas tan triste. Estarás bien sin mí. Tienes a Kavinsky. —Por un segundo no puedo respirar. Solo escuchar su nombre es como una daga en mi corazón—. De todas maneras todos nos iremos pronto. Solo estoy contenta de que no me quedaré atrás. Así es como se sentiría para ella, quedarse aquí, ir a una universidad comunitaria, trabajando en Applebee’s. Me alegra que en su lugar, parta en una aventura. —Solo no puedo creer que te vayas tan pronto. —No le digo que Peter y yo rompimos, que ya no lo tengo. Hoy

no es sobre Peter y yo; es sobre Chris y su emocionante futuro—. ¿Al menos te puedo ayudar a empacar? —¡Ya empaqué! Me llevaré solo lo necesario. Mi chaqueta de cuero, bikinis y un par de cristales. —¿No deberías llevar zapatillas deportivas, guantes para trabajo y ese tipo de cosas, solo por si acaso? —Llevaré las zapatillas deportivas en el avión, y cualquier otra cosa que necesite la conseguiré cuando esté allá. Ese es todo el punto de una aventura. Empacar ligero y resolver el resto cuando lo necesite. Pensé que tendríamos más tiempo, Chris y yo en mi habitación, compartiendo secretos tarde en la noche, comiendo papitas en mi cama. Quería cementar nuestra amistad antes de que se fuera: Lara Jean y Chrissy, como los viejos tiempos. Todo está acabando.

39 Traducido por Mely08610 Corregido por Anna Karol

Esa noche antes de la boda, cuando mis pasteles se enfrían en el mostrador de la cocina, y todos en casa están sentados en las sillas afuera, me acerco a Chris para despedirme. Tan pronto como me deja entrar, me dice—: No te dejaré ir de aquí si lloras. —No puedo evitarlo. Siento que esta vez será la última que te vea. —Una lágrima se desliza por mi mejilla. Hay un final en este momento. Lo sé, sólo lo sé. Chris se aproxima a dar el próximo paso. A pesar de que nos volvamos a ver de nuevo, no será así. Es un espíritu inquieto, soy suertuda de haberla tenido tanto tiempo como pude. —Probablemente me veras de nuevo la próxima semana cuando vuele de vuelta a casa —bromea, y hay una pequeña nota de nervios en su voz. Chris, con toda su bravuconería, está nerviosa. —De ninguna manera. Apenas empiezas. Esto es todo Chris. — Salto hacia ella y la abrazo, tratando de no llorar—. Todo está pasando justo ahora. —¿Qué es? —¡LA VIDA! —Eres tan cursi —me responde, pero puedo jurar que veo lágrimas en sus ojos. —Te traje algo. —Saco el regalo de mi bolsa y se lo doy. Empieza a arrancar el papel y abre la caja. Es una foto de nosotras en un pequeño marco de corazón, no tan grande como un adorno de navidad. Estamos en la playa, combinando trajes de baño, tenemos doce, quizás trece. —Cuelga esto en tu pared, para que donde sea que vayas las personas sepan que tienes a alguien esperando por ti en casa. Sus ojos se llenan de lágrimas, las quita con el dorso de la mano. —Oh, mi Dios, eres la peor —me dice.

He escuchado decir a algunas personas que conocieron a sus mejores amigos en la universidad, y son los que tendrán toda su vida, pero estoy segura que estaré con Chris por toda mi vida. Soy del tipo de personas que recuerda las cosas. La recordaré por siempre. *** Cuando regreso a casa, Trina está en la bicicleta de spinning. Papá todavía se encuentra afuera sentado en la silla, Margot plancha nuestros vestidos de dama de honor y Kitty corta papel para las banderillas que irán en la mesa de los postres. Me pongo a trabajar en el glaseado del pastel de boda —pastel amarillo con glaseado de mantequilla—, justo como se lo prometí a Trina. La torta del novio de papá ya está terminada; menta fina y todo. Este es mi segundo intento con este pastel de boda, deseché el primero porque no recordé bien los bordes de las capas de la parte superior y cuando los apilé, el pastel parecía desesperadamente desequilibrado. El segundo sigue siendo un poco desnivelado, pero una gruesa capa de crema de mantequilla cubre todo tipo de pecados o es lo que sigo diciéndome a mí misma. —Estás colocando suficiente glaseado en ese pastel para que a todos nos de diabetes —me dice Kitty. Me muerdo la lengua y sigo girando el pastel, llenando de glaseado la parte superior por lo que se ve suave. —Se ve bien, ¿verdad Margot? —Parece hecho por una profesional —asegura echándole más vapor a lo largo del dobladillo de su vestido. Como para molestar a Kitty, no puedo resistir decir—: P.D. Las últimas tres banderas que cortaste están torcidas. Kitty me ignora y canta para sí misma—: Shock de azúcar, ohh bebé, ese pastel nos dará un shock de azúcar. Shock de azúcar. —Con el tono de esa vieja canción “Sugar Shack” probablemente sea mi culpa ya que la pongo cada vez que horneo. —Esta será la última vez que seremos sólo nosotros —le digo, y Margot levanta su mirada hacia mí y me sonríe. —Estoy feliz que ya no seremos solamente nosotros —dice Kitty. —También lo estoy —comenta Margot, y estoy bastante segura que lo está. Las familias se encogen y se expanden. Todo lo que en realidad puedes hacer es sentirte agradecida por eso, contenta por cada uno, por el tiempo que tengas con cada persona.

*** No puedo dormir, así que bajo las escaleras para hacerme una taza de té, mientras vierto el agua en la tetera, levanto la mirada hacia la ventana y veo las brasas rojas de un cigarrillo que brilla intensamente en la oscuridad. ¡Trina está fumando afuera! Me debato entre renunciar o no a mi ritual de té, e ir a la cama antes de que me vea, pero cuando vacío la tetera, regresa con una lata de Fresca en su mano. —¡Oh! —dice sobresaltada. —No podía dormir —le digo, justo cuando ella suelta—: No se lo digas a Kitty. Ambas nos reímos. —Juro que fue un adiós al cigarro. ¡No he tenido uno en meses! —No le diré a Kitty. —Te debo una —dice Trina exhalando. —¿Te gustaría una taza de té noche-noche? —le pregunto—. Mamá solía hacerlo para nosotros, es muy relajante. Te hará sentir bien, tranquila y lista para la cama. —Eso se escucha como el cielo. Lleno la tetera y la coloco en la estufa. — ¿Estas nerviosa por lo de la boda? —No, no nerviosa… son sólo… Ímpetus supongo. Realmente quiero que todo salga sin problemas. — Una risita se le escapa—. Juego de palabras. Dios. Amo una buena combinación de palabras. —Luego se endereza y me dice—: Dime, qué sucede entre Peter y tú. Estoy ocupada colocando la cucharada de miel en las tazas. — Oh, nada. —La última cosa que Trina necesita en la noche antes de su boda es escuchar mis problemas. Me da una mirada. —Vamos chica. Dime. —No lo sé. Supongo que hemos terminado. —Me encojo de hombros para evitar llorar. —Oh, cariño. Trae ese té aquí y siéntate a mi lado en el sofá. Termino de hacer el té y llevo las tazas al sofá, me siento a su lado, Trina cruza sus piernas debajo de ella y cubre nuestras piernas. —Ahora dime todo —me dice. —Supongo que las cosas empezaron a salirse de control cuando fui aceptada en la UNC. Nuestro plan era irme a William y Mary y luego transferirme, estaríamos en una relación de larga distancia solamente el

primer año. Pero UNC es mucho más lejos, y cuando visité el lugar sabía que quería estar ahí. No con un pie dentro y otro fuera, ya sabes. — Muevo la cuchara en mi taza—. Realmente quería darle una oportunidad. —Pienso que es un cien por ciento de buena actitud. —Trina calienta su mano en la taza de té—. Así, que, ¿por eso terminaste con él? —No, no completamente por eso. La mamá de Peter me dijo que le habló de transferirse a la UNC el próximo año. Quería que lo terminara antes que arruinara su vida por mí. —¡Maldición! La mamá de Peter es una clase de perra. —No usó exactamente esas palabras, pero ese era el punto. — Tomo un trago del té—. Tampoco quería que se transfiriera por mí… mi mamá usualmente nos decía que no debíamos ir a la universidad con novios porque perderás una verdadera experiencia de primer año. —Bueno, para ser justos, tu madre nunca conoció a Peter Kavinsky. No tiene todos los hechos. Si lo hubiera conocido…—Trina deja salir un suspiro—. Puede que haya cantado un dicho diferente. Las lágrimas llenan mis ojos. —¡Honestamente me arrepiento de haber terminado con él, y desearía poder retirar todo! Levanta mi barbilla. — ¿Entonces por qué no lo haces? —No creo que alguna vez me perdone por lastimarlo de esa manera. No deja entrar a las personas en su vida con tanta facilidad. Creo que probablemente ya esté muerta para él. Trina trata de esconder una sonrisa. —Lo dudo. Mira, hablarán en la boda mañana. Cuando te mire en ese vestido, todo será perdonado. Dejo salir una respiración —Estoy segura que no irá. —Estoy segura que lo hará. No planeas una despedida de soltero de un hombre y luego no te presentas a la boda. Sin mencionar el hecho de que está loco por ti. —Pero, ¿qué pasa si lo llego a lastimar de nuevo? Coloca las dos manos alrededor de su taza de té y le da un sorbo. —No puedes protegerlo de herirlo, bebé, no importa lo que hagas, ser vulnerable, dejar entrar a las personas, salir lastimado... Todo es parte de estar enamorado. Tomo el consejo. —Trina, ¿cuándo te diste cuenta que tú y mi papá tenían algo verdadero? —No lo sé… sólo lo decidí. —¿Decidir qué? —Decidir en él. En nosotros. —Me sonríe—. En todo esto.

Es tan loco pensar que todo este año que paso, fue solamente nuestra vecina. La señora Rothchild. Kitty y yo nos sentábamos en nuestro porche y la mirábamos entrar en su carro por las mañanas, derramando café caliente por todas partes. Y ahora se casará con nuestro padre. Será nuestra madrastra, y estoy tan feliz por ello.

40 Traducido por MaJo Villa Corregido por Anna Karol

El aire huele a madreselva y a días de verano que van y van. Es el día perfecto para casarse. No creo que haya un lugar más bonito que Virginia en junio. Todo florecido, todo verde, soleado y lleno de esperanza. Cuando me case, creo que me gustaría que también sea en casa. Nos despertamos temprano, y parece como que tendremos mucho tiempo, pero por supuesto que corremos como pollos sin cabeza. Trina se apresura en el segundo piso con el sedoso traje color marfil que Kristen le compró. También compró unos rosados para nosotras, las damas de honor, con nuestros nombres bordados en oro en el bolsillo delantero. El de Trina dice La Novia. Tengo que admitirlo con Kristen. Es molesta pero tiene visión. Sabe cómo hacer que las cosas sean agradables. La amiga del fotógrafo de Trina nos toma una foto con nuestras túnicas, Trina sentada en el medio como un cisne muy moreno. Entonces es momento de vestirse. Nos comprometimos con el esmoquin de Kitty: lleva una camisa blanca con botones de manga corta, una pajarita a cuadros y pantalones que le llegan al tobillo. Su cabello en trenzas suizas de la suerte, metidas por debajo y fijadas arriba. Se ve tan bonita. Se ve tan… Kitty. Me comprometí a colocarme pétalos en el cabello pero no una corona de flores. También mi idea de los camisones de hadas para Margot y para mí. En lugar de eso, usamos vestidos florales de época de los años cincuenta que encontré en Etsy, el de Margot es color crema con margaritas amarillas, y el mío tiene flores rosadas y correas que se atan en el hombro. El mío debió ser propiedad de una persona pequeña, porque ni siquiera tuvimos que modificarlo, y me llega a las rodillas, justo en donde se supone que debe estar. Trina es una hermosa novia. Sus dientes y vestido se ven muy blancos contra su piel bronceada. —No me veo tonta, ¿verdad? — Lanza una mirada nerviosa en mi dirección—. ¿Demasiado vieja para vestirme de blanco? Quiero decir, soy divorciada.

Margot responde antes de que yo pueda hacerlo—: Te ves perfecta. Simplemente perfecta. Mi hermana mayor tiene una forma de sonar bien. El cuerpo entero de Trina se relaja, como una exhalación grande. —Gracias, Margot —dice con voz trémula—. Solo soy… tan feliz. —¡No llores! —grita Kitty. —Shh —le digo—. No grites. Trina necesita serenidad. —Kitty ha sido un montón de energía nerviosa todo el día; es como si fuera su cumpleaños, Navidad y el primer día de escuela combinado. Trina abanica sus axilas. —Estoy sudando. Creo que necesito más desodorante. Kitty, ¿apesto? Kitty se inclina. —Estás bien. Hoy ya hemos tomado un centenar de fotos, y vamos a tomar cientos más, pero sé que esta será mi favorita. Nosotras tres, alrededor de Trina, Margot limpiando los ojos de Trina con un pañuelo de papel, Kitty de pie en un estrado jugueteando con el cabello de Trina, el brazo de Trina a mí alrededor. Estamos sonriendo tanto. Las cosas están terminando, pero también apenas empiezan. En cuanto a Peter, no ha habido ninguna palabra. Cada vez que un coche baja por nuestra calle, voy a la ventana para ver si es él, pero nunca lo es. No viene, y no le culpo ni un poco. Pero todavía espero, porque no puedo dejar de esperar. *** El patio trasero está cubierto con luces de Navidad y linternas de papel blanco. Por supuesto, no hay pared de rosas, pero aun así luce hermoso. Todas las sillas están instaladas; el corredor se despliega en el medio para que Trina camine. Saludo a los invitados cuando llegan, es un grupo pequeño, de menos de cincuenta personas. El tamaño perfecto para una boda en el patio trasero. Margot está sentada con la abuela, Nana y el padre y la hermana de Trina en la primera fila, haciéndoles compañía mientras yo digo hola a nuestros vecinos los Shahs, a la tía Carrie y al tío Víctor, mi prima Haven, quien halaga mi vestido. A lo largo de todo, mantengo mi mirada en el camino de entrada, esperando un Audi negro que no aparece. Cuando "Lullaby" de Dixie Chicks empieza a tocar, Kitty, Margot y yo nos metemos en nuestros lugares. Papá sale y se pone del lado del novio, y todos miramos hacia la casa, en donde Trina se dirige hacia nosotros. Luce resplandeciente. Lloramos durante los votos, incluso Margot, que nunca llora. Van con los tradicionales, y cuando el Reverendo Choi, el pastor de la iglesia

de la abuela, dice—: Puedes besar a la novia —papá se torna rojo como una remolacha, pero besa a Trina con un floreo. Todos aplauden; Kitty grita. Jamie Fox-Pickle ladra. *** El baile de padre-hija fue idea de Trina. Dijo que ella ya había estado ahí, que lo hizo y no sentía la necesidad de hacerlo de nuevo, que sería mucho más significativo para nosotras, que lo hiciéramos en su lugar. Practicamos a principios de esta semana, en la pista de baile que papá alquiló. La canción que papá eligió es "Isn’t she lovely", una canción que Stevie Wonder escribió para su hija cuando nació. Kitty y yo nos paramos a un lado, aplaudiendo al ritmo. Sé que ella ya disfruta de su momento para interrumpirme. Antes de que papá suelte a Margot, la acerca y le susurra algo en el oído, ella tiene lágrimas en los ojos. No preguntaré lo que dijo; es un momento solamente para ellos. Papá y yo hemos practicado algunos movimientos. El placer de la gente es cuando bailamos, caminamos uno al lado del otro y nos movemos juntos al unísono. —Estoy muy orgulloso de ti —dice—. Mi chica del medio. —Es mi turno para que mis ojos se llenen de lágrimas. Le beso en la mejilla y se lo entrego a Kitty. Papá la gira alrededor con el sonido de la armónica. Salgo de la pista de baile cuando lo veo. Peter, con un traje, de pie, al lado del árbol de cornejo. Se ve tan guapo que apenas puedo soportarlo. Cruzo el patio trasero, me mira todo el tiempo. Mi corazón late tan fuerte. ¿Está aquí por mí? ¿O simplemente vino porque se lo prometió a mi papá? Cuando estoy de pie delante de él, digo—: Viniste. Peter mira hacia otro lado. —Por supuesto que vine. Suavemente digo—: Ojalá pudiera retirar las cosas que dije la otra noche. Ni siquiera me acuerdo de todas ellas. Mirando hacia abajo, dice—: Pero las dijiste en serio, ¿verdad? Así que es bueno que las hayas dicho, porque alguien tenía que hacerlo y tenías razón. —¿Qué parte? —susurro. —Acerca de UNC. Acerca de que no me transfiriera ahí. — Levanta la cabeza, con los ojos heridos—. Pero debiste decirme que mi madre habló contigo.

Tomo una respiración temblorosa. —¡Debiste decirme que pensabas transferirte! Debiste decirme cómo te sentías, punto. Te cerraste después de la graduación; no me dejaste entrar. Seguías diciendo que todo iba a salir bien. —Porque estaba muy asustado, ¿de acuerdo? —exclama. Mira alrededor para ver si alguien lo oye, pero la música es fuerte, y todos bailan; nadie nos mira, es como si estuviéramos solos aquí en este patio trasero. —¿De qué estabas tan asustado? —susurro. Sus manos se tensan en puños a los costados. Cuando finalmente habla, su voz sale cruda, como si no la hubiera usado en un rato. — Tenía miedo de que asistieras a UNC y te dieras cuenta de que yo no valía la pena, y te marcharas. Doy un paso más cerca de él. Coloco mi mano en su brazo; no se aleja de mí. —Además de mi familia, tú eres la persona más especial para mí en el mundo. Y dije en serio algunas de esas cosas que te dije la otra noche, pero no la parte cuando dije que sólo quería perder mi virginidad contigo para cerrar un capítulo entre nosotros. Quería que fueras tú porque te amo. Peter coloca un brazo alrededor de mi cintura, me jala y, mirándome, dice con ferocidad—: Ninguno de nosotros quiere romper. Entonces, ¿por qué deberíamos? ¿Por alguna mierda que dijo mi madre? ¿Porque tu hermana lo hizo así? No eres la misma persona que tu hermana, Lara Jean. No somos iguales que Margot y Sanderson o que cualquier otra persona. Somos tú y yo. Y sí, va a ser difícil. Pero, Lara Jean, nunca voy a sentir por otra chica lo que siento por ti. —Lo dice con toda la certeza que sólo un adolescente puede tener, y nunca lo he amado más que en este momento. *** Suena "Lovin 'in My Baby's Eyes", Peter toma mi mano y me lleva hacia el césped. Nunca antes hemos bailado este tipo de canción. Es el tipo de canción en la que se balancean juntos, hacen mucho contacto visual y sonríen. Se siente diferente, como si ya hubiera versiones anteriores de Peter y Lara Jean. A través de la pista de baile, Trina, Kitty y Margot bailan en círculo, con la abuela en el medio. Haven baila con mi papá. Atrapa mi mirada y dice sólo moviendo sus labios: es tan lindo. Peter, no mi papá. Lo es. Es tan, tan lindo.

Nunca olvidaré esta noche, no mientras viva. Un día, si tengo suerte, les contaré a algunas chicas todas mis historias, igual que Stormy me contó las suyas. Y las viviré de nuevo. Cuando sea vieja y gris, miraré hacia esta noche, y la recordaré tal como fue. Tal como es. Todavía estamos aquí. Todavía no es el futuro. *** Esa noche, después de que todos los invitados se han ido, después de que las sillas se han apilado de nuevo, y las sobras se han guardado en la nevera, subo a mi habitación para cambiarme el vestido. Sobre la cama se encuentra mi anuario. Vuelvo a la parte de atrás del libro, y ahí está, el mensaje de Peter para mí. Sólo que no es un mensaje, es un contrato. Contrato modificado de Lara Jean y Peter: Peter le escribirá una carta a Lara Jean una vez por semana. Una verdadera carta manuscrita, no un e-mail. Lara Jean llamará a Peter una vez al día. Preferiblemente la última llamada de la noche, antes de ir a la cama. Lara Jean colocará una foto de la elección de Peter en su pared. Peter mantendrá el libro de recortes en su escritorio para que cualquier parte interesada vea que tiene dueña. Peter y Lara Jean siempre se dirán la verdad, incluso cuando sea difícil. Peter amará a Lara Jean con todo su corazón, para toda la vida.

41 Traducido por Mely08610 Corregido por Anna Karol

La noche antes de salir para la universidad hay una lluvia de meteoros Perseidas8 en el pronóstico. Se supone que será una buena. Peter y yo iremos al lago para verlo. Kitty no lo dice, pero también quiere venir, se muere por ello. Todo su cuerpo rígido con el querer y no poder preguntar. En cualquier otro momento le hubiera dicho que sí. Cuando le digo adiós, sus labios se fruncen decepcionados por un segundo, pero lo oculta bien. Qué difícil es ser joven a veces, ser la que se queda atrás. En el carro me siento enferma de culpa por ser tan posesiva con mi tiempo con Peter. Es solo que hay tan poco tiempo ahora… soy una terrible hermana mayor. Margot la hubiera traído. —¿En qué piensas? —pregunta Peter. —Oh, nada —le digo. Estoy muy avergonzada para decirlo en voz alta, debí invitar a Kitty. Cuando vuelva a casa para el otoño, haremos algo los tres. Peter y yo la llevaremos al espectáculo de medianoche en el cine al aire libre, e irá en pijama, tendré en el asiento trasero una manta para cuando se duerma. Pero esta noche quiero que seamos Peter y yo, sólo por esta vez. No sirve de nada persistir en la culpa y arruinar la noche, cuando todo lo que he hecho es un acto egoísta. Y si soy realmente honesta conmigo misma, lo haría de nuevo. Así de codiciosa soy de cada momento que me queda con Peter. Quiero sus ojos solamente sobre mí; quiero hablar sólo con él, ser solo nosotros por este poco tiempo. Un día ella lo entenderá. Un día amará a un muchacho, querrá mantenerlo todo para sí misma y no compartirá su atención con nadie más. —Debimos dejar que Kitty viniera —digo de repente. —Lo sé. También me siento mal. ¿Crees que se enojó? —Probablemente se puso triste. Las perseidas, popularmente conocidas como las lágrimas de San Lorenzo, son una lluvia de meteoros de actividad alta. 8

Pero ninguno sugiere dar la vuelta y regresar por ella. Vamos en silencio, luego ambos nos reímos, tímidos y también aliviados. De repente Peter dice—: La traeremos la próxima vez. —La próxima vez —repito. Me acerco y agarro su mano, entrelazo nuestros dedos, y él se queda quieto. Me siento consolada de saber que esta noche él se siente exactamente de la misma manera que yo, y no hay distancia entre nosotros. Extendemos la manta y nos sentamos juntos. La luna parece más glacial hoy. Por el momento no veo nada fuera de lo común. Parece un cielo nocturno normal. —Tal vez teníamos que ir a las montañas —señala Peter, volteando su cara para verme. —No, aquí es perfecto. De cualquier manera, leí que el ver estrellas es un juego de espera y ser pacientes —le digo —Tenemos toda la noche —me dice acercándose. A veces desearía haberlo conocido cuando tuviéramos veintisiete. Veintisiete se escucha como una buena edad de conocer a la persona con la que pasaras el resto de tu vida. A los veintisiete todavía eres joven, y con suerte ser el tú que siempre quisiste ser. Pero entonces piensas. No. No me daré por vencida a los doce, trece, dieciséis, diecisiete con Peter. Mi primer beso, mi primer fracaso de novio, mi primer novio real. El primer chico que me compró una pieza de joyería. Stormy diría que ese sería el momento más monumental. Me dijo que esa es la manera en la que un chico te hace saber que tú eres de él. Pienso que para nosotros fue lo contrario. Fue saber que él era mío. No quiero olvidar nada de esto. La manera en la que me mira en este preciso momento. Cuando me besa, todavía tengo escalofríos en la espalda cada vez que me da un beso. Quiero aferrarme a todo tan fuerte. —La primera asamblea de sexto grado. Levanto la mirada hacia él. —¿Huh? —Esa fue la primera vez que te vi. Estabas sentada en la fila en frente de mí. Pensé que eras linda. Me río. —Buen intento. Es tan lindo que Peter haga esos intentos para tratar de sonar romántico. —Tu pelo era realmente largo, tenías un lazo en él. Siempre me gustó tu cabello, incluso en aquel entonces. —Está bien, Peter —le digo estirándome y tocando su mejilla.

Me ignora—: Tu mochila tenía escrito tu nombre en letras brillantes. Nunca escuché hablar del nombre Lara Jean antes. Mi boca se abre. Yo le pegué las letras brillantes a mi mochila. Me tomó una infinidad de tiempo tratando de que quedaran lo suficientemente rectas. Había olvidado esa mochila. Era mi posesión más preciada. —El director empezó a escoger a gente al azar para subir al escenario y realizar un sorteo. Todos levantaban la mano, pero tu pelo se atoró en la silla e intentabas desenredarlo, así que no fuiste escogida. Recuerdo pensar que tal vez tuve que haberte ayudado, pero entonces pensé que eso sería raro. —¿Cómo recuerdas todo eso? —pregunto asombrada. Sonríe y se encoge de hombros. —No lo sé. Sólo lo hago. Kitty siempre dice que las historias de un inicio son importantes. En la universidad, cuando las personas nos pregunten cómo nos conocimos, ¿cómo les responderemos? La historia es: Crecimos juntos. Pero esa era más la historia con Josh. ¿Novios de preparatoria? Esa era la historia de Gen y Peter. Así que la nuestra ¿cuál era? Supongo que diré que todo comenzó con una carta de amor.

—He pasado un tiempo esplendido —concluyó alegremente—, y siento que marca una época de mi vida. Pero lo mejor de todo fue volver a casa.

L. M. Montgomery. Ana de las Tejas Verdes.

Agradecimientos Nunca pensé en escribir otro libro acerca de Lara Jean, me siento tan afortunada de tener esta última oportunidad de agradecerles a todos aquellos que me ayudaron en el camino. Con todo mi corazón, quisiera agradecerle a mi agente, Emely Van Beek, y a su equipo; Mi editora Zareen Jaffery y a toda mi familia S&S, pero especialmente a Justin Chanda, Anne Zafian, Chrissy Noh, Lucy Cummins, Mekisha Telfer, Kerilee Horan, Audrey Gibbons, Katy Hershberger, Candace Greene, Michelle Leo, y Dorothy Gribbin. Gracias también a mi agente de cine, Michelle Weiner; Mi publicista Brianne Halverson, y mi asistente, Dan Johnson. También me gustaría agradecerle a Jeannine Lalonde de Admisiones UVA, y Vicent Briedis del departamento de atletismo de UVA. Gracias a todos mis amigos y compañeros escritores por leer este manuscrito y ofrecerme notas asombrosas, animándome en cada paso del camino: Siobhan Vivian, Adele Griffin, Jennifer E. Smith, Melissa Walker y Anna Carey. No lo pude haber logrado sin ustedes. Y por último agradecerles a mis lectores. Si no fuera por ustedes, no hubiera escrito este libro. Verdaderamente esto es para ustedes. Mi más querido deseo es que estén contentos y satisfechos con la manera en que termina la historia de Lara Jean. Esta vez, lo digo en serio… realmente es el fin para mí y para Lara Jean. Pero vivirá en mi corazón, porque siempre hay una curva en el camino.

Acerca de la autora Jenny Han es autora Bestselling de New York Times por la serie The Summer I Turned Pretty; Shug; La trilogía de Burn for Burn, escrita con Siobhan Vivian; y por “To All The Boys I’ve Loved Before”, “PS. I Still Love You”. También es la autora del libro del “Capítulo de Clara Lee y de Apple Pie Dream”. De pequeña ganó un MFA por escritura creativa en su nueva escuela. Visítala en: dearjennyhan.com, Síguela en Twitter e Instagram como @JennyHan

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